Plantas de zarzamora

Rhiannon Gainor

Rhiannon Gainor, California, EE. UU.

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blackberry canes

Ilustración por Stan Fellows.

Las zarzamoras crecen de manera silvestre en la costa oeste de Canadá. Las plantas brotan y crecen en todas partes y se adueñan de todo lo que hay a su paso; los campos, las aceras, las carreteras y las playas están repletas de plantas de zarzamora. En otoño, los vecinos colaboran para recolectar las bayas y usarlas en sus hogares.

Un año me uní a la recolecta de zarzamoras con la determinación de no solo recoger suficientes para hacer mermelada para mí y mi familia, sino para las hermanas de las que era maestra visitante. El mejor sitio para recolectar zarzamoras en mi vecindario era al lado de la escuela primaria, donde los senderos y los campos estaban repletos de zarzas de hasta dos metros y medio de alto. Ya había estado recolectando allí la semana anterior y sabía de muchos otros que también habían ido, por lo que lo más probable era que ya no quedara mucha fruta.

Al prepararme para volver a recolectar bayas, pensé en ir a un lugar diferente. Desde la ventana de la cocina se divisaba un terreno baldío próximo a la calle. Casi nadie iba allí y las zarzamoras se extendían a lo largo de media hectárea de terreno. Seguro que habría montones de fruta que nadie había recogido. Puse los cubos en la parte de atrás del auto y me fui hacia ese lugar.

Al poco rato tenía calor, arañazos y estaba perpleja en medio de aquella media hectárea de zarzales. Las zarzas estaban secas, llenas de espinos y sin ninguna señal de flores ni fruto. En todo aquel terreno no había encontrado más que tres bayas, y no me explicaba por qué. Sin embargo, aún tenía que llenar los frascos de mermelada, así que me dirigí a la escuela para ver si aún quedaba algo de fruta.

Cuando llegué a los campos de la escuela, hallé más zarzamoras de las que necesitaba, y había muchas más que estaban madurando aun cuando ya había pasado mucha gente por allí. Entonces me di cuenta de lo que había sucedido: las zarzas producen mucho más cuando se recogen las bayas. Como nuestro vecindario llevaba años compartiendo ese terreno, las zarzas respondían con cosechas año tras año. En los lugares donde no se habían recolectado zarzamoras, las zarzas estaban secas y sin fruto. Al haber compartido aquel terreno de zarzamoras durante los años, habíamos creado abundancia: había más fruto del que necesitábamos.

Esa experiencia me recordó cómo funcionan los diezmos y las ofrendas de ayuno. El Señor nos ha prometido que cuando pagamos el diezmo, Él abrirá “las ventanas de los cielos, y [derramará] sobre [nosotros] una bendición tal que no haya donde contenerla” (3 Nefi 24:10). Al compartir lo que tenemos por medio de los programas inspirados de la Iglesia, creamos abundancia temporal y espiritual para nuestra familia, nuestra comunidad y nosotros mismos.