“Oh Dios, ¿en dónde estás?”

Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia: Manual para el maestro, 2000


Objetivo

Tratar de que los miembros de la clase se vuelvan al Salvador en momentos de adversidad para poder soportarla mejor.

Preparación

  1. 1.

    Estudie los pasajes de las Escrituras y demás materiales que se mencionan a continuación, y ore al respecto:

    1. a.

      Doctrina y Convenios 121:1–33; 122 y demás pasajes de las Escrituras que se mencionan en la lección.

    2. b.

      Nuestro Legado, págs. 45–53.

  2. 2.

    Repase el material de esta lección en la Guía de estudio para el miembro de la clase (35686 002) y planifique la forma en que lo utilizará durante la lección.

  3. 3.

    Con anticipación, pida a uno o dos miembros de la clase que hablen brevemente sobre lo que hayan aprendido a causa de la adversidad y cómo hayan madurado por medio de ella. Asegúrese de que se sientan cómodos de hablar sobre ese tema.

  4. 4.

    Si va a utilizar la actividad para despertar el interés, lleve a clase una hoja de papel y un lápiz o una pluma para cada miembro.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar el interés

Si lo considera apropiado, utilice la siguiente actividad o una de su preferencia para comenzar la lección.

Entregue a cada miembro una hoja de papel y un lápiz o una pluma. Pídales que anoten una dificultad o adversidad que hayan tenido. Una vez que terminen, pídales que escriban lo que hayan aprendido de ella y en qué forma les ha ayudado a progresar.

Explique que esta lección es acerca de allegarse al Señor en momentos de adversidad para poderla superar. Dígales que más tarde tendrán la oportunidad de hablar sobre lo que hayan escrito.

Análisis y aplicación

Con oración, escoja el material de la lección que satisfaga mejor las necesidades de los miembros de su clase y aliéntelos a compartir experiencias que se relacionen con los principios de las Escrituras.

Resuma brevemente los acontecimientos que se mencionan a continuación, los cuales ocurrieron en Misuri. Si lo desea, haga referencia a Nuestro Legado, págs. 45–49; a la cronología de acontecimientos que se encuentra en la página 181 de este manual y al mapa nº 2 en la página 320 de este manual y en la pág. 34 de la Guía de estudio para el miembro de la clase.

Después que los santos fueron expulsados del condado de Jackson a fines de 1833, encontraron refugio en el cercano condado de Clay, hasta que les pidieron que se fueran en 1836. De allí, se mudaron a unos 75 kilómetros al norte y establecieron la localidad de Far West y otros poblados más pequeños a los alrededores.

La Iglesia prosperó por algún tiempo en el norte de Misuri. La población creció rápidamente y se dedicaron sitios para templos en Far West y en Adán-ondi- Ahmán. Sin embargo, seguían los conflictos entre algunos de los santos y varios líderes fueron excomulgados, entre ellos Oliver Cowdery y David Whitmer.

Además de la disensión que había entre algunos miembros de la Iglesia, existían todavía conflictos con otros residentes del norte de Misuri. En 1838, los populachos y militares comenzaron de nuevo los ataques. El 25 de octubre, tres miembros de la Iglesia fueron muertos durante una batalla en el río Crooked, entre ellos un Apóstol, el élder David W. Patten. Dos días después, el gobernador Lilburn W. Boggs de Misuri dictó una orden en la que decía: “Debemos tratar a los mormones como enemigos y es preciso exterminarlos o expulsarlos del estado” (Véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 227).

El 30 de octubre, una turba integrada por aproximadamente 200 hombres mató a 17 hombres y muchachos en Haun’s Mill. Al día siguiente, José Smith y unos 50 líderes más de la Iglesia fueron arrestados bajo acusaciones falsas. La mayoría de ellos quedaron libres en el transcurso de tres semanas. Sin embargo, seis de ellos, entre los que se encontraba José Smith y su hermano Hyrum, quedaron detenidos a pesar de su inocencia. En noviembre los trasladaron primero a Independence, después a Richmond y luego a Liberty, donde permanecieron presos en la cárcel de Liberty hasta abril de 1839.

