Aprender a escuchar: Las primeras ramas de integración racial de Sudáfrica

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A Frans Lekqwati, de 56 años de edad, se le llenaron los ojos de lágrimas mientras se hallaba sentado frente a Olev Taim, su presidente de estaca. El presidente Taim acababa de preguntarle qué pensaba con respecto a crear una rama de la Iglesia en Soweto, Sudáfrica, ciudad natal de Frans.

“¿Por qué llora? ¿Lo he ofendido?”, preguntó el presidente Taim.

“No”, respondió Frans. “Es la primera vez que un hombre blanco en Sudáfrica me ha pedido mi opinión antes de tomar una decisión”.

La vida durante el régimen de segregación racial “apartheid”

South Africa in 1981

Arriba: Un cartel en una playa que señala una zona limitada solo a personas blancas bajo las estrictas normas del apartheid en Sudáfrica.

Extremo inferior izquierdo: Fotografía de Keystone/Getty Images

Corría el año 1981; en aquella época, existía una segregación entre las personas de raza negra y de raza blanca en Sudáfrica bajo un sistema de leyes conocido como “apartheid”. Dicha separación legal, junto con la restricción de la Iglesia que impedía que los hombres de raza negra africanos fueran ordenados al sacerdocio, había significado durante mucho tiempo que la Iglesia no pudiera prosperar entre los sudafricanos negros. No obstante, amaneció un nuevo día en 1978 cuando el presidente Spencer W. Kimball recibió la revelación que eliminaba la restricción en cuanto al sacerdocio, aunque permanecieron los retos de la segregación y cierta costumbre de recelo entre las razas.

La gran mayoría de sudafricanos de raza negra vivía en “municipios” que generalmente se construían en las afueras de las ciudades con mayor población de blancos como Johannesburgo. Soweto, que es un acrónimo de South Western Townships [Municipios Sudoccidentales], era el más extenso. Las personas blancas rara vez iban a los municipios; y a las personas negras que visitaban las ciudades rara vez se las trataba como iguales con respecto a las blancas.

Frans y su familia eran parte de un pequeño grupo de Soweto que había aceptado el Evangelio restaurado durante la década de 1970. Al principio, asistían al Barrio Johannesburgo. Jonas, un hijo de Frans, recuerda que los domingos se levantaban a las 4:00 de la madrugada para que la familia pudiera abordar uno de los primeros trenes a Johannesburgo y luego caminar una larga distancia hasta la capilla antes de que comenzaran las reuniones a las 9:00 h. La familia siempre llegaba temprano, ¡aunque a veces era difícil para los niños mantenerse despiertos durante la Primaria!

Ser pioneros de la integración racial puede llegar a ser también un reto en el aspecto emocional. Josiah Mohapi recordó haber oído que un niño blanco de seis años de edad decía algo ofensivo sobre las personas de raza negra que veía en la Iglesia. “Para ser sincero, me puse furioso”, recordaba Josiah. Aunque luego escuchó que la madre decía al niño: “La Iglesia es para todos”. Reconfortado por el recordatorio, Josiah se calmó.

¿Una rama en Soweto?

Julia Mavimbela participating in the groundbreaking of a new building

Julia Mavimbela, la primera presidenta de Sociedad de Socorro de raza negra de Sudáfrica, participa en la palada inicial del edificio de la nueva Rama Soweto en 1991. (Lea su historia en el siguiente artículo.)

Fotografía cortesía de la Biblioteca de Historia de la Iglesia.

El presidente Taim estaba al tanto de los retos físicos y emocionales que afrontaban los miembros de raza negra. Consideró la posibilidad de crear una rama en Soweto para facilitarles el traslado, pero no quería que sintieran que eran indeseados en Johannesburgo. Decidió entrevistar a miembros de Soweto como Frans para conocer sus sentimientos antes de tomar alguna medida. Estos le dieron una clara respuesta: “Nos encantaría establecer la Iglesia en Soweto”.

El presidente Taim buscó líderes experimentados que pudieran contribuir a orientar a los conversos recientes. Entrevistó a más de doscientos miembros de Johannesburgo y finalmente llamó a cuarenta a sumarse a la nueva rama el tiempo suficiente como para ayudar a capacitar allí a un grupo pionero de líderes locales.

