“…buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”

Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia: Manual para el maestro, 2000


Objetivo

Alentar a los miembros de la clase a aprender “tanto por el estudio como por la fe” durante toda la vida (D. y C. 88:118).

Preparación

  1. 1.

    Estudie los pasajes de las Escrituras que se mencionan en esta lección, y ore al respecto.

  2. 2.

    Repase el material de esta lección en la Guía de estudio para el miembro de la clase (35686 002) y planifique la forma en que lo utilizará durante la lección.

  3. 3.

    Si va a utilizar la actividad para despertar el interés, pida a un miembro de la clase que se prepare para hablar sobre una o dos experiencias personales que demuestren las bendiciones que haya recibido en la vida gracias al aprendizaje.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar el interés

Si lo considera apropiado, utilice la siguiente actividad o una de su preferencia para comenzar la lección.

Pida a un miembro de la clase que hable brevemente sobre las bendiciones que haya recibido en su vida gracias al aprendizaje (véase la sección “Preparación”, punto número 3).

Después que el miembro haya terminado de hablar, explique que esta lección analiza la importancia que tiene el aprender a lo largo de nuestra vida.

Análisis y aplicación

Con oración, escoja el material de la lección que satisfaga mejor las necesidades de los miembros de su clase y aliéntelos a compartir experiencias que se relacionen con el aprendizaje.

1. La Escuela de los Profetas proporciona un modelo para que sigamos en relación con nuestro aprendizaje.

Explique que en esta dispensación, el Señor ha hecho mucho hincapié en la necesidad de obtener una educación tanto espiritual como temporal.

El Señor dio instrucciones al profeta José Smith de comenzar la Escuela de los Profetas en Kirtland, Ohio. La Escuela de los Profetas comenzó a reunirse en enero de 1833 en una pequeña habitación que había sobre la tienda de Newel K. Whitney en Kirtland (véase la lámina de la pág. 149). En esa escuela se instruía a los líderes de la Iglesia sobre la doctrina del Evangelio, asuntos de la Iglesia y otros temas. Debían prepararse para el liderazgo en la Iglesia y para el servicio misional (D. y C. 88:77–80).

Newel K. Whitney and Company Store

Esas reuniones proporcionaban el ambiente propicio para experiencias espirituales y análisis profundos de los principios del Evangelio. En ellas se recibieron varias revelaciones. La historia de la Iglesia registra que “había un gran gozo y una gran satisfacción permanentemente en los rostros de quienes asistían a la Escuela de los Profetas y, en virtud de las cosas que se revelaban, los santos… progresaban en el conocimiento de Dios” (History of the Church, tomo I, pág. 334).

• ¿Qué oportunidades de aprendizaje tenemos en la Iglesia? ¿Qué debemos hacer para prepararnos mejor para aprender en las reuniones de la Iglesia?

• Lea D. y C. 88:122–125 con los miembros de la clase. ¿Qué mandó el Señor hacer a los hermanos que asistían a la Escuela de los Profetas? ¿Qué les mandó Él que no hicieran? (Anote las respuestas de los miembros de la clase en la pizarra.) ¿Qué aprendemos de esos versículos acerca de la manera de enseñarnos los unos a los otros? ¿Qué dicen esos versículos acerca del modo en que debemos aprender los unos de los otros?

2. Debemos aprender “tanto por el estudio como por la fe”.

• Lea D. y C. 88:118 con los miembros de la clase. ¿Por qué son tanto el estudio como la fe necesarios para aprender? (Véase la cita a continuación.) ¿Por qué la fe aumenta nuestra aptitud para aprender? ¿Cuáles son los peligros que encierra el aprender sin tener fe en Dios ni obedecer Sus mandamientos? (Véase 2 Timoteo 3:7; 2 Nefi 9:28–29.)

