El camino del Evangelio hacia la felicidad

Por el élder Jeffrey R. Holland

Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Living after the Manner of Happiness”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho el 23 de septiembre de 2014. Para leer el texto completo en inglés, vaya a web.byui.edu/devotionalsandspeeches.

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Jesucristo es “el camino, y la verdad y la vida”. Nadie alcanza la verdadera felicidad sino por Él.

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En una frase que estoy seguro que han escuchado muchas veces, el profeta José Smith (1805–1844) una vez dijo: “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad”1.

Es acerca de esa búsqueda digna de la felicidad que deseo hablar. Observen que mencioné la “búsqueda de la felicidad”, no la felicidad misma. Recuerden las palabras que escogió el profeta José: él indicó que el sendero que conduce a la felicidad es la clave para lograr ese objetivo.

Esta no es una búsqueda nueva; ha sido una de las búsquedas fundamentales de la humanidad a lo largo de todos los tiempos. Una de las mentes intelectuales más grandiosas del mundo occidental una vez dijo que la felicidad es el significado y propósito de la vida, el objetivo y fin mismos de la existencia humana2.

Se trata de Aristóteles, pero observen cuán proféticamente se asemeja su declaración a la del profeta José, casi hasta en el modo exacto de expresión. En las primeras líneas de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, Thomas Jefferson inmortalizó nuestra búsqueda tanto personal como política al vincular para siempre (al menos en Estados Unidos) los tres derechos inalienables de “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Pero observen que en esa magnífica troica no es la felicidad lo que es un derecho (como lo son la vida y la libertad) sino específicamente la búsqueda de la felicidad.

¿Cómo “buscamos”, entonces, la felicidad, en especial cuando somos jóvenes e inexpertos y tal vez un poco temerosos, y la vida se extiende frente a nosotros como una desafiante montaña que debemos escalar? Bueno, sabemos algo con seguridad: no es fácil encontrar la felicidad cuando la buscamos directamente; por lo general es demasiado escurridiza, demasiado efímera, demasiado sutil. Si aún no lo han aprendido, aprenderán en años venideros que la mayoría de las veces la felicidad viene a nosotros cuando menos la esperamos, cuando estamos ocupados haciendo otra cosa. La felicidad es casi siempre un derivado de algún otro esfuerzo.

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Fotografía de Getty Images

Henry David Thoreau, uno de mis escritores favoritos desde mis días de estudiante universitario, dijo: “La felicidad es como una mariposa; cuanto más la persigues, más te elude, pero si prestas atención a otras cosas, se posará suavemente sobre tu hombro”3. Esta es una de esas grandes ironías del Evangelio que a menudo no parecen obvias, como “… los postreros [serán] primeros” (Mateo 19:30; D. y C. 29:30) y “el que pierda su vida la hallará” (véase Mateo 16:25). El Evangelio está lleno de tales ironías y oblicuidad, y pienso que la búsqueda de la felicidad es una de ellas. ¿Cómo aumentamos, pues, nuestra probabilidad de ser felices sin buscar la felicidad de forma tan directa que la perdamos? Permítanme acudir a un libro sumamente extraordinario para obtener respuestas.

Vivir “de una manera feliz”

Los primeros 30 años de la historia del Libro de Mormón no relatan una historia agradable. La hostilidad que había dentro de la familia de Lehi y Saríah llegó a ser tan intensa que las dos mitades de su familia se separaron; un grupo huyó hacia las profundidades del desierto temiendo por su vida, no fuese que fueran víctimas de la sanguinaria búsqueda del otro grupo. Cuando el primer grupo se adentró en un terreno desconocido para hallar seguridad y recomponer su vida de la mejor manera posible, el profeta y líder de esa mitad nefita de la familia dijo que “[vivieron] de una manera feliz” (2 Nefi 5:27).

A la luz de lo que acababan de soportar durante 30 años y las pruebas que sabemos que aún les aguardaban, tal comentario parece casi doloroso. ¿Cómo podría cualquier aspecto de eso describirse como algo remotamente parecido a la “felicidad”? Pero Nefi no dice que eran felices, aunque es evidente que lo eran. Lo que él dice es que “[vivieron] de una manera feliz”. Quisiera que comprendiesen que en esa frase hay una poderosa clave que puede abrirles la puerta a preciosas bendiciones durante el resto de su vida.

