El divertirnos juntos en familia

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección tiene el objetivo de alentarnos a fortalecer los lazos familiares mediante la diversión.

Introducción

Muestre la ayuda visual 14-a, “La familia se fortalece cuando los miembros de ella se divierten juntos”.

Pida a los dos miembros del sacerdocio que hayan sido asignados que compartan las experiencias más felices que hayan tenido con su familia. Analice lo que está sucediendo en la ayuda visual 14-a. Indique que una parte importante del Evangelio son las actividades familiares.

El élder Marion D. Hanks una vez relató la siguiente historia:

“Los jóvenes necesitan y merecen padres y una familia de los que puedan sentirse orgullosos… La influencia de una buena familia se demuestra claramente en el siguiente relato de un autor anónimo.

“ ‘Era un día muy hermoso de otoño. Mi esposo Art y yo estábamos tratando de ayudar a nuestro amigo Don a llevar el bote hasta la playa. Art dijo con tristeza que pasaría mucho tiempo antes del verano siguiente, para que pudiéramos salir otra vez en el bote. Don repentinamente contestó: ‘Ustedes deberían aprender a esquiar como mi familia y así podrían divertirse todo el año’.

“Yo le pregunté, ‘¿acaso no es eso muy caro?’

“Don sonrió y dijo con convicción: ‘¿Saben? ¡Es hasta irónico! Vivimos en una casa bastante vieja con un baño antiquísimo y otras cosas del siglo pasado. Hemos estado tratando de ahorrar dinero durante años para modernizar el cuarto de baño, pero todos los inviernos vamos al banco, sacamos nuestros ahorros y nos vamos todos a esquiar por unos días. Nuestro hijo mayor está en el ejército y a menudo menciona en sus cartas lo mucho que se divertía en esos viajes; ¡no me imagino a mi hijo escribiendo a casa comentándonos sobre el hermoso cuarto de baño que teníamos!’ ” (“Where Art Thou?”, Improvement Era, junio de 1968, pág. 75).

¿Cómo fortaleció esta familia la unidad que existía entre ellos?

A la mayoría de nosotros nos agrada hacer cosas que consideramos que son de valor. Trabajar, magnificar nuestros llamamientos en la Iglesia, descansar, mejorar nuestra vida: todos son importantes y todos toman tiempo. Sin embargo, tal vez no sean las cosas más valiosas de nuestra vida. Piense cómo contestaría usted las siguientes preguntas:

• ¿Cuáles son las cosas más importantes de mi vida?

• ¿Dedico suficiente tiempo a las cosas más importantes de mi vida?

• ¿Cómo podría disponer mi tiempo a fin de tener más tiempo para hacer las cosas más importantes?

En la vida, lo más importante es la familia. Algunas veces nos preocupa tanto nuestro trabajo y otras actividades que olvidamos lo que más importa; otras, por causa de nuestra rutina diaria, por intereses personales o por la falta de planeamiento, desarrollamos malos hábitos y desperdiciamos el tiempo que podríamos dedicarle a nuestra familia.

Las familias pueden ser eternas. No importa cuáles sean las circunstancias, debemos encontrar el tiempo para dedicarlo a nuestra familia y descubrir la manera de mejorar las relaciones familiares.

¿Qué puede unir a la familia? (El cuidado mutuo, la demostración de amor, el compartir experiencias, el servirse unos a otros, la participación en actividades conjuntas.)

Las actividades fortalecen las relaciones familiares

Todos podemos recordar algunos aspectos de nuestra niñez con alegría por las experiencias que compartimos como familia. Una madre hizo la siguiente observación:

“Cuando pienso en mi niñez y en mi adolescencia, recuerdo casi con reverencia las cosas que de niños hicimos juntos con nuestros padres en mi familia. En esos días no había mucho que hacer en la comunidad, así que teníamos que buscar la diversión en nuestro hogar. No cambiaría los recuerdos de las diversiones y reuniones familiares por todos los teatros, restaurantes o salas de bolos de estos días…

“Estoy decidida a hacer todo lo posible para llevar a cabo actividades que le traerán a mi familia y a mi hogar el Espíritu del Señor, tal como en el hogar de mis padres. Deseo que mis hijos tengan la gran bendición de conservar los recuerdos que son tan preciados para mí… (Noche de Hogar para la Familia [manual, 1968], pág. 178).

