Elijamos el templo


Ése es el consejo de cada vez un mayor número de Santos de los Últimos Días de India que saben que cuando se asiste a la Casa del Señor, se reciben bendiciones.

Se nota más al mirarles a los ojos; en ellos se ve gozo, esperanza y fe, y un optimismo que provoca una sonrisa cuando se les dice: “Dime lo que sientes sobre el templo”.

Para los Santos de los Últimos Días de India, el matrimonio en el templo brinda una comprensión más profunda, un sentido de realización y el compromiso de guardar los convenios para siempre al atesorar las promesas de la eternidad. A pesar de que el templo más cercano es el de Hong Kong, a miles de kilómetros de distancia, cada vez más miembros encuentran la forma de llegar a la Casa del Señor; guiados por la oración, la fe y el Espíritu, deciden ser sellados en el templo. A continuación, hay algunas de sus reflexiones e historias.

Encuentran fortaleza

William Prabhudas, de la Rama Bangalore 2, trabaja en un juzgado y sabe muy bien cuán penoso es ver matrimonios deshechos. Ésa es una de las razones por las cuales él y su esposa estaban tan ansiosos por hallar fortaleza en el templo.

“Como la mayoría de los matrimonios, a veces tenemos pequeños desacuerdos que resolver”, dice, “pero el solucionarlos es mucho más fácil cuando los dos tenemos una perspectiva eterna”.

La esposa, Sheela, explica que el ir al templo no sólo les ha ayudado a ella y a su esposo sino también a sus hijas, Celesta, de trece años, y Doris, de siete. “Nos sellamos como familia”, dice Sheela. “Fue un sentimiento muy lindo; olvidamos el mundo exterior y fue para nosotros como estar en el cielo. Siempre hablamos de ello”.

“¡Qué bendición fue sellarme con mi esposa!”, dice el hermano Prabhudas. “Y después nos trajeron a nuestras hijas, vestidas de blanco, para unirse a nosotros. Eso me hizo pensar en la pureza, pureza en nuestra vida y en nuestro hogar. La pureza y el templo van de la mano. Si somos puros, el Señor —en Su casa de promesas—, promete bendecirnos”.

Celesta recuerda que su familia trabajó, planificó y ahorró durante dos años para poder viajar al templo; pero sobre todo recuerda cuando estaba en el templo con sus padres y que su tía, su tío y sus primos también estaban allí para presenciar el sellamiento de la familia. “Después, todos nos tomamos de la mano, miramos en los espejos y pensamos en la eternidad”, recuerda. “Fue muy hermoso; supe que quería estar con mi familia para siempre”.

Dos, siempre unidos

A través de los años, los hermanos Thomas, de la Rama Hyderabad 4, han hecho grandes esfuerzos por ser un buen ejemplo el uno para el otro. Cuando eran adolescentes, se convirtieron a la Iglesia al mismo tiempo; juntos procuraron animar a la madre hasta que ella también se bautizó; los dos hermanos prestaron servicio en la Misión India Bangalore; y al morir el padre, los dos ayudaron a consolar a su mamá. Recientemente, ambos contrajeron matrimonio.

Actualmente, Rejjie y Metilda, su esposa, ya se han sellado en el templo; y Rennie y su esposa, Keerthi, se sellarán pronto siguiendo el buen ejemplo de ellos.

“Desde que me uní a la Iglesia, ha sido un proceso continuo de cambio y mejora, de aprender sobre el plan de salvación y de seguirlo”, dice Rejjie. “Pero la verdadera meta es volver a vivir con el Padre Celestial, nuestro Padre amoroso, que desea tanto que regresemos a Él que nos dio un Salvador, Su Hijo Jesucristo, para salvarnos del pecado y de una muerte permanente. Estoy agradecido de que el evangelio de Jesucristo nos haya cambiado a mí y a mi familia, y el asistir al templo es la culminación de todo ello”.

Rejjie explica que uno de los problemas que él y Metilda enfrentaron al tratar de conseguir la aprobación de sus padres para casarse fue el hecho de provenir de regiones diferentes y de hablar distintos dialectos. “Pero en el templo no hay diferencias”, dice, “y eso fue un gran recordatorio para nosotros”. Él opina que el futuro de India depende de los jóvenes. “Nosotros somos quienes introduciremos los cambios”, dice, mirando a Metilda. “Ésa es la visión que los dos tenemos. Debemos realizar las noches de hogar, el estudio de las Escrituras en familia y la oración familiar, y centrar nuestra atención en el templo. Ése es nuestro futuro”.

