La influencia de un padre justo

Por Megan Warren

La autora vive en California, EE. UU.

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Al acudir a figuras paternas justas y a mi Padre Celestial, aprendí qué es la verdadera paternidad.

Warren family

Fotografía de la autora con su esposo y su hija por Jesse Warren

De pequeña, me crié sin un padre terrenal que me ayudara a familiarizarme con el tipo de amor que mi Padre Celestial tiene por mí. En vez de eso, observé a otros hombres que irradiaban Su amor y que eran un ejemplo de la verdadera paternidad. El presidente James E. Faust (1920–2007), Segundo Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “… una noble paternidad nos permite vislumbrar los atributos divinos de nuestro Padre Celestial”1. Por medio del ejemplo de muchas figuras paternas, entre ellas parientes, líderes de la Iglesia, hombres justos de las Escrituras y hasta maestros orientadores diligentes, aprendí en cuanto al carácter del Padre Celestial y los nobles atributos que los padres terrenales pueden desarrollar para emularlo. Con el tiempo, pude convertir el pesar que sentía por no tener un padre terrenal en regocijo por la relación cercana que podía desarrollar con mi Padre Celestial.

Constante y comprensivo

Nuestro Padre Celestial no cambia. Leemos que Él “es el mismo ayer, hoy y para siempre” (Mormón 9:9). He observado que los padres terrenales nobles siguen el ejemplo del Padre Celestial en cuanto a ser inquebrantables. Un padre noble es fiel a su palabra en todas las cosas; comprende que la constancia ayuda a sus hijos a sentirse seguros y amados, y está presente tanto en momentos de crisis como de alegría.

Nuestro Padre Celestial también comprende el tipo de trabajo arduo que se necesita para ser dignos de vivir con Él eternamente. Él nos conoce a cada uno de nosotros por nombre y permite que tengamos desafíos a fin de refinarnos. Un padre terrenal noble también permite que sus hijos afronten dificultades de vez en cuando porque sabe que los desafíos brindan oportunidades de progresar.

Mi esposo es un talentoso experto en artes marciales. Le enseñó su padre y a menudo cuenta que su papá era más duro con él que con los demás alumnos. La disciplina de su padre lo fortaleció y lo ayudó a avanzar más rápido. Al igual que nuestro Padre Celestial, los padres terrenales nobles alientan a sus hijos a esforzarse todo lo posible mientras les brindan fortaleza, amor y apoyo.

“Mis obras son sin fin”

La obra de nuestro Padre Celestial es eterna y no tiene fin (véase Alma 12:25–33). De forma similar, la obra de un padre terrenal noble tampoco tiene fin. Los padres nobles hacen buenas obras constantemente y se esfuerzan por ser justos; son verídicos y sinceros en el cumplimiento de los mandamientos de Dios; dejan a un lado los intereses egoístas por el bien de su familia. En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, los profetas vivientes han enseñado que “por designio divino, el padre debe presidir la familia con amor y rectitud y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección”2. Eso incluye no solo la protección física, sino también la espiritual. Los padres nobles guían mediante el ejemplo y brindan amor y consejo a sus hijos. También advierten contra el peligro espiritual cuando es necesario.

Una historia familiar fortalecedora

En un artículo del New York Times titulado “The Stories That Bind Us” [las historias que nos unen], Bruce Feiler da una visión general de una serie de estudios sobre el deterioro de la familia. En dichos estudios, los psicólogos descubrieron que los niños que mostraban mayor resiliencia habían estado expuestos a una historia familiar fortalecedora, la cual los ayudaba a sentir que pertenecían a algo más grande. “Si usted desea una familia más feliz”, dice Feiler, “cree, refine y vuelva a contar el relato de los momentos positivos de su familia y su capacidad de recuperarse de los tiempos difíciles. Tan solo hacer esto puede aumentar las probabilidades de que su familia prospere durante muchas generaciones futuras”3.

Un ejemplo de eso se encuentra en Moisés 1. Moisés fue fortalecido por su conocimiento del plan de Dios y de su propia identidad divina. Cuando Satanás lo tentó, Moisés respondió con fortaleza: “¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito. ¿Y dónde está tu gloria, para que te adore?” (Moisés 1:13). Moisés luego tuvo incluso el valor de ordenar a Satanás que se marchase.

