“…no seáis engañados, sino continuad con firmeza”

Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia: Manual para el maestro, 2000


Objetivo

Que los miembros de la clase comprendan cómo pueden evitar el ser engañados y la apostasía.

Preparación

  1. 1.

    Estudie Doctrina y Convenios 26; 28; 43:1–7; 50; 52:14–19 y los demás pasajes de las Escrituras que se mencionan en la lección, y ore al respecto.

  2. 2.

    Repase el material de esta lección en la Guía de estudio para el miembro de la clase (35686 002) y planifique la forma en que lo utilizará durante la lección.

  3. 3.

    Consiga una lámina con las fotografías de las Autoridades Generales actuales en un ejemplar de la revista Liahona que contenga los discursos de la conferencia general más reciente.

  4. 4.

    Si lo desea, asigne a algunos miembros de la clase para que relaten las historias que se encuentran en la primera parte de la lección. Proporcióneles copias de los relatos con anticipación.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar el interés

Si lo considera apropiado, utilice la siguiente actividad o una de su preferencia para comenzar la lección.

Escriba las siguientes frases en la pizarra:

Medio litro de crema

Un nombre mal escrito

No había asientos disponibles en la dedicación del Templo de Kirtland

Diga a los miembros de la clase que estas frases tienen algo en común. Todas son razones que dieron para apostatar ciertos miembros de la Iglesia en sus comienzos.

Explique que la lección de hoy analiza cómo evitar la apostasía individual. Estas frases y los relatos que se relacionan con ellas se explicarán más adelante en la lección.

Análisis y aplicación

Con oración, escoja el material de la lección que satisfaga mejor las necesidades de los miembros de su clase. Analice con la clase cómo se aplica el material escogido a la vida diaria.

1. Es preciso reconocer los engaños que utiliza Satanás para llevarnos a la apostasía.

Explique que durante los primeros años de la Iglesia, algunos miembros fueron engañados por Satanás y llevados a la apostasía o a rebelarse contra Dios. Unos pocos de ellos se convirtieron en enemigos de la Iglesia y colaboraron en la persecución de los santos en Ohio y Misuri. En la actualidad, en nuestra calidad de miembros de la Iglesia, debemos ser fieles y estar alertas para no dejarnos engañar.

• Lea D. y C. 50:2–3 y 2 Nefi 2:18, 27 con los miembros de la clase. ¿Por qué quiere Satanás engañarnos? ¿Cuáles son algunas de las formas en que Satanás trata de engañarnos y llevarnos a la apostasía? (Utilice la siguiente información para analizar las respuestas que se den con los miembros de la clase o para añadir información al respecto. Escriba los títulos en la pizarra.)

No reconocer que el Profeta es la fuente de revelación para la Iglesia

Algunos miembros son engañados por falsos profetas. El siguiente relato demuestra cómo ciertas revelaciones falsas engañaron temporariamente a varios santos durante los primeros días de la Iglesia.

En 1830, Hiram Page, uno de los Ocho Testigos del Libro de Mormón, poseía cierta piedra por medio de la cual decía recibir revelaciones sobre el establecimiento de Sión y el orden de la Iglesia. Oliver Cowdery y los Whitmer, entre otros, creían en lo que afirmaba Page. Sin embargo, el profeta José Smith dijo que esas afirmaciones “estaban en total discrepancia con el orden de la casa de Dios, según se encuentra en el Nuevo Testamento así como en nuestras últimas revelaciones” (History of the Church, tomo I, pág. 110).

El Profeta oró sobre el asunto y recibió una revelación en la que el Señor dejó bien en claro que sólo el Presidente de la Iglesia tiene derecho a recibir revelaciones para toda la Iglesia (D. y C. 28). El Señor dio instrucciones a Oliver Cowdery de ir a hablar con Hiram Page y decirle que las revelaciones que provenían de la piedra eran de Satanás (D. y C. 28:11). Después de oír las instrucciones del Señor, “el hermano Page, así como también todos los miembros de la Iglesia que se encontraban presentes, declararon falsa la piedra y todo lo relacionado con ella” (History of the Church, tomo I, pág. 115).

