Cómo enseñar la modestia y la virtud en el hogar

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a saber cómo enseñar la modestia y la virtud en el hogar.

Introducción

El élder Boyd K. Packer, hablando sobre los valores morales de la modestia y la virtud, dijo: “La responsabilidad y el derecho de enseñar estas [cosas] sagradas recaen sobre los padres en el hogar. No creo que sea responsabilidad de las escuelas públicas, ni de las organizaciones de la Iglesia. La contribución de la Iglesia a este respecto, es enseñar a los padres las normas de moralidad que el Señor ha revelado y ayudarles en su responsabilidad de enseñar a sus hijos tan sacros temas” (Teach Ye Diligently, pág. 256).

El profeta Mormón escribió una carta a su hijo Moroni en la cual le enseñó el gran valor de la pureza moral. En la misma decía que la castidad y la virtud son más caras y preciosas que cualquier otra cosa (véase Moroni 9:9). Nuestro cuerpo es sagrado, por lo que debemos siempre vestir modestamente y conservarnos puros y virtuosos.

La modestia y la virtud

El Señor da gran valor a la virtud, por lo que es importante comprender lo que significan la modestia y la virtud. Al hablar de la modestia, generalmente nos referimos al modo de hablar y vestir, y cuando hablamos de la virtud hacemos referencia a la forma de actuar. El presidente Spencer W. Kimball ha dicho:

“Otra de las muchas cosas que llevan a la pérdida de castidad es la inmodestia. En la actualidad, existen muchos jóvenes y señoritas que presumen de sí mismos en cuanto al conocimiento que tienen de las cosas de la vida y piensan que conocen todas las respuestas. Hablan del sexo con la misma libertad con la que hablan de automóviles, de espectáculos y vestidos; y se ha desarrollado un espíritu de inmodestia, por el que parece que ya no hay nada sagrado.

“Un factor que contribuye a la inmodestia y al desmoronamiento de los valores morales es el vestir moderno. Estoy seguro de que el vestir inmodesto tan evidente en algunas de nuestras jóvenes y sus madres, contribuyen directa e indirectamente, a la inmoralidad de esta época; incluso a veces hasta los padres fomentan esta práctica. Me pregunto si nuestras jóvenes hermanas se dan cuenta de la tentación que presentan a los jóvenes, cuando dejan sus cuerpos parcialmente descubiertos…

“Sé con seguridad de que la ropa que llevamos puede ser un tremendo factor en el desmoronamiento gradual de nuestro amor por la virtud y nuestra firmeza en la castidad” (véase La fe precede al milagro, págs. 165, 170).

¿De qué manera se debe ver afectada la forma en que vestimos y actuamos por el conocimiento que tenemos de que nuestro cuerpo es sagrado?
¿Cómo se debe ver afectada la forma en que vestimos y actuamos por el conocimiento que tenemos de que somos hijos de nuestro Padre Celestial?

El élder Vaughn J. Featherstone relató una historia sobre el hijo de un rey que comprendía quién era y cómo debía actuar. Al rey Luis XVI de Francia lo habían destronado y apresado. Su hijo, el príncipe, fue raptado por los que destronaron al rey, quienes razonaron que, ya que el príncipe era heredero del trono, si podían destruirlo moralmente, nunca podría llegar a ser el rey de Francia.

Estas personas llevaron al príncipe a una lejana aldea y ahí lo tentaron con todo lo sucio y vil que pudieron encontrar. Trataron de hacerlo comer alimentos que lo harían perder el control rápidamente, usaban lenguaje obsceno frente a él constantemente, lo tentaron con mujeres lujuriosas y lo expusieron al deshonor y a la desconfianza. Lo rodearon 24 horas al día con todo aquello que podría hacer que una persona perdiera sus valores morales. Durante seis meses recibió este trato, pero ni una vez cedió el muchacho. Al fin, después de hacer todo lo que se les venía a la mente, le preguntaron la razón por la cual no había participado en estas cosas, y él respondió: ‘No puedo hacer lo que me piden porque yo nací para ser rey’ ” (adaptación de “The King’s Son”, New Era, noviembre de 1975, pág. 35).

