La restauración del sacerdocio

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a comprender la restauración del Santo Sacerdocio que, tras la época de Jesucristo, fue quitado de la tierra.

Introducción

Como poseedores del sacerdocio, tenemos la misma autoridad que Dios otorgó a Sus siervos en el pasado.

Muestre la ayuda visual 3-a, intitulada “Cristo ordenó doce Apóstoles y les otorgó las llaves del sacerdocio”.

A continuación se detallan algunas de las ordenanzas que podemos llevar a cabo por medio del sacerdocio:

  • Bautizar, como lo hicieron Juan el Bautista y los nefitas (véase Mateo 3:15–17 y 3 Nefi 11:19–26).

  • Administrar la Santa Cena, como lo hizo Jesús (véase Lucas 22:19–20).

  • Otorgar el don del Espíritu Santo, como lo hicieron Pablo y los nefitas (véase Hechos 19:5–6 y 3 Nefi 18:37).

  • Sanar a los enfermos, como lo hizo Pedro (véase Hechos 3:1–8).

En el pasado, muchos fieles poseedores del sacerdocio efectuaron estas ordenanzas.

¿Por qué podemos llevar a cabo hoy en día esos deberes del sacerdocio?

Podemos efectuar la obra del sacerdocio porque el sacerdocio de Dios está hoy en la tierra; y debido a que el mismo sacerdocio que tuvieron Sus antiguos siervos ha sido otorgado a hombres dignos de Su Iglesia, Dios reconoce la obra que éstos hacen por medio de ese poder.

La Gran Apostasía y la Restauración

Tal como hablamos en la lección 2, después de Cristo tuvo lugar una Gran Apostasía, lo cual significa que debido a la iniquidad de los hombres, el sacerdocio y la mayor parte de las enseñanzas verdaderas de Jesucristo fueron cambiados o se perdieron. Muchos grandes Profetas habían predicho que llegaría el día en que la gente se desviaría de la verdad. Uno de esos Profetas fue Isaías, quien al hablar de la Apostasía dijo que los moradores de la tierra “traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno” (Isaías 24:5). La profecía de Isaías se cumplió: debido a la transgresión que hubo después de la época de Jesucristo, el verdadero orden del sacerdocio fue quitado de la tierra. El pueblo del Libro de Mormón fue en una época el único que disfrutó las bendiciones del sacerdocio, pero al final, también se desvió de la verdad, y por dicha apostasía, los habitantes de la tierra no pudieron ya escuchar el Evangelio verdadero y recibir las ordenanzas salvadoras del sacerdocio.

Pero nuestro Padre Celestial desea que todos Sus hijos vuelvan a Su presencia, por lo que fue necesario que restaurara el sacerdocio y sus ordenanzas y todas las demás verdades que nos era menestar conocer a fin de volver a Él.

Muchos Profetas esperaban esta época. Isaías, por ejemplo, profetizó en cuanto al tiempo en el que el Señor despertaría “la admiración de este pueblo con un prodigio grande” (véase Isaías 29:13–14). También Pedro habló del tiempo en que habría una “restauración de todas las cosas” (véase Hechos 3:19–21). Restauración significa renovar o volver a traer algo que se había quitado o perdido. El sacerdocio y el Evangelio debían ser restaurados; de lo contrario la humanidad entera se habría perdido. Esta restauración comenzó en 1820, cuando Dios el Padre y el Señor Jesucristo se aparecieron a José Smith.

José Smith y la restauración del sacerdocio

José Smith fue uno de los hijos espirituales “nobles y grandes” de nuestro Padre Celestial. Al igual que Abraham, fue escogido antes de venir a la tierra para llevar a cabo una misión muy importante (véase Abraham 3:22–23). Como resultado, muchos de los Profetas antiguos sabían de la misión de José Smith. Tanto José de Egipto, hijo de Jacob, como el profeta Lehi, del Libro de Mormón, sabían acerca de José Smith y su misión. Lehi habló a su hijo José de una profecía hecha por José de Egipto, que mencionaba un Profeta de los últimos días llamado también José.

Léase 2 Nefi 3:6–15.

José Smith comenzó su investigación de la verdad a muy temprana edad. Cuando sólo tenía catorce años fue a una arboleda y preguntó a Dios a qué Iglesia debía unirse. Como respuesta a su oración, Dios y Jesucristo se le aparecieron en persona, como seres con cuerpo de carne y huesos. Tres años después, en 1823, el ángel Moroni se apareció a José Smith y le habló del Libro de Mormón. Más tarde, Moroni dio a José Smith este registro sagrado de los antiguos habitantes de América y, con la ayuda de Dios, José pudo traducir tales anales. El Libro de Mormón y las revelaciones dadas al joven Profeta, restauraron muchas de las verdades perdidas durante la Apostasía.

