El ser honrados

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


El propósito de esta lección es enseñarnos la importancia de ser honrados.

Introducción

El entonces élder Howard W. Hunter describe la historia de un joven que aprendió una lección muy importante: “Recuerdo a un joven que se mezclaba con un grupo de jóvenes, los que se creían listos haciendo lo incorrecto; en algunas ocasiones lo sorprendieron en infracciones de menor cuantía. Un día recibí una llamada telefónica de la policía y me dijeron que estaba detenido por causa de una violación a las leyes de tránsito. Había sido sorprendido corriendo a gran velocidad en un automóvil… Sabiendo que lo que estaba haciendo podría impedirle ir algún día a la misión, se enmendó, y cuando tenía 19 años, recibió su llamamiento.

“Nunca me voy a olvidar de la conversación que tuvimos cuando regresó de la misión. Me contó que mientras estaba en la misión, a menudo pensaba en los problemas que había causado por la creencia errónea de que las pequeñas violaciones no tienen mucha importancia. Pero se había efectuado un cambio profundo en su vida. Se había dado cuenta de que no existen la felicidad o el placer para el que viola las leyes, hayan sido éstas impuestas sobre nosotros por Dios o por la sociedad.

“Yo estaba muy impresionado por el gran cambio que este joven había experimentado mientras servía en su misión y estudiaba principios morales. Era una lástima que hubiera aprendido su lección de la manera más dura; pero qué gran bendición es comprender que uno no puede violar constantemente la ley y a la vez sentirse bien consigo mismo” (“Basic Concepts of Honesty”, New Era, febrero de 1978, págs. 4–5).

¿Faltamos a la honradez cuando violamos las leyes del país en que vivimos? ¿Por qué?

Escriba en la pizarra: Creemos en ser honrados.

Uno de los Artículo de Fe escritos por el profeta José Smith declara:

“Creemos en ser honrados, verídicos… virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres” (Artículo de Fe Nº 13). En éste al igual que en otros pasajes de las Escrituras, El Señor nos ha mandado ser honrados tanto en nuestra vida personal como en el trato con los demás.

¿Qué significa ser honrado?

Ser honrado es hacer lo que sabemos que es correcto. Significa ser verídico. Si hacemos una promesa, debemos guardarla. Si tenemos una deuda, debemos pagarla. Quiere decir hablar la verdad y actuar de la misma forma. Quiere decir que no mentimos, que no robamos, que no violamos las leyes del país, ni engañamos de ninguna forma.

La importancia de la honradez

Ser honrado es sumamente importante si deseamos vivir el Evangelio de Jesucristo. Una persona que no vive de acuerdo con la verdad cuando llega a conocerla no es honrada consigo misma ni con Dios. Para ser honrados con nosotros mismos, debemos obedecer nuestros buenos impulsos. Para ser honrados con el Señor, debemos cumplir con los convenios que hicimos con Él. Debemos ser honrados para tener la compañía del Espíritu Santo.

El ser honrados con nosotros mismos y con Dios también incluye el serlo con nuestros semejantes. Si lo somos, el Señor nos bendecirá con Su Espíritu, y nos ganaremos la confianza, el respeto y la lealtad de aquellos con quienes nos relacionamos. Si no somos honrados con otras personas, no podemos servirlos ni magnificar nuestros llamamientos.

Piense en lo que haría si se encontrara en las siguientes situaciones. Se dan soluciones específicas, pero es muy posible que se encuentre más de una para cada caso.

Ejemplo Nº 1

El élder O. Leslie Stone relata la siguiente experiencia:

“Recientemente mi esposa y yo íbamos en viaje con nuestro nieto, Adam, a California. Alrededor del mediodía nos detuvimos a comer. Cuando la mesera nos trajo la cuenta, no puse mucha atención, pero cuando me dio el cambio, noté que nos había cobrado sólo dos emparedados en lugar de tres”.

¿Qué era lo correcto y honrado que podía hacer? Si le sucediera a usted, ¿cómo podría enseñar a sus hijos acerca de la honradez?

El élder Stone continúa: “Sabía que a la joven le faltaría dinero al finalizar el día y, como siempre, recordé las enseñanzas de mi padre con respecto a la honradez. Sentí que era un buen momento para hablar con mi nieto sobre este tema, así que nos sentamos y le expliqué lo que había sucedido y cuál era el problema.

