El desarrollo y mejoramiento de las habilidades laborales

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte A, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a comprender la importancia que el Señor le da al trabajo, cómo seleccionar un empleo sabiamente y cómo mejorar nuestras habilidades laborales.

Introducción

Después de la Caída, la primera instrucción que se le dio a Adán fue la referente al principio eterno del trabajo. El Señor le dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:19).

Nuestro Padre Celestial nos ha dado el mismo mandamiento. La Primera Presidencia de la Iglesia ha declarado: “El que se nos requiera que trabajemos es una bendición, y debemos hacerlo voluntariamente y sin queja alguna” (“First Presidency Urges Frugality”, Ensign, marzo de 1975, pág. 75). El trabajo es una de las claves para lograr la vida eterna, y nuestro Padre Celestial, que es tan sabio y amoroso, sabe que aprenderemos, creceremos, nos beneficiaremos y lograremos más por medio de una vida de trabajo que de una vida cómoda.

Muestre la ayuda visual 23-a, “El trabajo es una bendición que nos da nuestro Padre Celestial”.

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23-a, El trabajo es una bendición que nos da nuestro Padre Celestial

Selección sabia de un empleo

La elección de nuestra ocupación es muy importante. Debemos reunir información, tomar decisiones por medio de la oración, obtener capacitación y experiencia, y después buscar un empleo que nos permita proveer para nuestra familia.

Anote en la pizarra los cuatro pasos que figuran a continuación.

Reunir información

Cuando somos jóvenes, debemos determinar la clase de empleo que es mejor para nosotros considerando nuestros talentos, habilidades e intereses. Debemos reconocer que tendremos más éxito en el trabajo si hacemos algo que nos gusta; aunque algunos de nosotros que ya tenemos trabajo no hemos tenido la oportunidad de elegir nuestro empleo, podemos seguir los mismos pasos para mejorar nuestra situación laboral.

Antes de decidir sobre una ocupación, debemos considerar el futuro de la misma, ya que con los constantes cambios que hay en el mundo, muchos trabajos dejan de existir, mientras que otros se crean. Una forma en que podemos aprender sobre el futuro del trabajo que estemos considerando, es preguntando sobre el mismo a amigos, parientes, hermanos del sacerdocio y líderes de la Iglesia. En algunas ciudades hay consejeros y agencias laborales que pueden resultar de ayuda; a menudo, las escuelas de capacitación, liceos y universidades pueden proporcionarnos información sobre los trabajos disponibles. Si hay periódicos disponibles, la sección de solicitud de empleos puede indicar qué tipos de trabajos tienen mayor demanda.

Cuando busquemos trabajo, debemos buscar uno que nos mantenga cerca de la Iglesia, ya que hay algunos que requieren largas ausencias del hogar o que ofrecen condiciones de trabajo que pueden entorpecer el que vivamos el Evangelio tan plenamente como debemos. Esas condiciones pueden evitarse por medio de una cuidadosa selección de nuestro trabajo. Si nos hallamos en una situación laboral insatisfactoria, podemos superarnos a fin de tener posibilidades de obtener otro trabajo.

Muestre la ayuda visual 23-b, “El Señor confirmará nuestra elección de trabajo si se lo pedimos”.

Orar

Es muy importante que pidamos ayuda al Señor cuando estemos buscando empleo. Aunque la decisión es nuestra, el Señor nos ayudará a escoger sabiamente si oramos con devoción; sin embargo, la oración por sí sola no es suficiente. El presidente Brigham Young ha dicho: “Mi fe no me lleva a pensar que el Señor proveerá para nosotros cochinillos asados [y] pan con mantequilla… Él nos dará la habilidad de hacer crecer el trigo, de obtener los frutos de la tierra y de edificar nuestra vivienda” (Discourses of Brigham Young, pág. 291).

Al tomar nuestra decisión final, necesitamos orar y recibir la tranquilidad que nos invade cuando sabemos que estamos siendo guiados por el Espíritu Santo. Después, debemos proceder conforme a nuestra decisión. Taisho Komura, un hermano de Japón, utilizó esos principios para cambiar su vida y su empleo.

Lea la historia que se relata a continuación:

Taisho Komura estaba empleado como peluquero en una ciudad de Japón. Un día los misioneros se pusieron en contacto con él, y más tarde se bautizó.

Durante las charlas que mantuvo con aquellos, aprendió el deber de santificar el día de reposo; sin embargo, el domingo era el día que había más trabajo en el establecimiento; tras orar sobre el problema de la observancia de ese día, decidió matricularse en una escuela para cambiar su ocupación.

