La felicidad: Más que un estado de ánimo

Por Maryssa Dennis y Charlotte Larcabal

Revistas de la Iglesia

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    happy breakfast plate

    Se nos enseña que tener gozo es el propósito de nuestra existencia (véase 2 Nefi 2:25); así que, ¿por qué la felicidad parece tan escurridiza en ocasiones? Tal vez sea porque no entendemos qué es en realidad la felicidad… y qué no es.

    ¿Qué es la felicidad?

    En su definición más sencilla, la felicidad es la elevación temporal del estado mental a un nivel más intenso que el del equilibrio emocional habitual1. En otras palabras, significa sentirse bien.

    Hay muchas maneras de provocar un aumento del nivel emocional —bromear con un amigo, participar de algún juego divertido o incluso comer un trozo de pastel— aunque nunca perdura mucho tiempo. Con frecuencia, terminamos brincando de una fuente de satisfacción a otra en un intento por recapturar dicha intensidad emocional. Pero, ¿no existe ninguna felicidad que perdure?

    Sí, aunque es mucho más sutil de lo que pensamos, lo cual explica por qué a menudo erramos y no damos en el blanco. El mundo nos dice que una vida que vale la pena debe estar llena de aventuras, que tus días deben ser una constante montaña rusa de emociones que recorre un camino sencillo colmado de satisfacciones. No obstante, la verdad es que no se necesita sentir un gran entusiasmo constantemente a fin de vivir “de una manera feliz” (2 Nefi 5:27). La felicidad duradera —aquello que podríamos llamar la verdadera felicidad— es, más bien, un sentimiento calmo y constante de bienestar, en lugar de una obvia sensación de euforia. La diversión y el placer se desvanecen, pero la verdadera felicidad no es un estado de ánimo pasajero, dura mucho más tiempo. Mientras que experimentar satisfacción eleva las emociones por encima del equilibrio, lograr la verdadera felicidad es como elevar el equilibrio en sí mismo2.

    Podríamos pensar que la felicidad estable requiere constante prosperidad y falta de dolor o pruebas. No obstante, hay estudios que indican que las circunstancias favorables no garantizan la felicidad y que las desfavorables no la impiden. Antes bien, entre todos los factores que influyen en la felicidad propia, nuestras decisiones ejercen la máxima influencia3. El élder Ulisses Soares, de la Presidencia de los Setenta, enseñó: “La felicidad está determinada por los hábitos, las conductas y los patrones de pensamiento que podemos dirigir directamente mediante acciones intencionales”. La felicidad es más que solo un buen estado de ánimo o una vida libre de preocupaciones; se trata de una manera de pensar y de vivir que podemos controlar. Es cierto que nuestra genética y nuestra crianza influyen en los niveles generales del estado de ánimo, pero nuestras decisiones personales desempeñan un papel importante. En pocas palabras, “la felicidad es una decisión que cualquier persona puede tomar”4.

    ¿Cómo puedo ser feliz?

    ¿De qué modo específico “decidimos” ser felices? ¿Cuál es el ingrediente secreto de nuestro pastel de la felicidad? Tal como explicó el élder Soares, la verdadera felicidad requiere “un esfuerzo sostenido por un largo tiempo en pos de algo más importante en la vida”. De manera semejante, Viktor Frankl, un conocido psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, afirmó que la felicidad es el “efecto secundario de una dedicación personal a una causa mayor que uno mismo”5.

    ¿Y qué causa podría ser mayor que la que el único Dios ha dispuesto para nosotros? En nuestra búsqueda de la felicidad, no tenemos que buscar fuera del plan del Padre Celestial. Después de todo, ¡por algo se llama el “plan de felicidad”! Alma 42:8, 16. Pasaje tras pasaje de las Escrituras testifica que seguir el plan de Dios brinda felicidad (véanse 2 Nefi 2:13; Helamán 13:38). Aunque llevar una vida recta no nos salvará de todo pesar, nos colocará en una posición en la cual seremos más capaces de experimentar la felicidad en esta vida, y conducirá a nuestra exaltación y gozo eterno en el mundo venidero.

    De forma muy semejante a lo que sucede con la fe, la felicidad puede debilitarse o fortalecerse, según nuestras acciones. Si dedicamos nuestro tiempo a procurar el regocijo momentáneo, nuestra felicidad será “[llevada] por doquiera de todo viento” (véase Efesios 4:14). Sin embargo, si nos esforzamos por vivir de manera recta, cultivaremos un sentimiento constante e interior de paz y bienestar que puede capear cualquier tempestad. Y cuando se da prioridad a la fe por encima de la diversión, podemos descubrir el verdadero gozo; la clase de gozo que solo puede hallar “el que verdaderamente se arrepiente y humildemente busca la felicidad” (Alma 27:18).

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    Notas

    1. 1.

      Véase Carolyn Gregoire, “This Is Scientific Proof That Happiness Is a Choice”, HuffPost, 13 de diciembre de 2013, huffingtonpost.com/2013/12/09/scientific-proof-that-you_n_4384433.html.

    2. 2.

      Véase Alex Lickerman, “How to Reset Your Happiness Set Point”, Pyschology Today, 21 de abril de 2013, psychologytoday.com/blog/happiness-in-world/201304/how-reset-your-happiness-set-point.

    3. 3.

      Véase Michael Mendelsohn, “Positive Psychology: The Science of Happiness”, ABC News, 11 de enero de 2008, abcnews.go.com/Health/story?id=4115033&page=1.

    4. 4.

      Carolyn Gregoire, “This Is Scientific Proof That Happiness Is a Choice”.

    5. 5.

      Viktor E. Frankl, Man’s Search for Meaning, 1984, pág. 17.