El presidente Marion G. Romney, de la Primera Presidencia, dijo: “Yo creo en el estudio. Creo que el hombre aprende mucho por medio del estudio… Sin embargo, también pienso, y sé, que el aprendizaje por medio del estudio se acelera en forma extraordinaria por medio de la fe” (Learning for the Eternities, comp. George J. Romney, 1977, pág. 72).

• Además de estudiar el Evangelio, debemos procurar aprender otras materias, tales como historia, ciencia y buena literatura. ¿De qué manera el estudio de esas materias ha beneficiado su vida?

• ¿Qué clase de conocimiento es el más valioso? ¿Cuál es el acoplamiento que debe existir entre el aprendizaje del Evangelio y otros estudios meritorios?

El presidente John Taylor, tercer Presidente de la Iglesia, dijo: “Debemos fomentar la educación y el desarrollo del intelecto en todo sentido; cultivar gustos literarios y las personas con talentos literarios y científicos deben perfeccionarlos; y todos debemos magnificar los dones que Dios nos ha dado… Si hay algo bueno y digno de encomio, ya sea en valores morales, religión, ciencia o cualquier otra cosa que exalte y ennoblezca al hombre, debemos apoyarlo. Pero, en todo lo que logremos, debemos obtener comprensión, esa comprensión que proviene de Dios” (The Gospel Kingdom, sel. G. Homer Durham, 1943, pág. 277).

Mientras prestaba servicio en el Quórum de los Doce, el élder Gordon B. Hinckley dio un discurso en el que citó el mandamiento del Salvador: “aprended de mí” (Mateo 11:29). Después dijo: “Deseo sugerirles que obedezcan ese mandamiento que dio el Hijo de Dios. En conjunción con el aprendizaje que hagan, aprendan de Él; junto con todo lo que estudien, busquen conocimiento del Maestro. Ese conocimiento complementará de forma maravillosa la capacitación laica que reciban, brindará plenitud a su vida y moldeará su carácter de una manera única, imposible de lograr de ninguna otra forma” (en Conference Report, octubre de 1964, pág. 118; o Improvement Era, diciembre de 1964, pág. 1092).

• ¿Qué les ha hecho saber que el conocimiento de las cosas de Dios es más importante que cualquier otro tipo de conocimiento?

3. Debemos seguir aprendiendo durante toda la vida.

Explique que el Señor y Sus profetas siempre han hecho hincapié en la importancia que tiene el aprender. Por consiguiente, debemos seguir aprendiendo durante toda la vida.

El élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce, dijo: “Por el carácter sagrado que tiene para nosotros el intelecto humano, consideramos que el obtener una educación es una responsabilidad religiosa… Nuestro Creador espera que Sus hijos de todas partes sean autodidactas” (“¿Dónde se halla la sabiduría?”, Liahona, enero de 1993, pág. 6).

Escriba en la pizarra las preguntas siguientes:

¿Por qué debemos aprender? ¿Qué debemos aprender? ¿Cómo debemos aprender?

Lea con los miembros de la clase los pasajes de las Escrituras que se dan a continuación. Pida a los miembros de la clase que busquen respuestas a las preguntas que se encuentran en la pizarra y anote las respuestas debajo de las preguntas correspondientes.

  • D. y C. 6:7

  • D. y C. 11:21–22

  • D. y C. 19:23

  • D. y C. 88:76–80, 118

  • D. y C. 90:15

  • D. y C. 93:36–37, 53

  • D. y C. 130:18–19

  • D. y C. 131:6

  • D. y C. 136:32–33

• ¿Por qué será que se nos ha mandado aprender sobre tantas cosas diferentes?

