Las metas individuales y familiares

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección está diseñada para ayudarnos a alcanzar metas personales y familiares.

Introducción

Cuando el presidente Spencer W. Kimball tenía solamente catorce años de edad, un líder de la Iglesia fue a una conferencia de su estaca y exhortó a toda la congregación a leer las Escrituras. Haciendo memoria de aquella experiencia el presidente Kimball dijo:

“Me di cuenta de que yo nunca había leído la Biblia; [por lo tanto] esa noche, a la conclusión del sermón, me fui a casa, subí a mi cuarto de la buhardilla (desván), encendí una pequeña lámpara de aceite que se hallaba sobre la mesita y leí los primeros capítulos de Génesis. Un año después cerré la Biblia, después de haber leído cada uno de los capítulos de ese libro grande y glorioso…

“Comprobé que había ciertas partes que eran difíciles de comprender para un joven de 14 años y, además, había algunas páginas que no me eran de interés particular; pero después de haber leído… sentí la agradable satisfacción de saber que me había impuesto una meta y la había logrado” (véase “Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria”, Liahona, sept. de 1974, pág. 34).

Una meta es algo que queremos lograr. En nuestra vida premortal, como hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, aprendimos que esta vida sería una etapa de progreso en la que nos prepararíamos para que un día llegáramos a ser como nuestro Padre Celestial. Esa debería ser la meta más importante en la vida. Para poder alcanzarla debemos establecer algunas metas intermedias y, al hacerlo, ellas nos ayudarán a vivir una vida abundante.

Cómo seleccionar metas personales y familiares

El primer paso para seleccionar una meta es examinar nuestra forma de vida y hacer planes para mejorar. Si deseamos ser más fuertes espiritualmente, por ejemplo, deberíamos examinar nuestra fuerza espiritual y luego establecer metas apropiadas para mejorar en ese aspecto. Al hacerlo, podemos considerar las siguientes preguntas:

  • ¿Oro con la debida frecuencia?

  • ¿Soy digno de recibir respuestas a mis oraciones?

  • ¿Conozco las palabras de los Profetas y sigo su consejo?

  • ¿Leo regularmente las Escrituras?

  • ¿Llevo a cabo fielmente mis asignaciones en el sacerdocio?

  • ¿Soy honrado en el pago de mis diezmos y mis ofrendas?

  • ¿Tengo pensamientos dignos y limpios en todo momento?

  • ¿Tiene nuestra familia la noche de hogar cada semana?

  • ¿Ha sido sellada en el templo nuestra familia?

  • ¿Está nuestra familia preparando a otras personas para que reciban el Evangelio?

Llevar a cabo estas cosas toma tiempo y esfuerzo; por lo tanto, deberemos escoger una o dos metas en las que podamos mejorar primero. A medida que cumplamos con una, podremos concentrar nuestros esfuerzos en otra. La perfección es algo que logramos paso a paso durante toda nuestra vida y no tiene lugar solamente por el hecho de que nos propongamos esa meta.

También debemos considerar el progreso que esperamos con respecto a nuestros estudios, trabajo y en otros aspectos de la vida. A medida que consideremos cada aspecto de nuestra vida, deberemos determinar las forma en que habremos de mejorar y, después, debemos establecer metas para ayudarnos a lograrlo. En verdad, cada meta debe ser desafiante pero al mismo tiempo tiene que ser algo que se pueda lograr.

Invite a los miembros de la clase para que hagan una lista razonable de metas en los siguientes aspectos: la oración, el estudio de las Escrituras, la noche de hogar, el matrimonio en el templo, la historia familiar, la orientación familiar, la obra misional, el diezmo, el tener pensamientos limpios, los estudios y la profesión o el trabajo.

Para establecer metas personales debemos considerar en primer lugar lo que deseamos hacer y luego tener en cuenta nuestras habilidades. Debemos orar para obtener la inspiración que necesitamos del Señor. Quizás queramos pedir a nuestros padres, a los líderes de la Iglesia y a nuestros amigos una orientación que nos ayude a establecer esas metas. Tenemos que decidir lo que queremos hacer, cómo lo vamos a lograr y cuándo deseamos lograrlo.

El presidente N. Eldon Tanner relató una experiencia que él tuvo con un nieto que estableció una meta personal:

El nieto dijo: “ ‘Abuelo, he asistido al cien por ciento de mis reuniones de la Iglesia desde que fui ordenado diácono hace un año… No he faltado a ninguna reunión sacramental, de la Escuela Dominical ni del sacerdocio’.

“Le felicité y dije: ‘John, si sigues asistiendo al cien por ciento de tus reuniones hasta que tengas la edad de salir a una misión, yo te pagaré la misión’.

