Principios de ministración

Cómo desarrollar la empatía para ministrar

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Ministrar es elevar. Podemos elevar a los demás cuando tratamos de entender lo que están experimentando y demostramos que estamos dispuestos a ayudarlos a lo largo del camino.

rain falling on the outside and inside

Debido a que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser como Él, los desafíos que afrontamos en esta vida pueden convertirse en oportunidades para aprender si confiamos en Él y permanecemos en la senda. Lamentablemente, permanecer en el sendero puede ser particularmente difícil cuando sentimos que afrontamos esas pruebas solos.

Sin embargo, nunca se dispuso que recorriéramos el camino solos. El Salvador logró una empatía perfecta, descendiendo debajo de todas las cosas a fin de saber cómo socorrernos en nuestras aflicciones y debilidades (véanse Alma 7:11–12; Doctrina y Convenios 122:8). Él espera que cada uno de nosotros sigamos Su ejemplo y que también demostremos empatía. Todo miembro de la Iglesia ha hecho convenio de “llorar con los que lloran; sí, y… consolar a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:9). A pesar de nuestros desafíos, en las Escrituras se nos enseña que miremos a nuestro alrededor y “[fortalezcamos] las manos caídas y las rodillas debilitadas” y que “[hagamos] sendas derechas para [nues]tros pies, para que el que es cojo no se salga fuera del camino” (Hebreos 12:12–13; véanse también Isaías 35:3–4; Doctrina y Convenios 81:5–6).

Cuando tomamos a los demás de la mano, permitimos que se apoyen en nosotros y andamos con ellos, los ayudamos a permanecer en la senda el tiempo suficiente para que el Salvador no solo los convierta —uno de los propósitos clave de la ministración—, sino también los sane (véase Doctrina y Convenios 112:13).

¿Qué es la empatía?

La empatía es comprender los sentimientos, los pensamientos y la situación de otra persona desde su perspectiva en vez de la nuestra1.

Tener empatía es importante en nuestros esfuerzos por ministrar a los demás y cumplir nuestro propósito como hermanos y hermanas ministrantes; nos permite ponernos en los zapatos de otra persona.

Caminar en los zapatos de otra persona

Se cuenta la historia de un hombre Santo de los Últimos Días tímido que a menudo se sentaba solo en la última fila de la capilla. Cuando un miembro del cuórum de élderes falleció repentinamente, el obispo dio bendiciones del sacerdocio para consolar a los miembros de la familia del élder. Las hermanas de la Sociedad de Socorro les llevaron comida. Amigos y vecinos bienintencionados visitaron a la familia y dijeron: “Avísennos si hay algo que podamos hacer para ayudar”.

Sin embargo, cuando ese hombre tímido visitó a la familia más tarde aquel día, tocó el timbre, y cuando la viuda respondió, simplemente le dijo: “He venido a limpiar sus zapatos”. En un par de horas, todos los zapatos de la familia se hallaban limpios y lustrados en preparación para el funeral. El domingo siguiente, la familia del élder que había fallecido se sentó junto al hombre tímido en la última fila.

Allí había un hombre que satisfizo una necesidad que no había sido resuelta. Tanto ellos como él fueron bendecidos por su minstración guiada por la empatía.

¿Cómo funciona la empatía?

A lo largo de los últimos 30 años, un número cada vez mayor de investigadores ha estudiado la empatía. Aunque muchos de ellos abordan el tema con diferentes métodos, la mayoría está de acuerdo en que la empatía es algo que se puede aprender2.

A fin de mejorar nuestra capacidad de sentir empatía, es útil comprender mejor la forma en que funciona. Las siguientes sugerencias se aceptan, en general, como elementos básicos de la empatía3. Si bien con frecuencia estos tienen lugar sin que siquiera estemos al tanto de que suceden, ser conscientes de ellos nos permite ver oportunidades de mejorar.

1. Comprender

person listening

La empatía requiere cierta comprensión de la situación de los demás. Cuanto mejor comprendemos sus circunstancias, más sencillo es entender cómo se sienten al respecto y qué podemos hacer para ayudar.