Los padres terrenales nobles fortalecen a sus hijos al recordarles su identidad divina como hijos espirituales de Dios. Ayudan a establecer una familia fuerte por medio de su buen ejemplo y se aseguran de que sus hijos formen parte de ello. Eso les da un fuerte sentido de propósito y confianza para lograr el éxito.

En busca de un esposo noble

Cuando salía con muchachos, yo buscaba un compañero eterno que pudiera llegar a ser un padre noble. Debido a que crecí sin ese ejemplo en mi niñez, fue más difícil para mí conocer todas la características que un padre terrenal noble debía tener. Me decepcionó que mi bendición patriarcal no me diera una guía más detallada de la persona con la que el Padre Celestial deseaba que me casara. Solo decía que debía buscar a alguien que me llevase al templo. Sin embargo, incluso esa instrucción aparentemente simple se vio desafiada. Aunque tuve algunas experiencias positivas al salir con muchachos, a menudo me preocupaba que tal hombre realmente no existiera o que yo estuviese destinada a sufrir incontables pruebas sentimentales.

A pesar de la ansiedad que me producían mis experiencias pasadas, seguí orando para conseguir un esposo que llegara a ser un padre justo para mis hijos, alguien que los amase y que estuviera presente en sus vidas. Al igual que mi madre fiel, sabía que, sin importar lo que sucediera, podría contar con el apoyo de mi Padre Eterno.

Para mi sorpresa y satisfacción, mis oraciones fueron contestadas en el tiempo perfecto del Padre Celestial. Me produce un efecto curativo observar el amoroso ejemplo que da mi esposo de lo que debe ser un padre. Estoy agradecida porque él sigue el ejemplo que dieron los profetas y apóstoles, y porque él elige valorarme y amarme desinteresadamente. Su ejemplo como un amoroso esposo también bendice a nuestros hijos. Mi corazón está lleno de gratitud por su fidelidad en medio de las pruebas, su ejemplo de trabajo arduo, su dignidad para ejercer el sacerdocio y el amor puro e inquebrantable que él demuestra como un padre joven.

Los padres que nos rodean

watercolor painting

Acuarela pintada por la autora de su esposo y su hija. Ella se sintió inspirada a dedicarse al arte gracias a su maestro orientador, una de las figuras paternas en su vida.

No hay límite para la influencia que tiene un hombre que, como Moisés, comprende quién es. La hermana Sheri Dew, quien sirvió como Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, enseñó que todas las mujeres que educan cumplen con la función de la maternidad, incluso si aún no son madres. “Todas somos madres en Israel”, testificó ella, “y nuestro llamamiento es amar y guiar a la nueva generación por entre las peligrosas calles de la vida terrenal”4. Los hombres que son ejemplos rectos cumplen la función de padres en Israel y sus ejemplos de virtud pueden extenderse más allá del alcance de su propia familia.

Después de los desafíos de mi niñez, tengo la seguridad de que el Padre Celestial sabía exactamente lo que yo necesitaba para ayudarme a confiar en mi compañero eterno. Él me dio muchos ejemplos constantes de paternidad en mi vida; entre ellos se encuentran mi abuelo fiel, que amaba al Señor, y un diligente maestro orientador que —consciente de las limitaciones económicas de mi familia— me aceptó como alumna en su estudio de arte y me inspiró a seguir sus pasos profesionalmente. Cuando era joven adulta, la sanación celestial también llegó por medio de la inesperada bendición de tener un padrastro justo, quien fue paciente con mi renuencia a confiar en una figura paterna y que continuamente me demostró bondad.

Mediante la buena influencia de esas figuras paternas, he hallado esperanza, sanación y gozo. Estoy agradecida por todos los hombres que siguen el ejemplo de nuestro Padre Celestial y se esfuerzan por ser ejemplos de una noble paternidad.

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Notas

  1. 1.

    James E. Faust, “Honraré a los que me honran”, Liahona, julio de 2001, pág. 54.

  2. 2.

    “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, mayo de 2017, pág. 145.

  3. 3.

    Bruce Feiler, “The Stories That Bind Us”, New York Times, 15 de marzo de 2013, nytimes.com.

  4. 4.

    Sheri L. Dew, “¿No somos todas madres?”, Liahona, enero de 2002, pág. 113.