El padre como patriarca

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección está destinada a afianzar nuestra comprensión del papel que desempeña el padre como patriarca del hogar.

Introducción

Mostrar la ayuda visual 11-a, “El Señor espera que los padres dirijan a sus familias”.

El presidente Spencer W. Kimball declaró:

“En el principio el Señor organizó a Sus hijos con un padre que engendra, provee, ama y dirige; con una madre que concibe, da a luz, cría, alimenta y educa; y con hijos que se aman, se honran y se aprecian el uno al otro. La familia es el gran plan de vida, el cual fue concebido y organizado por nuestro Padre Celestial” (“The Family Influence”, Ensign, julio de 1973, pág. 15).

Según el presidente Kimball, ¿cuáles son las responsabilidades de los padres?

“El título padre es sagrado y eterno. Es significativo el hecho de que entre todos los títulos respetables, honorables y que expresan admiración por la Deidad, Él nos pidió que le llamáramos Padre” (véase Padre, considera tus obras. Un mensaje de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1978, pág. 2).

Canten o lean las estrofas del himno “Oh, mi Padre”. Himnos, Nº 187; véase también Principios del Evangelio, pág. 350.

Durante Su misión terrenal, el Salvador se refirió muchas veces a Su Padre, y habló de Él en forma reverente. Las Escrituras muestran que Él conocía a Su Padre, que Él habló con Su Padre y que hizo Su voluntad (véase Mateo 26:39). El ejemplo de respeto y honor que manifestó el Salvador hacia Su Padre es un modelo que nosotros deberíamos seguir y el que debemos enseñar a seguir a nuestros hijos.

¿Cómo podemos demostrar respeto por nuestro Padre Celestial?, y ¿por nuestros padres terrenales?

Un padre poseedor del sacerdocio debe vivir dignamente para ser llamado por el sagrado nombre de padre por sus hijos. Si así lo hace, él estará preparado para la paternidad eterna. Cada uno de nosotros tiene el poder de hacer esto, de tener a nuestra familia con nosotros y experimentar gozo junto con ella a través de la eternidad.

Un padre es el patriarca de su familia

Leer Efesios 5:23.

Nuestro Padre Celestial ha señalado que el marido o padre sea el cabeza de familia. Este modelo de considerar al esposo o padre como cabeza de familia es de naturaleza patriarcal. Como miembros de la Iglesia, somos bendecidos en forma muy especial porque poseemos el sacerdocio que nos ayuda a ser patriarcas eficaces.

Cada familia en la Iglesia es un reino o un gobierno en sí misma. El padre es el cabeza de este gobierno, es la más alta autoridad en el hogar y preside sobre todas las funciones de la familia. (Véase Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 280–281.) En relación con este asunto, el presidente Joseph F. Smith ha escrito:

“En ocasiones sucede que los élderes son llamados para ungir a los miembros de una familia. Entre estos élderes puede haber presidentes de estaca, Apóstoles, o aun miembros de la Primera Presidencia de la Iglesia. No es propio que en estas circunstancias el padre se haga a un lado y espere que los élderes dirijan la administración de esta importante ordenanza. El padre está allí y es su derecho y su deber presidir. Debe asignar al que ha de administrar el aceite y al que ha de ofrecer la oración y debe… dirigir la administración de esa bendición del Evangelio en su hogar” (Doctrina del Evangelio, pág. 280–281).

El Señor desea que el padre bendiga a su familia y no sólo que ejerza autoridad sobre ella. Para hacer esto, debe usar su sacerdocio en forma digna con el fin de bendecir a cada miembro de su familia. Eldred G. Smith, Patriarca Emérito de la Iglesia, relató una historia acerca de una mujer que le pidió una bendición especial del sacerdocio. Dijo:

“Cuando le pregunté por qué necesitaba una bendición especial, no quiso responderme. Me contó que su esposo era miembro de la Iglesia y que poseía el Sacerdocio de Melquisedec, de manera que pasé bastante tiempo tratando de enseñarle el principio de orden del sacerdocio, el que indica que el padre de la familia debe bendecir a los miembros de su hogar… Le pedí que volviera a su casa y le pidiera una bendición a su esposo en lugar de pedírmela a mí.