No creo que Dios en Su gloria o los ángeles del cielo o los profetas sobre la tierra pretendan hacernos felices todo el tiempo, cada día y en todo sentido, dadas las pruebas que este mundo terrenal tiene el propósito de proporcionar. Como el presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, una vez expresó: “La felicidad no se nos da en un envoltorio que simplemente podamos abrir y consumir; no hay nadie que sea feliz las 24 horas del día, siete días a la semana”4.

No obstante, el consuelo que les ofrezco es que en el plan de Dios podemos hacer mucho para hallar la felicidad que deseamos. Podemos dar ciertos pasos, podemos adoptar ciertos hábitos, podemos hacer ciertas cosas que Dios y la historia nos dicen que conducen a la felicidad con la confianza de que si vivimos de tal manera, es mucho más probable que esa mariposa se pose sobre nuestro hombro.

En pocas palabras, la mayor probabilidad de ser feliz es hacer las cosas que las personas felices hacen, vivir como viven las personas felices y recorrer el camino que las personas felices recorren. Al hacerlo, las posibilidades de hallar gozo y paz en momentos y lugares inesperados, y de recibir la ayuda de ángeles cuando ustedes ni siquiera sabían que ellos conocían de su existencia, se incrementarán exponencialmente. A continuación comparto cinco formas en las que podemos vivir “de una manera feliz”.

Vivan el Evangelio

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Mujer sanada, por Kathleen Peterson

Por sobre todas las cosas, la máxima felicidad, la verdadera paz y cualquier cosa que remotamente se compare con el gozo que se describe en las Escrituras, se encuentran primero, ante todo y para siempre al vivir el evangelio de Jesucristo. Se han probado muchas otras filosofías y sistemas de creencias; de hecho, se podría decir que se ha probado prácticamente cada filosofía y sistema a lo largo de los siglos. Pero cuando el apóstol Tomás le hizo al Señor la pregunta que la gente joven a menudo hace en la actualidad: “¿cómo, pues, podemos saber el camino?” —que para muchos se traduce a “¿cómo podemos saber el camino para ser felices?”—, Jesús dio la respuesta que resuena desde la eternidad hacia toda la eternidad:

“… Yo soy el camino, y la verdad y la vida…

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré…

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:5–6, 13–14).

¡Qué grandiosa promesa! Vive a mi manera, vive mi verdad, vive mi vida —vive de la manera que te estoy mostrando y enseñando— y todo lo que pidas te será dado, todo lo que busques lo hallarás, incluso la felicidad. Parte de esa bendición puede llegar pronto, otras partes más adelante y las demás quizás no se reciban sino hasta después de llegar al cielo, pero todas ellas llegarán. ¡Qué motivación brinda eso, después de un lunes triste o un martes lleno de lágrimas o un miércoles agotador! Y es una promesa cuya realización no puede llevarse a cabo de otra manera que por la devoción a la verdad eterna.

En palabras del entonces recién ordenado élder David O. McKay (1873–1970) hace casi un siglo, a diferencia de la satisfacción, el placer o algún tipo de emoción, la verdadera “… felicidad se halla únicamente en ese camino conocido [del Evangelio], angosto como es… [y] estrecho [como es], el cual conduce a la vida eterna”5. Así que amen a Dios y ámense unos a otros, y sean fieles al evangelio de Jesucristo.

Escojan la felicidad

En segundo lugar, aprendan lo más rápido posible que gran parte de su felicidad está en sus manos, no en los sucesos, las circunstancias, la fortuna ni la mala fortuna. Eso es parte de la razón de la guerra por el albedrío en los concilios premortales del cielo. Tenemos opciones, tenemos voluntad propia, tenemos el albedrío y podemos escoger, tal vez no la felicidad en sí, pero sí vivir de una manera feliz. El presidente Abraham Lincoln tenía muchas razones para ser infeliz durante la administración más difícil que un presidente de los Estados Unidos jamás ha afrontado, pero aun él declaró que “la mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo”6.

La felicidad primero llega según lo que viene a la mente mucho tiempo antes de que llegue a las manos. José Smith estaba viviendo “de una manera feliz” una situación muy triste cuando escribió desde la cárcel de Liberty a los que estaban fuera y que también eran víctimas de una gran injusticia y persecución:

“… deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios…

“El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad” (D. y C. 121:45–46).

“Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente”. No es solo un buen consejo contra la plaga moderna de la pornografía, sino que también es un buen consejo para todo tipo de pensamientos del Evangelio, buenos pensamientos, pensamientos constructivos, pensamientos llenos de esperanza. Esos pensamientos llenos de fe cambiarán el modo de ver los problemas de la vida y de encontrar una solución para los mismos. “… el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta” (D. y C. 64:34), dice la revelación.

Con demasiada frecuencia pensamos que todo depende del corazón, pero no es así. Dios espera que tengamos una mente bien dispuesta en la búsqueda de la felicidad y también de la paz. Centren su mente en esto; todo esto requiere esfuerzo. Es una batalla, pero una batalla por la felicidad que vale la pena librar.

Hace unos años, en uno de sus conocidos libros, la autora escribió: “La felicidad es la consecuencia del esfuerzo personal. Luchamos por ella, nos esforzamos por alcanzarla, insistimos y… la [buscamos]. Debemos participar sin cesar en las manifestaciones de nuestras propias bendiciones. Y una vez que hayamos logrado un estado de felicidad, nunca debemos descuidarla ni olvidarnos de mantenerla; debemos hacer un gran esfuerzo por seguir nadando corriente arriba hacia a esa felicidad… por mantenernos a flote sobre ella”7.

Me encanta la frase “participar sin cesar en las manifestaciones de nuestras propias bendiciones”. No sean pasivos; naden corriente arriba. Piensen, hablen y actúen de forma positiva; eso es lo que hacen las personas felices; ese es un aspecto de vivir de una manera feliz.

Sean bondadosos y agradables

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Comparto otro punto. Al preparar este mensaje, estuve sentado en mi sala de estudio por un largo rato tratando de pensar si alguna vez había conocido a una persona feliz que fuera antipática o desagradable. ¿Y saben qué? No logré pensar en nadie, ni en una sola persona. Así que aprendan a temprana edad esta gran verdad: No se puede edificar la felicidad propia sobre la infelicidad de otra persona.

A veces, tal vez especialmente cuando somos jóvenes e inseguros y tratamos de abrirnos camino en el mundo, pensamos que si degradamos un poco a alguien, de alguna manera milagrosa eso nos elevará. Eso es lo que constituye el acoso escolar; esa es la causa de los comentarios malintencionados; eso representa la arrogancia y la superficialidad y el sentimiento de superioridad. Quizás pensamos que si somos lo suficientemente negativos, cínicos o crueles, entonces las expectativas no serán tan elevadas; podemos degradar a todos hasta un nivel lleno de imperfecciones, y, de esa manera, nuestros defectos no serán tan notorios.

Las personas felices no son negativas ni cínicas ni crueles, así que no esperen que eso sea parte de vivir “de una manera feliz”. Si la vida me ha enseñando algo, es que la bondad, la amabilidad y el optimismo basado en la fe son características de la gente feliz. En las palabras de la Madre Teresa: “No dejes que nadie venga a ti sin irse mejor y más feliz. Sé la viva expresión de la bondad de Dios; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu saludo afectuoso”8.

Un paso relacionado en el sendero que conduce a la felicidad es evitar la animosidad, la contención y la ira en la vida. Recuerden que es Lucifer, Satanás, el adversario de todos nosotros, quien se deleita en la ira. Él “es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros” (3 Nefi 11:29).

Después de citar ese versículo durante la conferencia general hace unos años, el élder Lynn G. Robbins, de los Setenta, dijo: “El verbo irritar suena a una receta para el desastre: Calentar los ánimos a fuego lento, mezclar con palabras bruscas hasta que empiecen a hervir; seguir revolviendo hasta que adquieran consistencia; dejar reposar; dejar enfriar los sentimientos durante varios días; servir helado; esperar muchas sobras”9. Ciertamente hay muchas sobras.

La ira daña o destruye casi todo lo que toca. Como alguien ha dicho, tener ira es como beber veneno y esperar que la otra persona muera. Es un ácido malicioso que destruirá al recipiente mucho antes de hacerle daño al objeto al que está dirigido. No hay nada en ella ni en otros vicios similares —la violencia, la rabia, la amargura y el odio— que tenga nada que ver con vivir el Evangelio o buscar la felicidad. No creo que la ira pueda existir —o al menos fomentarse, considerarse o permitirse— cuando se vive “de una manera feliz”.

