La necesidad de tener Autoridades Generales

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a comprender por qué el Señor llama a Autoridades Generales y cómo somos bendecidos al sostenerlos.

Introducción

Cuando el Salvador vivió en la tierra, organizó Su Iglesia y ordenó hombres al sacerdocio; entre los que llamó, había doce Apóstoles y otros oficiales que tenían el propósito de dar testimonio de Él y de ayudar a velar por la Iglesia. Tras Su muerte y resurrección, el Señor visitó al pueblo nefita en América y organizó Su Iglesia del mismo modo; ordenó a doce discípulos para servir a los nefitas, de la misma forma en que los doce Apóstoles servían a la Iglesia en el viejo mundo.

En estos últimos días, el Señor ha establecido nuevamente la verdadera Iglesia de Jesucristo por medio del profeta José Smith; la misma fue organizada mediante revelación y tiene doce Apóstoles, al igual que los tenía la Iglesia cuando el Salvador vivió en la tierra. Además de los Apóstoles, el Señor ha llamado a otros para ayudar a guiar y dirigir la Iglesia; a esos hombres se les conoce como Autoridades Generales.

Una Autoridad General es un hombre que posee el Sacerdocio de Melquisedec y es llamado por el Señor para servir en uno de los siguientes puestos.

Muestre la ayuda visual 11-a, “Las Autoridades Generales de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”.

First Presidency and Quorum of 12(haga clic para ver en formato más grande)

11-a, La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Primera Presidencia

La Primera Presidencia está integrada por el Presidente de la Iglesia y sus dos consejeros, quienes son también Autoridades Generales. El Presidente tiene todas las llaves y autoridad restauradas a la Iglesia en los últimos días. Junto con sus consejeros, el Presidente vela por la totalidad de la Iglesia y tiene el poder y la autoridad de oficiar en todos los oficios del sacerdocio y de la Iglesia.

El Presidente de la Iglesia tiene las “llaves” del sacerdocio para administrar en todos los asuntos espirituales y temporales de la Iglesia, y tiene el derecho de dar a presidentes de estaca, obispos, patriarcas y otros, “llaves” pertenecientes a oficios específicos de sus áreas geográficas.

Concerniente a este asunto, el presidente Joseph F. Smith escribió: “Dicha autoridad se delega a todo aquel a quien se confiere cualquier grado del sacerdocio. Pero es necesario que todo acto efectuado bajo esta autoridad se haga en el momento y lugar apropiados, en la manera debida y de acuerdo con el orden correcto. El poder de dirigir estas obras constituye las llaves del sacerdocio (Doctrina del Evangelio, pág. 131).

El Quórum de los Doce Apóstoles

Los Doce Apóstoles son llamados por el Señor para ser testigos especiales de Cristo y actúan bajo la dirección de la Primera Presidencia.

Los Setenta

Los Setenta deben obrar en el nombre del Señor, bajo la dirección de los Doce, edificando la Iglesia y regulando todos los asuntos de ella en todas las naciones (véase D. y C. 107:34).

El Obispado Presidente

El Obispado Presidente es la presidencia del Sacerdocio Aarónico y actúa bajo la dirección del Quórum de los Doce y la Primera Presidencia. El Obispo Presidente y sus dos consejeros velan por los asuntos materiales o temporales de la Iglesia.

Además de las Autoridades Generales, hay un gran número de hombres a los que se llama como Representantes Regionales de los Doce Apóstoles, quienes no son Autoridades Generales, pero son llamados para representar a los Doce Apóstoles y para ayudar a edificar la Iglesia en determinadas áreas del mundo.

Las responsabilidades de las Autoridades Generales

Las Autoridades Generales son representantes de Jesucristo. El Salvador mismo es cabeza de la Iglesia y la dirige mediante revelación al Profeta y a otras Autoridades Generales. Por medio de tales hombres, el Señor revela Su voluntad y nos enseña todo cuanto es necesario para nuestra salvación.

Las Autoridades Generales representan al Salvador de muchas maneras diferentes:

  • Viajan por el mundo para ayudar e instruir a los miembros y a los líderes locales de la Iglesia.

