La responsabilidad del padre por el bienestar de la familia

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El objetivo de esta lección es ayudarnos a entender la responsabilidad que tiene el padre de planear y proveer a fin de satisfacer las necesidades de su familia.

Introducción

Un Profeta del Señor dijo: “La familia es la organización más importante en esta vida o en la eternidad. Nuestro propósito en la vida es crear nuestra propia unidad familiar eterna” (véase Joseph Fielding Smith, “Consejo a los santos y al mundo”, Liahona, diciembre de 1972, pág. 8).

Una familia eterna es una familia patriarcal, lo cual significa que el padre es el cabeza de esa familia y que el esposo y la esposa se han sellado en el templo; todas las unidades familiares deben tomar el modelo de la familia eterna y el padre debe actuar como el verdadero cabeza de su familia.

El padre debe proveer para satisfacer las necesidades de su familia

Las Escrituras nos enseñan que el padre es el cabeza de familia (véase Efesios 5:23) y, como tal, debe proveer para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de la misma (véase Mosíah 4:14–15). Este deber sagrado, impuesto por el Señor, es la labor más importante que un padre pueda realizar. El presidente David O. McKay declaró que “ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar” (David O. McKay, Conference Report, abril de 1964, pág. 4).

Es en la familia donde debe cuidarse a los niños y enseñárseles principios eternos. El presidente Harold B. Lee dijo: “La obra del Señor más importante será la que efectuemos dentro de nuestro propio hogar” (Regional Representatives Seminar Report, abril de 1972, pág. 2). Ningún otro maestro puede influir positivamente en nuestros hijos tanto como podemos hacerlo nosotros como padres; por esta razón, debemos enseñar a nuestros hijos tanto por nuestras palabras como por nuestro ejemplo. Tenemos la promesa de que si nos sellamos en el templo a nuestra esposa e hijos y vivimos fielmente los principios del Evangelio, podremos vivir juntos como familia eterna en el reino celestial (véase el capítulo 47 de Principios del Evangelio, intitulado “La exaltación”).

El proveer para satisfacer las necesidades físicas de la familia

Como padres, se espera que proveamos para satisfacer las necesidades físicas de la familia, para lo cual debemos:

  • Trabajar en una ocupación honrada a fin de proveer para satisfacer las necesidades de la familia.

  • Presupuestar los recursos familiares en cooperación con nuestra esposa.

  • Enseñar a nuestros hijos a trabajar.

  • Dirigir un programa de producción y almacenamiento en el hogar.

Las Escrituras modernas nos enseñan que quien puede trabajar y no lo hace “no comerá el pan ni vestirá la ropa del trabajador” (D. y C. 42:42). El Señor ha dicho que a menos que el ocioso cambie sus costumbres, no recibirá las bendiciones que recibirán quienes trabajen, y quizás no mantendrá su lugar en la Iglesia (véase D. y C. 75:29). Naturalmente, no importa el trabajo a que nos dediquemos, siempre que sea honrado y satisfactorio.

Junto con su esposa, un esposo debe organizar el presupuesto familiar; los ingresos que éste aporta no son solamente suyos, sino que pertenecen a toda la familia; él es simplemente quien los administra y el que es responsable de que se satisfagan las necesidades financieras de cada miembro de la familia, y no solamente las de él. Cuando pone su mejor esfuerzo para proveer para satisfacer las necesidades físicas de la familia, el Señor le bendecirá, y su esposa e hijos podrán llevar adelante sus propias tareas en el hogar.

Muestre la ayuda visual 12-a, “Las familias que trabajan mancomunando esfuerzos son bendecidas temporal y espiritualmente”.

Debe instarse a los niños y permitir que reciban tanta educación académica como sea posible a fin de que estén preparados para una vida de trabajo. Si es posible, no debe truncárseles la formación académica para que trabajen, lo cual no significa que no deben tener nada que hacer en el hogar. El presidente Harold B. Lee exhortó a los padres a fin de que asignaran tareas especiales a los hijos con objeto de evitar que se aburran y para que, de este modo, desarrollen buenos hábitos de trabajo (véase “Preparando a la juventud”, Liahona, agosto de 1971, pág. 25).

Una tarea que puede darse a los niños es la de cuidar del huerto familiar. Se nos ha aconsejado que plantemos huertos familiares a fin de producir parte de nuestros propios alimentos, y después almacenar tanto como sea posible. El presidente Spencer W. Kimball ha aconsejado a cada familia que “cultiven todos los alimentos que sea posible en la propiedad en la que vivan… Desarrollen las técnicas de envasado de alimentos y de almacenamiento. Reafirmamos el consejo que la Iglesia siempre ha dado, que es el de adquirir y mantener provisiones para un año” (Spencer W. Kimball, “Family Preparedness,” Ensign, mayo de 1976, pág. 124).

“¿Cuáles son algunas de las tareas que como familia pueden realizar para enseñar a sus hijos a trabajar? Cuando nos vemos incapacitados de proveer para satisfacer las necesidades físicas de nuestra familia, ¿dónde podemos obtener ayuda? (Primero debemos buscar la ayuda de los miembros de la familia y de los parientes que estén en condiciones de ayudarnos. En caso de que no puedan hacerlo, debemos dirigirnos a la Iglesia y ponernos en contacto con los líderes de nuestro quórum. Debemos ponernos en contacto con las agencias de bienestar del gobierno solamente si la Iglesia no pudiera ayudarnos de la forma que necesitamos.)

