Lo que creemos

A quien el Señor llama, Él capacita


A quien el Señor llama, Él capacita

La mayoría de los miembros de la Iglesia tendrán muchas oportunidades de recibir un “llamamiento”, o sea, una asignación para prestar servicio. “El Señor espera que cada uno de nosotros tenga un llamamiento en Su Iglesia a fin de que otras personas sean bendecidas mediante nuestros talentos e influencia”, dijo el presidente Ezra Taft Benson (1899–1994)1.

Los líderes de la Iglesia, quienes asimismo han sido llamados a prestar servicio, confían en que otros miembros acepten y cumplan los llamamientos a los que se los llame. Cada nuevo llamamiento es una oportunidad de servir y de progresar, y se debe emprender de manera humilde y con espíritu de oración. Los líderes del sacerdocio extienden los llamamientos para prestar servicio en la Iglesia después de haber procurado la inspiración del Señor. “…usted es llamado por Dios”, explicó el presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia. “El Señor lo conoce. Él sabe quién quiere que sirva en cada responsabilidad dentro de Su Iglesia. Él lo escogió”2.

En nuestros llamamientos representamos al Salvador, y la obra que llevamos a cabo, por muy pequeña que parezca, tiene consecuencias eternas. La influencia de una maestra o un maestro devotos de la Primaria, por ejemplo, podría inspirar a un niño a servir en una misión algún día. O el saludo cordial de la persona que recibe a los miembros en la puerta podría ayudar a alguien que esté pasando por dificultades a sentirse bienvenido a la Iglesia.

El Señor nos ayudará en nuestros llamamientos, especialmente cuando nos sintamos abrumados por las responsabilidades. Cuando oremos para suplicar la guía del Padre Celestial, Él nos dirigirá por medio de la inspiración y nos bendecirá para que prestemos un buen servicio. El Señor ayuda a aquellos que le sirven y unirá Su poder a los esfuerzos de ellos (véase D. y C. 84:88). Tal como prometió el presidente Thomas S. Monson: “…cuando estamos al servicio del Señor, tenemos derecho a recibir Su ayuda. Recuerden que a quien el Señor llama, el Señor prepara y capacita”3.

Si seguimos el ejemplo de servicio del Señor y con obediencia cumplimos nuestros llamamientos y responsabilidades en la Iglesia, nuestra vida será bendecida y llegaremos a ser más como Dios (véase Moroni 7:48; D. y C. 106:3).

  • Podemos acudir a los manuales de instrucción, a los manuales de estudio, al consejo de los líderes de la Iglesia y a otros recursos para aprender nuestras responsabilidades y para encontrar respuesta a nuestras preguntas.

  • No procuramos llamamientos ni, por lo general, rechazamos los llamamientos que se reciben mediante la debida autoridad del sacerdocio. (véase Moisés 6:31–32).

  • Cuando colaboramos en la obra del Señor, podemos orar para suplicar y recibir Su ayuda (véase D. y C. 84:88).

  • El cumplir nuestros llamamientos brinda bendiciones y gozo (véase Mateo 25:23).

  • Todos los llamamientos son igual de importantes; la Iglesia necesita líderes de la guardería tanto como presidentas de la Sociedad de Socorro (véase 1 Corintios 12:14–18). Cómo servimos es más importante que dónde servimos.

Para mayor información, refiérase al capítulo 14 de Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2012.

Hagan el mejor de sus esfuerzos

“El Señor multiplicará muchas veces el poder que usted tenga. Todo lo que Él le pide es que haga el mejor de sus esfuerzos y le entregue todo su corazón. Hágalo con buen ánimo y con una oración de fe. El Padre y Su Hijo Amado enviarán al Espíritu Santo para que sea su compañero y lo guíe; sus esfuerzos se magnificarán en la vida de la gente a la que usted sirva”.

Véase presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Elévense a la altura de su llamamiento”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 76.

Respuestas a preguntas

¿Por qué tiene su Iglesia un clero no remunerado?

Desde el principio, el Señor ha llamado a Sus discípulos de entre la gente común y corriente de diversos orígenes. Servían debido al amor que sentían por el Señor y por los demás. En el Libro de Mormón, por ejemplo, el profeta Alma escogió líderes del sacerdocio y les mandó que “trabajaran con sus propias manos para su sostén…

“Y los sacerdotes no habían de depender del pueblo para su sostén; sino que por su obra habían de recibir la gracia de Dios” (Mosíah 18:24, 26; véanse también 2 Nefi 26:29–31; Artículos de Fe 1:5).

De igual manera, un llamado a servir en la actualidad nos brinda la oportunidad de ayudar a los demás, así como de cultivar y compartir nuestros talentos y dones espirituales. Se nos recompensa ampliamente por nuestro servicio mediante las bendiciones del Señor.

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    Notas

  1.   1.

    Ezra Taft Benson, en Dieter F. Uchtdorf, “Impulsen desde donde estén”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 54.

  2.   2.

    Véase Henry B. Eyring, “Elévense a la altura de su llamamiento”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 77.

  3.   3.

    Véase Thomas S. Monson, “Llamados a servir”, Liahona, julio de 1996, pág. 46.