La fe en Jesucristo

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a fortalecer nuestra fe en Jesucristo.

Introducción

Muestre la ayuda visual 27-a, “La fe en Jesucristo es el primer principio del Evangelio”. Manténgala a la vista durante toda la lección.

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27-a, La fe en Jesucristo es el primer principio del Evangelio.

La fe en el Señor Jesucristo es el pimer principio del Evangelio. Si tenemos fe en Jesucristo, tenemos confianza en Él, lo aceptamos y aceptamos Sus enseñanzas. El apóstol Pablo escribió que “…por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7), lo que significa que la fe es la prueba espiritual de que las cosas que no podemos ver u oír existen y son verdaderas. Por ejemplo, no vimos a Jesús morir por nosotros o sufrir por nuestros pecados, pero lo sabemos por medio de la fe. Alma dijo: “La fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” (Alma 32:21).

La fe en Jesucristo

El tener fe en Jesucristo capacita al hombre para hacer sacrificios o llevar a cabo tareas difíciles. Por su fe, Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo, Enoc fue trasladado y Noé se salvó del diluvio (véase Hebreos 11). Esos y muchos otros milagros se llevaron a cabo por medio de la fe en el Señor Jesucristo. “Porque es por la fe que se obran milagros” (Moroni 7:37).

La fe también nos capacita para sobrellevar los sufrimientos, pruebas y aflicciones. Por ejemplo, Job pudo soportar sus grandes sufrimientos porque tenía fe en Cristo; y el Señor le fortaleció, porque el Señor conoce y ayuda a quienes confían en Él (véase Nahum 1:7).

Aunque Job sufrió más de lo que muchos de nosotros seguramente tendremos que sufrir, nunca negó su testimonio ni se volvió contra Dios. Todos sus hijos murieron cuando su casa fue destruida por un gran viento; su cuerpo se cubrió de llagas; sus amigos y aun su esposa se burlaron de él, diciéndole que sufría porque era malvado; pero debido a su fe, Job soportó las pruebas. En el punto culminante de su sufrimiento, pudo alabar a Dios y testificar: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25–26). Finalmente, su fe se vio recompensada, ya que finalizaron sus sufrimientos y fue abundantemente bendecido por el Señor.

La historia de Job muestra de qué manera la fe, al igual que un ancla, puede ayudarnos a asirnos firmemente a nuestro testimonio cuando llega la hora de las pruebas (véase Éter 12:4). Podemos padecer enfermedades, pobreza, muerte o tentación, pero cuando ejercemos fe en Jesucristo, recibimos fortaleza y bendiciones.

¿Cuáles son algunos de los problemas que podemos tener en nuestra propia vida? ¿Por qué no debemos juzgar a quienes tienen problemas?

Fortalezcamos nuestra fe en Cristo

Debemos tratar siempre de fortalecer nuestra fe, y a medida que lo hagamos, sentiremos el gozo de estar cerca del Señor y recibir Sus bendiciones. Alma nos dice que el desarrollar fe en Cristo es como plantar, cultivar y recoger el fruto de un árbol.

Muestre la ayuda visual 27-b, “La fe comienza con el sembrado de una sola semilla”.

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27-b, La fe comienza con el sembrado de una sola semilla.

El primer paso en el desarrollo de la fe se puede comparar con plantar una semilla. Alma dijo: “Experimenta[d] con mis palabras, y ejercit[ad] un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros… para que sea sembrada una semilla” (Alma 32:27–28).

¿Cómo puede plantarse una semilla de fe en nuestro corazón?

Una de las maneras con que suele comenzar la fe es cuando oímos o leemos la palabra de Dios y deseamos creer. A medida que ponemos a prueba lo que hemos leído u oído y hacemos un esfuerzo por creer y vivir los principios que se nos han enseñado, comenzamos a sentir en nuestro corazón que lo que se nos ha enseñado es verdad (véase Juan 7:16–17).

Muestre la ayuda visual 27-c, “Al igual que una planta necesita la luz del sol, aire y agua, la fe necesita nutrición constante”.

El segundo paso es similar al cuidado que se le da a una planta. Al igual que la planta necesita la luz del sol, aire y agua para crecer, nuestra fe necesita nutrición para hacer lo mismo.

¿Cómo podemos nutrir o aumentar nuestra fe en Jesucristo?

Podemos nutrir nuestra fe cuando leemos y meditamos las Escrituras, al orar, ayunar y servir al Señor, cuando apoyamos a los líderes de la Iglesia y obedecemos los mandamientos de Dios. Al igual que una planta sin agua moriría, lo mismo sucedería con la fe sin obras. Debemos nutrir constantemente nuestra fe por medio de obras de rectitud (véase Santiago 2:14–26).

Muestre la ayuda visual 27-d, “La cosecha de la fe es la paz, el gozo y la vida eterna”.

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27-d, La cosecha de la fe es la paz, el gozo y la vida eterna.

Por medio de nuestra diligencia en nutrir nuestra fe, podemos disfrutar grandes bendiciones, al igual que el cuidar una planta nos permitirá gozar de su fruto.

¿Cuáles son las bendiciones o frutos de la fe en Jesucristo?