“Le dije que podíamos irnos, guardándonos el cambio y nadie se enteraría, o que podíamos decirle a la joven que se había equivocado y no nos había cobrado uno de los emparedados. Nuestra decisión no fue difícil al enfrentarnos al hecho de que si nos quedábamos con dinero que no nos pertenecía, estaríamos violando el mandamiento: ‘No hurtarás’. Estuvimos de acuerdo en que nuestro Padre Celestial no se sentiría complacido con nosotros y que nosotros nos sentiríamos infelices también, debido a que sabríamos bien que no habíamos sido honrados.

“Adam y yo nos acercamos a la joven en el mostrador y le expliqué que no nos había cobrado lo debido y que le debíamos casi un dólar más; ella se sonrojó, y nos dio las gracias por haberle señalado su error. Continuamos nuestro camino con un buen sentimiento en el pecho, y estoy seguro de que nuestro Padre Celestial aprobó lo que hicimos” (véase “Sé honrado”, Liahona, agosto de 1975, págs. 22–23).

Ejemplo Nº 2

El élder Gordon B. Hinckley recuerda la siguiente historia:

“No hace mucho viajamos en el tren que iba de Osaka a Nagoya, en Japón. En la estación nos esperaban algunos amigos para saludarnos y en la conmoción mi esposa dejó su cartera en el tren”.

Si usted hubiese encontrado la cartera de la hermana Hinckley, ¿qué hubiera hecho?

Ya que el élder Hinckley cree que la mayoría de las personas son honradas, llamó a la estación de Tokio e informó de lo ocurrido. “Cuando el tren llegó a su destino unas tres horas más tarde, la oficina del ferrocarril nos comunicó que la cartera estaba allí. Ya que a la vuelta no regresaríamos vía Tokio, pasó más o menos un mes antes de que la cartera llegara a nuestras manos en Salt Lake City, Estados Unidos. Cuando la abrimos, comprobamos que estaba intacta” (“An Honest Man–God’s Noblest Work”, New Era, octubre de 1976, pág. 47).

¿Qué espera el Señor que hagamos cuando encontramos algo que pertenece a otras personas?

El Señor declaró: “Y si encuentras lo que tu vecino ha perdido, indagarás diligentemente hasta que se lo entregues” (D. y C. 136:26). El Señor espera que seamos cabalmente honrados. Para el Señor todo lo que no sea completamente honrado es deshonesto; no hay tal cosa como la honradez a medias.

¿Cómo puede distinguir entre lo que es honrado y lo que no lo es?

Pida a los miembros de la clase que lean Moroni 7:16–17.

¿Quién es la fuente de todo lo bueno? ¿Quién es la fuente de toda maldad? ¿Cuáles son los resultados de los actos deshonestos? (La maldad, no creer en Cristo, negarlo, no querer servir a Dios.)

¿Cuáles son los resultados de nuestras buenas obras? (La bondad, la creencia en Cristo, el deseo de servir a Dios.)

Pida a los miembros de la clase que analicen las siguientes situaciones. Deben decidir si la persona en cuestión es completamente honrada.

  1. 1.

    Carlos nunca recibió una multa por una violación a las leyes de tránsito. Es un buen chofer (conductor de automóviles) y siempre tiene cuidado y trata de obedecer todas las leyes de tránsito.

  2. 2.

    Cuando está en su empleo, Juan usa las estampillas de correo de la compañía para enviar cartas a su madre, quien está enferma (véase D. y C. 42:45).

  3. 3.

    Juan y Luis son íntimos amigos; siempre se prestan cosas el uno al otro. Cuando uno de ellos pide algo prestado, lo devuelve prontamente. (Véase Mosíah 4:28; D. y C. 136:25.)

  4. 4.

    Miguel Moreno es un buen trabajador. Siempre siente orgullo por el trabajo que hace. Durante sus horas libres está construyendo un pequeño cobertizo en su casa, con materiales que trajo sin permiso de su trabajo.