Liberty Jail

Las condiciones de la cárcel de Liberty eran terribles. A los prisioneros los tenían encarcelados en el sótano, que era como una mazmorra, oscura, fría e insalubre. La comida era insuficiente y repulsiva. El Profeta y sus compañeros sólo tenían un poco de paja y el piso de piedra por cama, y unas escasas frazadas para taparse. El techo era tan bajo que algunos de los hermanos, entre ellos José y Hyrum, no podían erguirse. Además, estaban permanentemente bajo amenaza de muerte.

Mientras el Profeta estaba preso, unos ocho mil santos de Misuri fueron forzados a dejar sus hogares como resultado de la orden de exterminio del gobernador. A muchos de ellos las turbas los robaron, los golpearon y los mataron mientras huían al estado de Illinois. Al llegar a oídos del Profeta el sufrimiento de los santos, oró pidiendo ayuda al Señor. En respuesta, el Señor le dio algunas revelaciones extraordinarias, las cuales el Profeta adjuntó a una carta que escribió a los líderes de la Iglesia en Quincy, estado de Illinois, quienes estaban dirigiendo el éxodo de los santos de Misuri. Partes de esas revelaciones pasaron a formar las secciones 121, 122 y 123 de Doctrina y Convenios.

1. La oración de José Smith en la cárcel de Liberty y la respuesta del Señor.

• Lea D. y C. 121:1–6 con los miembros de la clase. ¿Qué indican esos versículos acerca de los sentimientos y los pensamientos que embargaban a José Smith en ese momento?¿Qué le pidió él al Señor? ¿Qué piensan ustedes al leer las súplicas que José Smith hizo al Señor en esos versículos?

• La respuesta del Señor a la oración de José Smith se registra en D. y C. 121:7–33 y D. y C. 122. Lea D. y C. 121:7–10 con los miembros de la clase. ¿Qué enseñó el Señor a José, de acuerdo con esos versículos? ¿Qué pensarían si esas palabras les fueran dirigidas a ustedes? Teniendo en cuenta esa respuesta, ¿qué aprendemos acerca del Señor?

Explique que estas revelaciones “hicieron que por algún tiempo la cárcel de Liberty se convirtiera en un centro de instrucción. Mientras el Profeta estuviera allí, los santos verían ese lugar como un templo más que como una cárcel, un lugar del cual provenía aliento y consuelo: la palabra del Señor. Era un lugar de meditación y de oración… José Smith buscó a Dios en esa tosca prisión y lo encontró” (B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, pág. 526).

• ¿Qué bendiciones han recibido gracias a las revelaciones que se recibieron en la cárcel de Liberty (D. y C. 121 y 122)?

2. La comprensión perfecta del Salvador acerca de nuestros sufrimientos y tribulaciones.

• Pida a los miembros de la clase que piensen en sus propias tribulaciones mientras alguien lee D. y C. 122:5–8. ¿De qué manera el Salvador “ha descendido debajo de todo ello”? (Véase Alma 7:11–12; D. y C. 19:16–19.)

Explique que en virtud de que el Salvador descendió debajo de todas las cosas, Él tiene una comprensión perfecta de todas nuestras tribulaciones. El élder Neal A. Maxwell, del Quórum de los Doce, al hablar sobre el supremo sacrificio del Salvador, dijo:

“Como parte de Su expiación infinita, Jesús… sobrellevó los pecados, los pesares, las aflicciones y, dijo Jacob, sufrió los dolores de todos los hombres, mujeres y niños (2 Nefi 9:21). Habiéndose perfeccionado en Su amor por nosotros, Jesús sabe cómo socorrernos… Nada trasciende el alcance de Su redención ni el círculo de Su amor. Por consiguiente, no nos quejemos de que nuestra vida no sea como un jardín de rosas ¡al recordar quién llevó la corona de espinas!” (“Al que venciere… así como yo he vencido”, Liahona, julio de 1987, pág. 71).

• ¿Es posible experimentar alguna prueba en la cual el Salvador no nos pueda consolar? (Véase Hebreos 4:15.) ¿Por qué el conocer el sufrimiento del Salvador nos ayuda a permanecer fieles durante nuestras tribulaciones?

