Los dones espirituales

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección está destinada a ayudarnos a comprender los dones del Espíritu y a motivarnos a buscarlos diligentemente.

Introducción

Muestre la ayuda visual 34-a, “El poder del sacerdocio puede protegernos del mal”.

En marzo de 1961 una terrible tormenta se desencadenó en las islas de Tonga, en el Pacífico Sur. Muchos edificios fueron derribados por el viento; se desarraigaban árboles grandes, y el viento destrozó y arrasó muchas casas. Varias personas resultaron heridas y otras murieron.

En una aldea, una familia Santo de los Últimos Días se amontonaba en su pequeño hogar, temiendo por sus vidas. Al relatar esta experiencia, el padre de familia dijo que podían sentir estremecerse la casa, como si estuviera a punto de caer y sabía que si la familia permanecía allí, todos morirían, además si él salía a la calle en busca de ayuda, moriría. Mientras luchaba tratando de tomar una decisión en cuanto a lo que fuese mejor hacer, sintió el impulso de usar el sacerdocio para proteger a su familia.

Subiéndose a una silla, puso sus manos en la parte del techo que pensaba iba a caer primero. Entonces dijo: “Por el poder del sacerdocio que poseo y en el nombre de Jesucristo, mando que permanezcas sólida e íntegra hasta que pase la tempestad”. Después de finalizadas estas palabras, la casa dejó de estremecerse y el techo de crujir.

Después de la tormenta pudieron comprobar que su hogar fue el único que permaneció en pie. (Adaptado de Eric Shumway en Stories of Insight and Inspiration, pág. 71–73.)

Si se enfrentara a una emergencia en este mismo instante, ¿se sentiría usted preparado para ejercer su fe y su sacerdocio?

Si somos fieles y dignos, el Señor nos dará bendiciones espirituales. El profeta Jacob, en el Libro de Mormón, describe esta condición entre su pueblo: “Por tanto, escudriñamos los profetas, y tenemos muchas revelaciones y el espíritu de profecía; y teniendo todos estos testimonios, logramos una esperanza, y nuestra fe se vuelve inquebrantable, al grado de que verdaderamente podemos mandar en el nombre de Jesús, y los árboles mismos nos obedecen, o los montes, o las olas del mar” (Jacob 4:6).

¿Cuáles son los dones del Espíritu?

Los dones del Espíritu son bendiciones especiales de conocimiento y poder espirituales. Se llaman dones porque nos son dados por el Señor. Aunque son dones, se nos retienen hasta que demostramos por nuestra fidelidad la dignidad y deseo de aceptarlos.

¿Pueden pensar ustedes en algunos dones espirituales?

Algunos dones del Espíritu están descritos en las Escrituras. Muchos de ellos se encuentran enumerados en 1 Corintios 12, Moroni 10:8–18 y D. y C. 46:8–29.

Invite a los miembros de la clase a que lean en D. y C. 46:13–26.

¿Cuáles son los dones espirituales que se mencionan en estos pasajes de las Escrituras? (Puede hacer una lista en la pizarra de los siguientes dones espirituales y otros que mencionen los miembros de la clase.)

  • Revelación

  • Testimonio.

  • Juicio.

  • Conocimiento.

  • Sabiduría.

  • Enseñanza.

  • Exhortación.

  • Predicación.

  • Fe para sanar.

  • Fe para ser sanado.

  • Milagros.

  • Profecías.

  • Visiones.

  • Discernimiento de espíritus.

  • Hablar en lenguas.

  • Interpretación de lenguas.

Pida a los miembros de la clase que piensen en los otros dones que ellos hayan recibido.

Cómo obtener dones espirituales

El Señor tiene muchos dones espirituales y desea concedérnoslos, pero debemos prepararnos para recibirlos. Si lo hacemos, nos serán dados aquellos dones que el Señor sabe que estemos preparados para recibir. No obstante, pocos son los hombres que gozan de todos estos dones: “Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios. A algunos les es dado uno y a otros otro, para que así todos se beneficien” (D. y C. 46:11–12).

Nuestra responsabilidad es descubrir cuáles dones hemos recibido y vivir dignamente para usarlos. Muy a menudo se nos dice cuáles son los dones que tenemos o cuáles son los que debemos buscar cuando somos apartados para un oficio o llamamiento o cuando recibimos la bendición patriarcal. Por ejemplo, a un misionero fue llamado a un país extranjero puede que se le prometa el don de lenguas para ayudarlo a aprender el nuevo idioma. A un maestro se le puede decir que busque el don de enseñar. Los niños pueden recibir ayuda de sus padres para ubicar los dones espirituales que necesiten desarrollar.

