La solución armoniosa de los problemas familiares

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es el de animarnos a resolver las dificultades familiares en armonía, con el fin de edificar una vida familiar feliz.

Introducción

Muestre la ayuda visual 20-a, “El amor es el fundamento de una vida familiar armoniosa”.

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20-a, El amor es el fundamento de una vida familiar armoniosa.

El presidente Joseph F. Smith nos ha dicho lo que debemos hacer si queremos tener hogares ideales:

“¿Qué, pues, constituye un hogar ideal…? Uno en el cual el padre está consagrado a la familia con que Dios lo ha bendecido, considerándola de importancia primordial, uno en el cual los de su familia a su vez, le permiten vivir en sus corazones, uno en el cual hay confianza, unión, amor, devoción sagrada entre el padre y la madre, entre hijos y padres” (Doctrina del Evangelio, pág. 296).

Aunque todos nosotros tratamos de lograr el hogar ideal, en ocasiones experimentamos conflictos. Aun el profeta José Smith sintió a veces falta de armonía en su hogar.

Por ejemplo, una mañana, cuando estaba traduciendo El Libro de Mormón, se sintió alterado por algo que había hecho su esposa. Más tarde, cuando intentó continuar con la traducción, no pudo hacerlo, por lo que se retiró a un huerto a orar, tras lo cual regresó y pidió perdón a Emma. Sólo entonces pudo traducir. (De una declaración de David Whitmer hecha el 15 de septiembre de 1882, Comprehensive History of the Church, tomo 1, pág. 131.)

El Señor también espera que reconozcamos las fuentes de las desavenencias en el hogar y que solucionemos nuestros problemas.

Fuentes de desavenencias en nuestro hogar

Las Escrituras nos dicen que la influencia de Satanás es la causa principal de las desavenencias y la contención.

Lea 3 Nefi 11:29–30.

Cuando el espíritu de contención entra en nuestro hogar, el Espíritu del Señor se va; y sin tal Espíritu en nuestro hogar, no podemos ser felices y sentir el gozo del Señor y Su Evangelio.

Nuestras debilidades personales pueden también causar contención con otros (véase Santiago 4:1). Cuando una persona no está en paz consigo misma, es muy difícil vivir en armonía con los demás. Entre las debilidades que pueden causar desavenencias se hallan la lujuria, la avaricia, los deseos impuros y la deslealtad. El presidente Spencer W. Kimball ha mencionado una debilidad en particular: “Una pareja puede padecer pobreza, enfermedades, desilusiones, fracasos y aun la muerte en la familia, pero esas cosas no le robarán su paz; el matrimonio puede tener éxito mientras en él no entre el egoísmo. Las dificultades y los problemas harán imperecedera su unión si en el matrimonio hay ausencia total de egoísmo” (Marriage and Divorce, págs. 19, 22).

¿Qué es lo que el presidente Kimball dice que constituye la fuente de muchas desavenencias e infelicidad en el matrimonio?

Tal como mencionó el presidente Kimball, los problemas que comúnmente se piensa que causan infelicidad, tales como la pobreza y las enfermedades, pueden, de hecho, unir más a la familia.

¿Cuáles son las tres cosas de las que hemos hablado que pueden causar desavenencias en nuestro hogar? (Escriba las respuestas en la pizarra. Deben incluirse la influencia de Satanás, los conflictos personales y el egoísmo.)

La manera de tratar los problemas familiares

A continuación detallamos maneras que el Señor ha dado para prevenir y resolver los problemas familiares:

Aceptar nuestra responsabilidad

Los padres y los hijos tienen responsabilidades los unos para con los otros.

Lea sobre algunas de estas responsabilidades en Efesios 6:1–4. ¿Qué deber tiene un joven para con sus padres? ¿Qué deberes tienen los padres para con los hijos? ¿De qué manera el aceptar esas responsabilidades ayudará a promover armonía en el hogar?

Evitar las palabras ásperas

Las palabras ásperas y de enojo no deben permitirse en el hogar. El élder Boyd K. Packer nos aconseja: “Al entrar en el convenio del matrimonio, nunca hablen con enojo; ni una sola palabra. No es necesario ni deseable. Hay muchos que enseñan que es normal y algo de esperarse que las dificultades, disputas y pleitos en el hogar sean parte de las relaciones matrimoniales… Yo sé que es posible vivir unidos en amor sin cruzar jamás palabras de enojo entre ustedes” (Cuando te hayas convertido, Una guía de estudio, 1983, pág. 148).Una respuesta calmada y blanda quita la ira; pero las palabras ásperas sólo causan más conflicto (véase Proverbios 15:1).

