“…tomad sobre vosotros toda mi armadura”

Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia: Manual para el maestro, 2000


Objetivo

Ayudar a los miembros de la clase a ponerse toda la armadura de Dios a fin de que los proteja en la batalla contra el mal.

Preparación

  1. 1.

    Estudie los pasajes de las Escrituras y ore al respecto.

  2. 2.

    Repase el material correspondiente a esta lección en la Guía de estudio para el miembro de la clase (35686 002) y planifique la forma en que lo utilizará durante la lección.

  3. 3.

    Si enseña la clase de los jóvenes, pida a miembros de la clase que se preparen para presentar en forma resumida la información acerca de algunas o de todas las siguientes secciones de La fortaleza de la juventud (34285 002):

    1. a.

      “La pureza sexual” (páginas 15–17).

    2. b.

      “La apariencia personal” (página 8).

    3. c.

      “Los medios de comunicación: cine, televisión, radio, videocasetes, libros y revistas” (páginas 11–13).

    4. d.

      “La música y el baile” (páginas 14–15).

    5. e.

      “La honradez” (página 10).

    6. f.

      “El lenguaje” (páginas 10–11).

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar el interés

Si lo considera apropiado, utilice la siguiente actividad o una de su preferencia para comenzar la lección.

Dibuje en la pizarra una figura que represente a una persona, como en el dibujo que aparece más abajo. En seguida, dibuje varios dardos o flechas que apunten hacia la figura desde todas partes.

arrows

Indique que las Escrituras a veces se refieren a las tentaciones como a “los dardos encendidos del adversario” (D. y C. 3:8; véase también Efesios 6:16; 1 Nefi 15:24; D. y C. 27:17). En esta lección se tratan algunas de esas tentaciones y se habla de la “armadura” que podemos usar para protegernos de ellas.

Análisis y aplicación

Con oración, escoja el material de la lección que satisfaga mejor las necesidades de los miembros de su clase. Aliente a los miembros de la clase a expresar su opinión acerca de la forma de aplicar esos principios a su vida.

1. Ponerse toda la armadura de Dios.

• Lea con los miembros de la clase D. y C. 76:25–28 y Moisés 4:3. ¿Quiénes eran los líderes de las dos fuerzas que se enfrentaron en la batalla que hubo en el cielo y cuáles eran sus respectivos objetivos? ¿Nos hallamos en medio de un conflicto semejante en la tierra hoy en día? ¿Cómo? (Véase D. y C. 76:29; Moisés 4:4.)

• Ponga de relieve que el Señor no nos ha dejado sin protección en la batalla contra el mal. Lea con los miembros de la clase D. y C. 27:15–18. ¿Cuál es la armadura del Señor que se describe en esos versículos? (Escriba en la pizarra las expresiones que figuran a continuación. Si ha utilizado la actividad para despertar el interés, anótelas cerca de la figura dibujada.)

Los lomos ceñidos con la verdad.

Llevar puesta la coraza de la rectitud.

Calzados los pies con la preparación del evangelio de paz.

Tomando el escudo de la fe.

Tomando el yelmo de la salvación.

La espada del Espíritu de Dios y Su palabra por medio de la revelación.

• ¿Qué podemos hacer para ponernos “toda la armadura” de Dios? ¿Podrían contar de qué forma han sentido mayor protección tras haber orado?, ¿después de haber estudiado las Escrituras?, ¿después de haber santificado el día de reposo?, ¿después de haber ido al templo?, ¿después de haber honrado el sacerdocio?

• ¿Cuáles podrían ser las consecuencias de usar sólo parte de la armadura de Dios o de olvidarse de usarla aunque sea por un breve espacio de tiempo?

El élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de los Doce, ha advertido que Satanás “busca las fallas de nuestra armadura; sabe cuáles son nuestras debilidades y cómo explotarlas si se lo permitimos. La única forma de defendernos de sus ataques y mentiras es comprendiendo los mandamientos y fortaleciéndonos todos los días por medio de la oración, el estudio de las Escrituras y siguiendo el consejo de los ungidos del Señor” (“El sacerdocio de Dios”, Liahona, enero de 1989, pág. 40).

Explique que el resto de la lección se concentrará en tres aspectos en los que actualmente Satanás está intentando explotar nuestras debilidades al buscar las fallas de nuestra armadura: la castidad, la honradez y el lenguaje.

2. Vivir la ley de castidad.

• ¿Cuál es la ley de castidad del Señor? (Véanse D. y C. 42:22–24; 59:6; 63:16 y las citas que se dan a continuación.)

