Un dulce

Por Brad Wilcox

Basado en una historia real

El autor vive en Utah, EE. UU.

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Compartir dulces era fácil, pero ¿y compartir el Evangelio?

“Yo quiero ser un misionero ya”, (Canciones para los niños, pág. 90).

one piece of candy

“¿Quieres un caramelo?”. José extendió un dulce marrón a su amigo Pedro mientras regresaban juntos a casa de la escuela en el autobús de la cuidad.

“Bueno”, dijo Pedro. Agarró el dulce y se lo metió en la boca.

José escogió un dulce amarillo de la pequeña bolsa. Los niños iban callados mientras el autobús seguía su camino. Su ciudad en Argentina era grande. Todos los días recorrían un camino largo en el autobús para llegar a la escuela. La mamá de José siempre le daba dinero para comprar una pequeña bolsa de caramelos para ayudarle a pasar el tiempo.

“¿Quieres más?”. José le extendió un puñado de caramelos marrones.

“¡Sí, gracias!”, dijo Pedro. “¿Por qué no te gustan? Están muy ricos”.

José pensó por un momento y se lamió los labios. “Creo que es porque tienen gusto a café”.

“¿Por qué no te gusta el sabor a café? Es muy rico”.

“Bueno, soy mormón y no bebemos café, así que me imagino que no estoy acostumbrado al sabor”.

Pedro parecía confundido. “¿Qué es ser mormón? ¿Y por qué no beben café?”.

“Un mormón es alguien que es miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Creemos que Dios quiere que cuidemos de nuestro cuerpo, así que no bebemos café, té ni alcohol. Y no fumamos”.

“Pero esto solo es un caramelo”, dijo Pedro. “No es café de verdad”.

“Lo sé”, dijo José. “Pero aun así no quiero comerlo”.

Pedro asintió. “Bueno, me puedes dar a mí todos los marrones. ¿Qué más te enseña tu Iglesia?”.

“Todos los domingos vamos a la Iglesia y aprendemos en cuanto a Jesús y el Padre Celestial. También aprendemos muchas canciones divertidas. Casualmente, todos los niños van a cantar y hablar en nuestra reunión sacramental en la Iglesia este domingo. ¿Por qué no le preguntas a tu mamá si puedes venir a la Iglesia conmigo? También puedes conocer a los misioneros”.

“Bueno”, dijo Pedro. “¿También tienen caramelos marrones de los que se quieren deshacer?”.

José se rió. “No, ¡pero tienen algo mucho mejor para compartir!”.