Pero la restauración de la verdad sobre Dios y Sus doctrinas no era suficiente. José Smith nació cuando el sacerdocio no existía en la tierra y debido a que sin él no podía cumplir con su misión, el sacerdocio tuvo que ser restaurado, recibiéndolo de quienes tenían las llaves o la autoridad para ordenarle. En 1838, José Smith escribió lo siguiente sobre el modo en que él y Oliver Cowdery recibieron el Sacerdocio Aarónico.

Muestre la ayuda visual 3-b, “Juan el Bautista confiere el Sacerdocio Aarónico a José Smith y a Oliver Cowdery”.

“El mes siguiente (mayo de 1829), encontrándonos… realizando el trabajo de la traducción, nos retiramos al bosque en cierto día para orar y preguntar al Señor acerca del bautismo para la remisión de los pecados, del cual vimos que se hablaba en la traducción de las planchas. Mientras en esto nos hallábamos, orando e implorando al Señor, descendió un mensajero del cielo en una nube de luz y, habiendo puesto sus manos sobre nosotros, nos ordenó… (al) Sacerdocio de Aarón.

“…El mensajero que en esta ocasión nos visitó y nos confirió este sacerdocio dijo que se llamaba Juan, el mismo que es conocido como Juan el Bautista en el Nuevo Testamento, y que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, quienes poseían las llaves del Sacerdocio de Melquisedec, sacerdocio que nos sería conferido, dijo él, en el momento oportuno… Fue el día quince de mayo de 1829 cuando este mensajero nos ordenó, y nos bautizamos” (José Smith—Historia 1:68, 72; véase también D. y C. 13).

Más tarde, a finales del mismo año, 1829, José Smith y Oliver Cowdery recibieron el Sacerdocio de Melquisedec; los antiguos Apóstoles de Jesús, Pedro, Santiago y Juan se les aparecieron, colocaron las manos sobre sus cabezas y los ordenaron (véase D. y C. 27:12). De ese modo, José recibió ambos sacerdocios, el Aarónico y el de Melquisedec. La autoridad del sacerdocio había sido restaurada: quienes la habían poseído en la antigüedad, trajeron de nuevo a la tierra el poder de Dios.

El Sacerdocio Aarónico

El Sacerdocio Aarónico es parte del Sacerdocio de Melquisedec y obra bajo su dirección. Cuando Juan el Bautista confirió el Sacerdocio Aarónico a José Smith y Oliver Cowdery, también les dijo que Pedro, Santiago y Juan, quienes poseían las llaves del Sacerdocio de Melquisedec, le habían encargado que confiriera sobre ellos ese sacerdocio.

El Sacerdocio Aarónico tomó su nombre de Aarón, el hermano de Moisés. Aarón obró bajo la dirección de Moisés para llevar adelante la obra de Dios. Así pues, los poseedores del Sacerdocio Aarónico tienen menos autoridad que los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec. Por esta razón, el Sacerdocio de Aarón es llamado a veces el sacerdocio menor, “porque es una dependencia del mayor, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec” (D. y C. 107:14). Esto no significa que es pequeño o insignificante, ya que por medio de él hombres jóvenes y mayores llevan adelante una gran obra.

Los poderes y deberes del Sacerdocio Aarónico son:

  • Poseer las llaves de la ministración de ángeles, lo cual significa tener el derecho de que los ángeles nos ayuden a llevar adelante la obra de Dios.

  • Conferir el Sacerdocio Aarónico a otros.

  • Predicar el arrepentimiento y el bautismo.

  • Administrar la sagrada ordenanza de la Santa Cena.

  • Enseñar el Evangelio y fortalecer los testimonios de los miembros de la Iglesia.

  • Recaudar ofrendas para la Iglesia.

  • Ayudar en la construcción de templos, capillas y otros edificios.

  • Ocuparse de los pobres, las viudas y los huérfanos.

  • Ocuparse de los asuntos temporales de la Iglesia (tales como la limpieza de la capilla), según lo indiquen el obispo y el presidente del quórum.

Los deberes de los diáconos, maestros y presbíteros en el Sacerdocio Aarónico varían. Los mismos quedan especificados en D. y C. 20:46–59.