¿Cuál es la diferencia que existe entre analizar las diferencias y discutir enérgicamente?

Admitir nuestros errores

El presidente Spencer W. Kimball ha dado el siguiente consejo:

“Como humanos, tal vez algún día tengan diferencias de opinión que resulten en pequeños pleitos. Supongamos que ha habido injurias; se han dicho palabras desagradables, herido los sentimientos; y cada uno cree que el otro es totalmente culpable. No se hace nada por resolver el problema. Las horas pasan. Cada uno tiene en su corazón un gran sentido de culpa; al siguiente día están de mal humor y se tratan fríamente y hay otros malentendidos. Se lanzan injurias sobre injurias hasta que se contrata a un abogado, fracasa el hogar, y la vida de los padres y de los hijos queda arruinada.

“Pero hay un bálsamo curativo que, si se emplea a tiempo, en breves minutos los hará volver a tener pensamientos [apropiados]… con tanto en juego, su amor, ustedes mismos, su familia, sus ideales, su exaltación y su eternidad, no podrán arriesgarse. Deben ocultar su orgullo y con valor, [dirás a tu esposa]: ‘Mi amor, lo siento mucho, no fue mi intención lastimarte. Perdóname por favor’. Y [tu esposa contestará]: ‘Querido, yo más que tú tuve la culpa. Perdóname por favor’, y se darán un fuerte abrazo, y la vida [estará bien] otra vez. Y al retirarse por la noche, todo se habrá olvidado; y no habrá ningún rencor entre ustedes al hacer su oración familiar” (véase Cuando te hayas convertido, Una guía de estudio, 1983, págs. 149–150).

¿Cuáles son algunas cosas que causan malentendidos y riñas? ¿Cómo el identificar las causas de los problemas puede ayudarnos a resolverlos? ¿Por qué es tan difícil admitir nuestros errores?

El presidente Spencer W. Kimball nos dice que admitamos nuestros errores y digamos “lo siento”; cuando hagamos esto sinceramente, habremos dado un gran paso para resolver la desavenencia familiar. Los padres también deben hacer esto con sus hijos, y no sólo entre ellos.

Orar

La armonía en el hogar se estimula cuando pedimos al Señor en oración familiar y personal que nos ayude a superar nuestras diferencias.

Lea 3 Nefi 18:19–21. Note que el orar en familia es un deber. ¿Cómo ayuda la oración a resolver los problemas familiares?

Ser bondadosos

Uno de los principios que las Escrituras nos dan para hacer nuestra vida familiar más feliz es la bondad. De hecho, se nos ha instado a que seamos bondadosos, cariñosos y que perdonemos. Se aconseja a todos, tanto niños como adultos, que se traten mutuamente con respeto, mostrando el mismo tipo de bondad que Cristo nos ha mostrado. En estos asuntos, debemos siempre dejar que Cristo sea nuestro modelo (véase Efesios 4:29–32).

Pida al poseedor del Sacerdocio Aarónico previamente asignado que diga las cosas que un joven puede hacer para ayudar a promover la armonía en el hogar.

El presidente Spencer W. Kimball nos ha enseñado, con las siguientes palabras, cómo lograr la felicidad familiar: “Ustedes se preguntan, ¿cuál es el precio de la felicidad? Se sorprenderán ante la simplicidad de la respuesta. El arca del tesoro de la felicidad puede abrirse y permanecer abierta a quienes usen las siguientes claves: Primero, deben vivir el Evangelio de Jesucristo en su pureza y sencillez… Segundo, deben olvidarse de ustedes mismos y amar a su cónyuge más que a ustedes mismos. Si hacen estas cosas, la felicidad les pertenecerá en gran medida y sin decadencia” (véase La fe precede al milagro, págs. 127–128).

¿Cómo pueden la bondad y la oración prevenir y resolver los problemas familiares?

La historia que figura a continuación nos relata cómo una madre obtuvo armonía en su hogar:

“Sucedió aproximadamente una semana después que el pequeño Wayne, de diez años, había llegado a nuestra casa como participante del programa de la Iglesia para los Niños Indios. Era un niño hermoso e inteligente. Constantemente estaba tratando de demostrar a los otros niños que era igual a ellos; y muy a menudo tenía peleas en las que les mostraba a los demás que era tan bueno como el mejor.