Honradez en la familia

La gran mayoría de nosotros necesita que se nos enseñe a ser honrados. Por lo tanto, los poseedores del sacerdocio no sólo deben esforzarse por ser honrados sino que deben enseñar este principio a sus hijos. El presidente N. Eldon Tanner ha dicho: “Esta preparación para ser honrados comienza en el hogar. Cada uno de nosotros tiene cosas personales que nos pertenecen… y tales cosas no deberían tomarse sin el conocimiento del dueño. El niño que tiene honradez en el hogar probablemente no violará el principio fuera de él. Por otro lado, la falta de tal enseñanza fomenta la falta de respeto por los derechos y la propiedad ajenos” (véase “Dignos de recomendación”, Liahona, agosto de 1978, pág. 67).

¿Qué podemos hacer para enseñar a los integrantes de nuestra familia a ser honrados?

El presidente Brigham Young una vez dijo: “Sean honrados: ¡Ay de aquellos que profesan ser santos y no son honrados! El corazón honrado da como resultado acciones honradas” (citado por Spencer W. Kimball, véase La fe precede al milagro, Deseret Book, Salt Lake City, 1983, pág. 235).

Cuando somos entrevistados para recibir el sacerdocio o para ser avanzados en éste, o para recibir una recomendación para el templo, se nos hacen ciertas preguntas con respecto a nuestra dignidad. Estas entrevistas nos dan la oportunidad de ser honrados con los líderes del sacerdocio y confesar nuestros pecados. Si somos honrados (la honradez es necesaria para un verdadero arrepentimiento), podemos ser perdonados por nuestros pecados y así recibir el poder del sacerdocio. Una de las preguntas que nos hacen cuando recibimos una recomendación para el templo es si somos honrados.

Una experiencia que le ocurrió a un miembro de la Iglesia, el presidente Rubén Darío Pacheco, de Caracas, Venezuela, ilustra la clase de honradez que se espera de nosotros:

El presidente Pacheco tenía grandes deseos de llevar a su familia al templo. Después de muchos sacrificios y preparación espiritual, él y su familia juntaron el dinero necesario para el largo viaje. El presidente Pacheco mandó a su hija al banco para que retirara la suma de $500 dólares y, según cuenta: “Mi esposa tomó el sobre y lo guardó sin contar el dinero. La noche antes de salir, yo le pedí el dinero y noté que el sobre estaba demasiado pesado. Tomando el sobre, conté el dinero y comprobé que había $4.065 dólares. No podía creerlo… El recibo del banco indicaba la suma de sólo $500, lo que significaba que el banco había cometido un error de más de $3.500 dólares a nuestro favor.

“Algunos de nuestros amigos que no son miembros de la Iglesia y que estaban en nuestro hogar aquella noche trataron de persuadirnos a usar el dinero y disfrutar de nuestro viaje a los Estados Unidos lo más que pudiéramos. Para ser sincero, yo nunca había visto tanto dinero junto en mi vida; sin embargo, dije con firmeza: ‘No podemos guardar este dinero porque no nos pertenece. El propósito de nuestro viaje es ir al templo y hacer convenios con el Señor. ¿De qué valdría todo eso si no fuéramos honrados?’.

“Devolvimos el dinero al banco; habían notado que habían perdido esa cantidad de dinero, pero no sabían a quién se lo habían pagado. Algunos de los empleados del banco me preguntaron aquel día, —¿Por qué lo devolvió? Nadie sabía que usted tenía el dinero. —La única respuesta que di fue: —Porque soy mormón” (citado por Mario G. Echeverrí, “Venezuela”, Ensign, febrero de 1977, pág. 30).

¿Cómo demostraron los miembros de la familia Pacheco, tanto por la palabra como por los hechos, que eran honrados? ¿Quién sabe de su honradez? Teniendo en cuenta que esa experiencia había sido tan reciente, ¿cómo piensa usted que se sentía esta familia cuando fueron sellados en el templo?

Invite a algunos poseedores del sacerdocio que den ejemplos de experiencias recientes tocantes a la honradez que ellos hayan experimentado u observado.

Las bendiciones de la honradez

El ser honrados con nosotros mismos, con otros y con el Señor requiere esfuerzo y arduo trabajo. Pero cuando lo hacemos, las recompensas valen la pena. Una de las cosas que aprendemos es autodisciplina, una cualidad que nos ayuda a tener éxito en muchos aspectos de la vida. Las siguientes son algunas de las bendiciones que recibimos por ser honrados.