La Primera Presidencia estipuló: “La ley de conducta moral del Señor es la abstinencia de las relaciones sexuales fuera del matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio. Las relaciones sexuales son apropiadas sólo dentro de los lazos del matrimonio entre marido y mujer siempre y cuando se expresen en forma apropiada. Cualquier otra conducta sexual, como la fornicación, el adulterio, o el comportamiento homosexual o lesbiano, es pecaminosa” (Carta de la Primera Presidencia, 14 de noviembre de 1991).

El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce, enseñó: “Toda intimidad sexual fuera de los lazos sagrados del matrimonio, o sea, todo contacto intencional con las partes sagradas y privadas del cuerpo de otra persona, ya sea vestido o sin ropa, es un pecado y está prohibido por Dios; también es una transgresión estimular esas emociones en tu propio cuerpo” (“Las decisiones correctas”, Liahona, enero de 1995, pág. 44).

Si ha pedido a un miembro de la clase que presente en forma resumida la sección “La pureza sexual” de La fortaleza de la juventud, déle la palabra ahora.

• ¿Cuáles son algunas de las consecuencias del violar la ley de castidad? (Hablen de las consecuencias que son tanto espirituales como físicas, inmediatas y a largo plazo). ¿Por qué la violación de la ley de castidad por parte de una persona afecta a otras personas?

El élder Joseph B. Wirthlin enseñó: “Uno de los engaños más corruptivos de los recientes años es el concepto de que la inmoralidad es algo normal y aceptable, y que no tiene malas consecuencias. En realidad, la inmoralidad es la causa principal de gran sufrimiento y de muchos de los otros problemas que prevalecen en la actualidad, incluso las enfermedades que se propagan con rapidez, el aborto, los hogares deshechos, las familias sin padre, y las madres que son todavía niñas ellas mismas” (“Raíces profundas”, Liahona, enero de 1995, pág. 85).

• ¿De qué forma somos bendecidos cuando vivimos la ley de castidad? (Véase D. y C. 121:45–46. Entre las respuestas se podría mencionar que sentimos más paz y más regocijo, más amor por nuestro cónyuge y por los demás familiares, más respeto por nosotros mismos y por los demás. Vivir la ley de castidad también es necesario para que tengamos la compañía del Espíritu Santo, así como para que recibamos las ordenanzas del sacerdocio y participemos dignamente de la Santa Cena.) ¿De qué forma podría influir en las demás personas nuestra obediencia a la ley de castidad?

• ¿Cómo tienta Satanás a las personas para que quebranten la ley de castidad? ¿Cómo procuran las personas justificar la violación de esta ley?

Si ha pedido a miembros de la clase que presenten de forma resumida secciones de La fortaleza de la juventud, indíqueles que presenten ahora el resumen de: “La apariencia personal”, “Los medios de comunicación: cine, televisión, radio, videocasetes, libros y revistas” y “La música y el baile”.

El presidente Gordon B. Hinckley ha advertido: “No deben entretenerse con el Internet con el fin de encontrar materiales pornográficos. No deben hacer llamadas telefónicas para escuchar basura. No deben alquilar videocasetes que contengan pornografía de ninguna clase. Sencillamente, las cosas lascivas no son para ustedes. Manténganse alejados de la pornografía como evitarían el contagio de una enfermedad maligna, ya que es igualmente destructiva. Se puede convertir en un hábito, y quienes se permiten participar de ella llegan al punto de no poder abandonarla. Así se convierte en una adicción” (“Sean dignos de la joven con la cual se van a casar algún día”, Liahona, julio de 1998, pág. 53).

• ¿Cómo podemos protegernos de las tentaciones de violar la ley de castidad? ¿Qué podemos hacer en nuestros hogares para evitar las influencias inmorales?

• La ley de castidad comprende tanto la pureza de pensamiento como la pureza de acción. ¿Qué nos ocurre espiritualmente cuando nuestros pensamientos son impuros? (Véase D. y C. 63:16.) ¿Cómo podemos desalojar de nuestra mente los pensamientos impuros?

El élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce, nos aconsejó desalojar de nuestra mente los pensamientos indignos “poniendo en su lugar algo edificante” (véase “El bálsamo de Galaad”, Liahona, febrero de 1978). Comenten en clase cómo se puede seguir ese consejo. Entre las sugerencias se deben mencionar orar para pedir fortaleza, cantar un himno preferido o recitar mentalmente uno de nuestros pasajes predilectos de las Escrituras, o pensar en nuestro amor por nuestros familiares.

3. Ser honrado.

• ¿Qué significa ser honrado?

