El sacerdocio desde Adán hasta la Restauración

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a comprender que el sacerdocio que hemos recibido es el mismo que fue dado a Adán y a otros hombres justos a través de las épocas.

Introducción

Adán fue el primer hombre que tuvo el sacerdocio patriarcal, lo cual significa que Dios le dio autoridad para dirigir a su familia y efectuar las ordenanzas que necesitaban para volver a Su presencia. Fue también el primer Profeta que recibió las llaves para presidir, o la autoridad para dirigir la Iglesia de Dios en la tierra; con esta autoridad dio el sacerdocio a muchos hombres y les instruyó sobre la forma de utilizarlo. Desde Adán, todos los presidentes de la Iglesia han tenido la misma autoridad.

Este poder para dirigir a todos los poseedores del sacerdocio de la Iglesia en sus diferentes oficios y deberes recae únicamente en un hombre: el Presidente de la Iglesia (véase D. y C. 81:1–2; D. y C. 132:7). Aunque hoy sólo un hombre posee ese tipo especial de autoridad, muchos tienen el sacerdocio, que es el mismo que han tenido todos los Profetas desde que Adán lo recibió al principio. (Para mayor información sobre las llaves del sacerdocio, véase la lección 11 de este manual.)

Adán recibió el sacerdocio

Poco después que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén, se les apareció un ángel y les enseñó el Evangelio (véase Moisés 5:4–9). También se organizó la Iglesia y Adán fue bautizado en el agua, del mismo modo que hoy día se nos ha instruido bautizar (véase Moisés 6:64–65). El sacerdocio fue entonces otorgado a Adán a fin de que tuviera la autoridad para realizar todas las ordenanzas del Evangelio para los miembros de su familia y, con esta autoridad, los bautizó y dio el sacerdocio a sus hijos justos.

Muestre la ayuda visual 2-a, “El sacerdocio en todas las generaciones”, y explique que la misma está dividida en ocho períodos llamados dispensaciones. Lea la definición de la palabra “dispensación” que figura al pie de la gráfica, y explique que no sabemos cuántas dispensaciones del Evangelio han habido, pero que esas ocho representan algunas de las principales. A medida que se mencione cada dispensación en la lección, señale la lámina correspondiente y lea el pasaje de las Escrituras que se incluye en cada una. Estos pasajes enseñan que cada Profeta ha poseído el Sacerdocio de Melquisedec.

La dispensación patriarcal

Adán enseñó el Evangelio a sus hijos y a sus nietos, se aseguró de que recibieran las ordenanzas necesarias del sacerdocio y organizó la Iglesia según el orden patriarcal. El orden patriarcal del sacerdocio significa que la organización de la Iglesia se centra en la familia y que el sacerdocio se transmite de padre a hijo. Entre los grandes patriarcas que vivieron durante esa dispensación se encontraban Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared y Enoc (véase D. y C. 107:40–52).

Diríjase a la ayuda visual 2-a, “El sacerdocio en todas las generaciones”. Señale la lámina correspondiente a la dispensación de Adán y lea D. y C. 107:40–41, tal como se indica en la gráfica.

La primera gran apostasía

Los hombres han tenido siempre el albedrío, o sea, la libertad de elección, con la cual algunos de los hijos de Adán escogieron quebrantar los mandamientos. Debido a que muchos de ellos escogieron ese camino y se desviaron de la verdad, “desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos” (véase Moisés 5:12–13). A este tipo de desviación de la verdad se le llama apostasía.

Adán y quienes guardaron los mandamientos predicaron a esas personas e intentaron despertar en ellos el arrepentimiento. La mayor parte no se arrepintió, pero quienes lo hicieron se unieron al profeta Enoc y fueron llamados el pueblo de Sión. Las Escrituras nos dicen que “Enoc y todo su pueblo anduvieron con Dios… y aconteció que Sión no fue más, porque Dios la llevó a su propio seno” (Moisés 7:69).