A nosotros, al igual que esta madre, nos gustaría dar buenos recuerdos para nuestra familia. Pero las actividades que se ofrecen en el mundo, fuera del hogar, no son siempre aceptables. Muchas de ellas no desarrollan una familia unida o una asociación más cercana con nuestro Padre Celestial. Al reconocer esta importante necesidad, los líderes de la Iglesia nos han aconsejado planear actividades que fomenten la unificación de la familia. El presidente David O. McKay, por ejemplo, nos aconsejó que deberíamos cuidar de nuestro hogar, hacerlo más atractivo y tener más actividades en él (véase Gospel Ideals, pág. 485–486). Si así lo hacemos, nuestros hijos se sentirán felices y orgullosos de traer a sus amigos al hogar, porque en él habrá amor, amistad y felicidad.

¿Cuáles son algunas de las actividades que podemos tener con nuestra familia y que nos ayuden a conocernos mejor? Haga una lista en la pizarra de las actividades sugeridas. Agregue cualquiera de las siguientes:

  • Escriban juntos una carta a alguien que viva lejos de la casa. Háganlo en forma regular.

  • Mantengan un álbum con fotografías y otros recuerdos de la familia.

  • Inventen un juego en el que todos puedan participar.

  • Tengan un refrigerio después de una actividad.

  • Dediquen una noche a la música (cantar o escuchar música).

  • Tengan una noche de hobbys (pasatiempos favoritos). Ayude a cada miembro para que desarrolle un hobby.

  • Preparen un cometa (volantín) y salgan a hacerlo volar.

  • Escojan un libro que guste a todos los miembros de la familia. Túrnense para leerlo en voz alta. Fijen una hora regular durante la semana para hacerlo.

  • Hagan un proyecto familiar para ayudar a otra familia.

Identifique en el siguiente relato lo que el padre hizo con su familia:

“Cuando se me llamó para ser presidente de misión, tuve miedo de que en el tiempo más crítico de la vida de mis ocho hijos, no iba a tener el tiempo requerido para ser un buen padre. Decidí que el ser padre era un llamado más importante del Señor que el ser presidente; lo que quería decir que aun cuando me dedicara al trabajo misional, redoblaría mis esfuerzos de padre y, puesto que sabía que para presidir en forma eficaz en la misión, primero debería presidir bien en mi hogar, dediqué mucho tiempo a mi familia, sabiendo que serían los únicos que estarían conmigo al final de la misión. Si ellos se sentían felices y seguros en los primeros días de la misión, las cosas irían mejorando progresivamente.

“Una de las primeras cosas que hice fue colgar un cordel muy grueso del árbol más grande y más firme que había en el jardín. Un misionero subió y amarró el cordel a una de las ramas del árbol; y así comenzó el famoso columpio de la casa de la misión. Con el columpio, casi al instante comenzamos a tener amigos para nuestros hijos entre los niños del vecindario.

“Unos pocos meses después de nuestra llegada, asistimos a un seminario para presidentes de misión. Luego de habérseles pedido que expresaran la mejor idea que habían tenido hasta el momento, cada presidente de misión por turno informó sobre algún programa que él consideraba que había mejorado la obra misional. Cuando llegó mi turno dije: ‘Lo mejor que he hecho hasta ahora fue construir un columpio’. Todos se rieron. El presidente S. Dilworth Young quedó muy asombrado, y preguntó: ‘¿Qué fue lo que dijo?’. Luego de explicar lo que había hecho le dije que mi meta más importante era la de llegar a ser un buen padre… El columpio llegó a constituir mi símbolo para establecer prioridades. Más adelante instalé un tablero de básquetbol y un pozo de arena, para que los niños jugaran. En poco tiempo nuestro patio llegó a ser un patio de diversiones, donde pasaba gran parte del tiempo con mis hijos y donde ellos gozaron de tres felices años. Estoy seguro de que siempre recordarán con gozo los momentos que pasaron en Kentucky y Tennessee” (George D. Durrant, Love at Home, Starring Father, págs. 18–20.).

Algunas veces, cuando jugamos juntos, surgen algunos problemas. La mayor parte de la gente quiere ganar en un juego, y algunos se enojan y hasta discuten y pelean cuando pierden. Uno de los problemas que algunos padres enfrentan es que a menudo se toman demasiado en serio el juego y esperan demasiado de sus niños. O podría suceder que algunos en la familia pensaran que los juegos los ponen en desventaja y nunca pueden ganar. Muchas veces tales problemas nos hacen sentir que las actividades no valen el esfuerzo, pero ésa no es razón para eliminar el juego; la familia puede unirse más a medida que sus miembros superen las diferencias. Los problemas deberán ser resueltos de tal manera que todos se sientan bien acerca de la solución. Debemos recordar que el verdadero propósito de las actividades familiares es simplemente divertirse.

