El testimonio de Ethan

La autora vive en Utah, EE. UU.

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Parecía que todo el mundo tenía un testimonio, menos Ethan.

“Escucha, escucha. El Santo Espíritu susurrará. Escucha, escucha la voz apacible y delicada” (Children’s Songbook, pág. 106).

Ethan se sentó durante el tiempo para compartir y miró a su mejor amigo, Sam, dar su testimonio. Su amiga, Sarah, estaba esperando su turno. Sam habló sobre un proyecto de servicio que había hecho y dijo que tenía un testimonio del servicio. Sarah compartió su testimonio en cuanto a la familia. La maestra de Ethan también dio su testimonio y habló sobre la obra del templo. Todos ellos testificaron que la Iglesia era verdadera. Parecía que todo el mundo tenía un testimonio, menos Ethan.

“¿De qué tengo un testimonio?”, se preguntó Ethan.

Pensó en unos años antes, cuando él y sus amigos se habían bautizado. Su maestra de la Primaria, la hermana Calder, había dado un discurso en cuanto al Espíritu Santo.

“El Espíritu Santo puede darles un sentimiento de ardor en el corazón. Él los puede ayudar a saber lo que es verdad”, dijo. “Y así es como se obtiene un testimonio de lo que se cree”.

Ethan intentaba hacer lo correcto para poder sentir el Espíritu Santo. Leía las Escrituras y oraba; pero nunca había sentido el ardor del que hablaban las personas. ¿Significaba eso que no tenía un testimonio?

Esa pregunta permaneció en la mente de Ethan todo el día siguiente. Todavía estaba pensando en ello cuando él y Sam estaban patinando después de la escuela. Pensó en cómo le podría preguntar a Sam sobre el testimonio.

“Oye, Sam”, preguntó al fin Ethan, “¿tuviste miedo ayer al compartir tu testimonio?”.

Sam se bajó de su patineta y caminó hacia el césped. “No”, dijo, sentándose. “He compartido mi testimonio en la noche de hogar otras veces”.

Ethan se sentó con él y puso la patineta sobre sus piernas. “¿Pero cómo supiste que tenías un testimonio?”.

“Bueno, oré y me sentí bien al respecto”.

Ethan asintió lentamente con la cabeza y dio vuelta a una de las ruedas con la mano. Él también quería sentirse así.

Esa noche, cuando la casa estaba oscura y en silencio, Ethan se arrodilló junto a la cama para orar.

“Padre Celestial”, dijo, “por favor ayúdame a tener un testimonio. Ayúdame a saber que la Iglesia es verdadera, que José Smith fue un profeta, y que el Libro de Mormón es verdadero”.

En medio de la oración, Ethan se detuvo. Pensó un minuto y luego se preguntó: “¿Hay algo que ya sé?”.

Entonces le vino un sentimiento de paz y tranquilidad. No fue un sentimiento ardiente ni potente, pero Ethan supo que eso era el Espíritu Santo.

Entonces le vino un pensamiento a la mente: “Sé que lo sé”. Al pensar en ello, se dio cuenta de que había tenido ese sentimiento de paz antes.

Cada vez que leía el Libro de Mormón, se sentía bien y que era lo correcto. Ahora sabía que ese sentimiento era el Espíritu Santo testificándole. Cuando iba a la Iglesia y se sentía bien y sentía que estar allí era lo correcto, eso también era el Espíritu Santo. ¡Ya había estado obteniendo un testimonio!

No necesitaba saberlo todo en ese momento, pero sabía que el Espíritu Santo era real y que lo ayudaría a seguir fortaleciendo su testimonio.

Ethan comenzó a orar de nuevo; pero esta vez era para dar las gracias.