“Tiempo después esta hermana volvió a mi oficina, me recordó aquella experiencia y confesó que aquel día había salido de mi oficina muy resentida…

“Me explicó que la razón por la que había rehusado decirme por qué quería una bendición era precisamente porque no existía una buena relación entre ella y su esposo, y yo la envié a su casa para que le pidiera la bendición a él. De manera que, naturalmente estaba resentida.

“Luego agregó: ‘Esa fue una de las mejores cosas que pudo haber ocurrido’. Me dijo que había vuelto a casa, había orado, había pensado y, finalmente, reunió todo el valor necesario para pedirle a su esposo que le diera una bendición. Tal como pensaba, su pedido asombró a su marido, pero fue paciente; lo dejó que pensara un poco, que meditara y orara acerca de ello; finalmente, él le dio la bendición. Entonces agregó, ‘ahora, existe una relación tan hermosa en nuestro hogar y en nuestra vida como jamás había existido antes’ ” (“Family Unity Through a Father’s Blessing”, Improvement Era, junio de 1965, pág. 534).

El hogar es el lugar donde la familia progresa tanto colectiva como individualmente. Para fomentar este progreso, el padre debe siempre presidir sobre los suyos con amor, sabiduría, mansedumbre, comprensión y paciencia; dado que es la máxima autoridad en el hogar, el padre debe ser un ejemplo viviente. Los padres fieles y obedientes que dirigen a sus familias en los caminos rectos de esta vida ayudarán también a su familia a ser digna de vivir junta en las eternidades.

Como patriarcas de nuestra familia, debemos tratar a nuestras esposas y a nuestros hijos con el máximo respeto.

Lea Efesios 5:25–28.

¿Cómo debemos tratar a nuestra esposa?

Lea Efesios 6:4.

¿Qué consejo da este pasaje de las Escrituras a los padres en cuanto a la crianza de sus hijos?

Lea D. y C. 121:41–45.

¿Cómo puede ayudarnos este pasaje de las Escrituras a ser buenos patriarcas de nuestra familia?

Las Escrituras contienen muchas historias de padres que han sido buenos patriarcas. Alma, hijo, reunió a todos sus hijos y les dio a cada uno de ellos su consejo y bendición (véase Alma 35:16). El rey Benjamín enseñó a sus hijos a comprender las Escrituras (véase Mosíah 1:2). Tanto Adán como Lehi bendijeron a cada uno de sus hijos antes de morir (véase D. y C. 107:53; 2 Nefi 4:1–11). Estos Profetas cumplieron con sus responsabilidades patriarcales con su familia por medio del poder del sacerdocio. A través de nuestro sacerdocio también podemos ser patriarcas justos en nuestra familia.

Necesidades básicas de la familia

Como patriarca de su familia, el padre tiene la responsabilidad de ayudar a satisfacer sus necesidades.

Todos tenemos necesidades temporales tales como ropa, casa y alimentos. ¿Qué otras necesidades básicas tiene nuestra familia? Escriba las siguientes necesidades en la pizarra a medida que vayan siendo mencionadas:

Debemos saber que se nos necesita y se nos ama

Podemos satisfacer esta necesidad demostrando nuestro afecto y diciéndoles a los miembros de nuestra familia que les amamos. El élder Loren C. Dunn nos dio un ejemplo de esta necesidad:

“Recuerdo una obra teatral que hace poco se llevó al cine. Se trata de una pareja cuyo único hijo acababa de volver del servicio militar. El padre y el hijo nunca habían sido verdaderamente unidos. Era una situación en la que tanto el padre como el hijo se amaban, pero no encontraban la manera de expresar ese amor entre ellos, por lo que las hostilidades aumentaron porque cada uno pensaba que no le caía bien al otro…

“En la parte más importante de la obra, el hijo se dirigió al padre diciendo algo parecido a esto:

“ ‘Papá, cuando era niño, yo siempre me sentí resentido contigo porque nunca me dijiste que me amabas, pero ahora me doy cuenta de que yo tampoco nunca te dije que te quería. Bueno, papá, escucha lo que tengo que decirte: Te amo’.

“En un momento de profunda emoción el padre y el hijo se abrazaron dejando que el amor y el aprecio reprimidos por años se expresaran abiertamente” (“The Growing Problem of Drug Abuse”, Improvement Era, junio de 1969, págs. 51–53).