La fe nos permite:

  • “Allegar[nos] a todo lo bueno” (véase Moroni 7:28).

  • Disfrutar de paz y felicidad, porque no temeremos el futuro.

  • Recibir respuestas a nuestras oraciones.

  • Que Dios aligere nuestras cargas (véase Mateo 11:28–29).

  • Ser perdonados de nuestros pecados a medida que nos arrepintamos de ellos.

  • Ejercitar el poder del sacerdocio.

  • Tener con nosotros el Espíritu Santo (véase Moroni 7:32).

  • Experimentar milagros en nuestra vida (véase 2 Nefi 26:13).

  • Volver a vivir con nuestro Padre Celestial después de la resurrección.

La Biblia explica el caso de una mujer que había estado muy enferma durante doce años, y que había gastado todo lo que tenía en procura de que los doctores la sanaran, pero fueron incapaces de hacerlo. Un día Jesús llegó al pueblo donde vivía dicha mujer; ella había oído hablar de Él y tuvo fe en que se curaría si solamente pudiera tocar Su manto, por lo que ejerciendo su fe, tocó el manto del Señor cuando caminaba cerca de ella. Al tocar Su manto, se curó de inmediato, y Jesús se dirigió a ella diciéndole: “Hija, tu fe te ha salvado; vé en paz” (véase Lucas 8:43–48).

La mujer de este relato nutrió su fe en Cristo al poner en acción su creencia; tocó el manto del Señor y así recibió las bendiciones de su fe al ser curada.

¿Por qué es importante ejercitar fe en Jesucristo cuando se bendice a los enfermos y cuando se recibe una bendición?

Pida al miembro de la clase previamente asignado que presente o lea el relato que figura a continuación.

El hermano Randall Ellsworth fue un misionero que ejercitó gran fe después de haber quedado gravemente herido por un terremoto en Guatemala. Al momento del suceso, él se encontraba en un edificio que se desplomó sobre él. Una de las Autoridades Generales describió esta experiencia de esta manera:

“Permaneció apretado por una viga creo que durante doce horas, tras lo cual se le halló totalmente paralizado de la cintura para abajo. Los riñones no le funcionaban, y no había esperanza de que volviera a caminar.

“Se le trasladó de inmediato a Maryland, donde fue entrevistado en el hospital por un periodista de televisión. Éste le dijo: ‘Los doctores dicen que no podrá volver a caminar. ¿Qué opina usted élder Ellsworth?’ El élder respondió: ‘No solamente volveré a caminar, sino que tengo un llamamiento de un Profeta para servir como misionero en Guatemala, y volveré a Guatemala para finalizar esa misión’…

“Hacía el doble de ejercicios que los médicos le habían prescrito. Ejerció su fe, recibió una bendición del sacerdocio y su recuperación fue milagrosa. Dejó asombrados a los médicos y a los especialistas. Comenzó a ponerse de pie; más tarde logró caminar con muletas, y luego los doctores le dijeron: ‘Puede volver al campo misional si la Iglesia así se lo permite’. Así es que lo enviamos nuevamente a Guatemala. Regresó al pueblo al que amaba profundamente.

“Al llegar allí caminó, cumpliendo con sus actividades a la par de cualquier otro misionero, con un bastón en cada mano. El presidente de misión le dijo un día: ‘Élder Ellsworth, con la fe que usted tiene, ¿por qué no tira esos bastones y camina solo?’. Y así fue que soltó los dos bastones y nunca tuvo que volver a utilizarlos” (Marion G. Romney, “Confianza en el Señor”, Liahona, febrero de 1978, pág 51).

Pida al miembro del quórum previamente asignado que relate la historia de su conversión o alguna ocasión en que haya tenido que vivir por fe durante una crisis o prueba personal.

Conclusión

Para que nuestra fe pueda crecer, debemos nutrirla constantemente. Es un don y una bendición que necesitamos en toda ocasión y lugar. Todo lo que hacemos en la Iglesia requiere fe en Jesucristo; por ejemplo, el pagar los diezmos, el servir en la Iglesia o ahorrar el dinero suficiente para ir al templo. A medida que nutrimos nuestra fe en Jesucristo al obedecerle, al estudiar Su Evangelio, al orar, al ayunar, al asistir a las reuniones y al servir en la Iglesia, recibiremos muchas bendiciones maravillosas, la mayor de las cuales será la de ser dignos de volver a la presencia de nuestro Padre Celestial.

Cometidos

  1. 1.

    Ejercite su fe en Jesucristo cuando se le llame a efectuar una ordenanza del sacerdocio, tal como bendecir a los enfermos.

  2. 2.

    Aplique el principio de la fe al enfrentarse con problemas personales.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Marcos 6:5–6 (no pueden efectuarse milagros sin fe).

  • Hebreos 11 (discurso en cuanto al poder de la fe).

  • 1 Pedro 1:3–9 (la salvación llega por medio de la fe).

  • Enós 1:4–8, 15 (los pecados son perdonados por medio de la fe).

  • Éter 12:12–21 (ejemplos del poder de la fe).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Lea el capítulo 18 del manual Principios del Evangelio, intitulado “Fe en Jesucristo”.

  2. 2.

    Estudie el capítulo 11 de Hebreos.

  3. 3.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.