Esfuércense por lograrlo

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Comparto una última sugerencia, aunque hay muchas otras que deberíamos tener en cuenta. Nefi dijo que en sus esfuerzos por encontrar la felicidad en su nueva tierra después de 30 años de dificultades, “… yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos” (2 Nefi 5:17). Por el contrario, aquellos de los que huyeron “se convirtieron en un pueblo ocioso, lleno de maldad y astucia” (2 Nefi 5:24).

Si quieren ser felices en sus estudios, en una misión, en un empleo o en el matrimonio, esfuércense por lograrlo. Aprendan a trabajar; sirvan diligentemente; no sean ociosos ni dañinos. Una definición sencilla del carácter cristiano podría ser la integridad para hacer lo correcto en el momento oportuno y de la manera correcta. No sean ociosos; no derrochen. “… buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). Sean industriosos y trabajen, incluso presten servicio a otras personas; esa es una de las grandes claves de la verdadera felicidad.

Ahora bien, permítanme finalizar citando el claro consejo de Alma a Coriantón. Con todo el ánimo que un padre quisiera darle a un hijo o una hija, él dijo que en la Resurrección los fieles son levantados a un estado de “felicidad sin fin” en el que “[heredarán] el reino de Dios” (Alma 41:4). En ese momento, añadió, seremos “levantado[s] a la dicha, de acuerdo con [nuestros] deseos de felicidad” (Alma 41:5). Pero también advirtió con firmeza: “No vayas a suponer… que [sin arrepentimiento] serás restaurado del pecado a la felicidad. He aquí, te digo que la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10; cursiva agregada).

El pecado es la antítesis de vivir “de una manera feliz”. Ciertamente, quienes creen lo contrario, dice Alma, “se encuentran sin Dios en el mundo, y han obrado en contra de la naturaleza de Dios; por tanto, se hallan en un estado que es contrario a la naturaleza de la felicidad” (Alma 41:11).

Rechacen la transgresión

Jesus with Mary Magdalene

Jesús y María Magdalena, por Kathleen Peterson

Les pido que rechacen la transgresión a fin de vivir de acuerdo con la naturaleza de Dios, que es la naturaleza de la verdadera felicidad. Los animo y los felicito por sus esfuerzos por “[seguir] el camino que nos conduce a la felicidad”. No es posible hallarla de ninguna otra manera.

Mi testimonio es que Dios, el Padre Eterno que está en el cielo, siempre los alienta y los felicita en su búsqueda aun con más amor que yo. Testifico que Él quiere que ustedes sean felices, que tengan verdadero gozo. Testifico de la expiación de Su Hijo Unigénito, la cual provee el camino correcto y, si es necesario, un nuevo comienzo en el mismo, una segunda oportunidad, un cambio en nuestra naturaleza si es necesario.

Ruego que ustedes sepan que Jesucristo es “el camino, y la verdad y la vida” y que nadie alcanza la verdadera felicidad sino por Él. Ruego que algún día, en algún momento, en algún lugar, reciban cada deseo justo de su corazón al vivir el evangelio de Jesucristo, o sea, vivir “de una manera” que conduzca a tales bendiciones.

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Notas

  1. 1.

    José Smith, en History of the Church, tomo V, pág. 134.

  2. 2.

    Véase Aristóteles, The Nicomachean Ethics, traducido por H. Rackham, 1982, pág. 31.

  3. 3.

    Henry David Thoreau, Thoreau on Nature: Sage Words on Finding Harmony with the Natural World, 2015, pág. 72; esta cita también ha sido atribuida a Nathaniel Hawthorne y a alguien anónimo.

  4. 4.

    James E. Faust, “Nuestra búsqueda de la felicidad”, Liahona, octubre de 2000, pág. 4.

  5. 5.

    David O. McKay, en Conference Report, octubre de 1919, pág. 180; cursiva agregada.

  6. 6.

    Esta cita fue atribuida a Abraham Lincoln por el Dr. Frank Crane en el periódico Syracuse Herald, 1 de enero de 1914 (quoteinvestigator.com/category/frank-crane).

  7. 7.

    Elizabeth Gilbert, Eat, Pray, Love: One Woman’s Search for Everything Across Italy, India and Indonesia, 2006, pág. 260.

  8. 8.

    Madre Teresa, en Susan Conroy, Mother Teresa’s Lessons of Love and Secrets of Sanctity, 2003, pág. 64.

  9. 9.

    Véase Lynn G. Robbins, “El albedrío y la ira”, Liahona, julio de 1998, pág. 86.