También nosotros hemos nacido para ser reyes (véase 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6). Nuestro propósito en la vida, sin embargo, es mayor que el de ser rey de una nación. Somos hijos de Dios y nacimos para convertirnos en seres como Él. El logro de tal meta es imposible si no somos modestos y virtuosos.

La importancia del ejemplo

Una de nuestras más importantes responsabilidades como miembros de la Iglesia de Dios es dar un ejemplo apropiado de modestia y virtud. No sólo debemos conservar nuestra mente y cuerpo limpios y puros, sino que debemos demostrar que consideramos sagrados nuestros cuerpos por el modo en que hablamos, por la clase de humor del que disfrutamos y por la literatura que leemos, lo cual es especialmente importante para los padres y para los hijos mayores. Cuando damos un ejemplo adecuado, nuestros hijos o nuestros hermanos y hermanas pueden desarrollar los mismos valores que tenemos y se comportarán tal como nosotros lo hacemos.

Pida a los miembros de la clase que piensen por un momento sobre su propia actitud y comportamiento y que se pregunten interiormente lo siguiente:

“¿Hay algo en mi comportamiento y actitud que pueda resultar dañino para aquellos a quienes trato de enseñar?”.
“¿Hay algo que hago o pienso que no quisiera que hicieran o pensaran mis hijos?”.
Lea en Jacob 2:35 la reprimenda que este Profeta da a los nefitas por su mal ejemplo. ¿Por qué es tan importante el dar un buen ejemplo?

Enseñemos la modestia y la virtud

El enseñar la modestia y la virtud requiere una profunda espiritualidad. El élder Boyd K. Packer ha dicho: “Si existe un elemento esencial para poder enseñar los valores morales y espirituales… es el de tener el Espíritu del Señor con nosotros cuando enseñamos” (Teach Ye Diligently, pág. 272).

También es necesario abordar el tema con reverencia y humildad. La forma en que el élder Packer lo hace es un buen ejemplo de enseñar la modestia y la virtud en una forma muy reverente:

“Se puso en nuestros cuerpos, y esto es sagrado, el poder de crear. Una luz, por decir así, que tiene el poder de encender otras luces. Es un don que debe usarse únicamente dentro de los vínculos sagrados del matrimonio. Mediante el ejercicio de este poder para crear, se puede concebir un cuerpo terrenal, un espíritu puede entrar en él y nacer un alma nueva en esta vida. Este poder es bueno. Puede crear y sostener la vida familiar, y es precisamente en la vida familiar donde encontramos las fuentes de la felicidad. Es dado virtualmente a todo individuo que nace en el estado terrenal. Es un poder sagrado y significativo…

“Están creciendo en una sociedad donde está ante ustedes la constante invitación de jugar con estos poderes sagrados… ¡No permitan que persona alguna toque o palpe vuestro cuerpo, ninguna persona! Los que les dicen lo contrario tratan de hacer que compartan su culpabilidad. Nosotros les enseñamos a mantener su inocencia… El único uso recto de este poder sagrado se encuentra dentro del convenio del matrimonio. Jamás usen impropiamente estos poderes sagrados” (véase “¿Por qué conservarnos moralmente limpios?”, Liahona, enero de 1973, pág. 15–16).

Si hemos de tener éxito en enseñar estos principios a nuestra familia, debemos ser muy cuidadosos de proteger nuestro hogar contra cualquier impureza. El élder A. Theodore Tuttle nos ha dicho que “el padre es el protector del hogar y lo defiende contra la intrusión del mal exterior. Antiguamente protegía su hogar con armas y contraventanas, pero hoy su tarea es más compleja. Las puertas y ventanas cerradas le previenen solamente contra [las cosas físicas], pero no es tan fácil dar protección a la familia ante los [ataques malignos] contra la mente y el espíritu de los miembros de la familia. Esas cosas pueden infiltrarse libremente en el hogar. [Satanás es muy astuto.] No necesita romper la puerta” (“The Role of Father”, Ensign, enero de 1974, pág. 67).