El orgullo

Algunos miembros son engañados a causa de su orgullo. El siguiente relato ilustra cómo el orgullo llevó a Thomas B. Marsh, en ese entonces Presidente del Quórum de los Doce, y a su esposa Elizabeth a la apostasía.

Mientras vivían en Far West, Misuri, la hermana Marsh y la hermana Harris acordaron intercambiar leche a fin de poder hacer quesos más grandes de lo regular. Con ese fin, estuvieron de acuerdo en enviarse la leche junto con la crema o gordura de la leche de sus vacas. Sin embargo, la hermana Marsh se guardó medio litro de crema de la leche de cada una de las vacas y mandó a la hermana Harris la leche sin la crema.

Se suscitó una disputa y el asunto fue llevado al obispo, pero cuando éste determinó que la hermana Marsh había violado el acuerdo, ella y su esposo se sintieron tan ofendidos que apelaron al sumo consejo y después a la Primera Presidencia, que confirmaron la decisión original de que la hermana Marsh no había actuado bien.

Thomas B. Marsh declaró que defendería la entereza de su esposa. Poco después se volvió contra la Iglesia y fue a ver a un funcionario del gobierno para declarar que los Santos de los Últimos Días eran enemigos del estado de Misuri. (Véase George A. Smith, en Journal of Discourses, tomo III, págs. 283–284.)

El presidente Gordon B. Hinckley dijo al respecto: “Qué cosa tan trivial e insignificante: un poco de crema por la cual discutieron dos mujeres; sin embargo, el hecho condujo, o por lo menos resultó un factor determinante, en la cruel y exterminadora orden del gobernador de Misuri de arrojar a los santos de ese estado, más todas las lamentables consecuencias que siguieron. El hombre que tendría que haber solucionado la disputa, pero que en cambio la siguió… perdió su posición en la Iglesia y su testimonio del Evangelio” (“De las cosas pequeñas proceden las grandes”, Liahona, julio de 1984, pág. 36).

Después de 19 años de tinieblas y resentimientos, Thomas B. Marsh emprendió el camino al Valle del Gran Lago Salado y pidió a Brigham Young que lo perdonara y le permitiera ser bautizado nuevamente en la Iglesia. Además, escribió a Heber C. Kimball, Primer Consejero de la Primera Presidencia: “…he comenzado a darme cuenta de mi situación… Sé que he pecado contra el cielo y ante vuestra vista”. Después describió la lección que había aprendido: “El Señor se las puede arreglar muy bien sin mí, y no perdió nada cuando yo me alejé de las filas de la Iglesia, pero en cambio yo, ¡cuánto perdí! Riquezas, grandes riquezas, que ni este mundo ni muchos planetas como éste podrían proporcionar” (citado por el presidente James E. Faust, Liahona, julio de 1996, pág. 6).

• ¿Qué aprendemos de este relato? ¿Han visto alguna vez que el orgullo llevara a la gente a dejarse engañar y a la apostasía? ¿Qué promete el Señor a quienes se humillen ante Él? (Véase D. y C. 112:2–3, 10; Éter 12:27. Adviértase que la revelación registrada en D. y C. 112 es una revelación dada por medio del profeta José Smith a Thomas B. Marsh.)

El criticar los defectos de los líderes

Algunos miembros de la Iglesia son engañados cuando comienzan a criticar los defectos de los líderes de la Iglesia. El siguiente relato demuestra cómo Simonds Ryder fue engañado de esa forma.

Simonds Ryder se convirtió a la Iglesia en 1831. Tiempo después, recibió una carta firmada por el profeta José Smith y Sidney Rigdon en la que se le informaba que la voluntad del Señor, la cual había sido manifestada por medio del Espíritu, era que él predicara el Evangelio. Tanto en la carta que recibió como en la asignación oficial de predicar, su nombre se había escrito Rider en lugar de Ryder. Simonds Ryder “pensó que si el Espíritu por medio del cual él había sido llamado a predicar podía equivocarse al escribir su nombre, podría también haberse equivocado al llamarlo para predicar, o, en otras palabras, había sido llevado a dudar si su llamamiento provenía del Espíritu de Dios, ¡todo debido a un error al escribir su nombre!” (History of the Church, tomo I, pág. 261). Más tarde, Simonds Ryder apostató de la Iglesia.