Pida a varios miembros de la clase que relaten cómo la oración les ha ayudado a tomar buenas decisiones.

Desarrollar habilidades de empleo

Muestre la ayuda visual 23-c, “El desarrollo de una habilidad requiere tiempo y esfuerzo”.

El desarrollo de las habilidades laborales requiere tiempo y esfuerzo; por lo que, si deseamos mejorar nuestra situación laboral, debemos estar dispuestos a estudiar y trabajar para obtener la capacitación y la habilidad necesarias.

Los programas para aprendices, los cursos por correspondencia, las clases impartidas en el lugar de trabajo, las escuelas vocacionales, los manuales y los libros pueden ayudarnos a desarrollar nuestras habilidades. Las entrevistas con posibles empleadores, las visitas a instalaciones laborales y el trabajar en diferentes ocupaciones pueden también aumentar nuestro conocimiento y habilidad.

El leer y escribir son dos habilidades básicas que ayudan a obtener empleo. Si estamos buscando empleo y no sabemos leer ni escribir, debemos solicitar la ayuda de alguien que pueda hacerlo. No debemos dudar nunca en usar el conocimiento y la información de otras personas en beneficio de nuestra familia, la Iglesia y la comunidad.

¿Qué habilidades y talentos puede compartir cada uno de nosotros con nuestros hermanos del quórum? Pida a la persona que haya asignado previamente que informe sobre los servicios de empleo disponibles en el área.

Cuando tenemos una meta que alcanzar, debemos estar preparados para hacer grandes sacrificios personales a fin de lograrla, es decir, debemos estar dispuestos a hacer todo lo necesario para desarrollar nuestras habilidades. El éxito llega solamente cuando cumplimos los requisitos y hacemos los esfuerzos necesarios para alcanzarlo. “Pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).

La historia que figura a continuación muestra cómo un miembro de la Iglesia de las Islas del Pacífico Sur tuvo éxito en sus esfuerzos por mejorar sus habilidades laborales y proveer para su familia.

De joven, Viliami Havili había aprendido la importancia del esfuerzo individual para aprender y mejorar las habilidades que le permitirían proveer para su futura familia. Finalmente, cuando contrajo matrimonio, trabajó arduamente para ganar y ahorrar el dinero que le permitiera comprar un lote de tierra de labranza que se ofrecía a bajo precio.

Se creía que la tierra que había comprado era de poco valor porque estaba en un área montañosa cercana al océano, donde los vientos podían fácilmente destruir la cosecha, pero él trabajaba arduamente con objeto de preparar la tierra para la plantación y también pasaba mucho tiempo estudiando las últimas técnicas en materia de cultivo. Debido a que mucha de la información que él necesitaba conocer estaba disponible sólo en francés, aprendió por sí mismo ese idioma para leer lo que los libros enseñaban sobre agricultura.

Por medio de esos libros, aprendió cómo fertilizar la tierra, lo cual muchos otros labradores de su área nunca habían aprendido. Aprendió cómo utilizar ciertos productos químicos para matar insectos y curar enfermedades de las plantas, y también se informó sobre los cultivos que se vendían y exportaban a precios más altos. No resulta sorprendente que, con sus muchos esfuerzos y la ayuda del Señor, el hermano Havili se convirtiera en un fructífero granjero.

¿Cuáles son algunas de las posibilidades de empleo en nuestra área?

Esos trabajos, y otros, pueden estar disponibles para nosotros solamente cuando nos preparemos con las habilidades necesarias.

Buscar un empleo

No se puede contratar a una persona calificada hasta que haga los contactos necesarios con un posible empleador, así como un hombre que planea trabajar por su cuenta no puede vender sus productos o servicios hasta que trate con posibles compradores. Por lo tanto, el poseedor del sacerdocio que se halle desocupado tiene la responsabilidad de buscar activamente un trabajo.

Si se encuentra con que es difícil encontrarlo, puede obtener ayuda del quórum del sacerdocio. Un líder de la Iglesia ha dicho que “es por medio de los quórumes del sacerdocio que deben darse a conocer las posibilidades de empleo y la información sobre solicitudes de trabajo. Los quórumes deben saber quiénes son los que necesitan trabajo o quiénes necesitan uno mejor y, después, hacer todo lo necesario para ayudar a sus miembros a hallar oportunidades laborales” (Howard W. Hunter, “Prepare for Honorable Employment”, Ensign, noviembre de 1975, pág. 123).