“Yo pensé que me hallaba totalmente a salvo del compromiso, pero él se dio a la tarea de salir adelante con su cien por ciento de asistencia a la Iglesia. Recuerdo cómo en dos ocasiones supo poner en práctica la autodisciplina: en una oportunidad, su tío lo invitó a un viaje que iban a hacer él y sus hijos y que incluía el domingo lejos de la casa. Mi nieto les preguntó si en el lugar donde irían podría asistir a la Iglesia; como le dijeron que allí no sería posible, él contestó que en tal caso no podría ir porque estaba empeñado en lograr su cien por ciento de asistencia; y sacrificó así un lindo paseo al mar y a una isla.

“En otra ocasión, se fracturó una pierna cerca de un fin de semana y lo primero que preguntó al médico que lo atendió fue si iba a poder asistir a la Iglesia el domingo siguiente. Y, por supuesto, fue a las reuniones con muletas.

“Cuando cumplió 19 años, me dijo: ‘Abuelo, desde que hicimos ese trato, he asistido al cien por ciento de las reuniones de la Iglesia’. Naturalmente, le pagué la misión y con mucho gusto. Aquel logro ha ejercido una gran influencia en su vida” (véase “Alcanzar el éxito mediante el autodominio”, Liahona, octubre de 1975, págs. 25–26).

¿Cuánto tiempo trabajó este joven para alcanzar su meta? (Seis años.)

¿Cómo piensa usted que se sintió cuando alcanzó su meta?

Para establecer metas familiares, las familias deben hablar de sus deseos y sentimientos los unos con los otros. Cada persona deberá participar para establecer la meta, con el padre como encargado de encauzar la discusión. La oración puede ayudar al establecer la meta.

El élder J. Thomas Fyans relató la forma en que una familia seleccionó sus metas:

“A cinco mil kilómetros de distancia de [Salt Lake City] vive una familia que nuevamente hará algo muy especial después de esta conferencia. Cuando llegue a su hogar la revista de la Iglesia con los discursos pronunciados aquí, dicha familia leerá inmediatamente los mensajes, pidiendo a sus hijos mayores que hablen en cuanto al contenido de los discursos que escojan.

“Pero no se limitarán solamente a la lectura de los mensajes; en sus reuniones de la noche de hogar escogerán metas personales y familiares basadas en los mensajes de la conferencia. Sus metas serán prácticas: recordar a la abuela en las oraciones cotidianas, aprender de memoria un himno de la Iglesia, revisar su preparación familiar, hacer la voluntad del Señor a la manera de Él y no a la manera que uno desea, llevar a la Iglesia a alguien que no sea miembro. Comentarán en cuanto a sus metas y orarán con respecto a ellas, repasándolas constantemente. Nada tiene de extraño que el padre de esta familia dijese: ‘Nuestra familia considera la conferencia general de la Iglesia como la lista que da el Señor de las cosas en las cuales debemos concentrarnos. Esto significa, tanto para nosotros como para nuestros hijos, más de lo que podríamos expresar con palabras’ ” (véase “Las conferencias: faros que orientan nuestra vida”, Liahona, julio de 1975, pág. 41).

¿Qué hizo esta familia para seleccionar sus metas?

Las metas nos ayudan en nuestro progreso eterno

Pida a los miembros de la clase que piensen por unos momentos acerca de sus metas eternas. Invítenlos para que compartan algunas de sus metas con el resto de la clase y haga una lista de esas metas en la pizarra.

Todos tenemos metas en común. Por ejemplo, el Salvador dijo a los nefitas: “Quisiera que fueseis perfectos… como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (3 Nefi 12:48). La perfección y la vida eterna junto con nuestra familia son las metas más grandes que podemos tener. El presidente Joseph Fielding Smith ha dicho:

“La salvación no viene toda a la vez; se nos manda ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto…

“Eso no vendrá todo a la vez… tendremos que ir aún más allá de la tumba antes de alcanzar esa perfección y llegar a ser como Dios.

Pero es aquí [sobre la tierra] donde echamos los cimientos. Aquí es donde se nos enseñan estas sencillas verdades del Evangelio de Jesucristo; en este estado de probación, para ser preparados para esa perfección. Hoy debemos ser mejores de lo que fuimos ayer y mañana mejores de lo que somos hoy” (Doctrina de Salvación 2:17).

Muestre las ayudas visuales 17-a, “El estudio familiar de las Escrituras ofrece muchas recompensas”, 17-b, “La oración une a la familia” y 17-c, “La noche de hogar ayuda a desarrollar la espiritualidad”.

La perfección no es una meta que podemos lograr de la noche a la mañana. Para ese fin debemos seleccionar y alcanzar otras metas que gradualmente nos ayuden a lograr la perfección. Por ejemplo, podemos ponernos metas de leer diariamente las Escrituras o tener nuestra oración familiar. Estas metas nos ayudarán a acercarnos a nuestro Padre Celestial y a esforzarnos para lograr la perfección.