Metilda está de acuerdo: “Cuando le pregunto cómo puede ser tan comprensivo y cariñoso, me contesta que es porque el Evangelio le hace ser mejor. Durante su misión, observó el ejemplo del presidente de la misión que trataba a la esposa con respeto y amor; y en el templo vemos el mismo escenario. Al vivir ese modelo, y algún día mostárselo a nuestros hijos, esa influencia fortalecerá a la Iglesia en India”.

Rennie cuenta cómo conoció a su futura esposa cuando asistía a seminario mientras todavía investigaba la Iglesia. “Yo quería jugar al criquet en vez de ir, pero el maestro de seminario me dijo: ‘Tienes que poner a Dios primero’, y así lo hice. A pesar de que era tímido, fui a la clase y me senté en la última fila”. En la primera fila vio a Keerthi, que para entonces había sido miembro por sólo seis meses. Si bien se hicieron amigos, no empezaron a salir hasta que él regresó de su misión. Keerthi recuerda que, cuando al final decidieron casarse, fueron a hablar con sus respectivos padres para convencerlos de que su decisión era correcta.

“En seminario aprendimos que debemos honrar a nuestros padres, y nosotros nos acordábamos de ello”, dice.

Rennie agrega: “El consejo que nos dieron fue que deberíamos terminar nuestras carreras y que yo debía esperara a que mi hermano se casara primero; así que trabajamos y esperamos. Lo mejor fue que cuando terminamos los estudios, mi hermano se casó; el padre de Keerthi quedó muy impresionado con la boda. Al observar el buen ejemplo de ellos, accedió a nuestro matrimonio y, de esa manera, honramos a nuestros padres y nuestro matrimonio quedó concertado en la forma apropiada”.

Rennie dice que lo que pasó entre él y Keerthi es un buen ejemplo de cómo la perspectiva de la Iglesia sobre el matrimonio ha empezado a extenderse. “Cuando me bauticé”, dice, “que un miembro se casara con otro miembro era algo fuera de lo común; y era todavía más raro que fueran al templo. Pero ahora entendemos que debemos casarnos con miembros de la Iglesia; y nos aseguramos de prepararnos para el templo, pues éste es la clave”.

El ejemplo del presidente

Al entrar en el apartamento de Venkat y Lynda Dunna, de la Rama Hyderabad 4, notarán muchas evidencias de lo enamorados que están estos recién casados. En la pared hay un cartel, hecho a mano por él, para el cumpleaños de ella; sobre la mesita cerca del sofá, hay un álbum con las fotografías de la boda; y al hablar, él le pasa el brazo alrededor de los hombros y ella sonríe tan a menudo, que resulta contagioso.

Describen cómo se conocieron por medio de las actividades de la Iglesia y lo contenta que estaba la madre de Lynda cuando se comprometieron, porque conocía a Venkat de la Iglesia. Pero había un problema: él tenía un hermano mayor que era soltero y en India todavía hay personas que se aferran a la tradición de que los hermanos mayores son los que deben casarse primero. Sus padres, que simpatizan con la Iglesia pero que no son miembros, también estaban construyendo una casa y no querían tener una boda hasta que estuviera terminada. “Mis padres no querían decir que no, pero deseaban que esperáramos varios meses, tal vez hasta un año”, recuerda Venkat.

“Quien nos ayudó fue el Espíritu”, continúa. “Me sentí inspirado a decirles a todos que Lynda y yo trabajábamos, y por lo tanto nos encargaríamos de todos los preparativos, pero que era importante que nos casáramos lo antes posible y que comenzáramos nuestro matrimonio yendo al templo. Los dos pensábamos: ‘El Señor nos ayudará’, y así lo hizo”.

Justo a tiempo para la boda se inauguró una nueva capilla Santo de los Últimos Días donde se casaron e hicieron la recepción, después de lo cual salieron inmediatamente para sellarse en el Templo de Hong Kong, China. “Siete personas viajamos juntas al templo”, comenta Lynda. “El mismo día en que Venkat y yo nos sellamos, mi madre, mi hermana y yo pudimos sellarnos a mi padre, que había fallecido. Fue un día maravilloso en todo sentido”.

Venkat, que actualmente presta servicio como presidente de una rama, dice que uno de sus mayores deseos es ver un templo en India algún día. “Será una gran bendición”, dice. “Contribuirá a que edifiquemos Sión en el lugar donde estamos”.

Un matrimonio guiado

La historia de Barat e Ishla Powell, de la Rama Chennai 2, comienza en realidad con los padres de él, Sathiadhas Powell y Suriya Kumari, que se casaron en 1981 y en 1991 se convirtieron a la Iglesia. En 1993 llamaron a Sathiadhas como presidente de rama. Después de años de ahorrar y de prepararse y antes de que se dedicara el Templo de Hong Kong, ellos viajaron al Templo de Manila, Filipinas, para sellarse.