• ¿Qué aprendemos de este relato? ¿Por qué al criticar a los líderes de la Iglesia nos volvemos más susceptibles al engaño?

El ser ofendidos

Algunos miembros de la Iglesia se sienten ofendidos por lo que hacen otros y permiten que esa ofensa crezca hasta que terminan apostatando. Un ejemplo de eso se ilustra con el siguiente relato.

Cuando se terminó la construcción del Templo de Kirtland, muchos santos se congregaron para la dedicación. Los asientos en el templo se llenaron rápidamente y a muchas personas se les permitió permanecer de pie, pero aún así no hubo lugar para que todos pudiesen entrar en el edificio. El élder Frazier Eaton, que había donado $700 dólares para edificar el templo, llegó después de que éste se hubiera llenado y, por consiguiente, no se le permitió entrar para la dedicación. Al día siguiente la dedicación se repitió para los que no habían podido entrar el primer día, pero eso no conformó a Frazier Eaton, que apostató. (Véase George A. Smith, en Journal of Discourses, tomo XI, pág. 9.)

• ¿Qué aprendemos de este relato? En la actualidad, ¿de qué manera permitimos sentirnos ofendidos por los demás? ¿Por qué el sentirnos ofendidos puede llevarnos a la apostasía? Si nos sentimos ofendidos, ¿qué podemos hacer para superar ese sentimiento?

• Lea D. y C. 64:8–11 y 82:1 con los miembros de la clase. ¿A quiénes nos manda perdonar el Señor? ¿Por qué a veces es difícil perdonar? ¿Cuáles son algunas de las consecuencias que acarrea el no perdonar a alguien? ¿Qué podemos hacer para poder perdonar a alguien a quien todavía no hayamos perdonado?

El buscar explicación para la desobediencia

El buscar explicación, dar excusas o defender un comportamiento impropio es buscar la forma de tranquilizar la conciencia por hacer algo que sabemos está mal.

• ¿Por qué es el buscar explicaciones o excusas una forma de engaño? ¿En qué forma tratamos muchas veces de buscar excusas para nuestro comportamiento? ¿Por qué es eso peligroso? ¿Qué podemos hacer para darnos cuenta de que lo estamos haciendo y dejar de hacerlo?

El aceptar las enseñanzas falsas del mundo

• ¿Cuáles son algunas de las enseñanzas falsas del mundo que pueden engañar a los miembros de la Iglesia y llevarlos a la apostasía? (Entre los ejemplos que se den podrían estar el falso concepto de que los mandamientos de Dios son demasiado estrictos, que la inmoralidad es aceptable y que los bienes materiales son más importantes que las cosas espirituales.)

El obispo presidente H. David Burton enseñó: “Una de [las] alevosas estrategias [de Satanás] es la de debilitar poco a poco nuestros sentidos en lo que concierne a lo bueno y lo malo. Satanás desea convencernos de que la mentira y el engaño están de moda; nos induce hacia la pornografía, haciéndonos pensar que ésta nos prepara para enfrentar el mundo verdadero. Desea hacernos creer que la inmoralidad es un modo atractivo de vida, y que la obediencia a los mandamientos de nuestro Padre Celestial está pasada de moda. Constantemente nos asedia con propaganda ilusoria presentada de una manera atractiva y cuidadosamente enmascarada” (“Los héroes”, Liahona, julio de 1993, pág. 53).

2. Podemos permanecer valientes en nuestro testimonio y evitar el engaño.

Explique que el Señor nos ha dado muchas bendiciones y mandamientos para ayudarnos a permanecer valientes en nuestro testimonio y evitar el engaño.

• ¿Qué podemos hacer para evitar ser engañados y caer en la apostasía? (Utilice la información que se da a continuación para desarrollar el análisis.)

