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3 maneras de ser una figura paterna

Por Sarah C. Keenan

Revistas de la Iglesia

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    ¿Qué puede hacer para convertirse en una figura paterna para los miembros de su barrio y su comunidad?

    father and sons

    Algunos hombres tienen el privilegio de ser padres, mientras que otros tal vez no experimenten la paternidad sino hasta después de la resurrección. Sea cual sea su situación, a continuación hay tres maneras en las que usted puede ser una figura paterna influyente para quienes lo rodean:

    1. Magnifique su llamamiento

      Sea miembro del obispado o maestro de la guardería, su llamamiento le da muchas oportunidades de tender una mano con diligencia y entusiasmo a las personas a su alrededor que necesiten guía y amor. Un asesor del cuórum de diáconos puede alentar a los hombres jóvenes que estén afrontando problemas espirituales o temporales. Un maestro orientador puede enriquecer la vida de la familia que visita. Al magnificar su llamamiento, usted tendrá más oportunidades de reconocer más plenamente el poder del sacerdocio de Dios y bendecir la vida de quienes lo rodean (véase D. y C. 84:32–33).

    2. Tienda una mano

      Familiarícese con los talentos y los intereses de los jóvenes con los que se relaciona. Escriba correos electrónicos y cartas a los misioneros. Forje una relación con sus hermanos, sobrinas, sobrinos, primos y otros miembros de la familia. La oportunidad de actuar como una figura paterna quizás no se presente de inmediato, pero a medida que usted forje relaciones y preste especial atención a aquellos que puedan estar teniendo dificultades, estará en posición de ayudar a algún joven a tomar decisiones importantes en la vida.

    3. Demuestre amor sincero

      Algunos hombres y mujeres jóvenes con los que se relacione tal vez tengan problemas de comportamiento o malos hábitos que pueden ser frustrantes. A veces puede ser tentador establecer límites o disciplinar a dichos jóvenes o niños. Si bien eso podría ser necesario en algunos casos, puede que no sea la manera más eficaz de corregirlos, en especial si no son sus propios hijos. Esfuércese por seguir el ejemplo de nuestro Padre Celestial, quien es “misericordioso y clemente, lento para la ira y que [abunda] en misericordia” (Salmos 86:15).