Jóvenes adultos

Una poderosa fuerza para el bien

Por Mindy Selu

Revistas de la Iglesia

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Todos podemos ser una fuerza para bien en el mundo, por grande o pequeña que sea nuestra esfera de influencia.

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Fue una tormenta de nieve a mediados de abril lo que hizo que comenzara todo. No es necesariamente un acontecimiento inusual en Utah, pero aún así pensé que había que inmortalizar los tulipanes llenos de nieve en la Manzana del Templo. Así que creé una cuenta Instagram en la que no había fotos de mis gatos (por muy adorables que sean) sino fotos del templo.

Así comenzó un año de publicaciones diarias (y algunos años más de publicaciones no tan diarias). Sacar fotos del templo y publicarlas con citas de líderes de la Iglesia relacionadas con él se convirtió en una forma divertida de desarrollar mis talentos y hacer más profundo mi aprecio por el templo.

A cuantas más personas influía más me daba cuenta de la oportunidad que tenía de ser una influencia para bien. No soy una “influenciadora” de las redes sociales, pero me gusta pensar que mis esfuerzos marcan la diferencia para alguien en algún lugar.

A pesar de nuestra vida rápida y ajetreada, todos podemos utilizar nuestros talentos para bendecir a los demás y ser una fuerza para el bien. Después de todo, “creemos… en hacer el bien” (Artículos de Fe 1:13).

He encontrado a otros jóvenes adultos que se esfuerzan por ser una fuerza para el bien. Así es como ellos están marcando la diferencia.

Tender la mano con amor

Graziely Moreira, de 25 años, fue básicamente criada para hacer el bien. Cuando los habitantes de su ciudad natal de Fortaleza, Ceará, Brasil, ven a alguien necesitado, le ayudan. “Es una cuestión cultural”, explica. Y para los miembros de la Iglesia, “también lo es porque pensamos, como dijo Jesucristo, en amar a los demás como a nosotros mismos. Así que sencillamente lo hacemos. Lo hacemos porque nos gusta hacerlo”.

Con su ejemplo silencioso de estar atenta y hacer todo lo que está a su alcance para ayudar a los necesitados, como cuando vio a un anciano cargando con dificultad unas bolsas pesadas y cruzó la calle para ayudarle a llevarlas a casa, Graziely es una fuerza para el bien. Ella también sabe que cuando más bien hacemos es cuando la gente sabe que estamos sirviendo por amor, no por obligación. “Hay algo que aprendí de mi madre: haz por los demás lo que quieres que hagan por ti. Es el plan del Padre Celestial: Él quiere que ayudemos a los demás”.

Tampoco podemos dejar que cosas como la tecnología (es decir, nuestros teléfonos inteligentes) se interponga en nuestro camino a la hora de salir al exterior para hacer el bien, dice Graziely. “Esa es la cuestión: tenemos que conocernos unos a otros, tenemos que entender las necesidades de los demás, porque nuestra vida no está basada en aplicaciones. Nuestra vida está basada en las personas. Está basada en lo que tenemos que hacer para ser mejores y seguir a Jesucristo”. Y gran parte de seguir a Jesús significa hacer el bien.

Ser valientes

Normandie Luscher, de 29 años, estudiante de maestría en bellas artes en Maryland, EE. UU., utiliza sus obras de arte para el bien. “En los últimos años me he concentrado mucho en el mandamiento más importante: amar a Dios y amar a nuestro prójimo”, explica. “En mis obras me he estado centrando en contar historias. Realmente podemos aprender a ser compasivos y amar más a nuestros vecinos al escucharles y oír sus historias”.

Normandie, que se declara “persona de ideas”, reúne a la gente para el bien de muchas maneras. Un proyecto de clase la llevó a organizar una recaudación de fondos a favor de un refugio local para mujeres: una exposición en una galería con pinturas creadas por ella que representaban el relato de Job desde la perspectiva de una mujer. “Otras mujeres vinieron y compartieron sus historias y sus experiencias”, explica. “Y esto me pareció verdaderamente poderoso”.

Otra idea que Normandie perseguía era la de un zine colaborativo (una revista autoeditada o por Internet). Se puso en contacto con otros artistas y juntos contaron relatos del Libro de Mormón a través del prisma del arte contemporáneo.

Personalmente, Normandie ha descubierto que puede ser una influencia para el bien al abrirse a los demás. “Me he estado esforzando por desarrollar la valentía de ser vulnerable y compartir mis propias experiencias y perspectivas. El arte consiste en ser honrados y compartir ideas. Así que en lo que respecta a ser una fuerza para el bien, solo estoy tratando de adoptar esas ideas de la honradez y la valentía, y llegar a otras personas y comunicarme mediante el arte visual”.

