Adquirir conocimiento espiritual

Documento de base sobre el Dominio de la doctrina


Puesto que nuestro Padre Celestial nos ama y quiere que progresemos para llegar a ser semejantes a Él, nos ha instado a “[buscar] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (véase D. y C. 88:118). En nuestra búsqueda de la verdad, podemos confiar en Él por completo al depender de Su sabiduría, Su amor, y Su poder para enseñarnos y bendecirnos. Dios sabe todas las cosas y es la fuente de toda verdad (véase Mosíah 4:9). Él ha prometido revelar la verdad a nuestra mente y nuestro corazón por medio del Espíritu Santo, si lo buscamos diligentemente (véase D. y C. 8:2–3).

Para ayudarnos, el Padre Celestial nos ha enseñado cómo adquirir conocimiento espiritual. Él ha establecido las condiciones que hemos de observar a fin de obtener tal conocimiento. Su modelo, ordenado divinamente, requiere que tengamos el deseo sincero de conocer la verdad (véase Moroni 10:4–5) y estar dispuestos a vivir de acuerdo con lo que Dios ha revelado (véase Juan 7:17). Nuestro deseo sincero nos conducirá a buscar la verdad mediante la oración (véanse Santiago 1:5–6; 2 Nefi 32:8–9) y a estudiar concienzudamente la palabra de Dios (véanse 2 Timoteo 3:15–17; 2 Nefi 32:3).

A veces podemos hallar nueva información o tener preguntas en cuanto a la doctrina, las prácticas o la historia de la Iglesia que parezcan difíciles de comprender. Plantear preguntas y buscar respuestas es una parte crucial de nuestra tarea de aprender la verdad. Es posible que algunas de las preguntas que nos acudan a la mente sean inspiradas por el Espíritu Santo. Las preguntas inspiradas deben considerarse dones de Dios que nos brindan la oportunidad de aumentar nuestro entendimiento y fortalecer nuestra certeza de que el Señor está dispuesto a enseñarnos. Sea cual fuere el origen de nuestras preguntas, se nos ha bendecido con la capacidad de pensar y razonar, y de que la influencia del Señor nos expanda la mente y aumente nuestro entendimiento. La actitud y la intención con la que hagamos preguntas y procuremos respuestas influirá en gran manera en nuestra capacidad de aprender mediante el Espíritu Santo.

Los siguientes tres principios pueden guiarnos al procurar aprender y comprender la verdad eterna y responder preguntas o inquietudes: actuar con fe, analizar los conceptos y las preguntas con una perspectiva eterna, y procurar una mayor comprensión mediante las fuentes divinamente señaladas.

1. Actuar con fe

Actuamos con fe cuando decidimos confiar en Dios y a acudir a Él primeramente a través de la oración sincera, del estudio de Sus enseñanzas y de la obediencia a Sus mandamientos.

Al esforzarnos por cultivar nuestro entendimiento y aclarar las inquietudes, es importante que confiemos en el testimonio que ya tenemos de Jesucristo, de la restauración de Su evangelio y de las enseñanzas de Sus profetas ordenados. El élder Jeffrey R. Holland enseñó: “Cuando lleguen esos momentos y surjan los problemas, y la resolución de esos problemas no sea inmediata, aférrense al conocimiento que ya tienen y manténganse firmes hasta que reciban más conocimiento” (“Creo”, Liahona, mayo de 2013, pág. 94). El Señor mismo nos ha invitado a “[mirar] hacia [Él] en todo pensamiento; no [dudar]; no [temer]” (véase D. y C. 6:36).

En los momentos en que quizás no hallemos respuesta a nuestras preguntas de inmediato, resulta útil recordar que, aunque el Padre Celestial ha revelado todo lo que es necesario para nuestra salvación, aún no ha revelado todas las verdades. Al continuar en busca de respuestas, debemos vivir por fe, confiando en que con el tiempo recibiremos las respuestas que procuramos (véanse Proverbios 3:5–6; Éter 12:6). Conforme seamos fieles a la verdad y la luz que ya hemos recibido, recibiremos más. Las respuesta a nuestras preguntas puede llegar “línea por línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30).

