Prestar servicio en la Iglesia

Donde nos necesitaban

Por Wilfried y Laura Eyi

Los autores ahora residen en Massachusetts, EE. UU.

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La impresión de mudarnos a Brooklyn, Nueva York, nos llevó al servicio y a las bendiciones que nunca podríamos haber imaginado.

Eyi family

Fotografía de la familia Eyi.

En 2013, residíamos en Manhattan, Nueva York, EE. UU.; nos encantaba nuestro barrio. Como esperábamos a nuestro primer hijo, comenzamos a buscar un apartamento más grande dentro de los límites del barrio. Encontramos uno que parecía perfecto, pero no nos sentíamos totalmente cómodos.

Esa primavera, Laura comenzó a sentir que tal vez deberíamos mudarnos a Brooklyn. Wil no estaba tan seguro. No sabíamos nada sobre Brooklyn, y Wil quería estar cerca de su trabajo de banca de inversiones para que, dadas sus largas horas de trabajo, el tiempo que pasara para desplazarse a él fuese corto. Decidimos orar al respecto y buscar una respuesta durante la conferencia general.

Mientras mirábamos los discursos en una computadora portátil en nuestro apartamento, el élder Stanley G. Ellis, de los Setenta, compartió una experiencia que tuvo como miembro de una presidencia de estaca. Dijo que las familias que se mudaban a su estaca en Texas, EE. UU., a menudo preguntaban cuál era el mejor barrio. Solo una vez en dieciséis años una familia preguntó qué barrio necesitaba ayuda1.

Su relato nos conmovió, ya que contestó nuestras oraciones. De modo que, en vez de quedarnos en un barrio que nos gustaba mucho, donde nos sentíamos cómodos, y que tenía una guardería y una Primaria excelentes, tomamos muy en serio el consejo del élder Ellis y oramos para saber adónde deberíamos mudarnos.

En ese tiempo, prestábamos servicio como obreros de las ordenanzas en el Templo de Manhattan, Nueva York. Uno de los obreros conocía muy bien la ciudad de Nueva York y mencionó que había dos barrios donde él pensaba que podríamos ser útiles: ambos en Brooklyn.

El primero estaba demasiado alejado del trabajo de Wil; el segundo estaba más cerca, y pensamos que habíamos encontrado el lugar correcto cuando visitamos la reunión sacramental del barrio. Muchos de los miembros eran inmigrantes haitianos. Dado que Wil es originario de Gabón y habla francés, pensamos que el barrio sería un lugar excelente para nosotros.

Experiencias extraordinarias

Unas semanas más tarde encontramos un apartamento al que nos mudamos. Al poco tiempo, Wil fue llamado a servir de varias maneras importantes. Entender el idioma llevó algún tiempo, pero se sintió bendecido cuando no tardó en volverse lo suficientemente competente en criollo haitiano para ayudar a interpretar para los miembros durante reuniones y entrevistas. Laura también fue bendecida para servir en diversos puestos, y empezamos a participar en la obra misional.

Uno de los amigos que hicimos fue un joven investigador llamado Normil Romelus, que había venido de Haití para obtener una educación. Visitaba nuestro hogar con los misioneros, y le enseñábamos en francés y criollo. Después de que Normil se bautizó, lo patrocinamos en el programa Pathway de la Iglesia, donde conoció a su futura esposa. Wil se sintió agradecido de asistir a su casamiento en el Templo de Manhattan.

También conocimos a una fiel hermana que vino a Nueva York desde Haití para recibir un tratamiento para el cáncer. Durante sus estadías, el consejo del barrio hizo todo lo posible por ayudarla y asegurarse de que tuviera lo que necesitara, incluido el transporte de ida y vuelta para recibir los tratamientos. Fuimos bendecidos al prestarle servicio y visitarla durante ese tiempo; teníamos la esperanza de un mejor desenlace, pero falleció.

Esas dos experiencias representan lo que el barrio hizo por las personas: ayudarlas y animarlas. Estamos agradecidos por esas y otras experiencias extraordinarias.

Lo que realmente importa

Aprendimos que cuando servimos al Señor y a Sus hijos, Él cuida de nosotros. Las experiencias que tuvimos en Brooklyn nos ayudaron a mantenernos firmes. En especial ayudaron a Wil a preocuparse menos por la algarabía de Wall Street y a tener presente lo más importante. En la banca de inversión, casi todos trabajan los domingos. De vez en cuando, Wil tenía que ponerse al día con trabajo desde casa, pero el Señor nos bendijo para que nunca tuviese que ir a la oficina los domingos.

Cuando nos mudamos a Brooklyn, pensamos que íbamos a ser una de solo dos familias con niños pequeños en el barrio, pero los límites del barrio cambiaron dos semanas después de que nos mudamos, y varias familias jóvenes también se integraron allí.

Más adelante, tenemos pensado trasladarnos a Gabón. Creemos que nuestras experiencias en Brooklyn nos han ayudado a prepararnos para servir mejor a la Iglesia y a la gente de África. Estamos agradecidos porque seguimos la impresión de mudarnos. El Señor nos bendijo, y continúa bendiciéndonos, de maneras que nunca podríamos haber imaginado.

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Nota

  1. 1.

    Véase Stanley G. Ellis, “La manera del Señor”, Liahona, mayo de 2013, págs. 36–38.