Los miembros de la familia que se diviertan o tengan actividades juntos tienen relaciones familiares más cercanas. Cuando juegan juntos, aumentan la unidad y el amor mutuos y, a medida que llegan a conocerse mejor, aprenden a trabajar juntos, a analizar problemas y a orar juntos.

Pida a un miembro de la clase que lea Eclesiastés 3:1–8.

Este pasaje de las Escrituras nos dice que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”, incluso “un tiempo de reír”. No importa cuán ocupados estemos, debemos dedicar el tiempo necesario para divertirnos juntos. Nuestro hogar debe ser un lugar lleno de risas y alegría.

Aun podemos gozar del trabajo si adoptamos una actitud positiva. Por ejemplo, en las familias con niños pequeños, el trabajo (tal como cultivar el huerto, limpiar la casa o lavar la vajilla) puede convertirse en un juego. Esto mantendrá vivos el entusiasmo y el interés. Tal manera de hacer las cosas nos puede ayudar a guiar a nuestra familia hacia una vida feliz con un equilibrio entre el trabajo, el descanso y el juego.

Cómo planear las actividades familiares

En general, las actividades familiares exitosas se planean con anticipación.

¿Cómo podemos planear actividades recreativas que la familia disfrute?

Las siguientes sugerencias nos pueden ayudar a planear actividades familiares:

  • En una noche de hogar cuando todos los miembros de la familia estén presentes, haga una lista de las actividades que les gusten a todos. Tales actividades deben permitir la participación de la mayoría de los miembros de la familia.

  • Escoja una actividad de esa lista y escoja el momento apropiado en el que todos puedan participar.

  • Seleccione una fecha indicada para tal actividad y escríbala en el calendario de la familia para evitar así conflictos.

  • Cada uno deberá ayudar a planear la actividad y recibir una asignación para ayudar a prepararla.

¿Cómo podemos llevar a cabo la actividad que hemos seleccionado?

Tenga en cuenta las siguientes ideas:

  • Haga propaganda sobre las actividades que haga la familia; hable acerca de ello con entusiasmo.

  • Si la actividad requiere gasto de dinero, empiece a ahorrar y permita que cada miembro de la familia contribuya.

  • Cuente a sus maestros orientadores acerca de sus planes.

  • Incluya a todos los miembros de la familia; déles una asignación a cada uno de ellos.

  • Llévelo a cabo.

Después de tener una actividad familiar, deberíamos pensar en la forma de mejorar la diversión familiar. Debemos analizar la actividad y decidir qué podríamos haber hecho para que la actividad tuviera más éxito y para que nos hubiese unido más como familia. Si hacemos esto, no repetiremos nuestros propios errores y podremos planear juntos para hacer aún mejor la próxima actividad.

Cuando realizamos una actividad, deberíamos registrarla en los escritos de recuerdos de la familia y en nuestros diarios personales. Si sacamos fotografías o compramos postales y otros recuerdos, también se podrían incluir; mirar hacia el pasado y recordar diversiones familiares nos ayudará a crecer más unidos como familia y fortalecer el amor que sentimos el uno por el otro.

Al planear las actividades de la familia, el padre también deberá dedicar tiempo para hacer actividades individuales con cada miembro de la familia. Muchas veces es la única manera en que el padre puede desarrollar una amistad con sus hijos. Un niño se siente importante y amado cuando su padre hace el esfuerzo por dedicarle cierto tiempo a él solo.

Sabiendo lo valioso que es planear las actividades, aun así, algunas que no planeamos pueden llegar a ser las más eficaces. Esto puede ocurrir en forma espontánea, o cuando existe una disposición especial por parte de la familia. Tales actividades son muy valiosas por lo que nunca debemos dejar pasar la oportunidad de usarlas para nuestro beneficio.

Las familias que juegan juntas…

La siguiente historia, extraída de las noticias demuestra qué es lo que los niños más desean de sus padres:

Se le pidió a trescientos veintiséis niños en edad escolar que escribieran, sin dar sus nombres, lo que ellos opinaban de sus padres. El maestro planeaba leer las respuestas de los niños en la próxima reunión de la escuela, y los padres, curiosos por saber lo que los niños habían escrito sobre ellos, asistieron en gran número a la reunión.

Los padres que vinieron eran de todas las escalas sociales. Allí se encontraban presidentes de bancos, obreros, profesionales, secretarios, vendedores, granjeros, mercaderes, panaderos, sastres, fabricantes y constructores, cada hombre con un valor definido de sí mismo medido en proporción al dinero, a las habilidades y la rectitud.

