Marzo: Jesucristo es nuestro Salvador

Bosquejo del Tiempo para compartir 2014: Las familias son eternas, (2013), 6–7


Complemente las ideas que se proporcionan aquí con algunas ideas propias. Planifique maneras de dar a conocer la doctrina a los niños y ayúdelos a comprenderla y aplicarla en su vida. Pregúntese: “¿Qué harán los niños para aprender y cómo puedo ayudarlos a sentir el Espíritu?”.

“Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

Semana 1: Puedo obtener un testimonio de Jesucristo.

Dé a conocer la doctrina (al escuchar un relato): Cuente el siguiente relato: “Cuando el presidente James E. Faust era niño, tuvo una pesadilla y despertó llorando. Su abuela lo abrazó, lo consoló y le dijo que estaban a salvo porque Jesucristo los estaba cuidando. Se acostó nuevamente con un sentimiento de paz, con la seguridad de que Jesús sí nos cuida”. Diga a los niños que esa experiencia ayudó al presidente Faust a obtener un testimonio de Jesucristo (véase “Un testimonio cada vez mayor”, Liahona, enero de 2001, pág. 69).

Fomente el entendimiento (al jugar): Prepare diez tiras de cartulina en las que se describan cosas que ayuden a alguien a obtener un testimonio y otras cuantas que describan cosas que no lo harán (en sharingtime.lds.org hay tiras de cartulinas que sirven de ejemplo). Coloque sobre el piso una cuerda o cordel largo que tenga diez nudos. Pida a un niño que se pare en uno de los extremos de la cuerda y que sostenga un cartel que diga “Un testimonio de Jesucristo”. Invite a otro niño a que se ponga en el otro extremo de la cuerda con un cartel que diga “Puedo obtener”. Permita que un niño escoja una tira de cartulina y que la lea en voz alta. Si en ella se describe algo que nos ayude a obtener un testimonio, pida al niño que tiene el cartel que dice “Puedo obtener” que avance hasta el primer nudo; si no es algo que lleve a un testimonio, pida al niño que se quede en su lugar. Siga haciéndolo hasta que el niño llegue hasta el otro extremo de la cuerda. Pida a todos que digan: “Puedo obtener un testimonio de Jesucristo”. Explique que nuestro testimonio nunca deja de crecer; a medida que continuemos siguiendo a Jesucristo y tomando las decisiones correctas durante nuestra vida, nuestro testimonio seguirá haciéndose más fuerte.

Oras al Padre Celestial todas las noches.

Ves o escuchas la conferencia general y prestas atención a los profetas.

Cantas las canciones en la Primaria.

Desobedeces a tu papá cuando te dice que vayas a casa.

Das tu testimonio.

Decides ir a una fiesta en vez de ir a la Iglesia el domingo.

Le hablas a un amigo sobre Jesucristo y Su Iglesia restaurada.

Hablas en voz baja con un amigo en vez de escuchar a la maestra de la Primaria.

Estudias las Escrituras todas las mañanas antes de irte a la escuela.

No oras antes de comer porque tienes demasiada hambre.

Prestas mucha atención cuando un integrante de la familia da su testimonio en la noche de hogar.

Vas a la Iglesia todos los domingos.

Fastidias a tu hermana durante la reunión sacramental.

Tienes un sentimiento cálido y bueno dentro de ti cuando tu maestra habla sobre Jesucristo.

No vas a la noche de hogar porque estás jugando en casa de un amigo.

Guardas los mandamientos y vives con rectitud.

Semana 2: Por medio de la expiación de Jesucristo me puedo arrepentir y se me perdonarán mis pecados.

Dé a conocer la doctrina (al analizar pasajes de las Escrituras): Muestre una lámina de Jesucristo en Getsemaní y repase brevemente la Expiación (véase Lucas 22:39–44). Invite a alguien a que lea Doctrina y Convenios 19:16 y pida a los niños que presten atención para descubrir lo que deben hacer para disfrutar las bendiciones de la Expiación.