2. Analizar los conceptos y las preguntas con una perspectiva eterna

A fin de analizar los conceptos doctrinales, las preguntas y las inquietudes sociales con una perspectiva eterna, los consideramos en el contexto del Plan de Salvación y de las enseñanzas del Salvador. Procuramos la ayuda del Espíritu Santo a efectos de ver las cosas como el Señor las ve; eso nos permite reformular la pregunta (para verla de manera diferente) y percibir ideas basándonos en el patrón del Señor concerniente a la verdad, en vez de aceptar las premisas o suposiciones del mundo (véase 1 Corintios 2:5, 9–11). Podemos hacerlo al plantear preguntas tales como “¿Qué cosas sé ya sobre el Padre Celestial, Su plan y cómo se relaciona Él con Sus hijos”? y “¿Qué enseñanzas del Evangelio se relacionan con este concepto o inquietud, o lo aclaran?”.

Incluso las preguntas que se relacionan con los acontecimientos históricos podrían tener que analizarse desde una perspectiva eterna. Al mantenernos aferrados a nuestra confianza en nuestro Padre Celestial y Su plan de salvación, podemos ver las inquietudes más claramente. También podría ser de ayuda analizar las preguntas históricas en el contexto histórico adecuado al considerar la cultura y las normas de la época en vez de imponer nuestras perspectivas y actitudes actuales.

Es importante recordar que los detalles históricos no poseen el poder salvador de las ordenanzas, los convenios y la doctrina. Distraerse por los detalles menores a riesgo de no entender el milagro de la Restauración que se revela ante nosotros es como pasar tiempo analizando la caja de un presente y no prestar atención a lo maravilloso del presente en sí.

3. Procurar una mayor comprensión mediante las fuentes divinamente señaladas

Como parte del proceso determinado por el Señor para la obtención de conocimiento espiritual, Él ha establecido las fuentes mediante las cuales revela la verdad y brinda guía a Sus hijos. Tales fuentes incluyen la luz de Cristo, el Espíritu Santo, las Escrituras, los padres y los líderes de la Iglesia. La Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles —los profetas del Señor sobre la tierra hoy en día— son una crucial fuente de verdad. El Señor ha escogido y ordenado a esas personas para hablar en Su nombre.

También aprendemos verdades por medio de otras fuentes dignas de confianza. Sin embargo, quienes buscan sinceramente la verdad deben cuidarse de las fuentes de información que nos son confiables. Vivimos en una época en que muchas personas “a lo malo llaman bueno, y a lo bueno, malo” (Isaías 5:20). Satanás es el padre de las mentiras y procura tergiversar la verdad, y persuadirnos a apartarnos del Señor y Sus siervos designados. Al volvernos a las fuentes divinamente designadas por el Señor para recibir respuestas y guía, podemos ser bendecidos para discernir entre la verdad y el error. Aprender a reconocer y evitar las fuentes no confiables puede protegernos de la información errónea y de quienes procuran destruir la fe.

Ayudar a otras personas a adquirir conocimiento espiritual

Cuando otras personas acuden a nosotros y nos hacen preguntas o investigan la doctrina de la Iglesia, sus prácticas o su historia, ¿cuál sería la mejor manera de ayudarlas en su búsqueda de la verdad? Las siguientes son algunas de las formas en que podemos ayudarlas:

Escuchar cuidadosamente y con espíritu de oración: Escuchen con atención antes de responder, procurando aclarar y entender las preguntas que verdaderamente formulen. Procuren comprender bien la verdadera intención de las preguntas, los sentimientos y las creencias.

Enseñar y testificar de las verdades del Evangelio: Compartan enseñanzas de las Escrituras y los profetas modernos que puedan ponerse en práctica y el modo en que estas han marcado una diferencia en su vida. Ayuden a las personas con quienes hablen a analizar o adaptar sus preguntas al contexto del Evangelio y del Plan de Salvación.

Invitarlos a actuar con fe: Recuerden que el Señor requiere que busquemos conocimiento espiritual por nosotros mismos. Por lo tanto, debemos invitar a otras personas a actuar con fe mediante la oración, la obediencia a los mandamientos y el estudio diligente de la palabra de Dios, al emplear las fuentes divinamente señaladas, en particular, el Libro de Mormón. Si correspondiera, invítenlos a recordar las experiencias que pudiesen haber tenido en que hayan sentido el Espíritu Santo, y a aferrarse a las verdades eternas que han aprendido hasta recibir más conocimiento.

Cumplan con lo prometido: Ofrézcanse a buscar las respuestas y luego cúmplanlo al explicar lo que averigüen. También podrían buscar las respuestas juntos. Expresen confianza en la promesa del Señor de brindar revelación personal.