La resurrección: El comienzo de la inmortalidad

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Resurrección”, Liahona, julio de 2000, págs. 16–19.

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    La muerte no es la conclusión de nuestra identidad.

    Resurrected Christ

    Cristo resucitado, por Robert T. Barrett.

    Me pregunto si apreciamos en su plenitud la tremenda importancia de nuestra creencia en una resurrección literal y universal… El profeta José Smith declaró:

    “Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso” [Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 51–52].

    De todas las cosas de ese ministerio glorioso, ¿por qué usó el profeta José Smith el testimonio de la muerte, sepultura y resurrección del Salvador como el principio fundamental de nuestra religión? La respuesta se encuentra en el hecho de que la resurrección del Salvador es fundamental para lo que los profetas han llamado “el gran y eterno plan de redención de la muerte” (2 Nefi 11:5).

    En nuestra trayectoria eterna, la resurrección es la imponente demarcación del camino que indica el fin de la mortalidad y el principio de la inmortalidad… También sabemos, por revelación moderna, que sin la reunión de nuestro espíritu con nuestro cuerpo en la resurrección, no podríamos recibir “una plenitud de gozo” (D. y C. 93:33–34)…

    La “esperanza viva” que se nos da por medio de la resurrección [véase 1 Pedro 1:3] es nuestra convicción de que la muerte no es la conclusión de nuestra identidad o existencia, sino solamente un paso necesario en la preestablecida transición de la mortalidad a la inmortalidad. Esa esperanza cambia toda la perspectiva de la vida mortal…

    La seguridad de la resurrección nos da fortaleza y perspectiva para soportar los desafíos de la vida mortal que cada uno de nosotros y de nuestros seres queridos enfrenta, como por ejemplo las deficiencias físicas, mentales o emocionales que traemos al momento de nacer o que adquirimos durante la vida mortal. ¡Gracias a la resurrección, sabemos que esas deficiencias de la vida terrenal son solamente temporarias!

    La seguridad de la resurrección también nos da un poderoso incentivo para guardar los mandamientos de Dios durante nuestra vida mortal. La resurrección es mucho más que reunir un espíritu a un cuerpo que ha estado cautivo en el sepulcro… El profeta Amulek enseñó: “… el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” (Alma 34:34)…

    La promesa de que la resurrección nos dará la oportunidad de estar con miembros de nuestra familia: esposo, esposa, padres, hermanos, hijos y nietos, es un aliciente poderoso para que cumplamos con nuestras responsabilidades familiares en la vida mortal. Nos servirá para vivir unidos en amor en esta vida, a la espera de reunirnos con júbilo en la venidera.