Del mismo modo en que los miembros de raza negra habían tenido que trasladarse hasta otra parte de la ciudad y otra cultura para asistir al Barrio Johannesburgo, los miembros blancos tuvieron que adaptarse a un nuevo entorno y una nueva cultura mientras servían en Soweto. Las cosas no siempre funcionaban bien. Maureen van Zyl, una miembro de raza blanca a quien se había llamado a servir como presidenta de la Primaria, no consideró que hubiera problema al elegir el Himno Nacional de Sudáfrica de aquel entonces como himno de apertura de la reunión de la Sociedad de Socorro cierta semana. Sin embargo, pronto se enteró de que los sudafricanos de raza negra consideraban el Himno Nacional un símbolo del régimen de segregación racial apartheid y que muchas hermanas negras se habían ofendido por la elección de este.

Tanto los miembros negros como los blancos podrían haberse desalentado fácilmente ante tales malentendidos, pero, en vez de ello, resolvieron verlos como una oportunidad para hablar y progresar. “Compartimos todo tipo de cosas”, recordó Maureen. “Lo que sería ofensivo para las personas de raza negra y lo que veríamos ofensivo las de raza blanca. El modo en que ellos hacían ciertas cosas y el modo en que nosotros las hacíamos. De manera que aquel fue un maravilloso tiempo de aprendizaje juntos”.

Conforme la rama de Soweto se fortalecía y extendía, se establecieron ramas en otros municipios valiéndose del mismo modelo. Khumbulani Mdletshe era un joven que vivía en el municipio de KwaMashu, cerca de Durban. Cuando se unió a la Iglesia en 1980, tenía los recelos hacia las personas blancas que eran comunes en casi todos los jóvenes negros de Sudáfrica en aquel momento. No obstante, sus vivencias al adorar en una rama de integración racial cambiaron su punto de vista.

El lazo que mantiene unidas a las personas

En 1982, se invitó a Khumbulani y a otros varones jóvenes de su rama a asistir a una conferencia de jóvenes adultos solteros. Su presidente de rama, un hermano blanco de nombre John Manford, quería que los jóvenes tuvieran el mejor aspecto posible, aunque pocos de ellos tenían ropa elegante. Entonces vació su armario y repartió trajes de vestir entre los jóvenes, quienes los usaron en la conferencia. Al domingo siguiente, el presidente Manford usó el traje que había prestado a Khumbulani. “No podía imaginar que una persona blanca vistiera la misma ropa que yo había usado, pero así lo hizo”, dijo Khumbulani. “Él comenzó a ayudarme a ver a la gente blanca de una manera diferente de la que la había visto antes”.

Quien ahora es un Setenta Autoridad de Área, el élder Mdletshe, observó: “Todos necesitábamos vivir esas experiencias que nos hicieron cambiar”.

Johannesburg South Africa Temple

La bandera de Sudáfrica se adoptó en 1994 como símbolo de la unidad tras el régimen de segregación racial del apartheid. El negro, el amarillo y el verde representan el partido Congreso Nacional Africano; y el rojo, el blanco y el azul representan las repúblicas bóeres.

La segregación del apartheid terminó en Sudáfrica en 1994. Aunque muchas congregaciones hoy en día existen en zonas mayoritariamente negras o blancas, esa mayor libertad significa que hay un número cada vez más grande de zonas mixtas. Al igual que los pioneros de las primeras ramas de los municipios, los miembros que provienen de diferentes contextos adoran y trabajan juntos para edificar el Reino de Dios.

El actual presidente de la Estaca Soweto, Thabo Lebethoa, describe el Evangelio como el lazo que mantiene unidas a las personas en las épocas de división. Dijo: “Tal vez no nos hayamos puesto de acuerdo sobre lo que sucedía fuera de la Iglesia, sobre la política y otras cosas, pero estuvimos de acuerdo en lo concerniente a la doctrina”. Al obrar sobre un cimiento en común, las personas pueden aprender de las diferencias propias y ajenas cuando deliberan en consejo detenidamente y escuchan con sensibilidad espiritual. “Uno de los aspectos más importantes del liderazgo es escuchar a las personas”, aconseja el presidente Lebethoa. “Escuchar para poder comprender. Escuchar para poder sentir. Escuchar para poder recibir inspiración”.

Thoba Karl-Halla, la hija de Julia Mavimbela, miembro de la primera Rama Soweto, concuerda en que escuchar ayuda a impedir que las inevitables fricciones lleguen a ser dolorosas divisiones. “Debo escuchar con oídos que me hagan comprender las frustraciones de quien podría parecerme el ofensor”, dice ella.

