2019
El templo, un gran instrumento en la obra misional
Febrero de 2019


Voces de Los Santos de los Últimos Días

El templo, un gran instrumento en la obra misional

Junto a mi compañera, la hermana Zaira Vásquez, recibimos la asignación de empezar a dar recorridos en el Templo de la Ciudad de Guatemala. Sin preparación alguna, solamente guiadas por el Espíritu, estructuramos, de una forma profunda pero a la vez fácil de comprender, la doctrina que enseñaríamos.

Los recorridos estaban orientados para investigadores de la Iglesia que ya habían recibido alguna instrucción por parte de los misioneros de la Misión Ciudad de Guatemala Sur. Ellos, con previo aviso, reservaban una cita para que esas almas preciosas pudieran obtener un testimonio de la veracidad de la Iglesia de Jesucristo. Muchos temían aceptar el convenio del bautismo; sin embargo, doy testimonio de que mis ojos fueron testigos de cambios literales en los corazones debido a la esperanza que produce el espíritu que se siente en los alrededores del templo.

Durante los primeros siete meses, el 62% de los visitantes aceptaron entrar a las aguas del bautismo, poniendo en la mira los convenios que posteriormente harían en la Casa del Señor.

Describiré ciertas experiencias entre las muchas que viví.

Uno de los primeros recorridos fue de una familia de tres hijas. Ellas eran miembros fieles de la Iglesia de Jesucristo. Dos de ellas habían servido una misión. Sus padres no aceptaban las enseñanzas de la Iglesia hasta el día que visitaron el Templo para tener un recorrido. Como parte de la experiencia, se desafiaba a cada visitante a orar y preguntar a Dios de una forma específica si esta es la Iglesia restaurada de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esta pequeña pero poderosa pregunta la hacían al finalizar el recorrido en la recepción del templo.

Esa pareja de esposos fueron llenos del Espíritu Santo al recibir firmemente que estaban en la verdad. El esposo pudo sentir el espíritu de su mamá fallecida hacía unos años a través de sentimientos cálidos de amor. No dudaron en comprometerse con el Señor para hacer convenios. Actualmente ellos sirven fielmente en la Iglesia y visitan regularmente el templo, en espera del día de su sellamiento.

Hubo otros que tan solo con estar cerca del templo recibían su confirmación. Entre lágrimas inexplicables expresaban que sabían que esa era la Casa del Señor.

Muchos al empezar el recorrido sentían que habían entrado a una dimensión diferente, que sus cargas ya no las tenían, que el sentimiento de paz era profundo, a tal grado que olvidaban sus problemas. Fui testigo de muchos que simplemente empezaban a derramar lágrimas y no entendían qué les ocurría. Otros dijeron que sentían la necesidad de rescatar a sus familiares de la cárcel espiritual. A unos se les permitió ver cosas sagradas al abrir sus ojos espirituales; entre esas experiencias hay muchas más que no podría narrar todo lo que pude presenciar en ese lugar donde el cielo y la tierra se unen.

Con espíritu de gratitud y mansedumbre, y con todo mi corazón, alma, mente y fuerza, sé que el templo es un gran instrumento en la obra misional, que es la Casa del Señor, que Él mora allí. Cada ordenanza y convenio efectuado son primicias para la eternidad.