El proveer para satisfacer las necesidades espirituales de la familia

Para satisfacer las necesidades espirituales de la familia, podemos:

  • Enseñar el Evangelio a nuestra esposa e hijos.

  • Tener oraciones familiares diariamente.

  • Hacer de nuestro hogar un lugar que invite al Espíritu del Señor a permanecer con nosotros.

  • Pagar diezmos y ofrendas al Señor.

  • Tener noches de hogar productivas.

Todas estas son responsabilidades sagradas. En Doctrina y Convenios se señala la importancia de una de esas responsabilidades en particular:

Pida a los miembros de la clase que lean D. y C. 68:25, 28. ¿Qué ha mandado el Señor que enseñemos a nuestros hijos?

El padre debe asegurarse de que se enseñe el Evangelio a la familia en el hogar, y una de las mejores maneras de comenzar esta enseñanza es por medio de la noche de hogar, que proporciona la ocasión necesaria para hablar con nuestra familia e instruirla. La Primera Presidencia ha instado a todos los padres a “reunirse regularmente con su familia en las noches de cada lunes, para enseñarles las Escrituras… y para compartir su testimonio con los miembros de ella. Los padres deben aprovechar estas oportunidades para acercarse a sus hijos, para escuchar sus problemas y [metas] y para darles la dirección personal que ellos tanto necesitan” (véase “Message from the First Presidency”, Family Home Evening manual, 1976–77, pág.3).

Para que un padre pueda enseñar adecuadamente a sus hijos, debe organizar su tiempo para estar a menudo en el hogar en compañía de su familia. Debe también mostrar el gozo de vivir el Evangelio en su propia vida, por medio del pago fiel de los diezmos y ofrendas, al aceptar y cumplir con los llamamientos de la Iglesia y al observar los otros mandamientos.

¿Cómo nos ayuda la Iglesia a enseñar a nuestros hijos?

Bendiciones a los padres y a las familias

Muestre la lámina 12-b, “El rey Benjamín proveyó para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de su familia”.

King Benjamin working(haga clic para ver en formato más grande)

12-b, El rey Benjamín proveyó para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de su familia.

El Libro de Mormón nos habla de un gran Profeta, rey y padre: el rey Benjamín (véase Mosíah 2:12, 14). Aunque era rey y Profeta, trabajó con sus propias manos con objeto de proveer para satisfacer las necesidades de su familia; no esperaba que otros le mantuvieran. Debemos, como padres, seguir su ejemplo y proveer para satisfacer las necesidades de nuestra familia.

Abraham es otro padre de quien podemos tomar un buen ejemplo. Debido a su fidelidad, recibió la promesa de tener una familia justa y una gran posteridad (véase Génesis 17:3–8). Como resultado de su diligencia en seguir al Señor y proveer adecuadamente para su esposa e hijos, fue bendecido. Dado que somos descendientes de Abraham, podemos tener las mismas bendiciones cuando satisfacemos las necesidades espirituales y temporales de nuestra familia. Y lo que es más importante, el amor aumentará en nuestro hogar y nuestra familia progresará espiritualmente.

Conclusión

La siguiente historia nos relata cómo llegaron las bendiciones a un padre y a su familia al aceptar y vivir el Evangelio. Antes de que José García se uniera a la Iglesia, él disfrutaba de ir a beber con sus amigos y pasaba poco tiempo en el hogar. Como resultado, su esposa a menudo tenía que hacer algunas tareas de limpieza para ganar dinero que le ayudara a mantener a su familia. Sus hijos apenas lo conocían y más que respetarle o amarle, le temían.

Sin embargo, un día le presentaron a unos misioneros mormones. Después de seis meses de encuentros con ellos, su vida cambió completamente; se alejó de sus amigos de los bares y pronto se unió a la Iglesia. Comenzó a pasar tiempo con sus hijos, a tener noches de hogar y a disfrutar de salidas con ellos y con su esposa; además, planeó un cuidadoso presupuesto que permitió a su esposa dejar de trabajar y pasar todo su tiempo en el hogar.

Rápidamente se dio cuenta de que gozaba del tiempo que pasaba en su hogar en compañía de su esposa, más de lo que antes disfrutaba estar con sus antiguos amigos. Sus hijos aprendieron a amarle y hoy tratan de seguir su ejemplo de rectitud.

Cometidos

  1. 1.

    Evalúe cuán bien está usted satisfaciendo las necesidades espirituales y físicas de su familia.

  2. 2.

    Comprométase a satisfacer las necesidades de su familia.

  3. 3.

    Haga un plan con su esposa e hijos para vivir de acuerdo con enseñanzas de las Escrituras y con el consejo de los líderes de la Iglesia.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • 1 Timoteo 5:8 (los padres deben proveer para su familia).

  • Mosíah 27:14, 22–24 (el Señor escucha las oraciones de los padres por sus hijos).

  • D. y C. 68:30–31 (los hijos de los ociosos crecen en la iniquidad).

  • D. y C. 75:25, 28–29 (los padres deben proveer para los miembros de la familia).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Lea el capítulo 27, “El trabajo y la responsabilidad personal”, y el capítulo 36, “La familia puede ser eterna”, del manual Principios del Evangelio.

  2. 2.

    Consiga una pizarra y tiza.

  3. 3.

    Si lo desea, anote en la pizarra, o en una hoja de papel grande, las formas específicas en las que un padre debe proveer para satisfacer las necesidades físicas y espirituales de su familia.

  4. 4.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.