  • Mantienen a la Iglesia unificada y se aseguran de que se enseñe la doctrina correcta en ella.

  • Ordenan líderes locales del sacerdocio, tales como presidentes de estaca y patriarcas de estaca.

  • Preparan y dan discursos en las conferencias generales, de área y otras reuniones; cuando estos hombres hablan bajo la influencia del Espíritu Santo, es igual que si hablara el mismo Jesucristo. “Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). De esta manera, ellos enseñan e inspiran tanto a los miembros de la Iglesia como a aquellos que no lo son.

  • Los Doce Apóstoles tienen el llamamiento de ser testigos especiales de Jesucristo en todo el mundo y dan testimonio de la divinidad de Cristo dondequiera que van. Las demás Autoridades Generales también dan testimonio del Salvador.

  • Tienen la responsabilidad de supervisar todos los asuntos administrativos de la Iglesia.

  • Además de todos estos deberes, son también padres y esposos, y al igual que otros padres en la Iglesia, tienen la responsabilidad de dirigir a sus propias familias y de guiarlas al reino celestial.

La necesidad de contar con Autoridades Generales

A lo largo de la historia, nuestro Padre Celestial ha revelado Su voluntad a los hombres en la tierra por medio de Sus Profetas. Esto es tan verdad cuando nos referimos a la época de Moisés, como cuando nos referimos a la de Cristo o a la de José Smith. Las condiciones pueden cambiar, pero no la verdad, así como tampoco varía nuestra necesidad de recibir dirección de Dios, por lo que debido al amor que Él nos profesa, nos ha dado un Profeta, Apóstoles y otras Autoridades Generales que nos guían hoy en día.

La siguiente historia relata cómo un grupo de personas fue bendecido por obedecer al Profeta.

“Finalmente, en julio de 1959 los planes se habían completado. Treinta fieles tahitianos habían trabajado y ahorrado con sacrificio el dinero necesario para hacer un viaje al Templo de Hawai. Se había requerido mucho trabajo para llevar el Paraita (que literalmente significa Gran Jefe), el yate de la misión, a un dique seco para repararlo y repintarlo, y además había habido problemas con el gobierno francés. [El capitán del yate, el hermano Tapu, convenció finalmente al encargado de puerto, y después fueron los dos para hablar con el gobernador francés y convencerle de que permitiera que los santos partieran con el Paraita rumbo a Hawai.]

“El hermano Tapu no solamente obtuvo permiso de parte de los oficiales gubernamentales franceses, sino que también escribió a Salt Lake City para recibir permiso del presidente David O. McKay, el cual se le otorgó y todo estaba preparado para emprender el viaje.

“Pero entonces se recibió una llamada telefónica decisiva de la oficina de misión, solicitando que todos aquellos que planeaban tomar parte en el viaje se reunieran en la casa de misión antes de salir…

“Aquel día, un mensajero especial, Ernest C. Rossiter… había llegado directamente de Salt Lake City, de parte del presidente McKay, y las noticias que traía les dejaron pasmados: se pedía a los santos que no hicieran el planeado viaje. Según el hermano Tapu, el presidente McKay no había dado explicación alguna al respecto, sino que solamente le había pedido al hermano Rossiter que fuera y les detuviera en su proyecto. ‘No lo podrán llevar a cabo y, si les permitimos ir, tendremos complicaciones con el gobierno francés; seremos responsables de ellos, así que vaya y hágalos desistir de su intento’.

“El presidente de la misión, el hermano Christiansen, escribió en el diario de la misión la pena e inquietud que le producía tener que comunicar tal noticia a los santos que estaban preparados para embarcar:

“ ‘Me sentía muy preocupado y sentí que necesitaba la ayuda del Señor para ayudarme a dar la explicación a esos humildes y fieles miembros que tenían tan grandes esperanzas de recibir sus investiduras en Su Santa Casa. Ayuné y oré sobre el asunto y convoqué a los miembros del sacerdocio a una reunión, a celebrarse el 15 de julio de 1959 a las 8 de la mañana. Solicité también a seis fieles miembros del sacerdocio que se reunieran en mi habitación a las 7:30 de la mañana y, con la ayuda del presidente Rossiter, les comunicamos la decisión que había tomado la Primera Presidencia, y les dijimos que deseábamos que unieran su fe y sus oraciones al presentar el mensaje a los miembros del sacerdocio que estarían congregados a las 8:00. Después de que el presidente Rossiter y yo terminamos de hablar con estos hermanos, ellos a su vez expresaron brevemente sus pensamientos y a medida que iba escuchándolos, una gran alegría me invadió interiormente, ya que expresaron que era su deseo obedecer el consejo de nuestro Profeta aquí en la tierra.

