Mensaje de la Primera Presidencia

La recompensa de sobrellevarlo bien

Por el presidente Henry B. Eyring

Primer Consejero de la Primera Presidencia

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family praying together

Cuando era joven, presté servicio en la Iglesia como consejero de un sabio presidente de distrito. Él siempre trataba de enseñarme. Recuerdo el consejo que una vez me dio: “Cuando conozcas a alguien, trátalo como si estuviera en serios problemas, y acertarás la mayoría de las veces”. En ese entonces pensé que él era pesimista. Ahora, más de 50 años después, veo lo bien que él comprendía el mundo y la vida.

Todos tenemos pruebas que afrontar; en ocasiones, pruebas muy difíciles. Sabemos que el Señor permite que pasemos pruebas para que seamos pulidos y perfeccionados a fin de que podamos estar con Él para siempre.

El Señor enseñó al profeta José Smith en la cárcel de Liberty que la recompensa por sobrellevar bien sus pruebas lo ayudaría a ser digno de la vida eterna:

“Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento;

“y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará; triunfarás sobre todos tus enemigos” (D. y C. 121:7–8).

Son tantas las dificultades que nos azotan en toda una vida que puede parecer difícil sobrellevarlas bien. Eso podría sentir una familia que depende de la cosecha cuando no hay lluvia. Podrían preguntarse: “¿Cuánto tiempo podemos aguantar?”. Eso podría sentir un jovencito que debe resistir el creciente diluvio de inmundicia y tentaciones. Eso podría sentir un joven que lucha por obtener los estudios o la capacitación que necesita para un empleo a fin de mantener a su esposa y a su familia. Eso podría sentir una persona que no puede encontrar trabajo o que ha perdido empleo tras empleo cuando las empresas cierran sus puertas. Eso podrían sentir quienes afrontan la pérdida de salud y fuerza física, la cual puede llegar antes o después en la vida de ellos o de sus seres queridos; pero

un Dios amoroso no nos ha puesto esas pruebas simplemente para ver si podemos sobrellevar las dificultades, sino para ver si podemos sobrellevarlas bien y llegar a pulirnos.

La Primera Presidencia enseñó a Parley P. Pratt (1807–57) cuando este había sido recientemente llamado al Cuórum de los Doce Apóstoles: “Te has comprometido en una causa que requiere toda tu atención… conviértete en una saeta pulida… Deberás sobrellevar mucha adversidad, mucho trabajo y muchas privaciones para pulirte en forma perfecta… Tu Padre Celestial así lo requiere; el campo es Suyo; la obra es Suya y Él te alentará… y te sostendrá”1.

En el libro de Hebreos, Pablo habla del fruto de sobrellevarlo bien: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de rectitud a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

Nuestras pruebas y nuestras dificultades nos dan la oportunidad de aprender y crecer, y hasta podrían cambiar nuestra naturaleza misma. Si acudimos al Salvador en nuestro pesar, nuestra alma puede pulirse a medida que perseveramos.

Por lo tanto, lo primero que debemos recordar es orar siempre (véanse D. y C. 10:5; Alma 34:19–29).

En segundo lugar, debemos esforzarnos continuamente por guardar los mandamientos, sin importar la oposición, la tentación o el alboroto que nos rodeen (véase Mosíah 4:30).

Lo tercero que debemos hacer es servir al Señor (véanse D. y C. 4:2; 20:31).

Cuando estamos al servicio del Señor, llegamos a conocerlo y amarlo. Si perseveramos en la oración y el servicio fiel, comenzaremos a reconocer la mano del Salvador y la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida. Muchos de nosotros hemos prestado tal servicio por un tiempo y hemos sentido dicha compañía. Si piensan en aquel momento, recordarán que hubo cambios en ustedes. La tentación para hacer lo malo parecía haber disminuido. El deseo de hacer lo bueno era mayor. Aquellos que los conocían mejor y que los amaban tal vez hayan dicho: “Te has vuelto más amable y paciente; no pareces la misma persona”.

Ustedes no eran la misma persona. Habían cambiado mediante la expiación de Jesucristo debido a que confiaron en Él durante los momentos de prueba.

Les prometo que el Señor los socorrerá en sus pruebas si lo buscan y lo sirven, y que, en ese proceso, el alma de ustedes se pulirá. Los invito a poner su confianza en Él durante todas sus adversidades.

Sé que Dios el Padre vive y que escucha y contesta cada una de nuestras oraciones. Sé que Su Hijo Jesucristo pagó el precio de todos nuestros pecados, y que quiere que vengamos a Él. Sé que el Padre y el Hijo nos cuidan y han preparado el camino para que sobrellevemos bien nuestras pruebas y regresemos a casa.

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Nota

  1. 1.

    Autobiography of Parley P. Pratt, editada por Parley P. Pratt, hijo, 1979, pág. 120.