“…el corazón de los hijos se volverá hacia sus padres”

Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia: Manual para el maestro, 2000


Objetivo

Tratar que los miembros de la clase comprendan la necesidad de buscar información acerca de sus antepasados y de recibir las ordenanzas del sacerdocio en beneficio de ellos.

Preparación

  1. 1.

    Estudie los pasajes de las Escrituras y demás materiales que se mencionan a continuación, y ore al respecto:

    1. a.

      Doctrina y Convenios 2; 110:13–16; 138; José Smith—Historia 1:37–39.

    2. b.

      Nuestro Legado, páginas 99–100, 102, 105–7.

  2. 2.

    Repase el material correspondiente a esta lección en la Guía de estudio para el miembro de la clase (35686 002) y planifique la forma en que lo utilizará durante la lección.

  3. 3.

    Con anticipación, dé las asignaciones siguientes:

    1. a.

      Pida a un miembro de la clase que se prepare para dar un resumen del relato del obispo Henry Ballard y de su hija, de Nuestro Legado, páginas 99–100.

    2. b.

      Pida a otro miembro de la clase que se prepare para dar un breve resumen de la revelación que el presidente Wilford Woodruff recibió acerca de trazar nuestra historia familiar y sellar los hijos a los padres (véase el primer párrafo de la página 102 de Nuestro Legado).

    3. c.

      Pida a uno o dos miembros de la clase que se preparen para dar un breve discurso acerca de sus experiencias en proporcionar las ordenanzas del sacerdocio a los muertos. Pídales que digan cómo se sintieron hacia esas personas para las cuales proporcionaron esas ordenanzas.

    4. d.

      Solicite a un miembro de la clase que se prepare para dar un breve informe sobre la profecía del presidente Joseph F. Smith de que llegaría el momento en que la tierra estaría “llena de templos” (véase el penúltimo párrafo de la página 106 de Nuestro Legado).

  4. 4.

    Si puede conseguir las láminas que se mencionan a continuación, utilícelas durante la lección: Elías el profeta restaura el poder para sellar a las familias por la eternidad (Las bellas artes del Evangelio 417); Wilford Woodruff (Las bellas artes del Evangelio 509); Joseph F. Smith (Las bellas artes del Evangelio 511); y Gordon B. Hinckley (63001; Las bellas artes del Evangelio 520). Si lo desea, en lugar de utilizar láminas individuales de los presidentes Woodruff, Smith y Hinckley, podría utilizar la lámina de Los Profetas de los Últimos Días (62575; Las bellas artes del Evangelio 506).

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar el interés

Si lo considera apropiado, relate la siguiente historia o utilice una actividad de su preferencia para comenzar la lección.

Frederick William Hurst trabajaba como minero en una mina de oro en Australia cuando escuchó por primera vez a los misioneros Santos de los Últimos Días predicar el Evangelio restaurado. Él y su hermano Charles se bautizaron en enero de 1854. Él trató de convertir a los demás miembros de su familia, pero lo rechazaron a él y a las verdades que enseñaba.

Fred se mudó a Salt Lake City cuatro años después de haberse unido a la Iglesia y sirvió fielmente como misionero en varios países. También trabajó como pintor en el Templo de Salt Lake.

En una de las últimas anotaciones en su diario personal, escribió: “Alrededor del 1 de marzo de 1893, me encontraba solo sentado a la mesa del comedor, ya que todos se habían ido a acostar, cuando para mi sorpresa, mi hermano mayor Alfred entró y se sentó enfrente de mí y me sonrió. Le pregunté (ya que se veía tan natural): ‘¿Cuándo llegaste a Utah?’

“Me contestó: ‘He venido del mundo de los espíritus; éste que ves no es mi cuerpo, el cual descansa en una tumba. Lo que quiero decirte es que cuando estabas cumpliendo tu misión, me hablaste mucho acerca del Evangelio, de la vida venidera y de que el mundo de los espíritus es tan real y tangible como la tierra misma. En ese momento no te creí, pero al morir y llegar allí y verlo por mí mismo, me di cuenta de que me habías dicho la verdad. Asistí a las reuniones de los mormones’. Luego levantó la mano y dijo con una gran calidez: ‘Creo en el Señor Jesucristo con todo mi corazón. Creo en la fe, en el arrepentimiento y en el bautismo para la remisión de los pecados, pero sólo hasta allí puedo llegar. Estoy esperando que tú hagas la obra por mí en el templo… Estamos muy pendientes de ti… Todos estamos esperando que tú estés al frente de esta gran obra. Quiero decirte que hay muchos espíritus extraordinarios que lloran y se lamentan porque tienen familiares aquí en la Iglesia que no se preocupan ni hacen nada por ellos’ “ (Diary of Frederick William Hurst, comp. Samuel H. e Ida Hurst, 1961, pág. 204).