“ ‘Fuimos a la reunión con los miembros del sacerdocio, quienes tras escuchar el mensaje de la Primera Presidencia, expresaron su convicción de que si estas palabras procedían de los líderes de la Iglesia, sin duda era por inspiración del Señor, y que el único modo de mostrar su amor y agradecimiento por las bendiciones que Él les había dado, era obedeciendo el consejo recibido. Entonces pedí un voto y todas las manos se alzaron aceptando la decisión de la Primera Presidencia’.

“Así pues, el viaje se canceló, sin que ni el presidente Rossiter, ni el presidente Christiansen, ni ninguno de los fieles santos tahitianos supiera realmente por qué el Profeta del Señor les había dicho que no fueran. Cancelaron el viaje porque tenían fe en el Profeta.

“Más tarde, el hermano Tapu, el capitán, volvió a su barco, donde un mecánico le dijo que un pequeño engranaje estaba averiado y que solamente podría proveer de 100 a 150 horas de servicio. A pesar de este hecho, el bote estaba anclado y preparado para salir…

“[El hermano Tapu informó:] ‘Bien, un par de días más tarde recibí una llamada telefónica del encargado del puerto mientras me hallaba en la oficina de la misión trabajando en nuestra revista local de la Iglesia.

“—Tu barco se está hundiendo —me dijo.

“— ¿Qué? ¿Cómo es posible? Acabo de sacarlo del dique seco.

“Él me contestó:

“—Tu barco se está hundiendo. ¡Apúrate!

“Enseguida me apresuré a ir al puerto, y al llegar vi que el barco estaba ya medio hundido. Mi primer asistente estaba debajo del barco tratando de encontrar la causa del problema; entonces comprobó que la cañería de escape de la cocina estaba totalmente deteriorada. El encargado de hacer las reparaciones había pintado sobre madera y cañería que estaban extremadamente dañadas; esa parte se había roto y estaba filtrándose el agua hacia adentro.

“ ‘¿Qué dirías si estuviéramos a trescientos o cuatrocientos kilómetros en una lancha salvavidas? Si hubiéramos partido conforme al programa establecido, habríamos estado a esa distancia cuando la cañería y la madera se rompieron’.

“Cuando los santos de Tahití aceptaron el consejo del Profeta, no pudieron comprender la razón de la preocupación del presidente McKay, pero ahora comprendían las vías de Dios. El hermano Tapu expresó su entendimiento de esto cuando dijo: ‘Esta es la razón por la que siempre tuve un testimonio del presidente McKay, un verdadero Profeta del Señor’ ” (R. Lanier y JoAnn M. Britsch, “A Prophet’s Warning,” New Era, marzo de 1976, págs. 12, 14).

Las Autoridades Generales hablan por Cristo. El Señor ha dicho: “Y lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación” (D. y C. 68:4).

Puesto que estos hombres son los representantes del Señor en la tierra, es importante que sepamos lo que dicen y que, además, sigamos sus enseñanzas. Consideremos algunas de las enseñanzas del Señor en las que las Autoridades Generales han hecho hincapié en nuestra época: Nos han aconsejado que tengamos la noche de hogar; han solicitado que construyamos templos y llevemos a cabo la obra genealógica; nos han hablado sobre la preparación personal y familiar (incluso el almacenamiento de alimentos) y han expresado la necesidad de que cada miembro haga la obra misional.

Solicite a los miembros de la clase que piensen en cuánto ha cambiado el mundo en los últimos diez o veinte años. ¿Cómo nos ayuda a hacer frente a los desafíos de esta época el escuchar el consejo de los Profetas?

