Mi travesía al rebautismo

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    No me di cuenta de lo mucho que extrañaría mis convenios.

    woman looking at sunset

    Nota: Después de que Jane (el nombre se ha cambiado) fue excomulgada, sintió que había perdido una parte de sí misma. Decidió que haría lo que fuera necesario para que se le perdonaran sus pecados y volver a gozar de su condición de miembro de la Iglesia, pero su travesía de regreso tuvo giros inesperados.

    Crecí en la Iglesia y me bauticé y fui confirmada a los ocho años de edad. El Evangelio era una forma de vida para mí y para la mayoría de las personas que me rodeaban. El Espíritu Santo era una presencia muy familiar en mi vida.

    Cuando me excomulgaron, percibí un sentimiento casi tangible que se alejaba de mí. Sentía como si mi capacidad de pensamiento se hubiera visto afectada y ralentizada, y tomar decisiones era confuso y difícil. Sentía ansiedad y me era muy difícil tener paz.

    Jamás me había dado cuenta del modo en que perder mi condición de miembro de la Iglesia cambiaría mi vida por completo. Ya no podía usar el gárment ni asistir al templo. No podía pagar el diezmo, ni prestar servicio en ningún llamamiento, ni tomar la Santa Cena, ni compartir mi testimonio u orar en la Iglesia. Ya no tenía el don del Espíritu Santo. Lo que es más importante, no estaba en una relación de convenio con mi Salvador a través de las ordenanzas del bautismo y del templo. Estaba destrozada y aterrada.

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    Lee el artículo completo en la revista LiahonaRecuperar mis convenios”.