Señale en la gráfica la lámina de la dispensación de Enoc y lea D. y C. 107:48–53.

Después que Enoc y el pueblo de Sión fueron llevados de la tierra, los malvados se hicieron numerosos. El Señor envió al profeta Noé para amonestarlos y llamarlos al arrepentimiento. Noé les dijo que si no se arrepentían, serían arrasados de la tierra por medio de un diluvio; sin embargo, solamente su familia le escuchó y observó los mandamientos. Tal como lo había predicho, llegó el Diluvio y Noé y su familia fueron los únicos que se salvaron.

Señale en la gráfica la lámina correspondiente a la dispensación de Noé y lea Moisés 8:19–20.

El sacerdocio después del Diluvio

Después del Diluvio, Noé otorgó el sacerdocio a sus hijos y nietos justos. Uno de estos hombres justos que vivió después de Noé fue Melquisedec, de quien, por motivo de su rectitud, toma su nombre el sacerdocio (véase D. y C. 107:2–4). Melquisedec ordenó a Abraham al sacerdocio y Abraham ordenó a otros hombres, por lo que el Sacerdocio de Melquisedec continuó hasta la época de Moisés.

Señale en la gráfica la lámina que muestra la dispensación de Abraham y lea D. y C. 84:14.

Se quita el Sacerdocio de Melquisedec del pueblo de Israel

Tal como nos dicen las Escrituras, Abraham dio el sacerdocio a su hijo Isaac, y éste lo transmitió a su hijo Jacob, cuyo nombre fue cambiado por el de Israel, y desde entonces, los descendientes de Jacob fueron conocidos como los hijos de Israel.

En los días de Moisés, después que éste condujo a los hijos de Israel fuera de Egipto, el Señor ofreció a éstos la plenitud de Su Evangelio, pero ellos la rechazaron. Por esta razón el Señor les quitó el Sacerdocio de Melquisedec y las ordenanzas mayores del Evangelio, y sólo les dejó las ordenanzas menores (tal como la ley de sacrificio); éstas eran administradas por un sacerdocio menor que tomó el nombre del hermano de Moisés, Aarón.

El Señor también les dejó la mayor parte de los principios morales y éticos del Evangelio. A esas leyes espirituales fueron añadidas otras para dirigir las actividades físicas o temporales del pueblo. La mayor parte de ellas pueden hallarse en Éxodo, Levítico y Deuteronomio; no se dieron para reemplazar el Evangelio, sino como parte adicional de éste, para preparar a los hijos de Israel a fin de que pudieran vivirlo en su plenitud en un período posterior.

Aun cuando se le quitó a Israel, como nación, el Sacerdocio de Melquisedec, éste no fue quitado de la tierra de manera permanente; desde la época de Moisés hasta la venida de Jesucristo, hubo varios Profetas que lo poseyeron, entre los cuales se cuentan Elías el Profeta, Isaías, Jeremías, Lehi, Daniel y Ezequiel.

Señale en la gráfica la lámina de la dispensación de Moisés y lea D. y C. 84:6, 19–27.

El sacerdocio en la época del Libro de Mormón

Cuando Lehi y su familia salieron de Jerusalén rumbo a América, tenían el sacerdocio; por lo tanto, a través de la historia del Libro de Mormón hubo hombres justos que administraron al pueblo las ordenanzas del sacerdocio. Dos hombres que hablaron sobre el sacerdocio durante la época del Libro de Mormón fueron el rey Benjamín y Alma.

Señale la gráfica y lea Mosíah 6:3 y Alma 13:1–2, 8–9.

El sacerdocio en los días de Jesús

Cuando Jesús vino a la tierra restauró el Evangelio en su plenitud. Él tenía las llaves, o la autoridad completa del sacerdocio, por lo que ordenó Apóstoles (véase Mateo 10:1–4) y Setentas (véase Lucas 10:1). Organizó Su Iglesia entre los seguidores y cuando finalmente dejó la tierra, los Apóstoles recibieron la autoridad para ordenar a otros hombres a los varios oficios del sacerdocio (véase Hechos 14:23). De este modo, el sacerdocio se transmitió, y permaneció como el fundamento de la Iglesia de Jesucristo.

