La enseñanza a niños con discapacidades

Bosquejo del Tiempo para compartir 2012: Haz lo justo, (2011), 29


Los líderes de la Primaria tienen una responsabilidad importante de enseñar el evangelio de Jesucristo a todos los niños, incluso a aquellos con discapacidades. La Primaria es un lugar en donde todo niño debe sentirse bienvenido, amado, cuidado e incluido. En este ambiente es más fácil para todo niño comprender el amor de nuestro Padre Celestial y Jesucristo, y sentir y reconocer la influencia del Espíritu Santo.

Cada niño es valioso ante Dios. Cada uno necesita amor, respeto y apoyo.

Consulte a otras personas al esforzarse por cumplir con las necesidades de niños con discapacidades en su Primaria.

group of children
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    Consulte a los padres del niño. Por lo general, los padres conocen a su hijo mejor que cualquier otra persona. Ellos pueden enseñarle como ajustar las necesidades de un niño o niña, su capacidad de atención y las formas preferidas de aprender. Por ejemplo, algunos niños responden especialmente bien a la música, otros a los relatos, las láminas, las Escrituras o los movimientos. Utilice una variedad de métodos de enseñanza asegurándose de incorporar las formas en que cada niño aprende mejor.

    Algunos niños con discapacidades responden bien a las ayudas visuales. Utilice recursos tales como los que se muestran aquí para indicar cuándo es el tiempo de orar, quedarse callados o cantar.

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    Consulte con otros líderes y maestros de la Primaria. Oren y trabajen juntos para encontrar las formas de ayudar a cada niño a aprender el evangelio de Jesucristo y a que se sienta querido.

    Para mayor información sobre cómo ayudar a niños con necesidades especiales, véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 41–43, y en disabilities.lds.org.

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    Consulte al consejo de barrio. Los líderes del sacerdocio y otras organizaciones auxiliares pueden tener ideas sobre cómo ayudar a los niños con necesidades especiales. En un barrio, el grupo de Sumo Sacerdotes ofreció un “abuelo para la Primaria” cada semana para que se sentara con un niño autista. (Lo ideal sería que fuera la misma persona cada semana.) Esto ayudó a mantener al niño concentrado en la lección y a sentirse querido.

El élder M. Russell Ballard enseñó: “Es evidente que a quienes se nos han confiado esos preciados hijos hemos recibido una sagrada y noble mayordomía, porque fue a nosotros a quienes Dios llamó para que rodeáramos a los niños de esta época con amor y con la luz de la fe, así como con el conocimiento de saber quiénes son en realidad” (véase Liahona, octubre de 1994, pág. 40).