El presidente Gordon B. Hinckley enseñó a los jóvenes la valía que tiene la educación: “Es muy importante que ustedes, jovencitos y jovencitas, obtengan toda la instrucción posible. El Señor ha dicho muy claramente que Su pueblo debe obtener conocimiento de los países y reinos y de las cosas de la tierra mediante el proceso de la instrucción, tanto por el estudio como por la fe. La instrucción académica es la llave que abre la puerta a las oportunidades y merece la pena sacrificarse en su favor. Merece la pena esforzarse por ello, y si educan la mente y las manos, serán capaces de realizar una gran contribución a la sociedad de la que forman parte, y su ejemplo honrará a la Iglesia de la que son miembros. Mis jóvenes hermanos y hermanas, hagan todo lo posible por aprovechar cada oportunidad que se les presente de recibir instrucción; y ustedes, padres y madres, animen a sus hijos e hijas a recibir la instrucción académica que bendecirá la vida de ellos” (“Pensamientos inspiradores”, Liahona, junio de 1999, págs. 4–5).

• ¿Qué oportunidades tenemos de adquirir una educación académica? (Entre las respuestas estarían la escuela secundaria, la escuela industrial [donde se enseñan oficios], los colegios universitarios y técnicos, y las universidades.) ¿Cómo beneficia nuestra vida la educación académica? ¿Qué podemos hacer para sacar mayor provecho de las oportunidades que tengamos de adquirir una educación académica?

• El presidente Brigham Young enseñó: “Nuestra educación académica debe dar como resultado el mejorar nuestro intelecto y hacer que seamos más útiles, con el fin de prestar mejor servicio a la familia humana” (Discourses of Brigham Young, sel. John A. Widtsoe, 1941, pág. 255). ¿Cómo puede la educación ser de ayuda para que prestemos servicio a nuestra familia y a otras personas? ¿Cómo puede sernos de ayuda la educación en nuestros esfuerzos por contribuir a la edificación del reino de Dios? Pida a los miembros de la clase que hablen sobre experiencias en las que la educación les haya ayudado en sus esfuerzos por prestar servicio a los demás.

• Lea D. y C. 90:15 con los miembros de la clase. ¿En qué forma se han beneficiado por medio del estudio de libros buenos?

• ¿Cuáles son las responsabilidades que tenemos como padres en relación con la enseñanza de nuestros hijos? (Véase D. y C. 68:25–28. Haga hincapié en que los padres tienen la importante responsabilidad de ayudar a sus hijos a aprender el Evangelio. Ellos, además, deben enseñarles cosas prácticas tales como la forma de mantener una buena salud, trabajar diligentemente, llevarse bien con los demás, saber administrar el dinero y obtener una buena educación académica.)

• ¿Qué pueden hacer los padres para alentar a sus hijos a adquirir un deseo de aprender que dure toda la vida?

Durante el tiempo en que prestó servicio en el Quórum de los Doce, el élder Gordon B. Hinckley hizo hincapié en la importancia de alentar a los niños a leer: “Sabéis que vuestros niños leerán; leerán libros, revistas y periódicos. Cultivad en ellos el gusto por las cosas buenas. Mientras sean muy pequeñitos, leedles las grandes historias que se han convertido en inmortales por las virtudes que enseñan; exponedlos a los buenos libros. Escoged un rincón en algún lugar de vuestra casa, por muy pequeño que sea, en donde vean por lo menos unos cuantos libros de los que se puedan alimentar y nutrir la mente” (“Resistamos el mal”, Liahona, febrero de 1976, pág. 29).

El presidente Thomas S. Monson nos recordó que los niños pequeños pueden comprender las enseñanzas de las Escrituras: “El… distintivo de un hogar feliz se descubre cuando el hogar es una fuente de aprendizaje… El Señor nos ha exhortado: ‘…buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe’ (D. y C. 88:118). Los libros canónicos son la fuente de aprendizaje a la cual me refiero. Tengamos cuidado de no subestimar la capacidad de los niños para leer y comprender la palabra de Dios” (“Distintivos de un hogar feliz”, Liahona, enero de 1989, págs. 72–73).