Ganamos la confianza de los demás

Cuando somos sinceros y honrados, otras personas aprenden a tener confianza en nosotros y solicitan nuestra ayuda y consejo. El presidente Spencer W. Kimball contó la siguiente historia de un hombre:

“En uno de mis viajes a la ciudad de México, uno de los presidentes de estaca me pidió que ordenara a un obispo que había sido llamado. Con gusto lo hice. El presidente y el obispo recién llamado vinieron a nuestro cuarto y conversamos y llegamos a conocernos. Si bien recuerdo, este hombre de corta estatura y de apariencia distinguida era, según me dijeron al presentármelo, indio azteca de sangre pura. Quedé complacido en extremo, dado que siempre he tenido un interés especial en los indios.

“Hablamos acerca de él, de su familia y de su ocupación. Según dicen, era empleado de un hombre que tenía un negocio importante y nuestro nuevo obispo estaba a cargo de llevar la contabilidad. El jefe había resuelto llevar a su esposa a Europa para pasar unas vacaciones un poco largas, así que llamó a este querido hermano y puso en sus manos las riendas del negocio, admitiendo que era el único de sus empleados en quien tenía la confianza suficiente para dejarlo encargado de sus cuentas bancarias.

“Al poner nuestras manos sobre la cabeza de este joven hermano, mi corazón se dilató de orgullo y di gracias al Señor por hombres en quienes se podía confiar; por hombres que podían inspirar confianza y afecto” (Conference Report, Conferencia de área para México y Centroamérica, 1972, pág. 33).

¿Qué valor tiene para nosotros el que nuestros amigos, compañeros y jefes nos tengan confianza?

¿Qué valor tiene el que el Señor confíe en nosotros?

Cuando somos honrados, inspiramos confianza a nuestros semejantes y al Señor. La siguiente historia fue contada por el hijo de Jacob Hamblin, y dice así:

“Un día mi padre me envió a hacer negocios con un viejo jefe indio de la tribu de los navajos. Yo era un muchachito e iba montado en un caballo mientras llevaba a otro, tirando de las riendas, para cambiarlo por algunas mantas. El anciano jefe salió y me bajó del caballo. Le dije que mi padre se lo mandaba a cambio de algunas mantas. El trajo algunas, pero como mi padre me había indicado que hiciera un buen negocio, le hice señas de que deseaba algunas más. Entonces, trajo pieles de bisonte y unas cuantas mantas más; cuando pensé que había obtenido lo suficiente, tomé todas esas cosas, subí al caballo y volví a casa. Cuando le entregué todo a mi padre, desenvolvió el atado, miró su contenido y comenzó a hacer una selección. Apartó algunas mantas, las amarró y me dijo que volviera y le dijera al jefe que me había dado demasiadas. Cuando llegué, el anciano jefe me miró y sonriendo dijo: “Yo sabía que volverías; conozco a Jacob y estaba seguro de que no se quedaría con tantas; sabes, así como lo es para tí, Jacob es un padre para nosotros” (relatado por Le Roi C. Snow, en Preston Nibley, Inspirational Talks for Youth, pág. 101).

Nosotros complacemos a Dios

A Dios no le agrada que sus hijos sean deshonestos; especialmente le disgusta que los poseedores del sacerdocio demuestren no ser honrados. ¿Piensa usted que un hombre que no es honrado puede representar a un Dios que ama la verdad?

El entonces élder Howard W. Hunter nos dice que la honradez complace a Dios y nos causa gozo. “Hay cierto gozo que nos sobrecoge cuando somos honrados. Esto ocurre porque si lo somos, podemos gozar de la compañía del Salvador al igual que la del Espíritu Santo. La violación del código de la honradez nos privará de recibir esta gran bendición. ¿Cree usted que una persona que miente y no es honrada puede gozar de la compañía del Salvador o del Espíritu Santo?” (“Basic Concepts of Honesty”, New Era, febrero de 1975, pág. 5).

Nos sentimos bien con nosotros mismos

Cuando somos honrados, nos sentimos bien con nosotros mismos.

¿De qué forma, al ser honrados, aumentamos el respeto que sentimos por nosotros mismos?