Fomente el entendimiento (al escuchar un relato de las Escrituras): Cuente el relato de Alma, hijo, e invite a los niños a hacer acciones junto con usted que correspondan al relato. A continuación figura un ejemplo: “Alma, hijo, estaba tomando malas decisiones (hacer cara de malo). Él y sus amigos trataron de destruir la Iglesia. Un día, un ángel vino a impedírselo; Alma tuvo miedo (actuar como si tuviera miedo). Tuvo tanto miedo que cayó al suelo como si estuviera muerto (actuar como si estuviera muerto). Se sentía tan mal por sus pecados que no pudo moverse durante tres días (quedarse quieto). Finalmente, recordó que Jesucristo había pagado el precio, es decir, había expiado sus pecados. Cuando pensó en lo que Jesús había hecho, sintió gran gozo (saltar de gozo). Alma se arrepintió y llegó a ser un gran profeta que enseñó a la gente en cuanto a Jesucristo” (véase Alma 36).

Las representaciones dramáticas brindan la oportunidad de que todos los niños participen.

Fomente la aplicación de la doctrina (al analizar): Analicen brevemente los siguientes principios del arrepentimiento: (1) darme cuenta que hice algo malo, (2) sentir pesar por el pecado, (3) confesar al Padre Celestial, (4) corregir el error y (5) no volverlo a hacer.

Semana 3: Jesucristo resucitó y yo también resucitaré.

Dé a conocer la doctrina (al cantar una canción): Canten juntos “¿Vivió Jesús una vez más?” (CN, pág. 45) o “Resucitó Jesús” (CN, pág. 44). Pida a un niño que explique lo que la canción enseña. Diga a los niños que gracias a que Jesucristo resucitó, todos nosotros también resucitaremos. Sostenga en alto las Escrituras y explique que sabemos que Cristo resucitó porque en las Escrituras podemos leer que así fue. Explique que aun cuando quizá no hayamos visto al Cristo resucitado, otros lo han visto, y ellos nos han dicho lo que saben.

Fomente el entendimiento (al escuchar a discursantes invitados): Pida a varios miembros adultos de su barrio que vayan al tiempo para compartir y que representen a uno de los siguientes testigos del Cristo resucitado: María Magdalena (véase Juan 20:1–18), Tomás (véase Juan 20:19–29), un hombre o una mujer nefita (véase 3 Nefi 11:1–17; 17), y José Smith (véase José Smith—Historia 1:11, 14–17; véase también D. y C. 76:22–24). Pida a los miembros del barrio que compartan el relato de las Escrituras y que den testimonio de la resurrección de Cristo.

Semana 4: Puedo mostrar respeto por el Salvador al ser reverente.

Fomente el entendimiento (al ver láminas): Muestre láminas de lugares sagrados, tales como el Jardín de Getsemaní, el sepulcro de Jesús, la Arboleda Sagrada, un templo y un centro de reuniones. Al mostrar cada lámina, pregunte: “¿Por qué es este lugar sagrado o especial? ¿Cómo se comportarían si estuvieran allí?”. Analicen lo que es la reverencia y cómo los actos reverentes demuestran nuestro amor y respeto por el Salvador. Explique que cuando somos reverentes, podemos sentirnos cerca de Él.

Fomente la aplicación de la doctrina (al pensar en ejemplos): Escriba las palabras “Reverente” e “Irreverente” en la pizarra. Divida los niños en grupos pequeños. Dé a cada grupo varios pedazos pequeños de papel y pídales que escriban en cada uno de ellos algo que demuestre reverencia en la capilla o algo que no lo demuestre. Pida a cada grupo que lean los papeles uno a la vez. Pida a los niños que crucen los brazos si es un ejemplo reverente o que levanten las manos y muevan los dedos si es irreverente. Luego pida a un integrante del grupo que coloque el papel bajo el encabezamiento correcto en la pizarra.

Juegos: Los juegos apropiados en la Primaria ayudan a conservar un ambiente de reverencia. Los juegos dan variedad a las lecciones y permiten que los niños se relacionen entre sí; también reafirman el principio del Evangelio que se enseña de una manera divertida.

Consejo práctico: Tenga en cuenta los límites de tiempo cuando esté planificando los tiempos para compartir. Por ejemplo, en las actividades de la semana 3, pida a cada discursante invitado que tome unos dos minutos. Si lo desea, podría tener menos discursantes invitados a fin de dar más tiempo a cada uno.