Explique que en esta lección se analizará la redención de los muertos al estudiar brevemente la obra de cuatro profetas: Elías el profeta, el presidente Wilford Woodruff, el presidente Joseph F. Smith y el presidente Gordon B. Hinckley. El objetivo de esta lección es obtener un mayor conocimiento de la necesidad de redimir a los muertos. En la próxima lección, se analizarán algunas formas en las cuales podemos participar en la obra del templo y en la historia familiar.

Análisis y aplicación

Con oración, escoja el material de la lección que satisfaga mejor las necesidades de los miembros de su clase y aliéntelos a compartir experiencias que se relacionen con los principios de las Escrituras.

1. Elías el profeta: “…se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación”.

Enseñe D. y C. 2; 110:13–16; 138:47–48 y José Smith—Historia 1:37–39, y sométalo al análisis de la clase. Ponga a la vista la lámina de Elías el profeta restaurando el poder del sacerdocio para sellar.

• Cuando el ángel Moroni visitó a José Smith, le dijo que Elías el profeta plantaría “en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres” (D. y C. 2:2; José Smith—Historia 1:39). En esta profecía, el término padres se refiere a nuestros antepasados. ¿Qué promesas se les hicieron a nuestros antepasados?

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “¿Cuál fue la promesa hecha a nuestros padres que se cumpliría en los postreros días volviendo el corazón de los hijos a sus padres? Fue la promesa del Señor hecha mediante Enoc, Isaías y los profetas, a las naciones de la tierra, de que vendría el día en el cual los muertos serían redimidos” (Doctrina de Salvación, comp. Bruce R. McConkie, 3 tomos, tomo II, pág. 145).

El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce, dijo: “Dios hizo esas promesas a los patriarcas de la antigüedad: Adán, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y a los demás, y sin ninguna duda nosotros las hicimos a nuestra línea directa de padres y madres, aquellos que vinieron a la tierra antes de que el Evangelio se restaurase pero a quienes les prometimos que les proporcionaríamos las ordenanzas de salvación” (Christ and the New Covenant, 1997, pág. 297).

• El 3 de abril de 1836, Elías el profeta se apareció en el Templo de Kirtland al profeta José Smith y a Oliver Cowdery. ¿Cuál era el propósito de la visita de Elías el profeta a José y a Oliver? (Véase D. y C. 110:13–16; véase también D. y C. 2; José Smith—Historia 1:38–39. Él le confirió a José Smith el poder del sacerdocio para sellar. Ese poder hace posible el matrimonio eterno, el sellamiento a los padres y la obra de las ordenanzas del templo por los muertos.)

• Lea con los miembros de la clase José Smith—Historia 1:37–39 y D. y C. 138:47–48. ¿Por qué la tierra quedaría “enteramente asolada a [la] venida” del Señor si no tuviéramos el poder para sellar? (Uno de los propósitos primordiales de la vida sobre la tierra es el de establecer relaciones familiares eternas. Sin el poder para sellar, eso sería imposible.)

El élder Jeffrey R. Holland enseñó que sin el poder para sellar, “ningún vínculo familiar existiría en la eternidad y la familia del hombre habría quedado perdida en la eternidad sin ‘raíz [antepasados] ni rama [descendientes]’. Puesto que… una familia de Dios sellada, unida y salvada celestialmente es el propósito primordial de la vida terrenal, cualquier falla que ocurriera en ese sentido hubiera sido en realidad una maldición, haciendo que todo el plan de salvación fuera ‘totalmente asolado’ [en vano]” (Christ and the New Covenant, págs. 297–298).