El élder Mdletshe insta a los santos sudafricanos de hoy a buscar fortaleza en su diversidad, en especial, en el ámbito de la deliberación en consejo. Este dice: “Al Señor le hubiera gustado tener personas de todas las idiosincrasias sentadas alrededor de una mesa y tratar los problemas”. Su invitación para los líderes locales de toda la Iglesia es que sigan preparando líderes de diferentes idiosincrasias, tal como la generación anterior que lo apoyó a él. En cuanto a tratar de llegar a áreas y grupos nuevos, comenta: “No hallarán personas con experiencia; sino que se proporcionan en la Iglesia. Se proporcionan experiencias colocando a las personas en el centro y haciendo que trabajen juntos”.

Las citas anteriores se han tomado de entrevistas realizadas por los autores en 2015.

Sanar al país amado: La fe de Julia Mavimbela

La vida de Julia Mavimbela cambió de repente en 1955, cuando su esposo murió en un accidente automovilístico. Las evidencias del lugar del accidente indicaban que la otra persona implicada, un hombre blanco, había cruzado al carril de John. No obstante, se dictaminó que el hombre no tenía culpa alguna. Además, los oficiales de policía blancos dijeron que las personas de raza negra eran malas conductoras, por lo cual John era culpable del accidente1.

Julia tenía 37 años de edad y cuatro hijos, más otro en camino. El racismo, la policía y el sistema judicial la habían agraviado; sin embargo, con el tiempo, aprendió a no ceder a la amargura; má bien, pasó la vida luchando para sanarse y sanar a su amado país mediante el servicio cristiano. Eso fue posible gracias a su amor por su tierra, su fe en Dios y su dedicación a vivir de conformidad con los principios de su religión.

Julia, la más pequeña de cinco hijos, había nacido en 1917. Su padre falleció cuando Julia tenía cinco años; su madre quedó sola para criar a los hijos por sus propios medios, y buscó trabajo como lavandera y empleada doméstica.

La mamá de Julia era una mujer religiosa que enseñaba a sus hijos con la Biblia. “Mi madre me había enseñado a tolerar los malos tragos de la vida y me había instado a jamás mirar atrás, sino a mirar adelante”, dijo Julia. La madre de Julia también comprendía la importancia de la formación académica y había hecho todo lo posible, dentro de sus limitados medios económicos, para que sus hijos recibieran instrucción formal.

Julia and John Mavimbela on their wedding day

Fotografías cortesía de Thoba Elizabeth Mavimbela Karl–Holla

Julia recibió capacitación y formación adicional y trabajó como maestra y directora de una escuela hasta que conoció y se casó con John Mavimbela en 1946. John era propietario de una tienda de comestibles y una carnicería. Julia dejó su profesión para trabajar allí y juntos construyeron una casa y tuvieron hijos. A pesar de las restricciones del apartheid, la vida era buena. Sin embargo, todo aquello cambió con la muerte de John.

En la lápida de su esposo, Julia esculpió estas palabras:En

memoria del amado
John Phillip Corlie Mavimbela.
De su esposa y familia.
Aunque el nudo en la garganta permanezca,
que en paz descanse su alma.

Al describir la cuarta línea del epitafio, Julia dijo: “Al momento de escribirlo, el nudo en la garganta que permanecía era odio y amargura; por el hombre que había causado el accidente, por los policías que habían mentido [y] por el tribunal que había considerado a mi esposo culpable del accidente que le quitó la vida”2. Una de sus mayores pruebas fue vencer esa amargura e ira.

Poco después de la muerte de su marido, durante una noche de “turbado sueño”, Julia soñó que John se le aparecía, le entregaba algunos overoles [monos] y le decía: “Ponte manos a la obra”. Al describir el resultado del sueño, Julia dijo: “Hallé una forma de apartarme de las preocupaciones de aquellos años; y fue mediante la ayuda a la comunidad”.

Veinte años después, a mediados de la década de 1970, la reacción de las personas de raza negra al régimen del apartheid había pasado de las manifestaciones pacíficas a los disturbios violentos. Una de las zonas más proclives a la violencia era Soweto, donde vivía Julia; quien dijo: “Soweto se volvió diferente de cualquier otro lugar que hubiéramos conocido. Era como si estuviésemos en un campo de batalla”.

Julia temía que se reabrieran sus heridas de amargura: “Habían transcurrido más de veinte años desde la muerte de John, pero aún podía sentir el dolor de aquel momento”. En un esfuerzo por procurar sanar, tanto para sí misma como para su gente, Julia pensó: “Quizás no todo esté perdido si puedo enseñar a los niños a que amen labrar la tierra”. Fundó una huerta comunitaria que simbolizaba esperanza para personas que solo conocían el temor y la ira.