Mientras su familia crecía e iba madurando en el Evangelio, enseñaron a sus dos hijos la importancia de asistir al templo. (Su hijo menor se encuentra actualmente prestando servicio en la misión). El matrimonio Powell estaba encantado de que cuando Barat, su hijo mayor, se comprometió, de inmediato empezaron a hacer planes para casarse en el templo. Ishla, su novia, era un nuevo miembro de la Iglesia. “Desde el primer día en que me reuní con los misioneros supe que el Evangelio era verdadero y me encantó”, afirma. Se hizo muy amiga de la familia del presidente de la rama, la familia Isaac, que había conocido la Iglesia por medio de la familia Powell.

Cuando ella se bautizó, a Barat le quedaban todavía cuatro meses en la misión. “La familia Isaac me decía que él sería el perfecto compañero para mí, pero yo quería posponer el matrimonio y servir en una misión”, dice Ishla. Aunque el presidente de la rama y el de la misión aprobaron su solicitud para ser misionera, Ishla explica: “De repente e inesperadamente cambié por completo de idea; quería orar en cuanto al matrimonio”.

Cuando Barat regresó de la misión, le sorprendió el hecho de que varias personas le dijeran que Ishla sería la mujer ideal para él. Poco tiempo después, los dos se encontraron brevemente durante la boda de la hija del presidente Isaac, pero nunca hablaron mucho. La sociedad india es muy formal en cuanto a la amistad entre los hombres y las mujeres, y tanto Barat como Ishla querían conducirse de forma apropiada.

Tres semanas después, Ishla se encontraba orando y preguntándose qué debía hacer, y lo mismo hacía Barat. “El Señor me indicó de tantas maneras que Barat era el hombre adecuado”, comenta ella. “Pero yo era muy reservada, así que le pedí al Señor: ‘Si esto es lo correcto, Señor, indícame la forma en que pueda hablar con él’”.

Por su parte, Barat relata: “Yo había hablado de ella con varias personas, y todos tenían sólo cosas buenas que decir. De pronto, pensé: ‘Tengo que hablar con ella ahora mismo’, pero no sabía cómo, por lo que llamé a la hermana del presidente Isaac y le pregunté si le parecía correcto que yo la llamara”.

Ishla continúa diciendo: “Cuando estaba orando, la hermana del presidente de la rama me llamó y me dijo: ‘Barat quiere hablar contigo, ¿puedo darle tu número de teléfono?’” Media hora más tarde los dos estaban conversando. “Fue como si nos hubiéramos conocido durante años”, afirma Barat.

Ishla había aprendido en Instituto en cuanto al matrimonio en el templo y sabía que no aceptaría menos que eso. Barat pensaba lo mismo, pero tendrían que ahorrar dinero para viajar al templo; y, además, significaba que muchos amigos y miembros de la familia, incluso los padres de él, no tendrían los medios para viajar con ellos.

“Es una distancia considerable y el viaje es muy caro, pero todos estuvimos de acuerdo en que ellos debían ir” recuerda Sathiadhas. Les dijimos que lo celebraríamos con ellos en la ceremonia legal, antes de partir, y les pedimos que sacaran muchas fotos después de sellarse. Luego, lo celebraríamos otra vez cuando regresaran.

“Estamos enseñando la importancia del templo a la generación más joven”, explica. “Alentamos a todas las personas a ir al templo y, por supuesto, queríamos que nuestros hijos lo hicieran también”. Dice que en particular le complace la forma en que Barat e Ishla respetaron a sus padres, así como las costumbres de su pueblo y su propio albedrío.

“En India, la gente habla de ‘matrimonios concertados’ y ‘matrimonios por amor’”, dice Barat. “Nosotros pensamos que tenemos ambos”. En realidad, ellos prefieren llamar al suyo “un matrimonio guiado”. “Nos unieron nuestras familias y amigos, pero también el Espíritu”, dice. “Esperamos que el Espíritu siempre guíe nuestro matrimonio”.

La cultura local y la cultura del Evangelio

Elder Dallin H. Oaks

“El propósito del Evangelio es transformar personas comunes en seres celestiales, y eso requiere cambio …

“Las tradiciones, la cultura o el modo de vida de un pueblo inevitablemente incluyen algunas prácticas que deben cambiar aquellos que deseen hacerse acreedores de las bendiciones más grandes de Dios …

“Existe una cultura singular del Evangelio, un conjunto de valores, expectativas y prácticas comunes para todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Este modo de vida del Evangelio proviene del plan de salvación, de los mandamientos de Dios y de las enseñanzas de los profetas vivientes. Se manifiesta en el modo en que criamos a nuestra familia y vivimos nuestra vida”.

Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Arrepentimiento y cambio”, Liahona, noviembre de 2003, págs. 37, 39.