El presidente James E. Faust enseñó: “La honradez es mucho más que no mentir. Significa decir la verdad, hablar la verdad, vivir la verdad y amar la verdad” ( “La honradez, una brújula de la moral”, Liahona, enero de 1997, pág. 45).

Si ha pedido a un miembro de la clase que presente de forma resumida la sección “La honradez” de La fortaleza de la juventud, indíquele que lo haga ahora.

• Lea con los miembros de la clase D. y C. 42:21; 51:9 y 97:8. ¿Por qué es importante ser honrado en todos los aspectos de nuestra vida? ¿Cuáles son las consecuencias del no ser honrado? ¿En qué forma somos bendecidos cuando somos honrados?

• ¿De qué maneras somos tentados a no actuar con honradez? ¿Por qué el ceder a pequeñas tentaciones de no ser honrados nos hace más vulnerables a caer en otras tentaciones? ¿Cómo podemos vencer la tentación de no actuar con honradez?

• ¿Qué significa ser honrado con el Señor? (Entre las respuestas se podría mencionar guardar los convenios y las demás promesas que hemos hecho al Señor, cumplir con las asignaciones de la Iglesia, participar dignamente de la Santa Cena, pagar los diezmos y las ofrendas.)

• ¿Qué significa ser honrados con nosotros mismos? (Un significado de ello es no justificar el pecado.)

• ¿Cómo podemos enseñar la honradez con eficacia en nuestros hogares? (Después de que los miembros de la clase hayan respondido a esa pregunta, usted podría sugerirles que, para enseñar la honradez en casa, utilicen el Manual de sugerencias para la noche de hogar [31106 002], páginas 230–232.)

Pida a los miembros de la clase que hablen de ocasiones en las que hayan escogido ser honrados aun cuando haya sido difícil hacerlo. O pídales que relaten ejemplos de honradez que hayan visto en el lugar donde trabajan, en el establecimiento donde estudian, en la comunidad o en el hogar.

4. Usar un lenguaje que reverencie a Dios y que sea edificante.

• Lea con los miembros de la clase D. y C. 63:60–62 y 136:21. ¿Qué mandamiento nos ha dado el Señor con respecto a cómo debemos usar Su nombre? ¿Cuáles son algunas maneras en que la gente toma el nombre del Señor en vano? (Entre las respuestas se podría mencionar el usarlo irreverentemente, de un modo vulgar, superficial o en relación con pensamientos groseros o actos malignos.)

• Aparte de tomar el nombre del Señor en vano, qué otra clase de lenguaje debemos evitar? (Podría mencionarse el lenguaje vulgar, soez, grosero o degradante.)

El presidente Hinckley dijo: “No digan improperios, no blasfemen. Eviten los chistes sucios. Aléjense de las conversaciones salpicadas de palabras inmundas y obscenas. Serán más felices si lo evitan y su ejemplo fortalecerá a los demás” (“No tomarás el nombre de Dios en vano”, Liahona, enero de 1988, pág. 47).

Si ha pedido a uno de los miembros de la clase que presente el resumen de la sección “El lenguaje” de La fortaleza de la juventud, pídale que lo haga ahora.

• ¿Qué consecuencias se desprenden de emplear malas palabras? (Entre las respuestas se podría mencionar el ofender a Dios, ofender a las demás personas, rebajarse uno mismo y perder la compañía del Espíritu Santo.)

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce, dijo: “…la blasfemia y la vulgaridad… son pecados que nos separan de Dios y malogran nuestras defensas espirituales, haciendo que el Espíritu Santo se aparte de nosotros” (véase “Reverentes y limpios”, Liahona, julio de 1986, pág. 50).

• ¿Cómo tienta Satanás a las personas para que usen palabras blasfemas, vulgares o indecentes? ¿Cómo podemos vencer la tentación de emplear malas palabras? (Si desea, podría someter a discusión en la clase el tema de cómo romper el hábito de emplear malas palabras.)

• ¿Por qué el aprender a dominar nuestras palabras es esencial para nuestro progreso espiritual? ¿Por qué el dominar nuestras palabras nos sirve para mantenernos alejados de otras tentaciones?

• ¿Cómo debemos reaccionar cuando nos encontremos rodeados de personas que empleen palabrotas o cuando se usen palabras soeces o blasfemas en películas, en la televisión o en libros? (Cuando sea posible, debemos irnos de los lugares donde se estén usando esas malas palabras. También debemos expresar objeción a ese tipo de lenguaje.)

• ¿Cómo pueden los padres enseñar a sus hijos a no usar un lenguaje profano? (Después de que los miembros de la clase hayan respondido a esa pregunta, usted podría sugerirles que, para enseñar a los hijos a no usar un lenguaje profano, utilicen el Manual de sugerencias para la noche de hogar [31106 002], páginas 234–235.)