El maestro seleccionó varios trabajos y leyó: “A mí me gusta mi papá…”. Las razones eran muchas: porque me construyó una casa de muñecas, me llevó a caminar, me enseñó a usar la escopeta, me ayuda a hacer mis tareas de la escuela, me lleva al parque, me regaló un puerquito para que lo alimentara. La mayor parte de los pensamientos de los niños podía reducirse a: “A mi me gusta mi papá porque él juega conmigo”.

Ningún niño mencionó la casa, el auto, el vecindario, los alimentos o la ropa. Los padres que asistieron a la reunión provenían de muchas profesiones y condiciones sociales; pero cuando terminó la reunión, los padres quedaron divididos en dos grupos: Amigos y compañeros de sus hijos o prácticamente desconocidos de sus hijos.

Ningún hombre es demasiado rico o pobre para jugar con sus hijos. (Adaptado de una historia de Bryant S. Hinckley, Manual del Sacerdocio de Melquisedec, 1973, lección 30.)

El jugar con nuestra familia muchas veces nos da la oportunidad de enseñarle principios del Evangelio. El comenzar las actividades con una oración familiar les enseñará a nuestros hijos el valor de la oración. Si resolvemos las diferencias que surgen cuando jugamos, los niños aprenderán a ser más pacientes y tolerantes entre sí, y al ayudarse mutuamente y trabajar como equipo, aprenderán el sentido de la responsabilidad y de la cooperación. Divertirse juntos ayudará a todos los miembros de la familia a desarrollar una actitud positiva y feliz.

A medida que pasan los años, las actividades familiares muy a menudo se transforman en tradiciones. Estas se establecen a medida que las familias comparten experiencias especiales. Algunas familias llevan a cabo reuniones; otras van juntas de vacaciones, asisten al templo, o van de caza o de pesca; otras forman orquestas familiares o desarrollan pasatiempos familiares. Hay muchas tradiciones que las familias pueden establecer, las que son de mucho valor porque ayudan a unir a las familias.

Pida a los miembros de la clase que compartan las experiencias que hayan tenido divirtiéndose juntos como familia y la forma en que esto los ha ayudado.

Pregunte a los jóvenes lo que les gustaría hacer con sus padres y su familia.

Algunos estamos tan ocupados con nuestro empleo y con la Iglesia que descuidamos a nuestra familia. Esto no es del agrado de nuestro Padre Celestial. Uno de estos hombres, que pasó la mayor parte de su vida al servicio de la Iglesia, se dio cuenta un día de que estaba perdiendo a su hijo. No le había dedicado mucho tiempo y, como consecuencia, no existía entre ellos una relación de padre e hijo como la que tenía que haber. Cuando trató de enseñarle a vivir el Evangelio, el hijo se rebeló y dejó su actividad en la Iglesia.

Pero este buen padre tuvo la visión de dedicarle más tiempo a su hijo en la forma en que lo había hecho con sus hijos mayores antes de estar tan ocupado. No le predicó, sino que empezó a jugar con él. Trató de hacer las cosas que a su hijo le gustaban más. Asistieron juntos a actividades deportivas; salieron a acampar, a cazar y a pescar juntos.

Después de tres años de este tipo de actividades, durante el cual los dos llegaron a desarrollar una relación más cercana, el hijo volvió nuevamente a activarse en la Iglesia. Luego aceptó el llamamiento para salir a una misión. Este padre se dio cuenta de que una manera de llegar a un hijo es hacer actividades con él.

Conclusión

Nuestra familia es lo más importante en nuestra vida pues ella es la única posesión que podemos tener para siempre. Por lo tanto, es importante que hagamos lo que nos ayude a llegar a ser una familia eterna. Una de estas actividades es jugar y divertirnos juntos para contrarrestar la parte seria de la vida; el dedicar tiempo para jugar juntos nos ayudará a vivir mejor el Evangelio.

Comparta su testimonio acerca de la importancia de la diversión familiar.

Cometidos

  1. 1.

    Durante la noche de hogar organicen una actividad familiar en la que todos puedan divertirse.

  2. 2.

    Organicen un calendario familiar y programen actividades específicas para la familia cada mes.

  3. 3.

    Hágalo; juegue con su familia.

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Pida a dos poseedores del sacerdocio, o a un adulto y a un joven, que cuenten alguna experiencia feliz que hayan tenido con su familia.

  2. 2.

    Esté preparado para dar su testimonio acerca de la importancia de la diversión familiar.

  3. 3.

    Pida a los miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras de esta lección.