Con espíritu de oración, estudie este material y, según sea apropiado, analícelo con las hermanas a las que visita. Utilice las preguntas como ayuda para fortalecer a sus hermanas y para hacer que la Sociedad de Socorro forme una parte activa en su propia vida. Si desea más información, visite www.reliefsociety.lds.org.

Obra misional

Los Santos de los Últimos Días son enviados para “obrar en [la viña del Señor] en bien de la salvación de las almas de los hombres” (D. y C. 138:56), lo cual incluye la obra misional. No necesitamos un llamamiento misional formal para compartir el Evangelio. A nuestro alrededor, existen personas cuyas vidas serán bendecidas mediante el Evangelio y, a medida que nos preparemos, el Señor nos utilizará. Las maestras visitantes aceptan sus responsabilidades espirituales y ayudan a “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Cuando el profeta José Smith organizó la Sociedad de Socorro en 1842, dijo que las mujeres no sólo debían cuidar de los pobres, sino también salvar almas1. Éste sigue siendo nuestro propósito.

“[El Señor] concede un testimonio de la verdad a quienes lo compartirán con los demás”, dijo el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia. “Más aún, el Señor espera que los miembros de Su Iglesia ‘en todo tiempo [abran la] boca para declarar [Su] evangelio con el son de regocijo’ (D. y C. 28:16)… A veces una sola frase de testimonio puede desencadenar acontecimientos que influyen en la vida de alguien por la eternidad”2.

De nuestra historia

La historia de Olga Kovářová, de la antigua Checoslovaquia, es un ejemplo de nuestra historia de la Sociedad de Socorro sobre la obra misional de un miembro. En 1970, Olga estudiaba un doctorado y anhelaba una vida espiritual más profunda. Se percató de Otakar Vojkůvka, un Santo de los Últimos Días de 75 años. Ella dijo: “Me pareció de setenta y cinco años de edad, pero en su corazón más bien tenía dieciocho años y estaba lleno de gozo. Eso era muy inusual en Checoslovaquia en ese tiempo de cinismo”.

Olga les preguntó a Otakar y a su familia cómo habían hallado gozo. Ellos le presentaron a otros miembros de la Iglesia y le regalaron un ejemplar del Libro de Mormón; ella lo leyó con avidez y muy pronto fue bautizada y confirmada. Desde entonces, Olga ha sido una influencia para bien en un mundo de opresión política y persecución religiosa. Ella sirvió como presidenta de la Sociedad de Socorro de su pequeña rama y ayudó a salvar el alma de los demás al traerlos a Cristo3.

¿Qué puedo hacer?

  1. 1.

    ¿Sigo las impresiones del Espíritu Santo al compartir mi testimonio con las hermanas a las que visito?

  2. 2.

    ¿Cómo ayudo a las hermanas que están bajo mi cuidado a aprender el Evangelio?

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    Notas

  1.   1.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 483.

  2.   2.

    Dieter F. Uchtdorf, “A la espera en el camino a Damasco”, Liahona, mayo de 2011, págs. 76–77.

  3.   3.

    Véase Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro, 2011, págs. 104–106.