¿Cuáles son algunas de las formas en que el mal puede entrar hoy en día en nuestro hogar? (Revistas, programas de radio y de televisión, y libros inmorales.)
¿Qué debe hacer un padre para proteger a su familia contra tales cosas? (Seleccionar con cuidado los materiales que se leen en su hogar y los programas de radio o televisión.)
Lea y analicen D. y C. 93:40–43.

El Señor reprendió a Frederick G. Williams porque no cumplió con su responsabilidad de criar a sus hijos en la luz y la verdad.

¿Cómo se sentiría usted si el Señor le dijera que no ha sido fiel en enseñar a sus hijos la importancia de la modestia y la virtud?

El momento adecuado para enseñar

Muestre la ayuda visual 19-a, “Un padre debe entrevistar a sus hijos con regularidad”.

father and son(haga clic para ver en formato más grande)

19-a, Un padre debe entrevistar a sus hijos con regularidad.

La noche de hogar constituye un excelente momento para enseñar en cuanto a la modestia y la virtud. Muchos padres experimentan que también es de ayuda el tener entrevistas formales con sus hijos e incluso con su esposa. Por ejemplo, un padre entrevista una vez al mes a cada uno de sus hijos en el domingo de ayuno, formulándoles preguntas referentes a la limpieza moral y escuchando los problemas que puedan tener. Les enseña, les da su testimonio y les habla del amor que siente por ellos.

¿Qué efecto cree usted que tendrá en los hijos esa clase de entrevista?
Muestre la ayuda visual 19-b, “Las oportunidades para impartir enseñanzas a menudo se presentan en momentos inesperados”.

Aunque es vital enseñar a nuestro hijos en situaciones predeterminadas, tales como en las entrevistas y en las noches de hogar, necesitamos ser sensibles a sus necesidades en toda ocasión y estar atentos a los momentos en que ellos puedan comprender mejor lo que deseamos hacerles conocer. Si hablamos con ellos regularmente y les mostramos nuestro amor, nuestros hijos pronto vendrán a nosotros cuando necesiten hablar de sus sentimientos y problemas.

Conclusión

El Señor ha mandado que aprovechemos cada oportunidad que se nos presente para enseñar a nuestros hijos (véase Deuteronomio 6:5–7). Si estamos atentos a la oportunidad que se nos presente para enseñar, podemos enseñar a veces con mucho poder en situaciones inesperadas. Tal vez podremos enseñar verdades muy importantes en cuanto a la virtud y la modestia, por ejemplo en un día de campo, después de la reunión sacramental, en un paseo, durante las vacaciones, camino a la escuela o en un momento de gran dificultad.

¿Puede usted pensar en una experiencia, bien sea con sus padres o sus hijos, en la cual existió una verdadera comunicación y enseñanza? ¿Dónde sucedió? ¿Cuándo? ¿Fue planeado o surgió imprevistamente?

Cometidos

  1. 1.

    Planear una noche de hogar para analizar la virtud y la modestia.

  2. 2.

    Dar el ejemplo de lo que es la modestia y la virtud por medio de su propia manera de vestir y actuar.

  3. 3.

    Si usted es un joven, exhorte a las señoritas que conozca a vestir modestamente.

Pasaje adicional de las Escrituras

  1. 1

    Timoteo 4:12 (la importancia del ejemplo).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Planee cuidadosamente la forma en que presentará esta lección. Si hay poseedores del sacerdocio jóvenes en la clase, no la presente como una lección de moral dirigida a ellos. Puede hablar con ellos sobre las formas en que los jóvenes pueden ayudar a sus padres a hablar con ellos sobre este delicado tema. Analicen por qué la castidad y la modestia son tan importantes y lo que los miembros de la clase pueden hacer para dar un buen ejemplo a los demás.

  2. 2.

    Si lo desea, asigne a alguien para que explique a la clase una experiencia en la que se apreció una buena comunicación y enseñanza entre padres e hijos. Analicen la experiencia y determinen por qué pudo establecerse una comunicación entre los padres y los hijos. (Un buen momento para este análisis sería cuando se hable sobre las ideas de la quinta sección, “El momento adecuado para enseñar”.)

  3. 3.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.