2. El presidente Wilford Woodruff: “Alguien tiene que redimirlos”.

Ponga a la vista la lámina del presidente Wilford Woodruff. Explique que el presidente Woodruff se había dedicado plenamente a la obra de la redención de los muertos y del sellamiento de las familias por la eternidad. Durante su ministerio, muchos miembros de la Iglesia efectuaron misiones genealógicas y en 1894, la Primera Presidencia dirigió la organización de una sociedad genealógica (Nuestro Legado, pág. 101). De acuerdo con el élder Russell M. Nelson del Quórum de los Doce, “los acontecimientos de este año histórico [1894] establecieron la investigación de la historia familiar y el servicio en el templo como una sola obra de la Iglesia” (“El espíritu de Elías”, Liahona, enero de 1995, pág. 98).

Utilice los relatos que se dan a continuación para enseñar acerca de lo urgente que es la obra del templo por los muertos y lo necesario que es que nos sellemos a nuestros padres y a nuestros antepasados.

El apremio de la obra del templo por los muertos.

Pida al miembro de la clase que haya asignado de antemano que haga un resumen del relato acerca del obispo Henry Ballard y de su hija, de Nuestro Legado, páginas 98–99.

Explique que el presidente Woodruff prestó servicio por un tiempo como presidente del Templo de St. George, en Utah. Fue en ese templo que se efectuaron por primera vez las investiduras por los muertos en esta dispensación (véase Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 161). Mientras prestaba servicio allí, al presidente Woodruff lo visitaron los espíritus de muchos “hombres eminentes” que habían fallecido. Pida a un miembro de la clase que narre el siguiente relato del presidente Woodruff:

“Los espíritus de los muertos me rodearon, deseando saber por qué no los redimíamos. Ellos dijeron: ‘Ustedes han estado usando la Casa de Investiduras por varios años y sin embargo todavía no se ha hecho nada por nosotros. Establecimos el fundamento del gobierno que ustedes ahora están gozando… [y] nos mantuvimos leales y fieles a Dios’. Eran los hombres que firmaron la Declaración de la Independencia [de los Estados Unidos de América], y me esperaron por dos días y dos noches… Inmediatamente me dirigí a la pila bautismal y le pedí al hermano McAllister que me bautizara por los firmantes de la Declaración de la Independencia y por otros cincuenta hombres eminentes, en total unas cien personas, entre ellos John Wesley, Cristobal Colón y otros” (The Discourses of Wilford Woodruff, sel. G. Homer Durham, 1946, págs. 160–161).

• ¿Qué aprendemos de estos dos relatos? (Entre las respuestas se podría incluir que quienes han fallecido están ansiosos por recibir las ordenanzas que nosotros podemos efectuar por ellos y que debemos ser diligentes en nuestros esfuerzos por redimir a los muertos.)

Durante la época en que prestó servicio en el Quórum de los Doce, el élder Wilford Woodruff enseñó: “Durante los últimos mil ochocientos años, las personas que hayan vivido y fallecido nunca escucharon la voz de un hombre inspirado, nunca escucharon un sermón del Evangelio, sino hasta que entraron en el mundo de los espíritus. Por lo tanto, alguien tiene que redimirlos por medio de las ordenanzas que por ellos se pueden efectuar en la carne, ya que, por si mismos, no pueden hacerlo en el espíritu; y para poder hacer esa obra, debemos tener templos” (en Journal of Discourses, tomo XIX, págs. 228–229).

La necesidad de ser sellados a nuestros padres y a nuestros antepasados.

Pida al miembro de la clase que haya asignado de antemano que dé un informe sobre la revelación que recibió el presidente Woodruff acerca de trazar nuestra historia familiar y de sellar los hijos a sus padres (Nuestro Legado, pág. 102).

• ¿Qué nos enseña esa revelación acerca de las familias? ¿Por qué esa revelación ayuda a cumplir la profecía de volver el corazón de los hijos a sus padres?

3. El presidente Joseph F. Smith: “…fueron abiertos los ojos de mi entendimiento”.

Lea o exprese con sus propias palabras la siguiente declaración del presidente Woodruff:

“El presidente [Brigham] Young, que siguió al presidente José Smith,… hizo que se colocaran los cimientos del [Templo de Salt Lake], así como también de otros templos en las montañas de Israel. ¿Con qué propósito? Para que pudiéramos cumplir con esos principios de la redención de los muertos. Él llevó a cabo todo lo que el Señor requirió de él. Pero aun así, no recibió todas las revelaciones pertenecientes a esa obra, ni tampoco las recibió el presidente [John] Taylor, ni Wilford Woodruff” (The Discourses of Wilford Woodruff, págs. 153–154).