¿Qué podemos hacer como miembros del quórum para ayudar a nuestros hermanos a hallar trabajo?

Mejoremos nuestros hábitos de trabajo

El apóstol Pablo aconsejó a los hermanos de la Iglesia a ser “en lo que requiere diligencia, no perezosos” (Romanos 12:11). Debemos hacer siempre nuestro mejor esfuerzo y ver la manera de mejorar nuestros hábitos laborales, para lo cual debemos tener una buena actitud hacia el trabajo. La siguiente lista puede ayudarnos a mantener en mente algunos de los hábitos laborales más importantes.

  • ¿Utilizo bien mi tiempo?

  • ¿Coopero con mi empleador, supervisor y compañeros de trabajo?

  • ¿Utilizo materiales o propiedades de mi empleador para uso personal o de la Iglesia sin permiso o sin pagar por ello?

  • ¿Puedo ser más puntual en llegar a trabajar y en volver de los períodos de descanso?

  • ¿Cumplo con mi trabajo lo mejor posible?

  • ¿Soy amable con mis compañeros, supervisor y empleador?

Lea la historia que se encuentra a continuación:

Cuando era un adolescente, el presidente Heber J. Grant aprendió la importancia de mejorar las habilidades laborales y de hacer esfuerzos extraordinarios. Un día, cuando jugaba canicas con otros muchachos, pasó cerca de ellos un tenedor de libros de un banco. Uno de los jovencitos dijo: “Ese hombre gana 150 dólares al mes”. Heber calculó que para ganar la misma cantidad tendría que lustrar 120 pares de zapatos por día durante un mes, por lo que allí mismo resolvió que algún día sería tenedor de libros de un banco.

En aquel entonces, todos los registros y cuentas de bancos eran manuscritos, por lo que uno de los requisitos que debía tener un buen tenedor de libros era el de una buena caligrafía. Para obtener ese trabajo, Heber practicó primero su escritura.

Al principio era tan mala que sus amigos la ridiculizaron, lo cual hirió su orgullo e hizo que les dijera: “Muchachos, algún día podré darles lecciones de caligrafía”. Debido a los esfuerzos que realizó en ese sentido, se convirtió en maestro de esta especialidad en la universidad. Escribía tarjetas, invitaciones de bodas, pólizas de seguros, certificados de acciones y documentos legales.

El presidente Grant dijo: “En un día de Año Nuevo gané 20 dólares escribiendo cuarenta docenas de postales de felicitación con el nombre de una persona en un ángulo. Cuando llegó el siguiente Año Nuevo, me hallaba en mi oficina bastante tarde escribiendo tarjetas, cuando el Sr. Wadswoth, mi jefe, vino y muy complacido dijo que el negocio iba muy bien. Se refirió al hecho de que yo había llevado los libros de otra compañía sin recibir ningún dinero por ello, e hizo muchos elogios, lo cual me hizo sentir muy feliz; después me hizo entrega de 100 dólares, lo cual indudablemente me compensó por todo el trabajo extraordinario. La satisfacción que experimenté por haberme ganado los amables sentimientos y la confianza de mi patrón fue de más valor que el doble de 100 dólares” (véase Bryant S. Hinckley, Heber J. Grant: Highlights in the Life of a Great Leader, págs. 39–42).

Conclusión

La habilidad de trabajar es una bendición. El Señor nos ha dicho por medio de Sus Profetas que es nuestra responsabilidad el trabajar y proveer para nuestra familia. Podemos aprender buenos hábitos y habilidades laborales por medio de la práctica, así como por medio de quienes han tenido experiencia; para hallar un trabajo recompensador, debemos reunir información, orar sobre nuestras decisiones y desarrollar habilidades laborales.

Cometido

Mejorar en una de las áreas mencionadas en la lista de hábitos de trabajo que se halla en esta lección.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • D. y C. 31:5 (el obrero es digno de su salario).

  • D. y C. 42:42 (el ocioso no tendrá las bendiciones del trabajador).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Lea el capítulo 27 del manual Principios del Evangelio, intitulado “El trabajo y la responsabilidad personal”.

  2. 2.

    Repase la lección 12 de este manual, intitulada “La responsabilidad del padre por el bienestar de la familia”.

  3. 3.

    Consiga pizarra y tiza.

  4. 4.

    Si lo desea, pida a un miembro de la clase que se informe sobre las escuelas y los servicios disponibles en el área para mejorar las oportunidades y las habilidades laborales.

  5. 5.

    Asigne a miembros de la clase para que relaten las historias y para que lean los pasajes de las Escrituras de la lección.