14: El prestar servicio a los demás

SACERDOCIO AARONICO Manual 1, (2002), 47–51


OBJETIVO

Que los jóvenes expresen su amor por los demás mediante el servicio que les brinden.

PREPARACION

  1. 1.

    Materiales necesarios: Libros canónicos para cada uno de los jóvenes.

  2. 2.

    Prepare un cartel con el mensaje del rey Benjamín (véase Mosíah 2:17).

  3. 3.

    Prepare una tarjeta para cada uno de los jóvenes con la palabra “Hazlo”.

  4. 4.

    Repase el consejo acerca de prestar servicio en las páginas 20-21 del folleto La fortaleza de la juventud.

Nota para el maestro

Uno de los objetivos de esta lección es el de motivar a los jóvenes a planear un proyecto de servicio. Si lo desea, podría dedicar algunos minutos para que los miembros de la clase intercambien ideas y decidan qué proyecto llevarán a cabo.

SUGERENCIAS PARA EL DESARROLLO DE LA LECCION

El verdadero servicio es una oportunidad, no una carga

Relato

Lea el siguiente relato:

“Al encontrarme trabajando en la granja, tuve un accidente con la empacadora de heno, la cual me destrozó el pie. Aun con el pie colgando desde el tobillo, fui cojeando hasta el poste más cercano y me aferré a él. Al ver que a poca distancia una camioneta doblaba la curva, agité con desesperación la mano hasta que el conductor, quien resultó ser mi vecino, me vio y se detuvo. Estuve consciente hasta llegar al hospital más cercano, durante el largo y doloroso viaje de más de 16 kilómetros de distancia...

“Las operaciones que siguieron, el enyesado y las muletas son sólo unos cuantos de los recuerdos que tengo de esa trágica experiencia. En realidad, el recuerdo más grande no es uno de dolor y sufrimiento, sino de gratitud hacia los jóvenes de un quorum de presbíteros, cuyo servicio en un momento de desgracia fue admirable.

“Al darse cuenta de que yo no podría terminar el trabajo de carpintería de una casa que había comenzado, el quorum de presbíteros, a quienes yo sirvo como asesor... respondió con el empuje de la juventud, con la determinación de proporcionar la mano de obra suficiente para completar la construcción de aquella casa con tal de que alguien con experiencia les dijera lo que tenían que hacer.

“Así que, con la ayuda del obispo Stanton Barrett, quien también es constructor, un trabajador quorum de presbíteros, armados de martillos y serruchos, emprendió la tarea de armar una casa de madera de 110 metros cuadrados.

“ ‘En cuanto el obispo trazaba cómo debían ir las tablas, nosotros las armábamos’, dijo Michael Anderson (uno de los organizadores del proyecto) al explicar después la forma en que habían triunfado en su proyecto de terminar la estructura de madera de toda la casa, desde los cimientos hasta el techado, en solamente dos días...

“Los propietarios de la casa que se estaba construyendo, el Sr. y la Sra. Bob Findlay, también ayudaron. ‘Bob trabajó con todos nosotros, y su esposa nos traía el almuerzo. Eso nos dio aliento para seguir adelante’, dijo Michael. ‘Claro que hubo unos cuantos moretones y dedos aplastados, pero existía un espíritu sumamente especial a pesar del arduo trabajo’.

“El obispo Barrett sugirió una de las razones del éxito del proyecto cuando dijo: ‘Los jóvenes no estaban trabajando porque su asesor les había planeado un proyecto de servicio, sino porque ellos le habían planeado uno a él... y por eso tuvieron tan buenos resultados’.

“El sábado por la tarde, al clavar el último clavo en el techo, se terminó el trabajo físico, pero faltaba todavía hacerme saber a mí lo que habían hecho.

“El primer domingo que fui a la capilla después de salir del hospital, me recibió un quorum de silenciosos adolescentes. Uno de los jóvenes, que por lo general era muy tímido, dio un paso al frente y me dijo: Tenemos algo para usted... es porque queríamos ayudar’. Me entregó un pequeño álbum hecho por ellos mismos en el cual había pegadas una serie de fotografías que ilustraban su trabajo de construcción. El grupo guardó silencio mientras me vieron hojear las fotografías.