El Salvador nos ha mandado que busquemos los mejores dones (véase D. y C. 46:8). Estos incluyen dones tales como la fe, el testimonio, la revelación y la sabiduría. Mientras hablaba acerca de los dones espirituales, el presidente Joseph F. Smith dijo una vez: “Yo opino que hay muchos miembros de esta Iglesia que han sido bautizados para la remisión de sus pecados, y que se les han impuesto las manos para otorgarles el don del Espíritu Santo, pero que en verdad nunca han recibido tal don, es decir, las manifestaciones de él. ¿Por qué? Porque nunca ordenaron su vida como para poder recibir tales manifestaciones. Nunca se humillaron; nunca tomaron los pasos que los prepararían para recibir la compañía del Espíritu Santo. Por lo tanto, pasan por esta vida sin recibir este conocimiento (“Seek Ye Earnestly the Best Gifts,” Ensign, junio de 1972, pág. 3).

Aunque debemos buscar constantemente los dones del Espíritu, debemos buscarlos por las razones correctas. Nuestro Padre Celestial no está complacido con aquellos que desean recibir señales simplemente para satisfacer su curiosidad (véase Mateo 12:39). No se requiere ningún esfuerzo o preparación para desear tales señales. Debemos buscar con empeño los dones espirituales, lo que significa que debemos tener las razones correctas mientras nos preparamos para recibirlos.

¿Cómo podemos recibir los dones del Espíritu?

Para recibir los dones del Espíritu debemos hacer lo siguiente:

Purificar nuestra vida

Debemos purificar nuestra vida mediante el continuo arrepentimiento de nuestros pecados. Tal clase de arrepentimiento requiere un esfuerzo diario.

Obedecer los mandamientos

Debemos obedecer los mandamientos del Señor; puesto que la obediencia es uno de los requisitos más importantes para recibir los dones espirituales. A medida que guardemos los mandamientos, llegaremos a ser dignos de los dones espirituales.

Ayunar

Es muy posible que necesitemos ayunar para poder vencer el orgullo y alcanzar la humildad necesaria para recibir los dones espirituales. El ayuno nos ayuda a anteponer nuestras necesidades espirituales a las necesidades físicas; nos ayuda a eliminar los deseos egoístas y nos alienta a preocuparnos un poco más de las cosas espirituales.

Orar

Debemos orar con la fe de que vamos a recibir los dones espirituales. El Señor nos ha mandado que pidiéramos antes de que esperáramos recibir una bendición (véase Mateo 7:7–1). Tales oraciones requieren fe, fe de que recibiremos estos dones y fe en el Dador de los dones.

El élder James A. Cullimore sugirió algunas preguntas que deberíamos considerar mientras buscamos los dones espirituales:

“Como miembros de la Iglesia, ¿es nuestra fe lo suficientemente fuerte? ¿Estamos acaso en armonía con el Espíritu para poder ser bendecidos con estos grandes dones? ¿Creemos en verdad que se puede llevar a cabo un milagro o que se puede dar una bendición? ¿Llamamos al sacerdocio tan frecuentemente como debiéramos para bendecir a los enfermos? ¿Creemos que podemos ser sanados? ¿Tenemos la fe para sanar? ¿Está siempre listo el sacerdocio para dar una bendición? ¿Cuán fuerte es su fe? (Ensign, noviembre de 1974, pág. 27) .

Piense por un momento acerca de su propia vida. ¿Qué debe hacer para prepararse para recibir dones espirituales?

Cómo usar los dones espirituales

Aunque seamos dignos de usar un don, puede que seamos guiados a no usarlo (véase Alma 14:10–11). En otras oportunidades podemos tener un don pero no lo necesitamos hasta que se presente la oportunidad propicia. Si vivimos dignamente para sentir las indicaciones del Espíritu, sabremos cuándo usar nuestros dones y cuándo no deberemos hacerlo.

Muestre la ayuda visual 34-b, “José Smith enseñó por el poder del Espíritu”.

En una ocasión, el profeta José Smith fue invitado a predicar el Evangelio a un grupo de indios norteamericanos. Los indios no podían entender el inglés y él no podía hablar su idioma, de modo que pagó a un agente especial de gobierno para que interpretara en su idioma las palabras de él. El Profeta hablaba por unos minutos a los indios, y en seguida el agente interpretaba al idioma de ellos. Cuando los indios demostraron resentimiento y enojo por su mensaje, se le reveló al Profeta que el agente estaba diciendo mentiras para poder de este modo volver a los indios contra él. José hizo a un lado al intérprete y en seguida les predicó un sermón. Ellos entendieron toda palabra”. (Adaptado de E. Cecil McGavin, The Historical Background of the Doctrine and Covenants, pág. 156.)

Qué dones espirituales usó el profeta José Smith durante aquel incidente? (Discernimiento, revelación, el don de lenguas, enseñanza.)