Escuchar activamente, hacer preguntas y deliberar en consejo con ellos y con otras personas son acciones importantes para comprender su situación. Usted puede aprender más acerca de estos conceptos en artículos anteriores de Principios para ministrar:

  • “Cinco cosas que hacen los buenos oyentes”, Liahona, junio de 2018, pág. 6.

  • “Deliberar en consejo en cuanto a sus necesidades”, Liahona, septiembre de 2018, pág. 6.

  • “Obtener ayuda para ayudar a los demás”, Liahona, octubre de 2018, pág. 6.

Conforme procuremos comprender, debemos tomar tiempo para entender su situación específica en vez de hacer suposiciones basadas en la experiencia similar que otra persona haya tenido. De otro modo, es posible que nos equivoquemos y los hagamos sentir incomprendidos.

2. Imaginar

person thinking of someone else

En nuestros esfuerzos por guardar el convenio de llorar con los que lloran y consolar a los que necesitan de consuelo (véase Mosíah 18:9), también podemos pedir en oración que el Espíritu Santo nos ayude a entender lo que alguien puede estar sintiendo y cómo podemos ayudarle4.

No obstante, cuando comprendemos las circunstancias de otra persona, cada uno de nosotros —ya sea que suceda de forma natural o no— puede llevar a cabo el ejercicio de imaginar qué pensaría o sentiría si estuviese en la situación de ella. Al hacerlo, podemos dejar que nuestros propios pensamientos y emociones guíen nuestra respuesta.

Al llegar a comprender las circunstancias de otras personas e imaginarnos cómo nos sentiríamos en su situación, es importante que tengamos cuidado de cómo las juzgamos (véase Mateo 7:1). El criticar cómo alguien llegó a una situación puede llevarnos a ignorar el dolor que dicha circunstancia está causando.

3. Responder

speaking love

Cómo respondemos es importante porque es de esa manera que demostramos nuestra empatía. Hay un sinfín de formas de comunicar nuestra comprensión tanto de manera verbal como no verbal. Es importante recordar que nuestro objetivo no es necesariamente solucionar el problema. A menudo la meta es simplemente elevarlos y fortalecerlos al hacerles saber que no están solos. Eso podría significar el decir cosas como: “Estoy muy agradecido de que me lo haya dicho” o “Lo siento mucho; sé cómo es eso” o “Eso debe ser doloroso”.

En todos los casos, nuestra respuesta no puede ser una actuación; debe ser genuina. Y cuando sea apropiado, ser lo suficientemente vulnerables como para dejar que la otra persona vea nuestras debilidades e inseguridades puede crear un vínculo valioso.

Invitación a actuar

loving one another

Al considerar las circunstancias de las personas a las que usted ministra, imagine que se encuentra en la situación de ellas. Ore para comprender cómo se sienten y qué le parecería lo más provechoso si usted estuviera en sus zapatos. La respuesta tal vez sea simple, pero será significativa.

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Notas

  1. 1.

    Véanse W. Ickes, Empathic Accuracy, 1997; y M. L. Hoffman, Empathy and Moral Development: Implications for Caring and Justice, 2000.

  2. 2.

    Véase, por ejemplo, Emily Teding van Berkhout y John M. Malouff, “The Efficacy of Empathy Training: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials”, Journal of Counseling Psychology, 2016, tomo 63(1), págs. 32–41.

  3. 3.

    Véanse, por ejemplo, Brené Brown, I Thought It Was Just Me (But It Isn’t), 2008; Theresa Wiseman, “A Concept Analysis of Empathy”, Journal of Advanced Nursing, 1996, tomo 23, págs. 1162–67; y Ed Neukrug y otros, “Creative and Novel Approaches to Empathy: a Neo-Rogerian Perspective”, Journal of Mental Health Counseling, tomo 35(1) (enero de 2013), págs. 29–42.

  4. 4.

    Véase Henry B. Eyring, “El Consolador”, Liahona, mayo de 2015, págs. 17–21.