“Durante los tensos momentos de silencio que siguieron, mi mente se remontó a las muchas ocasiones en el pasado en que les había hablado sobre el tema del servicio sin lograr convencerles muy a fondo. De repente, experimentamos ese gozo que anteriormente sólo había sido tema de análisis. La lección de ese día no se tuvo que expresar con palabras.

“Finalmente rompí el silencio cuando dije: ‘Ahora ya conocen por experiencia propia el verdadero gozo que nos brinda el prestar servicio, pero por favor, en el próximo proyecto de servicio, vamos a dejar fuera la empacadora de heno’ ” (véase “El Servicio a otros”, El valor de las almas es grande. Manual de las Abejitas, Curso B, págs. 103-104).

Análisis

  • ¿Qué fue lo que hizo que ese proyecto de servicio fuera diferente de los demás?

Para que les sea más fácil a los jóvenes responder a esta pregunta, pida a uno de ellos que lea Doctrina y Convenios 58:27.

  • De acuerdo con este pasaje, ¿qué debemos hacer de nuestra propia voluntad?

  • ¿Cuál es la diferencia entre el servicio obligatorio y el servicio voluntario?

El prestar servicio es todo acto que edifica, alienta o ayuda a otra persona

Cartel

Exhiba el cartel en el que ha escrito las palabras de Mosíah 2:17. Subraye la palabra servicio en donde aparezca.

Pida a los jóvenes que definan el término servicio. Utilice las ideas que ellos aporten y elabore en la pizarra una definición similar a la siguiente:

“El prestar servicio es un acto que edifica, alienta, ilumina o ayuda a otra persona”.

Relato

Cuente el siguiente relato de un hombre que recibió consuelo y aliento en un momento difícil de su vida, gracias al servicio brindado por un joven.

“Después de la reunión sacramental, el obispo me pidió que fuera a su oficina porque quería hablar conmigo. Me sentí lleno de alegría, puesto que eso era lo que yo había estado esperando; sabía que ahora sí iba a ser presidente del quorum de maestros. La gente del barrio me iba a felicitar y mi mamá se iba a sentir muy orgullosa por mi nuevo llamamiento.

“Entré en la oficina y me senté en la silla que el obispo me indicó. Era un hombre muy agradable y siempre estaba sonriendo, pero en esa ocasión, a pesar de su gran sonrisa, tenía el presentimiento de que la conversación iba a ser de gran importancia.

“—Steve, tenemos una asignación muy importante para darte —me dijo.

“El corazón me latió con fuerza.

“ — Esta es una asignación especial de ‘amor al prójimo’. Nos preocupa mucho Hasty McFarlan, ya que es un hombre muy anciano, como tú sabes, y necesita que alguien lo visite y le ofrezca una mano de amistad. El no es miembro de la Iglesia, pero el amor de Dios llega a todas las personas, y como miembros de Su Iglesia tenemos la responsabilidad de demostrarlo, o mejor dicho, tenemos el privilegio de compartir ese amor con los demás.

“Creo que en la cara me pudo notar el asombro.

“—Conoces al señor McFarlan, ¿verdad? —me preguntó el obispo.

“Inmediatamente recordé que hacía dos semanas, algunos de mis amigos y yo nos habíamos burlado del anciano, poniéndole sobrenombres y haciendo bromas sobre la forma en que se vestía.

“ — Sí, lo conozco —le dije tratando de ocultar mi desagrado y mi sentimiento de culpabilidad por lo que había sucedido hacía unos días — . Es el anciano que vive solo en las afueras del pueblo.

“ — Es verdad —dijo el obispo—. Me gustaría que lo visitaras unas dos o tres veces por semana.

“ — Está bien —fue lo único que pude responder.

“El obispo debe de haber notado mi decepción, porque, inclinándose en su silla hacia mí y mirándome intensamente, me dijo:

“—Si esta asignación es demasiado para ti, no tengas miedo de decírmelo.

