Mensaje de la Primera Presidencia

El mundo necesita pioneros hoy en día


Thomas S. Monson

El mundo necesita pioneros hoy en día

Para muchos, el trayecto pionero de 1847 no comenzó en Nauvoo, Kirtland, Far West ni en Nueva York, sino más bien en las distantes Inglaterra, Escocia, Escandinavia y Alemania. Los niños pequeñitos no podían comprender plenamente la fe activa que motivaba a sus padres a dejar atrás familia, amigos, comodidades y seguridad.

Quizás algún niño haya preguntado: “Mamá, ¿por qué nos vamos de casa? ¿Adónde vamos?”.

“Vamos, mi chiquito; vamos a Sión, la ciudad de nuestro Dios”.

Entre la seguridad del hogar y la promesa de Sión se encontraban las rugientes y traicioneras aguas del imponente Atlántico. ¿Quién puede describir el temor que se apoderaba del corazón humano durante esos trayectos peligrosos? Impulsados por los susurros silenciosos del Espíritu, sostenidos por una fe sencilla pero constante, esos santos pioneros confiaron en Dios y emprendieron la travesía.

Finalmente llegaron a Nauvoo, sólo para volver a emprender la marcha y hacer frente a las penurias del trayecto. Lápidas de roca y salvia marcaron las sepulturas a lo largo de todo el camino desde Nauvoo hasta Salt Lake City. Tal fue el precio que pagaron algunos pioneros. Sus cuerpos se hallan sepultados en paz, pero sus nombres viven para siempre.

Los cansados bueyes avanzaban pesadamente, las ruedas de los carromatos crujían, los hombres valientes se afanaban, los tambores de guerra resonaban y los coyotes aullaban; pero los pioneros, inspirados por la fe y presionados por las circunstancias, seguían adelante. Con frecuencia cantaban:

Santos, venid, sin miedo, sin temor,
mas con gozo andad.
Aunque cruel jornada ésta es,
Dios nos da Su bondad…
¡Oh, está todo bien! ¡Oh, está todo bien!1.

Esos pioneros recordaban las palabras del Señor: “Es preciso que los de mi pueblo sean probados en todas las cosas, a fin de que estén preparados para recibir la gloria que tengo para ellos, sí, la gloria de Sión”2.

El paso del tiempo nos empaña la memoria y disminuye nuestro aprecio por quienes anduvieron por la senda del dolor y dejaron atrás un sendero de sepulcros sin nombre marcado por las lágrimas. Pero ¿qué sucede con los retos de hoy en día? ¿No hay caminos escabrosos que recorrer, montañas escarpadas que subir, abismos que cruzar, senderos que abrir o ríos que vadear? ¿No hay acaso en esta época una necesidad de que aquel mismo espíritu pionero nos aleje de los peligros que amenazan hundirnos y nos guíe a una Sión de seguridad?

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las normas de moralidad han decaído cada vez más. Los delitos suben vertiginosamente y la decencia disminuye a toda velocidad. Muchas personas viven en una constante montaña rusa del desastre, buscando la emoción del momento mientras sacrifican los gozos de la eternidad. Es así como perdemos el derecho a la paz.

Olvidamos cómo los griegos y los romanos predominaron magníficamente en un mundo brutal y cómo acabó esa época triunfal, la forma en que la negligencia y la debilidad moral finalmente los llevaron a la ruina. Al final, más que desear la libertad, deseaban seguridad y una vida cómoda; y lo perdieron todo: la seguridad, la comodidad y la libertad.

No cedan a las tentaciones de Satanás; más bien, permanezcan firmes en la verdad. La búsqueda interminable del gozo en las emociones fuertes y en el vicio no calmará los anhelos insatisfechos del alma. El vicio jamás conduce a la virtud; el odio nunca fomenta el amor; la cobardía nunca infunde valor; la duda jamás inspira la fe.

