teaching repentance

A veces arrepentimiento suena a algo que da miedo o es confuso para los niños y adolescentes. Estos son algunos consejos para enseñar el arrepentimiento de una manera amorosa y fortalecedora.

  1. Hágalo sencillo. Usted puede enseñar a sus hijos que “cuando pecamos, nos alejamos de Dios”, pero “cuando nos arrepentimos, nos volvemos hacia Dios”1. Podemos volvernos hacia Dios al reconocer nuestros errores, al hacer las cosas correctamente y al esforzarnos para hacerlas mejor.

  2. Céntrese en lo positivo. Sea cual sea la situación, “el arrepentimiento es siempre positivo”2. No es un castigo por un mal comportamiento, es una oportunidad para intentarlo de nuevo y acercarse a Dios. Aliente a sus hijos a que piensen sobre lo que están haciendo bien y cómo pueden hacer algo más.

  3. Haga hincapié en lo cotidiano. El arrepentimiento es tanto para los pecados pequeños como para los grandes. El arrepentimiento diario significa rectificar con frecuencia, como un barco que mantiene su curso. Ayude a sus hijos a reconocer las maneras sencillas en las que pueden mejorar cada día.

  4. Deje un espacio para los errores. Ayude a sus hijos a entender que los errores pueden ser parte del aprendizaje. Permítales que afronten las consecuencias de sus decisiones y ayúdelos a encontrar la manera de hacer las cosas correctas de nuevo. Enséñeles a buscar la ayuda de Dios.

  5. Sea un ejemplo. Cuando cometa errores, admítalo. Sea lo suficientemente humilde para pedir disculpas a sus hijos y delante de ellos. Deje que vean cómo se está esforzando usted en hacer mejor las cosas y comparta su testimonio de cómo el Salvador le ha ayudado a cambiar.

  6. Personalícelo. Cuando enseñe los principios de arrepentimiento a sus hijos3, tenga en cuenta que el proceso de arrepentimiento no será el mismo para cada persona y en cada momento. No es una lista de tareas que hay que marcar cuando se cumplen; es un proceso de crecimiento continuo. Se trata de los deseos de nuestro corazón y de cómo nos esforzamos para alinearnos con el Salvador. Podemos saber que nos hemos arrepentido completamente cuando sentimos paz, gozo y perdón.

  7. Tenga una perspectiva amplia. Es fácil desanimarse cuando uno toma las mismas desafortunadas decisiones en múltiples ocasiones. Enseñe a sus hijos que, siempre y cuando sigan arrepintiéndose, Dios seguirá perdonándolos (véase Moroni 6:8). Explíqueles que lo que realmente importa es intentarlo. Es por medio de nuestro esfuerzo y despojándonos del hombre natural (véase Mosíah 3:19) que llegamos a ser más como Dios.

  8. Distinga entre la culpa y la vergüenza. “La tristeza que es según Dios” es un requisito para el arrepentimiento (véase 2 Corintios 7:9–10). Pero si su hijo se siente indigno o sin esperanza, incluso después de arrepentirse, puede que la vergüenza sea la causa de ese sentimiento4. Recuérdeles que el Padre Celestial siempre los ama y que “si pecamos, seremos menos dignos, ¡pero nunca tendremos menos valor!”5. Si es necesario, considere reunirse con su obispo o un terapeuta profesional.

  9. Entender la expiación del Salvador. Enseñe a sus hijos que Jesucristo no solo expió nuestros pecados sino también todo nuestro sufrimiento (véase Alma 7:11–12). Asegúreles a sus hijos que ellos no son culpables “de la conducta hiriente de otras personas”6. Las víctimas de abuso son completamente inocentes; ayúdelos a buscar la paz y la sanación del Salvador.

  10. Mencione continuamente al Salvador. Enseñe a sus hijos que el Salvador comprende la dificultad contra la que están luchando y puede ayudarlos a vencerla. Testifique de Él en su hogar con frecuencia. Aliente a sus hijos a orar, servir, estudiar las Escrituras y hacer otras cosas que les ayuden a conocerlo a Él mejor para que, de forma natural, busquen Su ayuda para superar sus debilidades.

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Notas

  1. 1.

    Neil L. Andersen, “Arrepentíos… para que yo os sane”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 40.

  2. 2.

    Stephen W. Owen, “El arrepentimiento es siempre positivo”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 48.

  3. 3.

    Véase “Capítulo 19: Arrepentimiento”, Principios del Evangelio, 2009, págs. 117–124.

  4. 4.

    Véase Wendy Ulrich, “No es un pecado ser débil”, Liahona, abril de 2015, págs. 20–25.

  5. 5.

    Joy D. Jones, “Un valor inconmensurable”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 14.

  6. 6.

    Leales a la fe: Una referencia del Evangelio, 2004, pág. 5.