Podemos saber sin ninguna duda a quién ha llamado el Señor para dirigir la Iglesia

• Durante los primeros años de la Iglesia, muchas personas afirmaron haber recibido revelaciones para dirigir la Iglesia o corregir al profeta José Smith. ¿Qué reveló el Señor en respuesta a esas afirmaciones? (Véase D. y C. 28:2, 6–7; 43:1–3. Indique que D. y C. 28 es el registro de una revelación que se recibió cuando Hiram Page aseguraba recibir revelaciones para toda la Iglesia y que D. y C. 43 se reveló cuando otras personas hicieron afirmaciones semejantes.)

• ¿Quién recibe revelaciones y mandamientos para toda la Iglesia en la actualidad?

El presidente Joseph F. Smith y sus Consejeros de la Primera Presidencia enseñaron: “El Señor ha nombrado… a un hombre a la vez sobre la tierra para que posea las llaves de la revelación para toda la Iglesia en lo concerniente a sus organizaciones, autoridades, ordenanzas y doctrinas. El espíritu de revelación se confiere a todos los miembros para su propio beneficio y guía con el fin de que cada uno reciba inspiración de acuerdo con la jurisdicción en la cual haya sido llamado a trabajar. Sin embargo, para toda la Iglesia, sólo quien está a su cabeza ha sido llamado para recibir revelaciones que se reconocen como mandamientos y dar fin a toda posible controversia”

(Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 242).

• ¿Cómo podemos evitar ser engañados por quienes aseguren falsamente haber recibido revelación para la Iglesia? (Véase D. y C. 43:4–7.)

• Lea D. y C. 26:2 y 28:13 con los miembros de la clase. ¿Qué es el principio de común acuerdo? (Véase D. y C. 20:65; 42:11. Es una práctica por medio de la cual demostramos que estamos dispuestos a sostener a quienes hayan sido llamados a servir en la Iglesia, por lo general alzando la mano derecha.) ¿Por qué nos protege de ser engañados el principio de común acuerdo? (Nos permite saber a quiénes se han llamado para presidir y administrar la Iglesia, y de esa forma evitar el ser engañados por las afirmaciones de quienes no hayan sido llamados en forma correcta.)

Ponga a la vista la lámina con las fotos de las Autoridades Generales actuales (véase la sección “Preparación”, punto número 3). Haga hincapié en la bendición que tenemos de sostener a esos líderes y de seguir su consejo.

Debemos estudiar las Escrituras y las doctrinas de la Iglesia

• Lea D. y C. 1:37 y 33:16 con los miembros de la clase. Explique que en Doctrina y Convenios, el Señor enseña repetidas veces la importancia de estudiar las Escrituras. ¿Por qué el estudio de las Escrituras y de las palabras de los profetas de los últimos días evita que seamos engañados? (Entre las respuestas podría estar todo lo que se menciona a continuación.)

  1. a.

    Podemos discernir mejor la veracidad de un concepto al compararlo con las verdades que aprendemos de las Escrituras y de nuestros líderes actuales.

    El presidente Harold B. Lee enseñó: “Si [alguien] escribe algo o dice algo que va más allá de cualquier cosa que se pueda encontrar en los libros canónicos de la Iglesia, con excepción de que ese alguien sea el profeta, vidente y revelador —fíjense bien en cuál es la única excepción—, digan inmediatamente: ‘Bueno, ésa es la opinión de él’. Y si él dice algo que contradiga lo que se encuentra en los libros canónicos de la Iglesia, sabrán del mismo modo que es falso” (The Teachings of Harold B. Lee, ed. Clyde J. Williams, 1996, págs. 540–541).

  2. b.

    El estudio de las Escrituras fortalece nuestro testimonio y por tanto hace menos probable que nos contentemos demasiado en lo que respecta a nuestra rectitud personal, y al mismo tiempo, hace menos probable que nos dejemos influenciar por doctrinas falsas.

El presidente Lee enseñó: “Si no leemos las Escrituras a diario, nuestro testimonio se debilitará y la profundidad de nuestra espiritualidad no aumentará” (The Teachings of Harold B. Lee, pág. 152).

