2019
Un viaje al templo cargado de adversidades y bendiciones
Febrero de 2019


Noticias Locales

Un viaje al templo cargado de adversidades y bendiciones

Siguiendo el consejo del profeta de hacer de la visita al templo un patrón, la presidencia de la Estaca Mérida, conjuntamente con el Hno. José Dionisio Peña, miembro del sumo consejo, programaron con mucho entusiasmo un viaje al Templo de Caracas, Venezuela.

Partimos en dos autobuses; pero a tres horas de camino, comenzó la adversidad. Uno de los buses se descompuso y no pudo continuar el viaje. Los pasajeros debían subir al otro bus, aparentemente en buen estado; sin embargo, dos familias con hijos futuros misioneros quedarían sin asiento. Entonces, ocho pasajeros cedieron sus asientos. Gracias a esta buena acción, dichas familias pudieron continuar su viaje hasta lograr su cometido: sellarse en el templo del Señor.

Como si lo ocurrido
no hubiera sido suficiente, en horas de la madrugada, los cauchos del segundo autobús se reventaron. Tuvimos que esperar a que amaneciera, 8 horas aproximadamente, para que el chofer encontrara un lugar donde repararlos y, de este modo, reanudar el viaje.

A pesar de lo vivido hasta ese momento, sentimos la mano del Señor, cubriéndonos con su amor y protección. Varios sentimientos encontrados se manifestaron entre nosotros; pero el solo hecho de pensar que tres familias se iban a sellar en el templo, que miembros recién conversos entrarían por primera vez al templo a realizar las ordenanzas salvadoras por sus antepasados, que jóvenes iban a ser investidos para salir al campo misional y que miembros con multiplicidad de necesidades acudían a la Casa del Señor, fortalecía nuestro deseo y objetivo de entrar a ese santo lugar.

Llegamos al templo al final de la tarde, hora en que esperábamos estar de regreso; pero como se sabe, ocurrieron dificultades en el camino. Para nuestra sorpresa, el Centro de Distribución permanecía abierto, a fin de que las familias y los futuros misioneros de nuestro autobús, adquirieran sus ropas ceremoniales. Los obreros nos esperaban con los brazos abiertos, a pesar de estar muy cansados por esperar todo el día por nosotros. Finalmente, logramos hacer todas las obras planeadas.

Salimos a medianoche del templo. Todos nos sentíamos gozosos, llenos de alegría y gratitud por haber alcanzado nuestros objetivos: que las familias (López Jerez con su hijo, Rasquin con sus dos hijos y Rodríguez Barrios) se sellen en el templo; que los tres miembros de la familia recién conversa reciban sus investiduras así como los jóvenes llamados al servicio misional (dos, hijos de las familias Rasquin y López Jerez), que la familia López Alvarado realice la obra vicaria por sus antepasados y que se cubran las necesidades espirituales de cada integrante del grupo.

De regreso, todo fue calmado y no hubo ningún otro inconveniente. Esas 12 horas de viaje originales convertidas en 32 fueron de mucha reflexión, santificación y de gran humildad. Realmente cuando acudimos a la Casa del Señor, a pesar de tanta adversidad y oposición, logramos salir renovados e investidos con poder de lo alto. Este poder nos ayuda a ser más agradecidos y a reconocer las bendiciones procedentes de la mano de un Dios amoroso y misericordioso.