“Un día, recibí una llamada telefónica de su maestro, diciéndome que Wayne estaba causando problemas en la escuela y que no lo respetaba a él, ni a los demás maestros. Aquel fue un golpe para mí, ya que nunca había tenido dificultades con mis propios hijos en ese sentido. Me disgusté mucho y por supuesto, me embargó la ira como muchas veces me sucede e inmediatamente comencé a ensayar todas las cosas que le iba a decir cuando volviera a casa.

“Para empeorar la situación, Wayne volvió tarde de la escuela, porque estaba peleándose con otro niño; había peleado todo el camino y, finalmente, continuaron el altercado en el frente de la casa. Estuve mirándolos por un momento y cuando vi que las cosas estaban tomando un cariz más serio, salí y le grité a Wayne que entrara en la casa.

“El me ignoró: naturalmente no estaba dispuesto a ser él quien emprendiera la retirada, dejándole la victoria al otro. Su actitud me puso más furiosa y le ordené que entrara inmediatamente. Me sentía tan enojada que sabía que me sería imposible resolver el problema en ese momento; por lo tanto, envié al niño a su cuarto y le dije que se pusiera a estudiar.

“Temblando de cólera, me fui yo también a mi dormitorio y, una vez allí, me arrodillé y me puse a orar. En mi oración rogué que se me diera la sabiduría necesaria para resolver el problema y supliqué que, mediante el Espíritu, me fuera posible encontrar las palabras apropiadas para hablarle a Wayne. Al ponerme de pie, sentí una sensación de calidez y serenidad que me recorría de pies a cabeza.

“Cuando abrí la puerta de su cuarto y lo vi sentado en el borde de la cama, con un libro en la mano, un sinfín de pensamientos me cruzaron por la mente. ¡Parecía tan fuera de lugar en aquel cuarto! Al mirarlo, lo imaginé corriendo por los campos, libre como el viento; una gran ternura invadió mi ser al verlo tan solo, arrancado de su entorno familiar y lanzado a un mundo diferente, para vivir entre extraños, regido por reglas distintas a las que acostumbraba obedecer. Era natural que sintiera la necesidad de demostrarle a los otros niños que era tan bueno, o mejor que ellos.

“Me senté a su lado y le pasé un brazo alrededor de los hombros. Hasta yo misma me sorprendí de mis primeras palabras, que brotaron espontáneamente: ‘Wayne, perdóname por haber sido injusta contigo’. Entonces le hablé de la llamada telefónica de su maestro y le di la oportunidad de que me diera una explicación con respecto a su conducta. Él me confió sus dudas y dificultades en una conversación sincera y serena, muy diferente a la que yo había imaginado antes de pedir la inspiración del Señor. Fue una verdadera experiencia espiritual, que ayudó a mejorar nuestra relación mutua.

“Desde entonces, más que nunca pienso que debemos sentir profunda gratitud por la oportunidad que tenemos de orar y por el don del Espíritu Santo que nos guía, si tan sólo nos molestamos en pedirlo” (véase Myrna Behunin, “Una vía de comunicación”, Liahona, octubre de 1976, pág. 27–28).

Conclusión

Los factores que previenen o resuelven los problemas familiares son:

  • Aceptar nuestra responsabilidad

  • Evitar las palabras ásperas

  • Admitir nuestros errores

  • Orar

  • Ser bondadosos

  • Obedecer completamente el Evangelio

  • Amar a nuestro cónyuge más que a nosotros mismos

Cometidos

  1. 1.

    Edifique y mejore la felicidad de su propio hogar, identificando cualquier fuente de desavenencia entre los miembros de la familia.

  2. 2.

    Si ha dicho alguna palabra áspera a algún miembro de la familia, admita su error.

  3. 3.

    Trate con bondad a los miembros de la familia.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Mateo 7:12 (nuestra relación con otros).

  • Gálatas 5:22 (los frutos del Espíritu).

  • D. y C. 88:119–126 (consejos del Señor a los miembros de la Iglesia).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Lea el capítulo 36 del manual Principios del Evangelio, intitulado “La familia puede ser eterna”.

  2. 2.

    Consiga una pizarra y tiza.

  3. 3.

    Si lo desea, asigne a un poseedor del Sacerdocio Aarónico para que diga cómo un joven puede promover la armonía en el hogar.

  4. 4.

    Al final de la clase, canten “Cuando hay amor”, Himnos, Nº 194.

  5. 5.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.