• ¿Cómo les ha protegido el estudio de las Escrituras de ser engañados?

Debemos comprender que las cosas de Dios siempre nos edificarán

El profeta José Smith explicó que poco después de que los santos se establecieran en Kirtland, “se insinuaron muchos espíritus falsos, se vieron muchas visiones extrañas y se predicaron descabelladas y obstinadas ideas. Bajo la influencia de este espíritu los hombres salían corriendo afuera, y algunos se subían a los troncos de los árboles, y se ponían a gritar y a darse a toda clase de extravagancias… Se hicieron muchas cosas ridículas que tenían por objeto avergonzar a la Iglesia de Dios, causar que fuese retirado el Espíritu de Dios” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 259). Preocupado por esas excesivas manifestaciones espirituales, el Profeta acudió al Señor. La revelación registrada en D. y C. 50 es la respuesta del Señor.

• Lea D. y C. 50:17–24 con los miembros de la clase. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de cómo discernir las cosas que provienen de Dios de las cosas de Satanás? (Las cosas de Dios nos edificarán al esclarecer nuestra mente y al ayudarnos a crecer espiritualmente. Ellas nos harán desear seguir al Salvador y mejorar nuestra vida. Las cosas de Satanás tendrán el efecto contrario.)

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “No hay mayor verdad que la que dice: ‘lo que no edifica no es de Dios’, y lo que no es de Dios es tinieblas. No importa si proviene disfrazada de religión, ética, filosofía o revelación. Ninguna revelación de Dios dejará de edificar” (Church History and Modern Revelation, 2 tomos, 1953, tomo I, págs. 201–202).

Debemos poner en práctica la norma del Señor para protegernos del engaño

El Señor dio la revelación registrada en D. y C. 52 el día después de la conferencia en Kirtland. En esa revelación proporciona la norma por medio de la cual podemos evitar ser engañados.

• Lea D. y C. 52:14–19 con los miembros de la clase. De acuerdo con estos versículos, ¿cuáles son las características de los maestros que son “de Dios”? ¿Por qué puede la norma dada en este pasaje ayudarnos a evitar ser engañados?

Conclusión

Repase los engaños de Satanás que llevan a la apostasía. Repase el consejo que el Señor nos ha dado para protegernos del engaño. Haga hincapié en que a medida que sigamos ese consejo, el Espíritu del Señor nos mantendrá en el camino de la verdad. Testifique, como se lo indique el Espíritu, de las verdades analizadas durante la lección.

Sugerencias adicionales para la enseñanza

Si lo desea, utilice una o ambas de las ideas que se dan a continuación con el fin de complementar la reseña sugerida para la lección.

1. Actividad para dar comienzo a la primera parte de la lección

Escriba una nota para cada miembro de la clase con un pequeño mensaje de agradecimiento, una asignación para leer un pasaje de las Escrituras en clase o para participar de alguna otra forma. Sin embargo, de una forma insignificante, escriba equivocado el nombre de la persona cambiando, agregando o sacando alguna letra. Reparta los papeles al empezar la primera parte de la lección para dar comienzo al relato de Simonds Ryder y de las demás historias de esa sección.

2. Consejo adicional acerca de cómo fortalecernos en contra de la apostasía

El élder Carlos E. Asay, de los Setenta, definió las cosas que podemos hacer para fortalecernos en contra de la apostasía.

“1. Evitad a aquellos que debiliten vuestra fe…

“2. Obedeced los mandamientos…

“3. Seguid a los profetas vivientes…

“4. No contendáis ni discutáis sobre temas doctrinales [véase 3 Nefi 11:29]…

“5. Escudriñad las Escrituras…

“6. No os desviéis de la misión de la Iglesia…

“7. Orad por vuestros enemigos…

“8. Practicad la ‘religión pura’ [véase Santiago 1:27 y Alma 1:30]…

“9. Recordad que puede haber muchas preguntas a las cuales no podamos dar respuesta y que algunas cosas deben aceptarse simplemente por fe” (“La oposición a la obra de Dios”, Liahona, febrero de 1982, págs. 119–121).