Sostenimiento de las Autoridades Generales

El Señor no obligará a ninguno de nosotros a obedecer a Sus siervos; podemos aceptarlos o rechazarlos. Sin embargo, es una bendición aceptar y sostener a las Autoridades Generales y a los demás líderes, cosa que hacemos formalmente en ciertas reuniones en las que se nos solicita el voto de sostenimiento para los líderes de la Iglesia. Manifestamos nuestra disposición de hacerlo al levantar la mano derecha, pero ese sostenimiento requiere más que el hecho de levantar nuestra mano; en verdad sostenemos a las Autoridades Generales cuando aceptamos sus enseñanzas y seguimos sus consejos y su liderazgo.

Estos hombres son los representantes de Jesucristo y reciben de Él revelación continua. Honramos al Salvador cuando honramos a Sus representantes; honramos y respetamos a los Profetas vivientes cuando obedecemos sus enseñanzas, cuando oramos por ellos y oramos para recibir la fuerza para seguirles (véase Hebreos 13:17–18 y D. y C. 107:22). También les sostenemos cuando sostenemos a nuestro obispo o presidente de rama, ya que actúan bajo su dirección.

Aquellos quienes sostienen a las Autoridades Generales reciben grandes bendiciones. El Señor ha dicho que quienes crean en las enseñanzas de los Profetas y perseveren en la fe hasta el fin, recibirán todo cuanto Dios tiene (véase D. y C. 84:36–38). El Libro de Mormón nos habla de un gran hombre llamado Amulek, que recibió a un Profeta de Dios. Un ángel visitó a Amulek y le dijo que el profeta Alma iría a visitarle. El ángel dijo: “…lo recibirás en tu casa y lo alimentarás, y él te bendecirá a ti y a tu casa; y la bendición del Señor reposará sobre ti y tu casa” (Alma 10:7). Amulek recibió a Alma en su casa y más tarde dio su testimonio de las grandes bendiciones que recibieron él y su familia por haber recibido al Profeta.

Lea Alma 10:10–11. ¿Cómo podemos recibir las bendiciones que Amulek describió?

Quizás nunca tengamos la oportunidad de que una Autoridad General visite nuestro hogar, pero podemos recibir bendiciones similares si aceptamos en nuestro hogar los consejos inspirados de las Autoridades Generales.

Si un miembro de la clase ha hablado alguna vez con una Autoridad General o ha escuchado a uno de ellos discursar, solicite que relate la experiencia y que diga por qué cree que es importante escuchar y obedecer a las Autoridades Generales.

Conclusión

Las Autoridades Generales son los representantes personales del Señor. Poseen el sacerdocio y tienen las llaves para dirigir la obra de la Iglesia del Señor. A medida que sigamos sus consejos y les apoyemos con nuestra fe, obediencia y oraciones, recibiremos grandes bendiciones.

El presidente Harold B. Lee dijo: “Alguien lo ha dicho de esta manera… y pienso que es absolutamente cierto: ‘Una persona no está plenamente convertida hasta que vea el poder de Dios sobre los líderes de esta Iglesia, y hasta que ese poder penetre en su corazón como un fuego’. Hasta que los miembros de esta Iglesia tengan la convicción de que son dirigidos por el camino recto, y de que estos hombres de Dios son hombres inspirados y que han sido propiamente señalados por la mano de Dios, no estarán plenamente convertidos”.

Cometidos

  1. 1.

    Hoy, en su oración personal y familiar, pida al Señor que bendiga a las Autoridades Generales.

  2. 2.

    Ore por recibir un testimonio y la fuerza para seguir al Profeta y a las otras Autoridades Generales.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Números 12:6 (el Señor se aparece a Sus Profetas).

  • Amós 3:7 (el Señor revela Sus secretos a Sus Profetas).

  • Lucas 1:59–79 (el Señor ha hablado siempre al hombre por medio de Profetas).

  • D. y C. 21:4–6 (el Profeta habla palabras como si fueran de la boca del Señor).

  • D. y C. 43:1–7 (las revelaciones de la Iglesia se dan solamente por medio del Profeta).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Planee comenzar o concluir con el himno “Te damos, Señor, nuestras gracias”, Himnos, Nº 10.

  2. 2.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.