Si desea analizar con la clase el tema de la enseñanza de los niños en forma más detallada, consulte las páginas 143–167 del manual La enseñanza: El llamamiento más importante, en su nueva edición del año 2000 (36123 002). La lección 45 de ese manual analiza también la responsabilidad que tienen los padres de enseñar a sus hijos.

• ¿Qué clase de lectura debemos evitar?

El presidente Ezra Taft Benson, del Quórum de los Doce, enseñó: “Con la cantidad de libros disponibles en la actualidad, lo que distingue a un hombre verdaderamente culto es que sabe lo que no debe leer… Lean sólo lo mejor. Al igual que la madre de John Wesley [evangelista y fundador del metodismo, 1703–1791] aconsejó a su hijo: ‘Evita cualquier cosa que debilite tu buen juicio, que afecte la sensibilidad de tu conciencia, que confunda tu aceptación de Dios, que disminuya tu entusiasmo por las cosas espirituales… y que aumente la autoridad de tu cuerpo sobre la de tu mente’ “ (“In His Steps”, en 1979 Devotional Speeches of the Year, 1980, pág. 61).

• Además de obtener una educación académica y de leer buenos libros, ¿qué podemos hacer para seguir aprendiendo a lo largo de la vida?

4. En el templo obtenemos una educación de lo eterno.

Explique que a fines de junio de 1833, el profeta José Smith envió un plano para la construcción de la ciudad de Sión a los santos de Independence, Misuri.

Ponga a la vista el plano de la ciudad de Sión que está a continuación. Explique que en el centro de la ciudad, los santos habían de construir un templo. Aun cuando no pudieron edificar la ciudad de Sión, tuvieron en cuenta ese concepto al edificar Salt Lake City.

City of Zion

• ¿Qué aprendemos del plan de construir un templo en el centro de la ciudad de Sión? (Entre las respuestas se puede decir que el templo es un centro de aprendizaje para los miembros de la Iglesia y que debemos hacer que el templo sea el centro de nuestra vida.)

• Lea D. y C. 88:119 con los miembros de la clase. Haga hincapié en el hecho de que el templo es “una casa de instrucción”. ¿En qué forma nos enseña el Señor cuando asistimos al templo? ¿Qué podemos hacer para recibir el conocimiento que está a nuestra disposición en el templo?

El élder John A. Widtsoe, del Quórum de los Doce, enseñó: “El templo es un lugar de instrucción. Allí se repasan los principios del Evangelio y se revelan las profundas verdades del reino de Dios. Si vamos al templo con el espíritu correcto y estamos atentos, saldremos de él con mayor conocimiento del Evangelio y sabiduría” (“Looking Toward the Temple”, Ensign, enero de 1972, págs. 56–57).

El élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce, dijo:

“El templo es una excelente escuela, es una casa de aprendizaje. En él se conserva el ambiente que sea propicio para la instrucción sobre asuntos esencialmente espirituales…

“La ceremonia del templo no se comprenderá cabalmente la primera vez que uno allí asista; se entenderá sólo en parte. Volved, pues, al templo una y otra vez. Volved para aprender. Las cosas que os han inquietado, o las que os han estado confundiendo o que os han parecido misteriosas os serán dadas a conocer. Muchas de ellas serán las cosas tranquilas y personales que en realidad no podéis explicar a nadie. No obstante, para vosotros son cosas conocidas…

“Por tanto, fijad vuestra mira en el templo. Orientad los pensamientos de vuestros hijos hacia el templo. Desde los días de su más tierna infancia, dirigid su atención hacia la casa del Señor y comenzad a prepararlos para el día en que ellos puedan entrar en él.

“Mientras tanto, sed dóciles vosotros mismos, sed reverentes; absorbed profundamente las enseñanzas —las enseñanzas simbólicas y esencialmente espirituales— que se imparten únicamente en el templo” (El santo templo, [30959 002], págs. 6, 8).