Julia working in a community garden

Mientras trabajaba con los niños en la huerta comunitaria, les enseñaba: “Labremos la tierra de la amargura, sembremos una semilla de amor y veamos qué frutos nos brinda… No habrá amor sin perdonar a los demás”.

Julia dijo: “Sabía desde el fondo del corazón que araba la tierra de mi propia amargura conforme perdonaba a quienes me habían hecho daño”. La amargura que permanecía tras la muerte de John comenzó a desaparecer.

En 1981, Julia conoció la Iglesia. Los misioneros, que efectuaban servicio comunitario en Soweto, hallaron un centro para niños con gran necesidad de reparaciones. Durante varias semanas, limpiaron el lugar3.

Cierto día, se le pidió a Julia que prestara servicio en el mismo club de niños. Cuando llegó, se asombró al ver a “dos muchachos blancos hendiendo palas con fuerza en la rojiza tierra”. Los misioneros le preguntaron si podían ir a su casa a compartir un mensaje. Tres días después, los élderes David McCombs y Joel Heaton aparecieron ataviados con ropa y placa de misioneros.

Julia dijo que las primeras dos lecciones misionales le “entraron por un oído y le salieron por el otro”. No obstante, en la tercera visita, los misioneros le preguntaron sobre una fotografía de Julia y John que colgaba en la pared. Ella mencionó que su esposo había fallecido y los misioneros se sintieron inspirados a hablarle acerca del Plan de Salvación y del bautismo por los muertos. Julia dijo: “Entonces comencé a escuchar —a escuchar de verdad— con el corazón… Mientras los misioneros me enseñaban el principio de los lazos eternos, sentí que esa era la manera de estar con mis padres y mi esposo”. Se bautizó cinco meses después.

Un mes después del bautismo, Julia habló en una conferencia de estaca. “Cuando subí al estrado”, dijo, “creo que casi todos se asombraron. Era la primera vez que veían que una persona de raza negra hablara en una conferencia; para algunos tal vez fuera la primera vez que oyeran a una persona negra dirigirse a una audiencia”. Se sintió inspirada a hablar sobre la muerte de su esposo y los años difíciles que había pasado. Describió su amargura y cómo “finalmente había hallado la Iglesia que podía [enseñarle] a perdonar de verdad”.

Sin embargo, su lucha contra la incomprensión y los prejuicios no había terminado, incluso después que concluyera el régimen de segregación racial apartheid en 1994.

El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, en su mensaje de la Conferencia General de abril de 2015 “Los Santos de los Últimos Días siguen intentándolo”, relató un incidente en que Julia y su hija Thoba sintieron que “algunos miembros de raza blanca no las trataron muy cordialmente”. Thoba se quejó de dicho trato. Lo que podría haberse vuelto fácilmente una excusa para dejar la Iglesia, llegó a ser una invaluable oportunidad de enseñanza. Julia contestó: “¡Ay, Thoba!, la Iglesia es como un hospital grande, y todos estamos enfermos de alguna manera. Vamos a la Iglesia para que se nos ayude”4.

Julia in native Zulu dress and in temple dress

A la derecha: Julia con su traje tradicional zulú y prestando servicio en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica.

Fotografía de Julia como obrera del templo cortesía de la Biblioteca de Historia de la Iglesia

Julia descubrió que la sanación era posible por medio del evangelio de Jesucristo, no solo para sí misma, sino también para su nación. Su servicio en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica, le ha enseñado que en el templo “no hay diferencia con el afrikáner. No hay inglés, ni situ, ni zulu. conoces el sentimiento de unidad”.

Julia Mavimbela falleció el 16 de julio de 2000.

Notas

  •   1.

    Salvo que así se indique, las citas se han tomado de Laura Harper, “‘Mother of Soweto’: Julia Mavimbela, Apartheid Peace-Maker and Latter-day Saint”, manuscrito no publicado, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

  •   2.

    En el texto de Harper, se emplea la palabra lámpara en vez de la expresión nudo en la garganta. Sin embargo, Thoba confirmó que la expresión grabada en la lápida era nudo en la garganta.

  •   3.

    De David Lawrence McCombs, entrevista con el autor, 25 de agosto de 2015.

  •   4.

    Dale G. Renlund, “Los Santos de los Últimos Días siguen intentándolo”, Liahona, mayo de 2015, págs. 57–58.