Ponga a la vista la lámina del presidente Joseph F. Smith. Explique que el presidente Smith, el sexto Presidente de la Iglesia, recibió una revelación que ayudó a que la obra por la redención de los muertos siguiera avanzando. El 4 de octubre de 1918, pocas semanas antes de su fallecimiento, dijo en una conferencia general:

“Durante los últimos cinco meses he sufrido el comienzo de una grave enfermedad… pero no he estado solo durante estos meses, sino que he morado en el espíritu de la oración, de la súplica de la fe y de la determinación; y he tenido una continua comunicación con el Espíritu del Señor” (en “Conference Report”, octubre de 1918, pág. 2).

El día antes de hacer esa declaración, el presidente Smith había recibido una revelación que ampliaría la comprensión de los santos acerca de la redención de los muertos. Esa revelación se encuentra ahora registrada como la sección 138 de Doctrina y Convenios. Es un registro de la visita que el Salvador hizo al mundo de los espíritus mientras Su cuerpo se encontraba en el sepulcro.

• ¿Qué se encontraba haciendo el presidente Smith cuando recibió la visión de la redención de los muertos? (Véase D. y C. 138:1–11. Estaba meditando en las Escrituras y reflexionando sobre la expiación de Jesucristo y, mientras lo hacía, se sintió inspirado a leer 1 Pedro 3 y 4, donde se habla del ministerio de Jesús en el mundo de los espíritus.)

• Lea con los miembros de la clase D. y C. 138:12–19. ¿A quiénes visitó el Salvador en el mundo espiritual? (Entre las respuestas se deben incluir las que se dan a continuación. Si lo desea, resúmalas en la pizarra.)

El Salvador fue a visitar a los espíritus que:

  1. a.

    “…habían sido fieles en el testimonio de Jesús mientras vivieron en la carne” (D. y C. 138:12).

  2. b.

    “…habían ofrecido un sacrificio a semejanza del gran sacrificio del Hijo de Dios” (D. y C. 138:13).

  3. c.

    “…habían padecido tribulaciones en el nombre de su Redentor” (D. y C. 138:13).

  4. d.

    “…habían partido de la vida terrenal, firmes en la esperanza de una gloriosa resurrección mediante la gracia de Dios el Padre y de su Hijo Unigénito, Jesucristo” (D. y C. 138:14).

  5. e.

    “…estaban llenos de gozo y de alegría, y se regocijaban juntamente porque estaba próximo el día de su liberación” (D. y C. 138:15).

• ¿A quiénes no fue a ver el Salvador? (Véase D. y C. 138:20–21.) ¿Qué hizo el Salvador para que se predicase el Evangelio a “los que habían muerto en sus pecados, sin el conocimiento de la verdad”? (Véase D. y C. 138:27–37. Organizó a los espíritus de los justos y les encargó que enseñasen a quienes todavía no habían aceptado el Evangelio.) En la actualidad, ¿quiénes predican el Evangelio en el mundo de los espíritus? (Véase D. y C. 138:57.)

• Lea con los miembros de la clase D. y C. 138:22–24, 57–59 y pídales que se fijen en la diferencia que existe entre los que en el mundo de los espíritus han sido fieles en su testimonio de Jesús y los que no lo han sido. ¿Qué nos enseñan esos versículos acerca de la importancia de la enseñanza del Evangelio en el mundo de los espíritus? De acuerdo con lo que dicen esos versículos, ¿qué piensan acerca de la responsabilidad que ustedes tienen de proporcionar las ordenanzas del sacerdocio para los muertos?

Pida a los miembros de la clase que haya asignado de antemano que hablen brevemente sobre las experiencias que hayan tenido al proporcionar las ordenanzas para los muertos y lo que hayan sentido al hacerlo (véase la sección “Preparación”, Nº 3c).