¿Por qué debemos decirles a los miembros de la familia que les amamos?

¿Qué podemos hacer para demostrarles que los necesitamos y los amamos?

El tener autoestima

Si apreciamos y elogiamos lo que ellos hacen, podemos ayudar a los miembros de nuestra familia para que desarrollen la autoestima y enseñarles que son hijos de nuestro Padre Celestial y ayudarles a desarrollar sus talentos. Todas estas cosas ayudan a la persona a tener confianza en sí misma, a desarrollar una imagen positiva de su persona y a tener un sentimiento de dignidad y valor. Los padres deberían buscar constantemente maneras de elogiar y alentar a sus hijos; los hijos, a su vez, deberían expresar su agradecimiento a los padres en forma regular. Un padre dice: “La noche de hogar la dedico a elogiar a mis hijos en lugar de criticarlos. Prefiero decirles acerca de las buenas cosas que los he visto hacer en lugar de las cosas malas” (véase George Durrant, “Un don del cielo”, Liahona, agosto de 1971, pág. 29).

El tener un propósito en la vida

Todo individuo necesita sentir que la vida tiene sentido, que hay un propósito para existir. Podemos ayudar a los miembros de nuestra familia a satisfacer esta necesidad enseñándoles el Evangelio. Cada uno necesita saber que esta vida terrenal es para ayudarlo a desarrollarse y aproximarse en algo a la naturaleza de Dios; en efecto, debemos enseñar a nuestros hijos que el propósito de morar sobre esta tierra es encontrar paz y felicidad, y prepararnos para volver a la presencia de nuestro Padre Celestial.

La autodisciplina y la habilidad de trabajar

Al hermano Glenn E. Nielson, presidente de una gran compañía de petróleo, se le preguntó una vez cuál había sido el maestro más influyente en su vida. El declaró: “Mi padre… Él me enseñó a disfrutar de un trabajo bien hecho. Él me enseñó a recoger más paja en mi horquilla, a cargarla con fuerza cada vez que la metía en una parva grande y agregaba: ‘todo trabajo es más fácil cuando uno lo enfrenta con decisión y no retrocede’ ” (Church News, 25 de marzo de 1978, pág. 2).

Muestre la ayuda visual 11-b, “Los padres deben enseñar a trabajar a sus hijos”.

La siguiente historia ilustra los beneficios que se logran al aprender a trabajar:

“En una oportunidad, hablaban dos vecinos ya de edad en cuanto a sus vidas y a las de sus hijos. El hijo mayor de Juan estaba a punto de terminar sus estudios universitarios y había integrado la lista de honor a lo largo de todos sus estudios. El hijo de Jaime hacía poco había sido sentenciado por un crimen y estaba purgando su pena en la penitenciaría estatal. Juan y Jaime habían sido vecinos por largo tiempo y habían compartido el período de crianza de sus respectivos hijos, quienes habían jugado e ido a la escuela juntos. Al referirse Jaime a lo acontecido, dijo: ‘Juan, la gran diferencia entre las vidas de nuestros hijos fue que tú tenías una vaca. Recuerdo cuando todos los muchachos se juntaban para jugar y tu hijo se iba más temprano pues tenía que ordeñar y alimentar a la vaca. Con esa vaca, le enseñaste a aceptar responsabilidades’ ” (1967–68 Priesthood Study Course: Aaronic Priesthood Adult, pág. 35).

No todos podemos tener vacas, pero siempre podemos dar alguna clase de trabajo o responsabilidad específica a los niños. Además debemos darles la libertad de solucionar los problemas originados en el trabajo; no debemos tratar de hacer el trabajo por ellos, pero podemos ayudarles para que cumplan sus tareas con éxito. (Véase Lección 15, “Compartir el trabajo familiar”, en este manual.)

“A medida que un hombre comprende que él es el padre terrenal de un hijo espiritual de Dios, no podrá dejar de sentir la enorme responsabilidad que tiene de nutrir a este hijo con toda la ternura, el amor y el cuidado posible” (N. Eldon Tanner, “Fatherhood”, Ensign, junio de 1977, pág. 2).