Un hombre honrado se respeta a sí mismo; no tiene nada que esconder y puede mirar de frente a cualquiera. Un hombre que no es honrado, por otra parte, se siente mal, avergonzado y muy a menudo, temeroso; y con razón, porque la falta de honradez no puede pasar desapercibida. El élder Howard W. Hunter pregunta, ¿Piensa usted que nadie lo ve cuando comete un acto deshonesto? ¿Piensa usted que nadie lo va a observar cuando actúe deshonestamente durante un examen, aun cuando sea la única persona en el cuarto? (“Basic Concepts of Honesty”, New Era, febrero de 1978, pág. 5).

Ejercemos una buena influencia sobre otras personas

Nuestra honradez ejerce una buena influencia tanto sobre nuestra propia familia como sobre nuestros semejantes. El presidente Spencer W. Kimball nos relata cómo el buen ejemplo influyó sobre alguien:

“En un tren de Nueva York a Baltimore nos sentamos en el comedor con un hombre de negocios y empezamos a conversar.

“—¿Ha estado usted en Salt Lake City? ¿Ha tenido la oportunidad de escuchar el Coro del Tabernáculo? —le preguntamos. A estas preguntas siguieron, naturalmente, las que llamamos de oro. —¿Qué es lo que usted sabe acerca de la Iglesia en general y de su doctrina?

“—Es poco lo que sé acerca de la Iglesia, pero conozco a uno de sus miembros. —Contestó el señor que tenía una compañía constructora de casas en la ciudad de Nueva York. —Trabaja para mí como un subcontratista —continuó diciendo—. Es una persona tan honrada y tan intachable que no tengo necesidad de pedirle que ponga precio con anticipación al trabajo que le encargo, pues sé que me va a cobrar lo justo. Es el alma misma del honor. Si los mormones son como este hombre, quisiera saber más acerca de una Iglesia que produce hombres tan honrados. —Le regalamos algunos folletos y le enviamos a los misioneros en Nueva York para que lo visitaran” (Conference Report, Conferencia de área para México y Centroamérica, 1972, pág. 31).

Conclusión

El Señor nos ha mandado ser honrados; por lo tanto nosotros debemos distinguir entre lo honrado y lo que no lo es. Debemos poner en práctica la honradez en nuestros pensamientos, conversaciones y acciones, tanto en el hogar como con nuestros vecinos y en la Iglesia. También debemos enseñar la honradez a nuestros hijos. Si así lo hacemos, tendremos la conciencia tranquila, paz interior, el sentimiento de que somos dignos y la compañía del Espíritu Santo.

Leer Mosíah 4:30.

¿Qué nos aconseja el rey Benjamín que debemos hacer?

Si se sintiera inspirado para hacerlo, dé su testimonio acerca del principio de la honradez.

Cometidos

  1. 1.

    Durante la semana que viene, evalúe sus propios pensamientos, palabras y acciones para ver si está obedeciendo el mandamiento de la honradez. Procure la ayuda del Señor para sobreponerse a la falta de honradez que encuentre en su propia vida.

  2. 2.

    A los padres: Consulten con sus esposas para encontrar formas de enseñar a sus hijos a ser honrados.

  3. 3.

    A los jóvenes: Prométanse a sí mismos de ahora en adelante a ser honrados con sus padres y con los líderes de la Iglesia y a obedecer las leyes de Dios y las del país.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Éxodo 20:15–16 (se nos manda no robar y no levantar falso testimonio).

  • Alma 27:27 (el pueblo de Ammón era perfectamente honrado y justo).

  • 3 Nefi 1:22 (Satanás esparce las mentiras para destruir la fe).

  • D. y C. 42:20–21 (el castigo de los ladrones y mentirosos).

  • D. y C. 51:9 (cada hombre debe negociar honradamente).

  • D. y C. 97:8 (el Señor acepta a los honrados).

  • D. y C. 98:10 (buscad diligentemente y apoyad a hombres honrados y sabios).

Preparación del maestro

Antes de presentar la lección:

  1. 1.

    Repase el capítulo 31 de Principios del Evangelio, “La Honradez”.

  2. 2.

    Invite a los poseedores del sacerdocio para que relaten recientes experiencias de honradez que hayan experimentado u observado.

  3. 3.

    Pida a algunos miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras que se encuentran en esta lección.