Léase D. y C. 20:46–59.

En resumen, el Sacerdocio Aarónico es un sacerdocio preparatorio que prepara el camino para quienes administran las bendiciones del Sacerdocio de Melquisedec, y da a los poseedores del sacerdocio menor la experiencia necesaria para recibir el mayor.

¿Cuáles son los poderes y autoridades del Sacerdocio Aarónico?

El Sacerdocio de Melquisedec

El sacerdocio mayor toma su nombre de Melquisedec, un sacerdote que vivió en los días del profeta Abraham, según lo relata el Antiguo Testamento. Hasta entonces se le conocía como el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios, pero con el fin de evitar la repetición del nombre de Dios, se instruyó a la Iglesia primitiva que diera a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec porque “Melquisedec fue un gran sumo sacerdote” (véase D. y C. 107:1–6).

En Doctrina y Convenios se revela que el Sacerdocio de Melquisedec tiene el derecho de presidir sobre todos los oficios de la Iglesia, lo cual significa que todos los oficios de la Iglesia forman parte de tal sacerdocio; o sea que no existe autoridad o sacerdocio que supere al Sacerdocio de Melquisedec. Además, tiene la autoridad de administrar todas las ordenanzas espirituales necesarias para que podamos regresar a nuestro Padre Celestial (véase D. y C. 107:8–19).

Los poderes y deberes del Sacerdocio de Melquisedec son:

  • Otorgar el don del Espíritu Santo.

  • Ordenar hombres dignos al Sacerdocio de Melquisedec.

  • Oficiar en ceremonias de matrimonios celestiales.

  • Efectuar la obra del templo por los vivos y por los muertos.

  • Bendecir a los enfermos.

  • Atender las necesidades espirituales y temporales de todas las personas.

  • Recibir conocimiento de Dios pertinente a los asuntos de la Iglesia.

Los oficios de élder, sumo sacerdote, patriarca, Setenta y Apóstol, varían solamente respecto a sus responsabilidades específicas. Los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec pueden llevar a cabo todas las tareas del Sacerdocio Aarónico, porque éstas son parte de los deberes del sacerdocio mayor. Por medio de este sacerdocio, nos preparamos a nosotros y a otras personas para entrar un día en el reino de los cielos.

Pida al poseedor del sacerdocio asignado que lea o explique el incidente que relata Hechos 19:1–6, en el cual Pablo bautizó nuevamente a ciertos discípulos. ¿Por qué fue necesario que esas personas se bautizaran de nuevo?

Conclusión

Si el sacerdocio no estuviera en la tierra, no podríamos llevar a cabo la obra del Señor y no existiría la Iglesia verdadera; como consecuencia, nadie podría obtener la vida eterna; ésta sólo la alcanzan quienes observan los principios y ordenanzas del Evangelio, ordenanzas que no se pueden efectuar sin el sacerdocio. Debido a que el sacerdocio es el poder de Dios, y no del hombre, éste no puede otorgárselo a sí mismo ni puede conferirlo a otros a menos que lo haya recibido mediante la autoridad apropiada (véase D. y C. 42:22). Por estas razones, el sacerdocio le fue restaurado a José Smith a través de mensajeros celestiales. Hoy el sacerdocio se halla en la verdadera Iglesia de Jesucristo, que fue restaurada para efectuar la obra del Señor y para beneficiar a toda la humanidad (véase D. y C. 84:17).

Todo miembro varón que haya recibido el sacerdocio de Dios tiene la gran responsabilidad de ayudarse a sí mismo, a su familia y a todos aquellos que le rodean, a disfrutar las bendiciones de la vida eterna.

Cometidos

  1. 1.

    Aprenda las oportunidades y deberes de su sacerdocio, lo que puede hacer al leer las Escrituras, al ayunar y orar, al estudiar el manual del sacerdocio y al recibir instrucción de sus líderes del sacerdocio.

  2. 2.

    Cumpla sus deberes en el sacerdocio del mejor modo posible, esforzándose siempre por mejorar.

  3. 3.

    Apoye a quienes tengan autoridad sobre usted y tenga cuidado de no asumir ningún poder o autoridad que no le haya sido conferido.

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Lea D. y C. 13; 20; 84; 107; 121 y 124, con el fin de comprender mejor el sacerdocio.

  2. 2.

    Estudie el capítulo 14, “La organización del sacerdocio”, y el capítulo 17, “La Iglesia de Jesucristo en la actualidad”, en el manual Principios del Evangelio.

  3. 3.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.