La pureza de pensamiento

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección debe ayudarnos a fortalecer nuestro cometido de tener pensamientos puros.

Introducción

El presidente Spencer W. Kimball en cierta ocasión relató la siguiente fábula para ilustrar la forma en que el recto vivir y la pureza de pensamiento afectan a una persona:

Lord George había llevado una vida muy agitada; había sido deshonesto, borracho, jugador y estafador, y su rostro reflejaba la clase de vida que había llevado; sus facciones reflejaban una expresión maligna.

Un día se enamoró de una sencilla joven campesina que se llamaba Jenny Mere, a quien le propuso matrimonio. Ella le respondió que jamás se casaría con un hombre cuyo rostro fuera tan malévolo y que si contraía matrimonio, lo haría con un hombre que tuviera en la cara una expresión bondadosa, capaz de reflejar el verdadero amor.

Lord George decidió cambiar su vida; sabía que la joven no se casaría con él tal como él era, así que un día fue a ver un hombre que era famoso por las máscaras de cera que fabricaba. El hombre seleccionó la máscara apropiada, la calentó y la fijó al rostro de Lord George. Cuando éste se miró en el espejo, vio reflejada la imagen de un hombre bondadoso que irradiaba amor. Su apariencia sufrió tal cambio que Jenny Mere pronto aceptó casarse.

Compraron una casita en el campo que tenía un pequeño huerto. En poco tiempo Lord George encontró que toda su vida cambiaba; comenzó a interesarse en la naturaleza y en el mundo a su alrededor. Se llenó de bondad y amor.

Pero Lord George no se contentó con empezar una nueva vida, sino que también hizo lo posible por enmendar las faltas del pasado. Trató de restituir todo el dinero que habido ganado por medio de la deshonestidad, y, con el correr del tiempo, su carácter se volvió más recto y sus pensamientos se tornaron más puros.

Por accidente, algunos de sus viejos amigos descubrieron su paradero; fueron a su huerto y trataron de convencerlo de que volviera a la vida de maldad que había llevado. Como él se negó, lo atacaron iracundos y en la lucha le hicieron jirones la máscara.

Lord George inclinó la cabeza; pensó que era el fin de su nueva vida y la ruina de su matrimonio. Al verlo allí, con la cabeza inclinada y la máscara sobre el césped al lado de sus pies, su esposa corrió y cayó de rodillas frente a él y, al observar su rostro, ¿qué creen que vio? Sí. Línea por línea, rasgo por rasgo, su rostro había adquirido las mismas facciones y la misma expresión de bondad que tenía la máscara.

Después de contar este relato, el presidente Kimball dijo: “Sin duda alguna, la vida que llevamos y los pensamientos que tengamos se reflejan plenamente en nuestro rostro” (véase “Sed dignos poseedores del sacerdocio”, octubre de 1975, pág. 23).

Nuestros pensamientos encaminan nuestras acciones

¿De qué manera nuestros pensamientos afectan nuestras acciones?

El presidente David O. McKay a menudo habló sobre este tema. En varias oportunidades declaró que: “Los pensamientos son las semillas de nuestros hechos, y los preceden… El deseo constante y el esfuerzo del Salvador fue el de implantar en la mente de los hombres pensamientos correctos, motivos puros, ideales nobles, sabiendo y estando consciente de que las palabras y las acciones correctas inevitablemente seguirían” (Stepping Stones to an Abundant Life, pág. 206).

¿Qué es lo que ayuda a una persona a ser fiel y recta en todas las cosas?

El vivir rectamente implica vivir con pensamientos limpios. Nefi es un gran ejemplo. El hijo de un gran Profeta, Nefi buscó recibir revelación igual que su padre. Su rectitud fue premiada, y más tarde él mismo llegó a ser el Profeta de su pueblo.

¿Qué hizo Nefi que lo ayudó a actuar con rectitud?

Nefi nos da una idea de cómo logró vivir honradamente cuando dijo:

“Porque mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos. He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita continuamente en las cosas que he visto y oído” (2 Nefi 4:15–16).