• ¿Qué podemos hacer para sentir más plenamente todo el consuelo y la fortaleza que Jesús ofrece por medio de Su expiación? (Véase Hebreos 4:16; 1 Pedro 5:6–11.) ¿Por qué nos ayuda la oración, la humildad y la fe en Jesucristo a recibir fortaleza en épocas de adversidad?

3. Los propósitos de la adversidad.

Explique que la adversidad es parte del plan que Dios tiene para que seamos probados y progresemos durante nuestra vida terrenal. Vinimos a la tierra sabiendo que experimentaríamos dolor, tribulaciones y otras clases de dificultades.

El profeta José Smith experimentó tantas aflicciones que dijo: “[ellas] han sido mi suerte común en todos los días de mi vida… y, como Pablo, siento deseos de gloriarme en la tribulación” (D. y C. 127:2). Además del consuelo y los consejos que el Señor le dio al Profeta en la cárcel de Liberty, hubo muchas otras ocasiones en las que le enseñó acerca de la adversidad y esas enseñanzas registradas en Doctrina y Convenios constituyen el enfoque del resto de la lección.

• ¿Qué reveló el Señor en Doctrina y Convenios acerca de los propósitos de la adversidad? (Lea los siguientes versículos con los miembros de la clase y resuma la información en la pizarra.)

  1. a.

    D. y C. 98:12, 14–15; 101:4; 136:31. (El Señor permite que pasemos tribulaciones en la vida con el objeto de ponernos a prueba y saber si permaneceremos en Su convenio.) ¿Por qué desea el Señor que los de Su pueblo “sean probados en todas las cosas”?

  2. b.

    D. y C. 101:1–2. (Algunas aflicciones que padecemos son el resultado de nuestras transgresiones.)

  3. c.

    D. y C. 122:7. (El Señor permite que padezcamos tribulaciones para que éstas nos sirvan de experiencia y nos ayuden a progresar.)

• ¿Por qué el comprender los propósitos que tiene la adversidad nos ayuda a sobrellevarla bien? (Véase D. y C. 121:8.)

• Muchas personas creen equivocadamente que todas las aflicciones y castigos provienen de Dios. ¿Por qué es peligroso tener esa creencia? ¿Por qué los justos no están libres de la adversidad?

Haga hincapié en que aun cuando la transgresión es uno de los orígenes de las tribulaciones, no es la única causa. Aun los justos sufren adversidades ya que “es preciso que haya una oposición en todas las cosas” (2 Nefi 2:11). Algunas desgracias son la consecuencia natural de lo delicado y corruptible que es nuestro cuerpo terrenal. Algunas son el resultado de accidentes; de nuestras decisiones, que no necesariamente tienen que ser transgresiones; y de las decisiones de otras personas: situaciones de las cuales Dios puede protegernos pero que en ocasiones no lo hace porque “la ley básica del Evangelio es el libre albedrío y el desarrollo eterno” (Spencer W. Kimball, véase La fe precede al milagro, págs. 95–96). La adversidad surge también para “que se cumplan los propósitos del Señor de que seamos refinados por las pruebas” (Richard G. Scott, “La confianza en el Señor”, Liahona, enero de 1996, pág. 18).

Mientras prestaba servicio en el Quórum de los Doce, el élder Harold B. Lee dijo que “el vivir el Evangelio de Jesucristo no es ninguna garantía de que nunca habrá adversidad en la vida; no obstante, el vivirlo sí nos brinda la fortaleza, la fe y el poder para elevarnos por encima de ella y mirar más allá de la tragedia que nos aflija en ese momento hacia un nuevo y brillante día” (citado por A. Theodore Tuttle, en Conference Report, octubre de 1967, pág. 15; o Improvement Era, diciembre de 1967, pág. 47).

Si se desean consultar otras enseñanzas de las Escrituras acerca de los propósitos de la adversidad, véase 2 Nefi 2:11; Alma 32:5–6; 62:41 y Helamán 12:1–3.

4. El consejo del Señor a quienes experimentan tribulaciones.

• Según lo registrado en Doctrina y Convenios, ¿qué consejo nos ha dado el Señor para ayudarnos en momentos de adversidad? (Lea los siguientes versículos con los miembros de la clase y resuma la información en la pizarra. Escoja algunas de las preguntas con el fin de promover el análisis.)

