Enseñar a la manera del Salvador

Un maestro que ayuda a salvar almas

Por Brian Hansbrow

Desarrollo de cursos de estudio de la Iglesia

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Por qué enseñaba el Salvador le da sentido a cómo enseñaba. ¿Acaso es diferente nuestro propósito?

Jesus sitting with old man

Admito que cuando pienso en enseñar a la manera del Salvador, tiendo a enfocarme en cómo enseñaba. ¿Qué hacía Él? ¿Cómo se relacionaba con la gente? Después de todo, ¡Él era el Maestro de maestros! Sin embargo, si deseamos enseñar como Él, es esencial comprender por qué enseñaba. Al final, ese “por qué” marcará una enorme diferencia para nosotros y para quienes enseñamos.

Cuando el Salvador enseñaba, Su propósito no era llenar el tiempo ni entretener ni dar un montón de información. Todo lo que Él hace, incluso enseñar, tiene el objetivo de guiar a los demás hacia Su Padre. El deseo y la misión del Salvador es salvar a los hijos del Padre Celestial (véase 2 Nefi 26:24). En nuestro cometido de enseñar como Él enseñó, podemos aprender a ser motivados por el mismo propósito que lo motivaba a Él.

En otras palabras, enseñar a la manera del Salvador es ser un maestro cuyo propósito es ayudar a salvar almas.

El deseo de salvar a otras personas

Uno de mis relatos favoritos del Libro de Mormón habla de cuando los hijos del rey Mosíah abandonan el reino de los nefitas para poder establecer el reino de Dios entre los lamanitas. Renuncian a un reino terrenal por el reino de los cielos. Renuncian a la comodidad de la seguridad y la protección entre los nefitas para ir entre sus enemigos, los lamanitas, a fin de poder “… salvar, tal vez, algunas de sus almas” (Alma 26:26).

¿Cuál era la motivación de estos siervos del Señor? “… no podían soportar que alma humana alguna pereciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar” (Mosíah 28:3). Esa motivación hizo que soportaran “muchas aflicciones” (Alma 17:5, 14).

Este relato a menudo me ha inspirado a pensar: ¿Estoy haciendo lo posible para traer a otras personas a Cristo? ¿Estoy lo suficientemente enfocado en salvar almas?

Llegar a ser un maestro que ayuda a salvar almas

teacher with youth

Cuando deseamos enseñar por la misma razón que el Salvador, los principios de cómo Él enseña adquieren un mayor significado. Más que meras técnicas, sirven de modelos para llegar a ser como Él. A medida que ponemos en práctica las siguientes ideas, así como también otras que se hallan en Enseñar a la manera del Salvador, podemos no solo enseñar más como Él, sino también ser más semejantes a Él.

Busque revelación temprano

Para ayudar en la obra de salvar almas, necesitamos revelación. La revelación llega “… línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí…” (2 Nefi 28:30), lo cual lleva tiempo. Así que comenzamos a prepararnos temprano y procuramos recibir revelación a menudo.

Ame a la gente

El amor acaso sea la forma más poderosa en que un maestro puede ayudar a salvar almas. Puede ser algo tan simple como saber el nombre de cada uno de los miembros de la clase, preguntarles cómo les fue en la semana, decirles que han dado un gran discurso o felicitarlos por algún logro o reconocimiento. El demostrar interés y amor abre corazones y ayuda a quienes enseñamos a ser más receptivos al Espíritu Santo.

Prepárese para enseñar teniendo en cuenta las necesidades de los alumnos

Un maestro que ayuda a salvar almas se enfoca en los alumnos. Al repasar los materiales de la lección, nos enfocamos en lo que satisfaga mejor sus necesidades, no las nuestras. Dejamos de llenar tiempo y nos enfocamos en llenar corazones y mentes. Pensamos no solo en lo que diremos y haremos, sino en lo que los alumnos dirán y harán. Deseamos que ellos compartan sus ideas porque eso fomenta la unidad, abre sus corazones y los ayuda a ejercer la fe.

Manténgase centrado en la doctrina

Es común que los maestros evalúen su efectividad según cuánta participación generen, pero ese es tan solo un elemento de la experiencia. Si en nuestra clase hay mucha participación pero muy poca doctrina, hemos proporcionado lo que el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, llamó una “golosina teológica”. Hemos ofrecido algo que sabe bien, pero no hemos nutrido a los miembros de nuestra clase con el poder sustentador de la doctrina.

El profeta José Smith enseñó: “… El hombre no puede ser salvo sino al paso que adquiera conocimiento…”1. Debemos ayudar a quienes enseñamos a obtener el tipo más importante de conocimiento: la doctrina de Jesucristo.

Cuando nosotros y los miembros de la clase compartimos nuestros pensamientos y sentimientos, siempre debemos relacionarlos con las Escrituras y las palabras de los profetas de los últimos días. El hermano Tad R. Callister, Presidente General de la Escuela Dominical, recientemente enseñó: “El maestro ideal constantemente trata de relacionar los comentarios de la clase con la doctrina. Por ejemplo, el maestro podría decir: ‘La experiencia que usted compartió me recuerda una Escritura’. O ‘¿Qué verdades del Evangelio aprendemos de los comentarios que hemos escuchado?’. O ‘¿Le gustaría a alguien testificar del poder de la verdad que hemos estado analizando?’”2.

Invite al Espíritu Santo a testificar

Un maestro que ayuda a salvar almas comprende que lo que decimos y hacemos como maestros tiene el objetivo de invitar la influencia del Espíritu Santo en la vida de los demás. El Espíritu Santo es el maestro. Una de las funciones del Espíritu Santo es testificar de la verdad, en especial del Padre y del Hijo. Así que al enseñar de Ellos y Su evangelio, invitamos al Espíritu Santo a testificar a los miembros de la clase. En la medida en que ellos lo permiten, Su poder fortalece sus testimonios y cambia sus corazones. El testimonio del Espíritu es más poderoso que lo que podamos ver con los ojos3.

Invite a los alumnos a aprender y actuar por sí mismos

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Recientemente me encontraba en una clase de la Escuela Dominical en la que la maestra comenzó por pedir a los miembros de la clase que compartieran algo particularmente significativo para ellos al leer la asignación de las Escrituras para aquella semana y cómo lo habían puesto en práctica en su vida. Esto condujo a un poderoso análisis sobre conceptos y descubrimientos que ellos habían hallado por sí mismos. Fue algo muy natural para la maestra añadir a la conversación los puntos doctrinales que había preparado para enseñar. Lo que realmente me impresionó fue la manera en la que ella se centró en alentar a los miembros de su clase a experimentar por sí mismos el poder de la palabra de Dios.

Nuestro objetivo como maestros no es tan solo tener una gran experiencia durante la clase ni llenar el tiempo ni dar una buena lección. La verdadera meta es recorrer con los demás el camino que conduce de regreso a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo. Nuestro objetivo es llegar a ser maestros que ayudan a salvar almas.

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Notas

  1. 1.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 280.

  2. 2.

    Tad R. Callister, “Sunday School ‘Discussion Is a Means, Not an End”. Church News, 9 de junio de 2016, deseretnews.com.

  3. 3.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág. 43.