Nuestros pensamientos tienen poderosa influencia sobre nuestras acciones: si tenemos pensamientos correctos, nuestras acciones serán correctas; pero si tenemos pensamientos malvados, finalmente cometeremos los pecados que hemos pensado.

El presidente McKay contó lo siguiente:

“Hace muchos años, un joven misionero acudió a mí cuando yo era presidente de la Misión Europea y me confesó una acción pecaminosa. Se justificó diciendo que se encontró de pronto en una librería en la hora de cerrar, y que cuando la puerta estuvo cerrada, él cedió a la tentación; más bien culpaba a las circunstancias por su caída.

“Pero yo le dije: ‘No fueron las circunstancias; no fue la puerta cerrada ni la tentación. Había pensado en hacerlo antes de ir a esa librería. Si nunca antes hubiese pensado en ello, no habría existido circunstancia fuerte que le tentara e indujera a caer a usted, un misionero. El pensamiento siempre precede al acto’ ” (Cleanliness Is Next to Godliness”, Instructor, marzo de 1965, pág. 86).

James Allen escribió en una ocasión:

“La mente de un hombre puede compararse a un huerto; se le puede cultivar con inteligencia o dejar que crezca salvaje; pero, ya sea que se cultive o que se deje a un lado, algo siempre crecerá. Si no se siembran semillas útiles, caerán en el huerto una abundante cantidad de semillas de malezas que continuarán reproduciéndose.

“Tal como sucede cuando un hortelano cultiva su huerto manteniéndolo libre de malezas y permitiendo que crezcan nada más que las plantas y frutos que él desea, así sucede con el huerto que el hombre posee en su mente, si quita todo lo malo, todo lo inútil y todos los pensamientos impuros y se cultiva hacia la perfección, cosechará las plantas y los frutos del bien, de lo útil, así como los pensamientos puros. Si un hombre sigue este proceso, tarde o temprano descubrirá que él es el jardinero de su alma, el director de su vida. También… comprenderá con exactitud la forma en que el poder del pensamiento y los elementos de la mente operan en la formación de su carácter, de sus circunstancias y de su destino”. (As a Man Thinketh, pág. 15.)

¿Qué debemos hacer para que un huerto produzca plantas y frutas buenas? Si nuestro huerto está repleto de malezas, ¿cuál será la razón?

¿Qué debemos hacer para tener una mente que nos impulse a ejecutar buenos hechos? ¿Qué hemos hecho si nuestra mente nos guía a cometer actos malos e indignos?

El élder Bruce R. McConkie dijo: “Si meditamos en nuestro corazón las cosas correspondientes a la rectitud, llegaremos a ser personas rectas” (Ensign, enero de 1974, pág. 48). Podemos decirlo de otra manera: “El Señor ha dicho que no mora en templos impuros, sino en los corazones de los justos es donde mora” (Alma 34:36). Los pensamientos puros nos ayudan a vivir de tal manera que el Espíritu del Señor more en nosotros; y si tenemos la compañía del Espíritu Santo, llegará el momento en que nuestra vida será purificada.

Pensamientos puros

Pida a un miembro de la clase que lea en Filipenses 4:8.

¿En qué pide Pablo que pensemos? Anote las respuestas en la pizarra. (Lo que sea verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buena reputación, virtuoso o digno de alabanza.)

Si queremos llegar a ser como Cristo, no es suficiente que mantengamos nuestra mente alejada de la maldad, sino que también debemos mantenerla llena de buenos y virtuosos pensamientos. En lo posible, debemos esforzarnos por pensar acerca de las verdades del Evangelio. Una de las mejores maneras de hacerlo es mantener la promesa que hacemos cuando participamos de la Santa Cena de recordar siempre al Salvador.

Cuando el presidente Spencer W. Kimball era miembro del Quórum de los Doce, dijo: “¿Cuál es la palabra más importante que podemos encontrar en un diccionario? Puede que sea ‘recordar’. Debido a que todos ustedes han hecho convenios —ustedes saben lo que tenemos que hacer y cómo hacerlo— nuestra mayor necesidad es la de recordar. Esa es la razón por la que cada uno de nosotros asiste a la reunión sacramental cada domingo, para participar de la Santa Cena y escuchar cuando los presbíteros oran “y a recordadle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado’ ” (“Circles of Exaltation” [discurso pronunciado ante el personal de Seminarios e Institutos de Religión en la Universidad Brigham Young, 28 de junio de 1968]).

