Mensaje de las maestras visitantes

La misión divina de Jesucristo: El Hijo Unigénito


Con espíritu de oración, estudie este material y procure saber lo que debería compartir con las hermanas a las que visita. ¿De qué manera el entender la vida y la misión del Salvador aumentará su fe en Él y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.
Sello de la Sociedad de Socorro

Fe, Familia, Socorro

Este artículo es parte de una serie de mensajes de maestras visitantes que presenta aspectos de la misión del Salvador.

A nuestro Salvador Jesucristo se lo llama el Hijo Unigénito porque es la única persona en la tierra que nació de una madre mortal y de un Padre inmortal. Él heredó los poderes divinos de Dios, Su Padre; y de Su madre María heredó la mortalidad y quedó sujeto al hambre, la sed, la fatiga, el dolor y la muerte1.

Debido a que Jesucristo es el Hijo Unigénito del Padre, Él pudo dar Su vida y volverla a tomar. En las Escrituras se enseña que “por medio de la expiación de Cristo” nosotros “[obtenemos] la resurrección” (Jacob 4:11). Además, aprendemos que podemos “[resucitar] en inmortalidad a la vida eterna” si “[creemos]” (D. y C. 29:43).

Al comprender más a fondo lo que significa que Jesucristo sea el Hijo Unigénito del Padre, nuestra fe en Jesucristo aumenta. El élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La fe en Jesucristo es la convicción y la seguridad de (1) Su condición de Hijo Unigénito de Dios, (2) Su expiación infinita y (3) Su resurrección literal”2. Los profetas modernos han testificado: “[Jesucristo] fue… el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo”3.

De nuestra historia

El Nuevo Testamento contiene relatos sobre mujeres, cuyos nombres no siempre se mencionan, que ejercieron fe en Jesucristo, aprendieron y vivieron Sus enseñanzas y testificaron de Su ministerio, Sus milagros y Su majestad. Esas mujeres llegaron a ser discípulas ejemplares e importantes testigos en la obra de salvación.

Por ejemplo, Marta compartió un firme testimonio de la divinidad del Salvador cuando le respondió: “…yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:27).

Algunos de los primeros testigos de la divinidad del Salvador fueron Su madre, María, y la prima de ella, Elisabet. Poco después de que el ángel Gabriel visitara a María, ella visitó a Elisabet quien, en cuanto oyó el saludo de María, “fue llena del Espíritu Santo” (Lucas 1:41) y dio testimonio de que María sería la madre del Hijo de Dios.

¿Qué puedo hacer?

  1. 1.

    ¿Por qué es importante que entienda los diferentes roles de Jesucristo?

  2. 2.

    ¿De qué manera aumenta nuestra fe al guardar nuestros convenios?

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    Notas

  1.   1.

    Véase Principios del Evangelio, 2009, pág. 58.

  2.   2.

    D. Todd Christofferson, “Edificar la fe en Cristo”, Liahona, septiembre de 2012, pág. 13.

  3.   3.

    “El Cristo Viviente: El testimonio de los Apóstoles”, Liahona, abril de 2000, págs. 2–3.