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Cuando el material antimormón hizo tambalear mi fe

Por Sarah Keenan

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    Traté de dejar de lado mis preocupaciones, pero me creaba ansiedad que persistieran. ¿Podría servir una misión si seguía teniendo dudas sobre el Evangelio?

    joven adulta leyendo las Escrituras

    Unos meses antes de irme a la misión, di con algunos artículos antimormones. Esos artículos malinterpretaban datos de la historia de la Iglesia y de José Smith que hicieron que mi testimonio se tambaleara. Traté de dejar de lado mis preocupaciones, pero me creaba ansiedad que persistieran. Las dudas se apoderaron de mi mente. ¿Podría servir una misión si seguía teniendo dudas sobre el Evangelio? ¿Sería mejor que me quedase en casa? Ore fervientemente al Señor pidiéndole que me ayudase a dar respuesta a mis preguntas y fortaleciese mi fe, pero las respuestas no llegaron de inmediato.

    Un día recordé la historia de cuando José Smith recibió el Sacerdocio Aarónico, una historia que siempre me ha fascinado. Cuando José estaba traduciendo el Libro de Mormón, observó que en él se hablaba del bautismo. Sintiendo curiosidad por ese tema, se adentró en el bosque con su escriba, Oliver Cowdery, y preguntó al Padre Celestial en cuanto al bautismo. Para dar respuesta a sus oraciones, el Padre Celestial envió un mensajero angelical, Juan el Bautista, para que les diera el Sacerdocio Aarónico a fin de que pudieran ser bautizados y tener la autoridad para bautizar a otras personas.

    Este relato enseña un importante principio, el cual se repite a menudo a lo largo de las Escrituras y la historia de la Iglesia: leer y meditar las Escrituras puede ayudarnos en la senda que conduce hacia la revelación y la restauración. Las Escrituras fortalecen nuestro testimonio y nos enseñan importantes principios del Evangelio “línea por línea” (2 Nefi 28:30), a fin de que estemos preparados para recibirlos.

    Me di cuenta de que, para restaurar mi fe, debía buscar respuestas en las Escrituras. Comencé a leer el Libro de Mormón buscando pasajes que pudieran conducirme a la revelación que tanto necesitaba. Y entonces encontré un versículo en 1 Nefi en el que Nefi responde a la pregunta de un ángel diciendo: “Sé que [Dios] ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas” (véase 1 Nefi 11:17).

    Al leer este versículo, me di cuenta de que no necesitaba saber “el significado de todas la cosas”, y que no recibiría todas las respuestas en esta vida. Pero tal como Nefi se apoyó en su testimonio al afrontar un concepto que no entendía, yo también podía confiar en lo que sabía, y seguir adelante con fe.

    Desde aquella experiencia, a menudo sigo lo que enseñó el presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “… encontraremos respuestas en las Escrituras” (“Un análisis sobre el estudio de las Escrituras”, Liahona, julio de 2005, pág. 24). Siempre me apoyo en esta verdad cuando no entiendo algo. Tal como las Escrituras prepararon a José y Oliver para recibir la primera ordenanza de la Iglesia restaurada, ellas me guían constantemente por la senda que conduce a una mayor revelación y luz.