¿Cómo podemos recordar siempre al Señor? (Pida a uno o dos miembros de la clase que compartan ideas acerca de cómo pueden “recordarle siempre”.)

El gran profeta Alma le dio un sabio consejo a su hijo Helamán que podría ayudarnos a recordar siempre al Salvador.

Pida a un miembro de la clase que lea en Alma 37:35–37.

¿Cómo podemos beneficiarnos al dirigir siempre nuestros pensamientos al Señor? (Podemos resistir la tentación y desarrollar más fe, obediencia y amor.)

¿Cómo puede ayudarnos la oración a mantener puros nuestros pensamientos y acciones?

Las influencias malignas nos rodean y Satanás las usa para tratar de influenciar en nuestra mente. Él tiene muchas maneras de tentarnos, pero podemos hacer mucho más para atacar el problema si evitamos escuchar, leer o ver cosas malas o perjudiciales. El élder J. Thomas Fyans aclaró este principio usando los ríos de América del Sur para ilustrar la forma en que son afectados nuestros pensamientos por lo que leemos o vemos:

“Un detalle interesante de estos ríos es la diferencia de sus colores. El Madeira, por ejemplo, es denominado río blanco a causa de que sus aguas transportan finas partículas de arcilla a lo largo de su curso. El color oscuro del río Negro es consecuencia de los desperdicios de materias orgánicas recogidas en los bosques a través de los cuales pasa. Y hay otros que fluyen sobre arenas blancas y a menudo se ven de un color verde esmeralda o azul turquesa.

“Así como estos ríos adquieren diferentes colores por las sustancias que recogen en su fluir, así también la corriente de nuestros pensamientos adquiere el color de los materiales que se utilicen para canalizarlos” (véase “Canal hacia el conocimiento y la perfección”, Liahona, mayo de 1975, pág. 28).

¿Cómo podemos comparar nuestra mente a un río? (Al igual que un río se tiñe con lo que toca, nuestra mente es afectada por lo que leemos, vemos o escuchamos.)

¿Qué medios maléficos utiliza Satanás para tratar de influenciar nuestros pensamientos? (La pornografía, la gente inmoral o inmodesta, el vocabulario vulgar y ciertos tipos de música, bailes y entretenimientos.)

Debido a que estas cosas le hacen tanto daño a nuestra espiritualidad, debemos evadirlas, ya que pueden causar pensamientos malévolos. Pero, en algunas ocasiones, sin importar cuánto nos esforcemos por mantener limpia nuestra mente, tenemos que luchar contra un pensamiento malo o inmoral que intenta penetrar en nuestra mente. Vivimos en un mundo lleno de maldad, y a veces es inevitable tener que enfrentar esas tentaciones. ¿Qué hacemos entonces cuando nos encontramos ante esta situación?

El élder Boyd K. Packer nos dio una idea de cómo podemos luchar contra estos pensamientos:

“La mente es como un escenario; el telón está siempre levantado a menos que estemos durmiendo. Siempre habrá un acto desarrollándose en el escenario. Puede ser una comedia, una tragedia, algunas veces interesantes, otras aburridas, buenas o malas; pero siempre hay algo desarrollándose en el escenario de la mente.

“¿Se han dado cuenta alguna vez de que, sin ninguna intención de su parte, en el medio de cualquiera presentación, un pensamiento turbio a veces se apodera de la situación y atrae toda la atención…?

“Si le permiten a este pensamiento que continúe, todas las demás cosas bellas dejarán el escenario, y ustedes se quedarán con la influencia de pensamientos erróneos, porque consintieron que se apoderara de ustedes. Si ceden a ellos, representarán en el escenario de su mente cualquier obra hasta donde se lo toleren. Pueden presentar un tema de amargura, celos, odio… y pueden ser vulgares, inmorales y hasta depravados…

“¿Qué hacen ustedes en una situación como ésa?