Ella anima a otros jóvenes adultos a que también desarrollen la valentía para hacer el bien. “No tengas miedo de no poder hacer lo suficiente”, dice. “Creo que a mucha gente le abruma pensar que ‘no hay nada que pueda hacer’, y caer en ese engaño impide hacer muchísimo bien. No tengas miedo. Sé valiente para seguir adelante y actuar”.

Encuentra una causa

Matt James, de 26 años, de Utah, EE. UU., siente que parte de su misión en la vida es ayudar a aquellos que no nacieron con los privilegios que él disfruta. Esto es en parte el resultado de haber sido criado por padres filántropos, y en parte por un sentido de responsabilidad que, como mejor se expresa es con las palabras: “Tú me has dado muchas bendiciones, Dios”(Himnos, N.º 219). Después de que Matt sirviera en una misión de tiempo completo en Irlanda y Escocia, su corazón se sintió atraído hacia los refugiados africanos a los que había enseñado y bautizado allí, así que cuando surgió la oportunidad de ir a Uganda, allí fue.

Aunque ya había viajado a Etiopía, Perú e India, “Uganda cambió mi vida”, dice Matt. “Sé que Dios me llevó a esa parte específica del mundo con un propósito muy sabio”. Parte de ese propósito fue entablar amistad y, con el tiempo, bautizar a una mujer llamada Carolyn. Otra parte fue sentirse conmovido por los huérfanos con los que trabajaba. Cuando llegó el momento de marcharse, Matt no quería perder el contacto con esa gente a la que había llegado a querer. Así que habló con sus padres, que se ofrecieron a ayudarle proporcionándole los fondos para construir un orfanato con Carolyn en un pequeño pueblo llamado Mbale.

Carolyn, quien se crió como huérfana, continúa supervisando el funcionamiento del orfanato. Matt regresa a Uganda todos los veranos y se ha asociado con otras personas para construir un orfanato más grande, que proporcionará refugio y educación a más de 200 niños. Actualmente dirige un negocio fabricación de joyas que ayuda a mantener el orfanato.

Como dice Matt, Dios nos ha bendecido para que nos importen ciertas cosas en la vida. “Creo firmemente que si todos fuéramos fieles a nosotros mismos y nos pusiéramos manos a la obra, siguiéramos el camino que se nos presenta y aprovecháramos las oportunidades que se nos brindan, todos encontraríamos nuestra causa por la que luchar. Y si todos encontráramos nuestra causa y fuéramos diligentes, el mundo sería un lugar mucho mejor”.

El encontrar una “causa” no tiene que ser complicado. “Ora a Dios y esfuérzate por encontrar tus pasiones”, sugiere Matt. “Ora para averiguar qué cosas te importan, en las que tu esfera de influencia pueda actuar, y hazlo”.

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Orar para ser llenos de caridad

Kaveria ei jätetä. En finlandés, significa “no se deja a nadie de lado”, una expresión que tiene sus raíces en tiempos de guerra, pero que los finlandeses todavía se toman en serio hoy en día. A Rolle Rantaniemi, de 23 años, de Uusimaa, Finlandia, le inspira a hacer el bien.

“Tengo una regla para mí mismo: si alguna vez veo a alguien solo, siempre voy a él, sin importar la situación. Nadie debería estar solo nunca. Cuando era joven, estaba verdaderamente solo en la escuela y en la Iglesia; no tenía amigos, y sé lo mal que uno se siente estando solo. Es algo que he sacado de la mentalidad finlandesa de no dejar a nadie de lado”.

Una de sus fuerzas impulsoras es saber que las relaciones pueden continuar más allá de esta vida “Por eso creo que lo más importante en lo que debemos centrarnos es en mejorarnos a nosotros mismos. Ser un buen ejemplo, una buena persona, diligente y todos estos atributos semejantes a los de Cristo. El otro aspecto es forjar relaciones, hacerse amigo de la gente, tener caridad y amor y servir a los demás”.

Rolle cree que desarrollar una caridad como la de Cristo es nuestra herramienta más grande para hacer el bien. “Dice en Moroni 7:48 que debemos orar para tener caridad. He comprobado que, al hacerlo cada día y pedirle al Padre Celestial que me dé situaciones en las que pueda servir, soy más consciente de ellas. Si realmente abrimos los ojos, hay oportunidades de servir que nunca habíamos imaginado”.

