Abinadí era un profeta; enseñó a las personas a creer en Jesús y a dejar de hacer cosas malas. Un rey inicuo llamado Noé estaba enojado con Abinadí. Noé no se quería arrepentir.

Un hombre llamado Alma creyó lo que Abinadí decía y se escapó y se escondió del rey, que estaba muy enojado. Se sintió mal por haber hecho cosas malas y se arrepintió, tal y como Abinadí había enseñado.

Muchas personas llegaron para escuchar a Alma enseñar en cuanto a Jesucristo. Alma enseñó que si se arrepentían y seguían a Jesús, podrían bautizarse.

Las personas aplaudieron con gozo. Prometieron consolar a los demás, amar a Dios y hablar a otras personas en cuanto a Él. Estaban listos para bautizarse.

Uno a uno, Alma los bautizó. Se sentían muy felices de ser parte de la Iglesia de Jesús.

Cuando nos bautizamos, hacemos las mismas promesas que hizo el pueblo de Alma. ¡Y también pasamos a ser parte de la Iglesia de Jesús!