“Les enseñaré esto: Escojan un himno favorito de un himnario que contenga una letra que eleva y que contenga música reverente; un himno que les ayude a sentir algo como la inspiración. Repásenlo conscientemente en la mente; apréndanlo de memoria. Aun cuando jamás hayan tenido ninguna capacitación musical, pueden pensar en un himno.

“Usen ese himno como la meta adonde quieren que lleguen o se dirijan sus pensamientos. Ténganlo como un canal de emergencia. En cualquier momento en que encuentren que estos actores turbios se deslizan en el escenario de sus pensamientos, pónganles este disco, por decirlo así.

“A medida que la música comience y las palabras se formen en la mente, estos pensamientos indignos se retirarán avergonzados. El himno cambiará toda la escena que se esté desarrollando en la mente. Puesto que el himno es algo elevado y limpio, desplazará al pensamiento indigno, porque mientras la virtud, por elección, no quiere asociarse con la suciedad, la maldad no puede tolerar la presencia de la luz…

“Una vez que aprendan a limpiar el escenario de su mente de pensamientos indignos, manténganlo ocupado aprendiendo cosas de valor. Cambien de ambiente para que todo a su alrededor inspire los pensamientos buenos y elevados. Manténganse ocupados con cosas rectas” (Teach ye Diligently, págs. 46–47).

¿Qué otros métodos podemos usar para encauzar nuestros pensamientos? (Orar. Recitar un poema, un pasaje de las Escrituras o un buen pensamiento. Pensar acerca de una experiencia o lugar sagrado.)

“La verdadera felicidad no depende de las cosas externas… La felicidad perdurable es la que proviene de las emociones y de los pensamientos internos. Deben desarrollar el hábito de pensar mientras son jóvenes y deben cultivar la mente si quieren lograr y mantener la felicidad. Deben procurar pensamientos e ideas interesantes, porque una mente vacía se vuelve aburrida y no perdura. Una mente vacía busca placeres como una forma de substituir la felicidad” (William Lyons Phelps, citado por Harvey Fletcher, The Good Life, pág. 137).

Lea Salmos 1:1–3.

Conclusión

Nuestros pensamientos ejercen influencia en nuestras acciones. Los pensamientos y deseos puros nos llevan a vivir rectamente, mientras que los pensamientos malvados provocan la pérdida del Espíritu del Señor y nos conducen a hacer maldad.

Para mantener una mente limpia siempre debemos esforzarnos por pensar acerca de las cosas de Dios; siempre debemos buscar las verdades del Evangelio y orar constantemente. Nos son prometidas grandes bendiciones si así lo hacemos. El Señor ha dicho: “Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios… El Espíritu Santo será tu compañero constante” (D. y C. 121:45–46).

Podemos mantener puros nuestros pensamientos si evitamos estar cerca de la maldad. Cuando nos acosa un mal pensamiento, de inmediato debemos comenzar a pensar en algo que nos inspire. Puede ser un himno, un pasaje de las Escrituras u otro buen pensamiento. Podemos comenzar a orar tan pronto un mal pensamiento entre en la mente.

Cometidos

  1. 1.

    Varias veces durante el día trate de pensar en las cosas del Señor. Haga lo posible por “recordarle siempre”.

  2. 2.

    Recuerde que su mente es como un huerto. Haga lo mejor por cultivar los pensamientos correctos en ella.

  3. 3.

    Piense en una forma en que pueda encauzar sus pensamientos. Una buena manera es aprender de memoria uno de sus himnos favoritos, un pasaje de las Escrituras o un poema. Cuando sea que se enfrente a un mal pensamiento, piense inmediatamente en las palabras que aprendió de memoria; esas palabras desplazarán a los pensamientos malos.

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Trate de hacer participar a los jóvenes poseedores del sacerdocio en lo posible para que esta lección tenga un impacto en ellos.

  2. 2.

    Pida a algunos miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras presentados en esta lección.