4. El presidente Gordon B. Hinckley: “Hemos tomado la resolución… de hacer llegar los templos a las personas”.

Pida al miembro de la clase que haya asignado de antemano que dé el informe sobre la profecía del presidente Joseph F. Smith de que llegaría el momento en que “la tierra estará llena de templos” (Nuestro Legado, página 106).

Ponga a la vista la lámina del presidente Gordon B. Hinckley. Explique que el presidente Hinckley es otro de los profetas que ha ampliado nuestro entendimiento de la obra del templo. Cuando fue sostenido como Presidente de la Iglesia en 1995, había 47 templos en funcionamiento. Unos dos años y medio más tarde anunció lo siguiente:

“Hay muchas áreas distantes y aisladas de la Iglesia, donde el número de miembros es pequeño y donde no es probable que éste aumente mucho en el futuro cercano. ¿Se han de negar a los que viven en esos lugares las bendiciones de las ordenanzas del templo? Mientras visitábamos una de esas áreas hace unos pocos meses, meditamos en esa pregunta y oramos al respecto. Creemos que recibimos la respuesta con toda claridad.

“En algunas de esas áreas construiremos templos pequeños, edificios que cuenten con todas las instalaciones necesarias para administrar todas las ordenanzas. Se edificarían de acuerdo con el nivel que corresponde a los templos, el cual es mucho más elevado que el de los centros de reuniones. Contendrían todo lo necesario para efectuar bautismos por los muertos, el servicio de la investidura, los sellamientos y todas las demás ordenanzas que se deben realizar en la casa del Señor tanto para los vivos como por los muertos…

“Hemos tomado la resolución… de hacer llegar los templos a las personas y brindarles así todas las oportunidades de recibir las valiosísimas bendiciones que brinda la adoración en el templo” (“Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional”, Liahona, enero de 1998, págs. 57–58).

En abril de 1998, el presidente Hinckley anunció la meta de llegar a tener 100 templos en funcionamiento para fines del año 2000 (véase “Nuevos templos para proporcionar ‘las bendiciones supremas’ del Evangelio”, Liahona, julio de 1998, pág. 95).

• ¿De qué modo los ha afectado positivamente el aumento de la construcción de templos? ¿En qué forma ha afectado positivamente a otras personas que conozcan? (Si lo cree conveniente, recalque el gran número de personas que no habrían podido disfrutar de las bendiciones del templo si el presidente Hinckley no hubiera recibido la revelación para apresurar la edificación de templos.) ¿Por qué afectará positivamente la aceleración de la construcción de templos a quienes hayan fallecido sin recibir el Evangelio?

Conclusión

Haga hincapié en el hecho de que ningún pueblo en la historia del mundo ha tenido la oportunidad de hacer tanto por tanta gente como nosotros en la actualidad. Explique que en la próxima lección, se hará un análisis acerca de formas específicas en las cuales podemos participar en las obras del templo y de historia familiar. Testifique de la importancia de las obras del templo y de historia familiar, tal como el Espíritu se lo indique.

Sugerencia adicional para la enseñanza

Si lo desea, utilice la idea que se da a continuación con el fin de complementar la reseña que se sugiere para la lección.

La participación de los jóvenes en la obra del templo

Si enseña la clase de los jóvenes, aliéntelos a participar en la obra del templo haciendo bautismos por los muertos. Si enseña la clase de adultos, sugiera a los padres que insten a sus hijos a participar en la obra del templo. Si lo cree conveniente, relate la siguiente historia que narró el élder J Ballard Washburn, de los Setenta:

“Después de una conferencia de estaca, hablaba con una familia que tiene hijos adolescentes, y les decía a esos jóvenes: ‘Deben mantenerse dignos para poder ir al templo con sus padres algún día’. La hija de dieciséis años me contestó: ‘¡Ah, pero nosotros ya vamos al templo con ellos casi todas las semanas! Hacemos bautismos por los nombres de las personas de nuestro archivo familiar’. Pensé entonces qué hermoso es que las familias vayan al templo juntas” (“El templo es un asunto de familia”, Liahona, julio de 1995, pág. 12).

• ¿De qué otro modo pueden los jóvenes ayudar a sacar adelante la obra que se hace en los templos? (Entre las respuestas se podría incluir que ellos podrían hacer investigación de historia familiar y apoyar los esfuerzos de sus padres por asistir al templo.)