A algunas personas les es difícil soportar el escarnio y los comentarios desagradables de los insensatos que ridiculizan la castidad, la honradez y la obediencia a los mandamientos de Dios. Pero el mundo siempre ha menospreciado la adherencia a los principios. Cuando a Noé se le mandó construir un arca, el pueblo necio miró al cielo sin nubes y se burló y se mofó de él… hasta que llegó la lluvia.

¿Es necesario que aprendamos lecciones tan costosas una y otra vez? Los tiempos cambian, pero la verdad perdura. Cuando no aprovechamos las experiencias del pasado, estamos condenados a repetirlas con todo su pesar, sufrimiento y angustia. ¿Carecemos de la sabiduría de obedecer a Aquél que conoce el fin desde el principio —nuestro Señor, quien trazó el Plan de Salvación— en vez de a la serpiente, que desdeñó su belleza?

En el diccionario se define el término pionero de la siguiente manera: “Persona que da los primeros pasos en alguna actividad humana”3. ¿Podemos, de algún modo, armarnos del valor y de la firmeza de propósito que caracterizaban a los pioneros de generaciones pasadas? ¿Podemos ustedes y yo, de hecho, ser pioneros?

Sé que podemos. ¡Oh, cuánto necesita el mundo pioneros hoy en día!

Cómo enseñar con este mensaje

En las Escrituras se explica que los maestros orientadores han de “amonestar, exponer, exhortar, enseñar e invitar a todos a venir a Cristo” (D. y C. 20:59). Podría señalar a aquellos a quienes visita las amonestaciones e invitaciones que se encuentran en el mensaje del presidente Monson. Si lo desea, hable con ellos en cuanto a las maneras de reconocer y seguir ejemplos de rectitud, evitar engaños y aprender de los errores de los demás. Pregúnteles cómo pueden ser pioneros en la actualidad.

A los niños quizás les guste saber más acerca de los pioneros; para ello pueden leer la serie titulada “En la huella”, que se encuentra en la pág. 62 de este ejemplar.

Motivados por la fe

La autora vive en Carolina del Norte, EE. UU.

Nunca olvidaré el caminar por las calles de Winter Quarters, Nebraska, EE. UU., donde los pioneros habían vivido años antes; sentía que el terreno era sagrado, casi como si estuviera visitando el exterior de un templo.

Se me llenaron los ojos de lágrimas y se me empañó la vista. Vi una estatua, pero no podía distinguir las figuras; cuando me sequé las lágrimas, reconocí que eran un hombre y una mujer con rostros llenos de angustia. Al acercarme, vi la figura de un bebé que yacía en una tumba a sus pies.

Esa escena me llenó de muchas emociones: tristeza, enojo, gratitud y gozo. Quería disipar el dolor que sintieron aquellos santos, pero al mismo tiempo me sentía agradecida por lo que habían sacrificado por el Evangelio.

La experiencia que tuve en Winter Quarters me ayudó a darme cuenta de que el Padre Celestial da el Evangelio a Sus hijos y les concede el albedrío de hacer con él lo que decidan. Los padres de aquel bebé pudieron haber elegido seguir un rumbo más fácil. El seguir al profeta y vivir el Evangelio requirió que esos pioneros siguieran adelante aunque significara sepultar a su bebé. Sin embargo, eligieron adoptar el Evangelio en su vida y aceptaron sus desafíos. Aprendí que los santos, en su dedicación al Evangelio y en su determinación de seguir adelante, fueron motivados por la fe y la esperanza… la esperanza de un futuro brillante y la fe de que el Señor los conocía y podía mitigar su dolor.

Niños

Sé un pionero

El presidente Monson dice que un pionero es alguien que muestra el camino para que los demás lo sigan. ¿Qué es lo que los niños que aparecen en estas ilustraciones pueden hacer para defender lo correcto y ser pioneros para los demás? Escribe tus respuestas en el espacio que aparece debajo de las imágenes.

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    Notas

  1.   1.

    “¡Oh, está todo bien!”, Himnos, Nº 17.

  2.   2.

    Doctrina y Convenios 136:31.

  3.   3.

    Diccionario de la Real Academia Española, 22ª edición, 2005, tomo II, “pionero”.