“Incluso las cosas pequeñas importan”, dice Rolle. “Si tan solo buscamos esas pequeñas cosas y las hacemos, podemos marcar una gran diferencia”.

Inspira a otros para que apunten alto

Daniel Godoy, de 23 años, irradia luz y bondad, y sus decisiones tienen mucho que ver con eso. Es una influencia para el bien simplemente por su ejemplo.

Como hijo único procedente de un pequeño pueblo a las afueras de Santiago, Chile, creció viendo la dedicación de sus padres al servicio y al Evangelio. Daniel fue el primero de su hogar en servir en una misión a los 18 años, cuando se redujo la edad mínima para poder hacerlo, inspirando a muchos jóvenes a prepararse para servir antes también. Después de su misión en Colombia, también fue el primero de su ciudad natal que dejó su país para cursar estudios superiores. Su empuje inspiró a los demás a obtener formación académica. “De alguna manera les inspiré a apuntar alto”, dice. “Fue fantástico saber que ese pequeño paso que di contribuyó a inspirar a otras personas”.

Obtener una formación académica en los EE. UU. también es clave para los planes de Daniel de ayudar a los demás y hacer el bien en el futuro. “Mi objetivo a largo plazo es volver a Chile y ayudar a la gente de allí: servirles. Vine aquí porque sé que puedo tener oportunidades que me llevarán a ayudar a las personas en Chile también”.

Sin embargo, Daniel admite: “No soy perfecto, pero estoy tratando de dar lo mejor de mí, y siento que eso inspirará a otras personas y les dará la motivación para seguir adelante también”.

Compartir el amor de Dios

Después de obtener un título universitario en trabajo social, Katelyn Rae, de 27 años, de California, EE. UU., no forjó una carrera profesional, sino que se sintió atraída por la ayuda humanitaria. Ella ha visto la mano de Dios guiándola “a cada paso del camino”, lo que la ha llevado a ser actualmente la directora del programa de una organización sin fines de lucro dedicada a la lucha contra la pobreza mundial.

Katelyn ha trabajado con refugiados en Grecia y con víctimas de abusos en Nepal, quienes, explica, “están pasando por los peores momentos de su vida. Solo estoy ahí con ellos; no hay mucho que pueda hacer. No puedo cambiar los gobiernos ni las políticas, pero lo que sí puedo hacer es amar a las personas”. Y esté con quien esté, ella ve lo importante que es para los demás sentir el amor de Dios. “Si puedo ser un medio para eso, sentiré que he hecho un buen trabajo, que Dios está feliz conmigo”.

Sus experiencias la ayudan a ver los problemas de otras personas desde una perspectiva más amplia. “Como jóvenes adultos, es fácil quedar atrapados en nuestros propios problemas”, dice. “Estamos muy concentrados en ‘¿cuál es mi carrera profesional?’, ‘¿qué voy a estudiar?’ y ‘¿cómo voy a encontrar a mi compañero eterno?’. Todas esas son cosas buenas, pero si pudiéramos, de alguna manera, mirar más allá de nosotros mismos, creo que encontraríamos lo que realmente estamos buscando”.

“Si permanecemos cerca del Espíritu, Dios nos guiará y dirigirá, y entonces podremos hacer todo el bien que queramos hacer”, dice Katelyn. “Creo que todo el mundo quiere hacer el bien, aunque solo sea en su localidad o en su familia. Cada pequeña cosa, ya sea animar a un amigo o estar ahí para un miembro de la familia, el mero hecho de tener esos pequeños momentos en los que sabes que hiciste lo que Dios quería que hicieras en ese instante, tendrá un poderoso impacto en tu vida y en la de los demás”.

Tu influencia

No hace falta ponerse a construir orfanatos para hacer el bien en el mundo. No es necesario crear una cuenta de Instagram con fotos del templo o convertirse en el director de una organización sin fines de lucro. Lo que sí puedes hacer es pensar en alguna manera de utilizar tus talentos únicos para ser una influencia para bien.

Creo verdaderamente que estas palabras del presidente Thomas S. Monson (1927–2018), dirigidas a las mujeres de la Iglesia, también se aplican perfectamente a los jóvenes adultos: “Ustedes son una poderosa fuerza para bien, una de las más poderosas del mundo. Su influencia se extiende más allá de ustedes mism[os] y de sus hogares e influye en otras personas por todo el mundo” (“Tres metas para guiarte”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 120). Así que sigue haciendo el bien, todo el bien que puedas. Tu influencia se extenderá más allá de lo que crees y juntos seremos esa fuerza poderosa para el bien.