“Yo suspiré y le dije.

“ — No se preocupe, obispo; lo haré.

“ — Muy bien —me dijo con una sonrisa e inmediatamente continuó hablándome—. Puedes cortar leña, llevarle comida y frazadas y ayudarle en todo lo que sea necesario. Sé su amigo. Tu padre sabía que te íbamos a dar esta asignación, y me dijo que él te ayudaría; y además, tu Padre Celestial te ayudará a saber qué es lo que debes hacer.

“—Sí, obispo —le repliqué.

“...Esa tarde, mientras me dirigía a su casita después de haber salido de la escuela, parecía que todo lo que encontraba en mi camino me susurraba de la soledad del anciano.

“La mayoría de los jovencitos, y aun algunas de las personas del pueblo, tenían la costumbre de hablar mal de él o de jugarle una mala pasada cada vez que iba al pueblo. Mientras me acercaba a su cabaña, sentía que el miedo se apoderaba de mí y me preguntaba qué sucedería si me reconociera como uno de los muchachos que se habían burlado de él.

“Al llegar a la puerta, llamé, pero no hubo respuesta alguna. Llamé de nuevo. Sabía que él se encontraba adentro, pues ¿a dónde más podía ir?

“ — ¡Señor McFarlan!

“...Al oír una especie de murmullo, asomé la cabeza por la puerta para ver si distinguía a alguien. La cabaña estaba fría y casi a obscuras, de manera que escasamente pude ver la figura de un hombre sobre la cama. El señor McFarlan estaba inclinado hacia delante, pero no en la posición de alguien que está pensando, sino de quien no tiene nada más que hacer. Pude ver que la sucia frazada en la que se encontraba sentado estaba llena de agujeros...

“ — Señor McFarlan, ¿hay algo en lo que pueda ayudarlo? —le pregunté tímidamente.

“Le dije mi nombre y le expliqué que el obispo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días me había enviado para ver cómo estaba y en qué podía ayudarle. El no contestó...

“ — La leña de la chimenea está apagada —agregué, pero él no me contestó.

“Salí de la cabaña, busqué un hacha y empecé a partir troncos y a hacer astillas. Cada vez que golpeaba un leño, me decía: ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué me escogieron a mí? ¿Por qué?

“Deja de quejarte, me dijo una voz en mi interior. Este hombre tiene frío y está solo, y tú puedes ayudarle.

“Encendí la chimenea y traté de hablarle, pero después de algunos minutos decidí que en vista de que no me estaba escuchando, iría a buscarle algo de abrigo; de manera que le dije que le traería una frazada limpia y gruesa para que no tuviera frío, y al día siguiente así lo hice. Después de esa vez regresé a la cabaña cada dos días, y, poco a poco, en el transcurso de las próximas semanas, él empezó a hablarme.

“En una ocasión, después de haber estado conversando un rato, me dijo:

“ — Jovencito, ¿por qué vienes a visitarme? Estoy seguro de que un muchacho de tu edad puede encontrar algo mejor que hacer que visitar a un viejo enfermo como yo; sin embargo, estoy muy contento de que vengas —y dejó entrever una sonrisa.

“Para la fiesta de Acción de Gracias, lo invité para que fuera a cenar a nuestra casa; mas no fue. Nuestra familia le llevó la cena, y cuando la recibió, al tratar de darnos las gracias, pudimos notar que tenía los ojos llenos de lágrimas.

“En mis visitas subsiguientes, me contó que había sido pastor de rebaños y había tenido esposa e hijos, pero que a causa de una terrible enfermedad que éstos habían contraído, todos murieron. Debido al gran dolor que la muerte de sus seres queridos le produjo y viendo que su vida estaba destrozada, el señor McFarlan empezó a ir de un lugar a otro por todo el país, como vagabundo. Un tumor que le salió sobre un lado de la cara fue la causa de que perdiera la visión en uno de los ojos, y fue también el comienzo de las bromas y de una vida desdichada.

