Lucas y el bravucón

Por Eric B. Murdock

Revistas de la Iglesia

Basado en una historia real

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Lucas se sintió muy bien con lo que dijo… hasta que vio la mirada en la cara de Pedro.

“Oh, hablemos con tiernos acentos en casa y todo lugar” (Himnos, nro. 151).

Lucas and the Bully

“¡Ay, no! ¡Ahí viene Pedro!”.

Todos en la escuela sabían que Pedro era un bravucón. ¡Era grande y era malo! Insultaba a los otros niños, les quitaba sus almuerzos y los perseguía por el patio de la escuela. A nadie le gustaba estar cerca de él.

Pedro se acercó a Lucas y a su amigo, Arturo; les dijo “¡tontos!”, y empujó a Arturo.

Lucas estaba cansado de que Pedro fuera tan malo; sin siquiera pensarlo gritó: “¡Déjalo ya, Pedro!”.

Lucas no podía creerlo; ¡se había enfrentado al mayor bravucón de la escuela!

Pedro corrió hacia Lucas y lo agarró de la camisa. “¿Qué dijiste?”. A Lucas le latía el corazón tan rápido que pensó que se le saldría del pecho! “Te voy a hacer una advertencia”, dijo Pedro. “¡Más vale que te cuides!”. Empujó a Lucas y se fue.

Después de eso, Lucas hizo su mejor esfuerzo por evadir a Pedro, pero siempre se lo encontraba. No dejaba que Lucas jugara en los columpios, lo empujaba al jugar con la pelota, lo hacía tropezar en el comedor y siempre le decía cosas malas.

Un día, Lucas y Arturo estaban jugando con la pelota de Arturo. Pedro saltó de detrás de un árbol y agarró la pelota.

“Por favor, devuélvemela”, dijo Arturo.

“¿Quién me va a obligar?”. Pedro empujó a Lucas contra un árbol y se echó a reír.

Lucas podía sentir el estómago hecho un nudo. ¡Estaba muy enojado! “¿Sabes qué, Pedro?”, dijo Lucas. “¡Eres el niño más malo que conozco! A nadie le caes bien. ¡Todo el mundo quiere que desaparezcas para siempre!”

Pedro dejó de reírse. Lucas se sintió muy bien con lo que dijo… hasta que vio la mirada en la cara de Pedro. ¿Estaba a punto de llorar? Pedro bajó la mirada rápidamente y se fue.

Lucas inmediatamente se sintió muy mal. Durante el resto del día, por más que lo intentara, no podía librarse de ese horrible sentimiento. Esa noche no pudo dormir. Se quedó pensando en lo triste que se puso Pedro.

“¿Cómo podía Pedro sentirse tan mal?”, pensó Lucas. “A él no le importa ser malo con los otros niños. Yo tenía que decir algo, ¿no?”. Mientras más pensaba en ello, más se daba cuenta de que había estado en lo correcto al defenderse a sí mismo y a su amigo; pero había estado equivocado por decir esas cosas feas.

Lucas se arrodilló cerca de su cama y le pidió al Padre Celestial que lo perdonara. Le dijo al Padre Celestial que no quería herir los sentimientos de nadie nunca más; quería ser amable. Cuando Lucas dijo “Amén”, sabía lo que tenía que hacer.

Después del almuerzo al día siguiente, Lucas encontró a Pedro de pie, solo contra una pared. Lucas estaba nervioso. ¿Qué haría Pedro? Lucas respiró hondo y se acercó.

“Oye, siento lo de ayer”.

Pedro se veía sorprendido. “¿Lo sientes?”

“Sí. Te dije cosas muy feas y no debí haberlo hecho. Lo siento”.

Pedro se miró los zapatos. “Está bien”.

La campana sonó. Lucas comenzó a regresar a su clase. Se sentía mucho mejor, pero había una cosa más que quería decir y se dio vuelta. “Podríamos jugar al fútbol mañana en el recreo si tú quieres”.

Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Pedro. “Eso suena genial”.

Después de eso, las cosas mejoraron con Pedro. Seguía siendo un bravucón a veces, pero ya no era tan malo. A veces jugaba con Lucas en el recreo, ¡y era realmente divertido! Al final del año escolar, Pedro le dijo a Lucas que se mudaba. Luego le dijo algo que realmente lo sorprendió.

“Gracias por ser mi amigo”, dijo Pedro. “Incluso cuando yo no era bueno”.

El cálido sentimiento en el corazón de Lucas le hizo saber que ser bueno siempre era la mejor decisión.