  1. a.

    D. y C. 24:8; 31:9; 54:10; 121:7. (Ser pacientes en las aflicciones; ellas “no serán más que por un breve momento”; véase también Alma 17:11.) ¿Qué podemos hacer para tener más paciencia durante los momentos de prueba? ¿En qué sentido las aflicciones de José Smith sólo duraron “por un breve momento”? ¿Qué podemos hacer para ver la adversidad desde la perspectiva eterna del Señor?

  2. b.

    D. y C. 98:1. (Regocijarnos y dar gracias.) ¿Por qué debemos dar gracias a Dios aun cuando estemos experimentando tribulaciones? ¿Cuáles son algunas de las bendiciones que aún tenemos inclusive cuando estamos pasando por una adversidad extremadamente difícil?

  3. c.

    D. y C. 98:11. (Debemos permanecer obedientes y allegarnos “a todo lo bueno”.) ¿Por qué es difícil en ocasiones permanecer obedientes cuando sufrimos adversidades?

  4. d.

    D. y C. 101:36–38. (Debemos cuidar del alma y no del cuerpo, y buscar al Señor.) ¿De qué modo podemos aplicar este consejo?

  5. e.

    D. y C. 122:9. (No debemos temer a lo que pueda hacer el hombre, porque Dios estará con nosotros para siempre jamás; véase también D. y C. 98:13.)

• ¿Por qué algunas personas quedan amargadas a causa de las tribulaciones mientras que otras progresan y se fortalecen? ¿Qué podemos hacer para enfrentar mejor nuestras tribulaciones y adversidades? (Véase Alma 62:49–51.) ¿Qué relatos de las Escrituras los ha ayudado o inspirado en épocas de adversidad?

• ¿Qué han hecho otras personas para ayudarlos a sobrellevar la adversidad? ¿Qué podemos hacer para ayudar a otros a enfrentar sus dificultades? ¿En qué forma podemos utilizar lo que nuestras tribulaciones nos han enseñado para ayudar a los demás? ¿Qué provecho obtenemos al prestar servicio a los demás aun cuando nos hallemos en medio de nuestras propias aflicciones? (Véase Lucas 9:24; Gálatas 6:2.)

• ¿Qué podemos hacer si empezamos a sentirnos desesperados y sin esperanza a causa de la adversidad? (Véase Alma 36:3.) ¿Cómo podríamos prepararnos ahora para ser más fuertes en el futuro, cuando tal vez tengamos que enfrentar dificultades más grandes?

5. Las promesas del Señor a quienes sean fieles durante la adversidad.

• De acuerdo con lo registrado en Doctrina y Convenios, ¿qué promesas nos ha hecho el Señor si permanecemos fieles durante nuestras tribulaciones? (Lea algunos de los siguientes versículos con los miembros de la clase y resuma la información en la pizarra. Escoja algunas de las preguntas con el fin de promover el análisis.)

  1. a.

    D. y C. 3:8; 24:8; 112:13; 122:4. (El Señor estará con nosotros, nos amparará y nos sanará en nuestras aflicciones; véase también Jacob 3:1; Mosíah 24:13–14; Alma 36:27.) ¿Por qué es importante saber que el Señor estará junto a nosotros durante nuestras aflicciones? ¿Qué experiencias han tenido que les demostraron que el Señor ha estado con ustedes durante momentos de tribulación?

  2. b.

    D. y C. 58:2–4; 101:35–36; 103:12; 121:29; 127:4; 136:31. (Quienes se mantengan fieles a pesar de sus tribulaciones recibirán gloria, gozo y otras bendiciones.)

  3. c.

    D. y C. 98:3; 122:7. (Todas las cosas obrarán juntamente para nuestro bien y para la gloria del Señor; véase también D. y C. 90:24; 100:15; 2 Nefi 2:2; Romanos 8:28.) ¿En qué forma la adversidad podría ser para nuestro bien?