“Sin embargo, a mí el anciano ya no me asustaba ni me parecía feo. Por lo contrario, después de las clases, corría hasta su cabaña para ayudarle y escuchar sus cuentos.

“Cuando llegó la Navidad, lo invitamos nuevamente a cenar con nosotros y en esa ocasión fue. Cuando llegó, llevaba puesto un traje limpio; su apariencia había cambiado; se veía muy bien y en sus labios se dibujaba una sonrisa. Evidentemente, se sentía feliz porque le habíamos demostrado que lo queríamos.

“Al terminar la cena, el anciano bajó la cabeza por un segundo, y luego la levantó y nos dijo:

“ — Ustedes son maravillosos. Por mucho tiempo mi vida no ha tenido ningún sentido, pero el amor que ustedes me han demostrado me está convirtiendo en una persona diferente, por lo cual les estoy muy agradecido.

“Mientras él hablaba, pude sentir que invadía mi pecho una sensación de calor y me sentí feliz por la parte que me correspondía en la felicidad del anciano” (véase, “La asignación del obispo”, Liahona, enero de 1982, págs. 25-27).

Análisis

  • ¿Cómo hubiera sido la vida de este hombre si ni Steve y su familia ni el obispo se hubieran interesado por él?

  • ¿Conocen a alguien que podrían hacer más feliz si le prestaran atención?

Lámina y análisis

Pida a uno de los jóvenes que lea el cartel con la inscripción de Mosíah 2:17.

  • ¿A quiénes dice este versículo que debemos ayudar?

  • ¿Por qué el ayudar al prójimo es un servicio que estamos prestando a Dios?

Haga que los jóvenes comprendan que nuestro Padre Celestial ama a todos Sus hijos, y El agradece todo lo que hagamos por ayudar a uno de ellos.

Explique que a veces creemos que para que nuestro servicio sea de beneficio, debemos hacer algo grande e impresionante; sin embargo, los pequeños actos de servicio son importantes también. A menudo, las pequeñas buenas obras que hagamos por nuestro prójimo pueden traer grandes bendiciones tanto para nosotros como para las personas a las cuales prestemos servicio.

  • ¿Cómo podemos servir todos los días a los demás? Si lo desea, anote las sugerencias de los jóvenes en la pizarra.

Pasaje de las Escrituras

Pida a los jóvenes que lean en silencio Mateo 7:21.

  • De acuerdo con ese versículo, ¿cuál es la clave para ser útil? (Los jóvenes deben indicar la palabra “hace”.)

Presentación por el asesor y volante

Cuente a los jóvenes que el presidente Spencer W. Kimball siempre tenía sobre su escritorio una pequeña placa cuya inscripción simplemente decía: “Hazlo”.

  • ¿Por qué creen que un profeta del Señor tenía esa placa sobre su escritorio? Distribuya los volantes con la inscripción Hazlo.

Conclusión

Cometido

Repase el consejo, acerca de prestar servicio, que se encuentra en las páginas 20-21 del folleto La fortaleza de la juventud; inste a cada uno de los poseedores del Sacerdocio Aarónico a buscar posibles formas de prestar servicio a los demás.

Asegure a los jóvenes que cuando ellos sirven al Señor al prestar servicio a otras personas, no solamente las harán felices, sino que ellos también serán mucho más felices, se sentirán más satisfechos con la vida y se olvidarán de muchos de sus propios problemas. Invíteles a ayudar o a alentar a alguien a diario y a registrar lo que hayan hecho y sentido al respecto en su diario personal.

Proporcione tiempo a la clase para que elija un proyecto de servicio. Después de seleccionarlo, obtengan la aprobación del obispo antes de llevarlo a cabo. Haga que la presidencia del quorum organice y planee el proyecto. Los jóvenes pueden tomar en consideración el prestar servicio en forma regular a una organización de caridad, tales como los asilos de ancianos, o las instituciones que brindan cama y comida a los que no tienen a donde ir, etc.

Verificación

Antes de comenzar la clase de la próxima semana, dé algún tiempo a los jóvenes para que hablen acerca de los actos de servicio que hayan prestado durante la semana.