• ¿Qué clase de lenguaje desea el Señor que usemos? (Véase D. y C. 52:16; 136:24; Efesios 4:29.) ¿De qué forma pueden nuestras palabras edificar a los demás? ¿Cómo podemos inspirar a las demás personas a emplear un lenguaje que reverencie a Dios y que sea edificante?

Conclusión

Ponga de relieve que nuestro Padre Celestial nos ama y desea que nos pongamos “toda Su armadura”, a fin de que estemos protegidos de la tentación. Anime a los miembros de la clase a vivir la ley de castidad, a ser honrados y a emplear un lenguaje edificante. Según le inspire el Espíritu, testifique de las verdades que han tratado durante la lección.

Sugerencias adicionales para la enseñanza

Si lo desea, utilice una o más de las ideas que se dan a continuación con el fin de complementar la reseña que se sugiere para la lección.

1. La armadura de Dios comprende armas que podemos empuñar

Cuando era miembro del Quórum de los Doce, el élder Harold B. Lee explicó que la armadura de Dios no sólo comprende las partes protectoras sino también las armas que podemos blandir:

“El hombre armado lleva en una mano el escudo y en la otra la espada… El escudo es el escudo de la fe y la espada, la espada del espíritu que es la Palabra de Dios. No imagino armas más poderosas que la de la fe y la del conocimiento de las Escrituras… que contienen la Palabra de Dios. El que se arme y se prepare con esas armas estará preparado para enfrentar al enemigo” (“Feet Shod with the Preparation of the Gospel of Peace”, Brigham Young University Speeches of the Year, 9 de noviembre de 1954, pág. 7).

2. Actividad con La fortaleza de la juventud

Especifique que el vivir de acuerdo con las normas de La fortaleza de la juventud proporciona una armadura fuerte y segura. Divida la clase en grupos y designe un tema de La fortaleza de la juventud a cada grupo.

Indique a los grupos que dediquen cinco minutos a hablar del tema y preparar conceptos para presentar a la clase. En seguida, dé tiempo a cada grupo para que haga una presentación breve. Si desea, sugiérales que utilicen uno o más de los métodos que se mencionan a continuación para hacer su presentación:

  1. a.

    Mencionar ejemplos de situaciones reales en los que las normas constituyan un problema difícil.

  2. b.

    Contar experiencias personales relacionadas con ello o contar experiencias que hayan tenido amigos de ellos.

  3. c.

    Hacer una representación para ilustrar la forma de hacer frente a una situación relacionada con la norma en la vida real.

  4. d.

    Hablar de lo que les haya servido personalmente para guardar esa norma.

  5. e.

    Expresar ideas sobre la manera de ayudar a los demás a guardar esa norma.

  6. f.

    Intercambiar ideas de lo que se puede hacer si el vivir esa norma crea conflictos entre los compañeros de la misma edad o con alguna persona.

3. Cómo apoyar a los jóvenes

Si enseña a adultos, invite a un padre o a una madre de jóvenes o a un líder de Hombres Jóvenes o de Mujeres Jóvenes para que presente en forma resumida algunos de los desafíos y algunos de los éxitos que los jóvenes estén teniendo.

Pida a los miembros de la clase que piensen detenidamente en lo que hayan oído. Pídales que mencionen cómo pueden brindar más apoyo a los jóvenes y resuma las respuestas en la pizarra. A continuación, se dan algunas sugerencias:

  1. a.

    Aprender y recordar el nombre de ellos.

  2. b.

    Interesarse sinceramente en ellos y hacerles saber que se tiene interés en ellos.

  3. c.

    Determinar necesidades especiales y tomar la iniciativa para satisfacerlas.

  4. d.

    Buscar oportunidades de compartir talentos, contarles historias personales, contarles experiencias que ustedes hayan tenido cuando eran jóvenes y experiencias que edifiquen un testimonio.

  5. e.

    Seguir relacionándose con los jóvenes después de haber sido relevados de llamamientos de la Iglesia en los que les enseñaron o en los que trabajaron con ellos.

  6. f.

    Dar un buen ejemplo del vivir cristiano.

  7. g.

    Perdonar errores pasados y abstenerse de calificar a las personas negativamente.

4. Presentación en video: “Toda la armadura de Dios”

Si puede conseguir el video Nuevo Testamento: Presentaciones en video (53914 002), tenga en cuenta mostrar el segmento “Toda la armadura de Dios”, de 13 minutos de duración.