Pida a los miembros de la clase que haya asignado de antemano que hablen brevemente sobre lo que hayan aprendido de la adversidad y la forma en que los haya ayudado a madurar (véase la sección “Preparación”, punto nº 3). Si utilizó la actividad para despertar el interés, pida a otros miembros de la clase que hablen sobre lo que hayan escrito. Si no utilizó la actividad para despertar el interés, invite a los demás miembros de la clase a hablar sobre lo que hayan aprendido de sus aflicciones y cómo ellas les hayan ayudado a madurar.

El élder James E. Faust, mientras prestaba servicio en el Quórum de los Doce, dijo: “En el dolor, la agonía y en el heroico esfuerzo de vivir, pasamos por el fuego purificador, y aquellas insignificancias de nuestra vida se derretirán como escoria y harán que nuestra fe brille intacta y fuerte… Es por la purificación resultante de nuestros sufrimientos que nos acercamos a Dios, y en las agonías de la vida, parecer ser que escuchamos mejor el dulce y piadoso susurro del Divino Pastor” (“El fuego purificador” Liahona, agosto de 1979, pág. 76).

El élder Marion G. Romney, del Quórum de los Doce, dijo:

“He visto el remordimiento y la desesperación en la gente que, en momentos de tribulación, han maldecido a Dios y muerto espiritualmente.

Como así también he visto cómo otras personas se han elevado de lo que parecían ser pruebas imposibles de sobrellevar.

“Finalmente, he buscado al Señor durante mis propias aflicciones y aprendido por mí mismo que mi alma se engrandecía como nunca antes al caer de rodillas por causa de la adversidad y la aflicción” (en Conference Report , octubre de 1969, pág. 60; o Improvement Era, diciembre de 1969, pág. 69).

d. D. y C. 121:8; 127:2. (Quienes sean fieles en sus aflicciones serán exaltados.)

• ¿Qué podemos hacer durante los tiempos de tribulación para sentir más plenamente la paz de la que el Señor habla en D. y C. 121:7? (Véase también D. y C. 19:23.)

Conclusión

En abril de 1839, después de haber pasado el Profeta y sus compañeros casi cinco meses en la cárcel de Liberty, fueron enviados al condado de Daviess y luego al condado de Boone para ser juzgados por un tribunal. Mientras los trasladaban al condado de Boone, los guardias los dejaron escapar en virtud de que algunos oficiales de gobierno habían llegado a la conclusión de que no serían procesados satisfactoriamente. José Smith y otros prisioneros se dirigieron entonces a Illinois, donde se reunieron con sus familias y el resto de los santos.

Aliente a los miembros de la clase a leer las revelaciones que se recibieron en la cárcel de Liberty durante una época de gran adversidad. Testifique que por medio de la Expiación, Jesucristo ha cargado con nuestros sufrimientos. Testifique también que si nos acercamos a Él, nos consolará y nos edificará aun en los días más amargos. Exprese gratitud por el ejemplo que dejó José Smith sobre la forma de reaccionar ante la adversidad y sobre la disposición de Cristo de ayudarnos a soportar momentos de aflicción y aprender de ellos.

Sugerencias adicionales para la enseñanza

1. La valentía de defender nuestras convicciones

Con anterioridad a su encarcelamiento en Liberty, durante casi dos semanas, José Smith y sus compañeros fueron encadenados juntos bajo vigilancia, en una vieja casa deshabitada en Richmond, Misuri. Repase el relato de la forma en que reaccionó José Smith ante el insultante comportamiento de los guardias en Richmond, tal como se describe en Nuestro Legado, págs. 49–51.

• ¿Qué podemos hacer para obtener la valentía necesaria para enfrentar las situaciones difíciles? ¿Cuáles son algunas de las situaciones diarias en las que tenemos que demostrar nuestra valentía? (Invite a los miembros de la clase a compartir experiencias en las que ellos o personas que conozcan hayan tenido que demostrar valentía con el fin de defender o de mantener los principios del Evangelio.)

2. Amanda Smith recibió inspiración para ayudar a su hijo Alma

En el manual Nuestro Legado se encuentra la narración de un relato en el cual Amanda Smith recibió inspiración para ayudar a su hijo Alma, el cual había sido herido durante la masacre de Haun’s Mill (págs. 47–48.). Si no habló sobre este relato en la lección 15, hágalo si lo desea en esta lección.