Nativity scene

Días de gozo y misericordia, creado por Sara Waddoups Morgan, cortesía del Museo de Historia de la Iglesia.

A todos aquellos que quieran entender quiénes somos como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, quisiera ofrecer un punto de partida definido en estas tres palabras: Buscamos a Cristo.

Procuramos aprender de Él; seguirlo; llegar a ser más como Él.

Todos los días, durante todo el año, lo buscamos a Él; pero, especialmente en esta época del año, la Navidad, cuando celebramos el nacimiento de nuestro amado Salvador, nuestros corazones se inclinan aún más hacia Él.

Como parte de nuestros preparativos para celebrar la Navidad, consideremos cómo se prepararon para recibir al Salvador quienes vivieron hace dos milenios.

Los pastores

No sabemos mucho acerca de los pastores, solo que “velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños”1. Los pastores eran probablemente personas bastante comunes, como muchas almas dignas que se pasan los días ganándose la vida.

Podrían representar a personas que, en algún momento, no hayan estado buscando activamente al Cristo, pero sus corazones cambiaron cuando se abrieron los cielos y se les predicó de Cristo.

Son aquellos que, después de oír la voz de los mensajeros celestiales, fueron inmediatamente a Belén porque querían ver2.

Los magos

Los magos eran académicos que habían estado estudiando el advenimiento del Mesías, el Hijo de Dios. Por medio de su aprendizaje, reconocieron las señales que apuntaban hacia Su nacimiento. Cuando lo hicieron, abandonaron sus hogares y viajaron a Jerusalén, y preguntaron: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”3.

El conocimiento que tenían del Cristo no siguió siendo únicamente intelectual. Una vez que vieron las señales de Su nacimiento, actuaron y empezaron a buscar al Cristo.

Los magos podrían representar a aquellos que buscan al Cristo a través del aprendizaje y del estudio académico. Su devoción a la verdad finalmente los lleva a encontrar al Cristo y a adorarlo como el Rey de reyes, el Salvador de la humanidad4.

Simeón y Ana

Simeón y Ana podrían representar a aquellos que buscan a Cristo por medio del Espíritu. Esas almas maravillosas eran devotamente religiosas y, mediante el ayuno y la oración y al llevar vidas de devoción y obediencia, esperaban ansiosamente ver el día de la venida del Hijo de Dios.

Con fidelidad, humildad y fe, esperaron pacientemente la venida del Salvador.

Finalmente, se recompensó su fidelidad cuando María y José les mostraron al bebé que un día tomaría sobre Sí los pecados de la humanidad5.

Creyentes entre los nefitas y los lamanitas

En el Libro de Mormón se encuentra la conmovedora historia de cómo los creyentes en el Nuevo Mundo buscaban las señales del nacimiento del Salvador.

Recordarán que los que tenían fe en Cristo eran ridiculizados y perseguidos. Las personas sofisticadas de aquellos días acusaban a los creyentes de aferrarse a supersticiones ridículas. De hecho, los incrédulos eran tan abiertos en sus burlas que hicieron “un gran alboroto” en la tierra (3 Nefi 1:7). Se burlaban de aquellos que creían que el Salvador iba a nacer.

Su cólera y rabia llegaron a tal extremo que se obsesionaron con silenciar de una vez por todas a aquellos que creían en el Salvador. En el Libro de Mormón se encuentra la dramática resolución6.

Los creyentes que vivían en esa época podrían representar a aquellos que buscan al Cristo aun cuando otros se rían, se burlen y los ridiculicen. Buscan a Cristo incluso cuando otros intentan caricaturizarlos como personas toscas, simples o ingenuas;

pero el desprecio de los demás no impide que los verdaderos creyentes busquen a Cristo.

Buscamos a Cristo

A lo largo del año, y tal vez especialmente en esta época navideña, nos beneficiaría volver a hacernos la pregunta “¿Cómo estoy buscando a Cristo?”.

Durante un período difícil de su vida, el gran rey David escribió: “Oh Dios, tú eres mi Dios; temprano te buscaré. Mi alma tiene sed de ti; mi carne te anhela”7.

Tal vez esa actitud de buscar a Dios fue una de las razones por las que se describió a David como un hombre conforme al corazón de Dios8.

Durante esta época navideña y durante todo el año, ruego que busquemos con nuestro corazón y nuestra alma a nuestro amado Salvador, el Príncipe de Paz, el Santo de Israel, ya que ese deseo define, en gran parte, no solo quiénes somos como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sino más aun quiénes somos realmente como discípulos de Cristo.

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