Recuerde a los miembros de la clase que las ordenanzas y las ceremonias del templo son sagradas y no debemos hablar sobre aspectos específicos de éstas fuera del templo. Pida a los alumnos que recuerden este principio al responder a la pregunta siguiente:

• ¿Cuáles son algunas de las verdades que han aprendido por medio de la asistencia al templo?

Aliente a los miembros de la clase a asistir al templo tan seguido como les sea posible. El presidente Ezra Taft Benson preguntó: “¿Volvemos al templo a menudo para recibir las bendiciones personales que se obtienen cuando se va con regularidad a la Casa del Señor? En los santos templos del Señor se recibe respuesta a las oraciones, se obtiene revelación y se nos concede la instrucción del Espíritu” (“Venid a Cristo, y perfeccionaos en Él”, Liahona, julio de 1988, pág. 85).

Conclusión

Aliente a los miembros de la clase a continuar aprendiendo durante toda la vida para no sólo beneficiarse ellos mismos sino también para poder servir mejor a los demás. Recuérdeles el mandamiento del Señor que dice: “…buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118).

Testifique, tal como se lo indique el Espíritu, de las verdades que se hayan analizado durante la lección. Si lo desea, exprese gratitud por las oportunidades que usted haya tenido de aprender.

Sugerencias adicionales para la enseñanza

Si lo desea, utilice una o más de las ideas que se dan a continuación con el fin de complementar la reseña sugerida para la lección.

1. Cómo aplicar el consejo que se registra en Doctrina y Convenios 88:121–126

• Lea D. y C. 88:121–126 con los miembros de la clase. Explique que los principios que se enseñan en este pasaje pueden beneficiarnos en todos los aspectos de nuestra vida. ¿Qué experiencias han tenido ustedes que les hayan demostrado la importancia de estos principios?

2. Cómo aprender sin sentirnos abrumados por todo lo que haya que saber

• ¿Cómo podemos seguir aprendiendo sin sentirnos abrumados por todo lo que haya que aprender?

El presidente Wilford Woodruff aconsejó: “No se sientan desalentados si no pueden aprender todo al mismo tiempo; aprendan una cosa a la vez, háganlo bien y atesoren lo que hayan aprendido; después aprendan otra verdad y atesórenla también, y en pocos años habrán acumulado un gran conocimiento útil que no sólo será una gran bendición para ustedes y sus hijos, sino también para sus semejantes” (The Discourses of Wilford Woodruff, sel. G. Homer Durham, 1946, pág. 269).

Si lo desea, como parte del análisis, lea con los miembros de la clase D. y C. 78:17–18.

3. El aprendizaje del Evangelio en las clases de seminario e instituto

Lea la siguiente declaración del presidente Gordon B. Hinckley: “El programa educativo de la Iglesia sigue adelante. La obra de enseñar a los alumnos en el programa de seminarios e institutos aumenta constantemente… Exhortamos a que todos los que puedan hagan uso del mismo. No dudamos en prometeros que vuestro conocimiento del Evangelio aumentará, vuestra fe se fortalecerá y desarrollaréis maravillosas amistades con personas que tienen intereses comunes” (“Un milagro hecho posible por la fe”, Liahona, julio de 1984, pág. 85).

Si en su zona se llevan a cabo clases de seminario o de instituto, quizás desee durante el análisis alentar a los jóvenes a inscribirse en ellas. Considere hacer las preguntas siguientes:

• ¿Qué experiencias han tenido en seminario (o instituto) que les hayan sido de provecho de alguna forma? ¿Qué podemos hacer para alentar a otras personas a asistir a seminario (o instituto)?

4. Cómo perfeccionar nuestros talentos por medio de la instrucción

Repase la parábola de los talentos (Mateo 25:14–30; véase también D. y C. 82:18). Pida a los miembros de la clase que anoten sus talentos e intereses en una hoja de papel. Analice con ellos cómo la instrucción secular y religiosa puede ayudarlos a perfeccionar esos talentos e intereses.