A medida que recibimos nuestros dones, debemos tener cuidado de no hacer alarde de nuestras experiencias ni de hablar al mundo acerca de ellas (D. y C. 84:65–73). Podemos compartir nuestras experiencias espirituales con los miembros de nuestra familia y con los íntimos amigos, pero debemos recordar que nuestros dones son sagrados y se debe hablar con cuidado de ellos (véase D. y C. 63:64).

El propósito de los dones espirituales

El Señor nos reveló que los dones espirituales son dados a los que le aman y guardan todos Sus mandamientos (véase D. y C. 46:9). Debemos estudiar y recordar cuáles son los dones espirituales que se encuentran a nuestra disposición (D. y C. 46:10). Mediante el uso apropiado de estos dones, se sana a los enfermos, se expulsa a los demonios, se reciben revelaciones, se obtiene conocimiento, y los misioneros reciben ayuda para comunicarse en diferentes idiomas. A través de los dones del Espíritu, el Espíritu Santo puede guiarnos, consolarnos, animarnos y enseñarnos. Estos dones nos ayudan a caminar rectamente delante del Señor e impiden que se nos engañe con doctrinas falsas.

La razón que tenemos para buscar los dones espirituales no debe ser egoísta. El apóstol Pablo nos dice que debemos buscarlos por el bien que ellos harán a otros y a la Iglesia. (Véase 1 Corintios 14:12.) Él compara a la Iglesia a un cuerpo para demostrar la importancia del don de cada miembro para con el resto de la Iglesia (véase 1 Corintios 12:12–31). En la misma forma en que el cuerpo necesita de los brazos, de las piernas, de los ojos y oídos, de la misma forma la Iglesia necesita de los dones y llamamientos de cada miembro. Por lo tanto, cada uno de nosotros debería ejercer nuestros dones y magnificar nuestros llamamientos. A medida que lo hagamos, todos seremos bendecidos. (Véase D. y C. 46:11–12.)

El élder Franklin D. Richards nos habló de ciertas bendiciones que vienen del Espíritu en momentos de necesidad:

“El Salvador prometió que el Espíritu Santo sería un Consolador en tiempos de enfermedad y muerte.

“Muchos son los que han testificado que han recibido ese consuelo en tiempos de aflicción, ayudándolos a encontrar paz y comprensión.

“Hace algunas semanas tuve el privilegio de conocer a dos mujeres, que eran amigas íntimas, y que habían perdido a sus esposos en un trágico accidente de aviación. Quizás piensen que las encontré hundidas en la desesperación y el dolor. Ciertamente que no. Nunca he visto valor y fortaleza mayores; ambas me testificaron del gran consuelo que les había brindado el Espíritu, y de que sabían que había un propósito en el llamamiento que sus maridos habían recibido, que ellas y sus familias estarían perfectamente bien mientras se mantuvieran fieles a la Iglesia, guardando los mandamientos del Señor” (“El constante poder del Espíritu Santo”, Liahona, marzo de 1974, pág. 36).

Si el tiempo lo permite, invite a algunos de los miembros de la clase a que compartan su testimonio acerca de las bendiciones recibidas a través de los dones espirituales.

Conclusión

“Buscad diligentemente los mejores dones, recordando siempre para qué son dados;

“porque de cierto os digo, que se dan para el beneficio de los que me aman y guardan todos mis mandamientos, y de los que procuran hacerlo; para que se beneficien todos los que me buscan o me piden, y que no piden señales para satisfacer sus concupiscencias.

“Y además, de cierto os digo, quisiera que siempre recordaseis y retuvieseis en vuestras mentes cuáles son esos dones que se dan a la iglesia.

“Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios.

“A algunos les es dado uno y a otros otro, para que así todos se beneficien” (D. y C. 46:8–12).

Cometidos

  1. 1.

    Traten de descubrir de qué dones espirituales ya disponen ustedes o cuales les están reservados. Continúen purificando su vida a través del arrepentimiento y de la obediencia, y oren y ayunen con humildad para saber qué más necesitan hacer para prepararse para recibir dones espirituales.

  2. 2.

    Padres: Ayuden a sus hijos a reconocer sus dones y a desarrollarlos.

  3. 3.

    Jóvenes: Busquen el consejo de sus padres y de los líderes de la Iglesia para que les ayuden a desarrollar dones espirituales.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Juan 11:22 (pida dones a Dios).

  • Hechos 2:17–18 (los jóvenes reciben dones).

  • 1 Corintios 7:7 (cada persona tiene su propio don).

  • 1 Timoteo 4:12–16 (el don no se ha de descuidar).

  • Santiago 1:17 (los dones vienen de Dios).

  • Alma 9:21 (los nefitas tenían muchos dones).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Repase el capítulo 22 de Principios del Evangelio, “Los dones del Espíritu”.

  2. 2.

    Pida a los miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras en esta lección.