Señale la gráfica y lea Mateo 16:19; Hebreos 5:5–10; y 3 Nefi 11:19–22; 12:1.

La Gran Apostasía

Durante algún tiempo, después de la ascensión de Jesús al cielo, la Iglesia continuó enseñando la verdad, y miles de personas de varias ciudades se unieron a ella. Sin embargo, con el tiempo, la historia volvió a repetirse; algunos de los que se habían unido a la Iglesia rehusaron obedecer las leyes y ordenanzas del Evangelio y las cambiaron para acomodarlas a su propio modo de pensar. Al mismo tiempo, se persiguió y dio muerte a muchos miembros, incluso los Apóstoles y otros líderes del sacerdocio y, a medida que esto sucedía, la Iglesia fue perdiendo la autoridad del sacerdocio hasta que llegó el momento en que ya no hubo sacerdocio en ella.

Durante muchos siglos reinó la oscuridad espiritual en la tierra. Aquellas iglesias que fueron organizadas durante la Gran Apostasía, no tenían el sacerdocio y, como consecuencia, no podían recibir dirección de Dios ni realizar las ordenanzas de salvación. Tal como Isaías predijo que harían, ellos “traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno” (Isaías 24:5).

Muestre la ayuda visual 2-b, “El sacerdocio le es conferido al hombre mediante la imposición de manos por aquellos que han recibido la autoridad de Dios”.

La restauración del sacerdocio

Esa Gran Apostasía continuó en la tierra hasta que en un día de la primavera de 1820, un joven oró a Dios para saber a qué iglesia debía unirse. En respuesta a esta oración, Dios el Padre y Su Hijo Jesús se le aparecieron y Jesús le dijo que no se uniera a ninguna de las iglesias, diciendo al referirse a ellas: “…con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella” (José Smith—Historia 1:19).

Por medio de José Smith, el Señor hizo volver a la tierra Su Iglesia verdadera y restauró todos los principios y ordenanzas necesarios de Su Evangelio. Para efectuarlo, el Señor le dio a José Smith el santo sacerdocio, que poseyó Adán y otros hombres justos a través de las épocas. Hoy tenemos ese sacerdocio y el Señor ha prometido que en esta dispensación, la del cumplimiento de los tiempos, el sacerdocio no será quitado de nuevo y se hallará aquí cuando Cristo vuelva a la tierra.

Señale en la gráfica la lámina de la dispensación del cumplimiento de los tiempos y lea D. y C. 20:1; D. y C. 13; D. y C. 27:8, 12–13; y D. y C. 86:10.

Conclusión

El sacerdocio que poseemos hoy es el mismo que se dio a Adán y el mismo que tiene Jesús. Así como Adán y los otros Profetas, nosotros somos los representantes del Señor en la tierra y por esta razón tenemos el poder de ayudarnos a nosotros mismos, a nuestra familia y a la Iglesia, para que todos podamos volver a la presencia de Dios. Cuando el obispo o el presidente de rama lo autorice, podemos bautizar a nuestros hijos, darles el don del Espíritu Santo y ordenarlos al sacerdocio. De ese modo y muchos otros, el sacerdocio puede infundir gozo en nuestra vida y en la vida de los demás.

Cometidos

  1. 1.

    Hable del sacerdocio con su familia y busque maneras de ayudar a sus hijos a ser dignos de recibir el sacerdocio.

  2. 2.

    En el momento adecuado y cuando se le haya autorizado hacerlo, bautice y confirme a sus hijos y ordene a los varones al sacerdocio.

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Estudie el capítulo 14 del manual Principios del Evangelio, intitulado “La organización del sacerdocio”.

  2. 2.

    Recuerde a cada poseedor del sacerdocio que lleve los libros canónicos a cada reunión.

  3. 3.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.