Necesidades espirituales de la familia

Los poseedores del sacerdocio tienen el derecho y la responsabilidad de bendecir a su familia con el liderazgo del sacerdocio y llevar a cabo las ordenanzas que puedan.

Muestre la lámina que haya preparado o escriba en la pizarra y analice algunas formas en que los padres pueden dirigir y bendecir a su familia. (Véase “Preparación del maestro”.)

Los padres pueden dirigir y bendecir a su familia de las siguientes maneras:

  1. 1.

    Ser la autoridad que preside en el hogar.

  2. 2.

    Llevar a cabo entrevistas personales con cada miembro de su familia. El presidente N. Eldon Tanner ha dicho que cuando él era un jovencito, su padre lo entrevistaba; y comentó: ¡Me hizo saber la importancia del sacerdocio y lo que yo debía hacer para ser digno de este sacerdocio. Él fue mi mejor amigo” (“The Blessings of Church Interviews” Ensign, noviembre de 1978, pág. 41).

  3. 3.

    Dar bendiciones de consuelo a su esposa e hijos.

  4. 4.

    Ungir a los enfermos de su familia (solamente los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec).

  5. 5.

    Recibir revelación e inspiración para su familia.

  6. 6.

    Tener oraciones familiares por la mañana y por la noche.

  7. 7.

    Pedir a los miembros de la familia que oren y que bendigan los alimentos.

  8. 8.

    Tener la noche de hogar cada lunes por la noche.

  9. 9.

    Alentar a los miembros de la familia para que participen en el trabajo misional, la investigación genealógica y las ordenanzas del templo.

  10. 10.

    Ser un ejemplo en su obediencia a los mandamientos.

  11. 11.

    Crear un ambiente de amor y comprensión en el hogar.

Pida al poseedor del sacerdocio que haya asignado a dar su testimonio sobre el gozo que siente al ser parte de una familia unida.

Conclusión

En el plan del Señor, los esposos y padres son el cabeza de familia y patriarcas de su familia. Como tal, un padre deberá desarrollar la relación adecuada con su esposa y con sus hijos, relación que será de amor, de confianza y de cooperación. Como padres, por lo tanto, debemos preocuparnos por el bienestar de cada miembro de la familia. Hacernos constantemente las siguientes preguntas nos ayudará a encontrar maneras de mejorar:

  1. 1.

    ¿Dedico el tiempo necesario para pensar en mi familia?

  2. 2.

    ¿Demuestro respeto por mi familia, por sus pertenencias y por sus pensamientos?

  3. 3.

    ¿Reconozco que cada miembro de mi familia es importante?

  4. 4.

    ¿Digo a menudo a los miembros de mi familia que les amo? ¿Demuestro ese amor por medio de mis hechos?

Cometidos

Esposos y padres:

  1. 1.

    Comprenda su responsabilidad como patriarca del hogar.

  2. 2.

    Analice esto con su esposa en el transcurso de la semana y consiga el apoyo de ella para ayudarlo a llevar a cabo sus responsabilidades.

  3. 3.

    Honre a su padre. Recuerde que él es su patriarca inclusive después que usted se haya casado.

Varones jóvenes y solteros:

  1. 1.

    Honre su sacerdocio. Prepárese para ser un digno patriarca en su hogar.

  2. 2.

    Honre a su padre porque él es el patriarca de su familia.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • Deuteronomio 6:7 (los padres han de enseñar a sus hijos).

  • Josué 24:15 (escoged a quién sirváis).

  • Efesios 5:22–25 (el orden ha de prevalecer en las familias).

  • 1 Timoteo 3:4–5 (los padres han de gobernar sus hogares).

  • D. y C. 75:28–29 (los padres deben mantener a su familia).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Estudie la Lección 12 de Deberes y bendiciones del sacerdocio, Parte A, “La responsabilidad del padre por el bienestar de la familia”.

  2. 2.

    Asegúrese de tener pizarra y tiza.

  3. 3.

    Haga un cartel de los once puntos diferentes que se analizan en esta lección que indican qué deben hacer los padres para dirigir y bendecir a su familia.

  4. 4.

    Elija a un poseedor del sacerdocio que tenga una familia muy unida y pídale que dé su testimonio del gozo que siente por su familia.

  5. 5.

    Pida a algunos miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras de esta lección.