¿Qué otras metas pueden ayudarnos a lograr la vida eterna? (El matrimonio en el templo es una meta importante; sin esta meta no podemos llegar a ser como nuestro Padre Celestial.)

La siguiente historia ilustra la forma en que las metas nos ayudan a progresar hacia la vida eterna:

La primera vez que Héctor se reunió con los misioneros tenía veinticuatro años y se encontraba muy deprimido. Había estudiado para ser maestro, pero no estaba trabajando en su profesión; era soltero y no encontraba ningún propósito valedero en la vida. Día tras día, al amanecer, se preguntaba a sí mismo: “¿Por qué tengo que soportar otro día más de vida?”.

En una ocasión, un viejo amigo que se había convertido a la Iglesia lo invitó a reunirse con los misioneros. Los élderes le instaron a leer el Libro de Mormón y a orar para saber si era verdadero. A medida que estudiaba el Evangelio de Jesucristo, Héctor sentía que su vida realmente tenía un propósito. Cuando oró, supo que el Libro de Mormón era verdadero y que deseaba seguir al Salvador, y puesto que deseaba bautizarse, cambió su vida y comenzó a vivir el Evangelio.

Después de su bautismo, Héctor aceptó un llamamiento del obispo y fue completamente fiel en sus deberes del sacerdocio. Sentía un gran deseo de ayudar a otros, y muy pronto encontró un trabajo en su profesión como maestro en una escuela para niños. Poco tiempo más tarde conoció a una hermosa jovencita que también se había convertido a la Iglesia, y se casó con ella. Ambos se pusieron la meta de entrar en el templo, y poco después fueron sellados por la eternidad. Desde entonces han encontrado gran felicidad al seguir el plan del Señor.

Cómo lograr nuestras metas

Pida a un miembro de la clase que lea 2 Nefi 32:9.

El profeta Nefi nos dice que debemos orar antes de tratar de hacer cualquier cosa. Al establecer una meta, una de las cosas más importantes es el compromiso que nosotros mismos hacemos de lograr esa meta. Debemos orar a nuestro Padre Celestial solicitando Su ayuda y prometer que haremos todo lo que esté de nuestra parte para lograr tales metas.

¿Qué podemos hacer para recordar nuestras metas?

Una buena manera de recordarlas es escribirlas en nuestro diario. También lo podemos hacer en una tarjeta o en una hoja que mantengamos visible para verla todos los días. Podemos analizarlas regularmente con nuestra familia y esforzarnos en forma especial para ayudar a los miembros de la familia a alcanzar sus propias metas. Para alcanzar metas familiares, debemos trabajar mancomunadamente; la noche de hogar es una ocasión ideal para tratar este tema.

Las metas y los deseos justos que tengamos no serán suficientes para ayudarnos a conseguirlas a menos que aprendamos a esforzarnos arduamente para alcanzarlas. El Señor ha dicho: “Toda victoria y toda gloria os es realizada mediante vuestra diligencia, fidelidad y oraciones de fe” (D. y C. 103:36). Si trabajamos diligentemente, obedecemos los mandamientos y oramos, podremos lograr las metas justas que nos propongamos; todo día nos ofrece la oportunidad de lograr la meta que nos hemos propuesto.

A menudo tenemos que sacrificarnos para lograr una meta. El presidente Spencer W. Kimball una vez explicó la forma en que él pudo alcanzar una de sus metas:

“Después de que terminé la misión, mi deseo era asistir a la universidad, pero mi familia no podía sostenerme económicamente, de modo que conseguí un trabajo en la sección de furgones del ferrocarril Southern Pacific, de Los Ángeles, California, para ahorrar dinero y poder ingresar a la escuela. Trabajaba catorce horas al día trasladando la mercancía entre los almacenes y los furgones en un carro de mano. A veces tenía cargas de una tonelada en dicho carro, y estoy seguro de que pueden comprender por qué me sentía cansado al concluir el día.

“Vivía en casa de mi hermana, quien residía a cuatro o cinco kilómetros de distancia y, como la tarifa del tranvía era de diez centavos de dólar, decidí caminar esa distancia para así ahorrar veinte centavos al día. Mi gran deseo era asistir a la universidad, y el haber caminado esas distancias hizo que esa meta estuviera más a mi alcance. Por consiguiente, me fue posible ahorrar lo suficiente para volver a mi casa en Arizona e ingresar a la universidad” (véase “Decisiones: por qué es importante tomar algunas ahora”, Liahona, septiembre de 1971, pág. 17).

Conclusión

El élder O. Leslie Stone declaró:

“Debemos evaluar nuestro progreso constantemente. Para vivir una vida recta y cumplir con el propósito de nuestra creación, debemos examinar el pasado, determinar nuestro estado actual y fijar metas para el futuro. Si no pasamos por este proceso, hay poca posibilidad de alcanzarlas” (véase “La clave del éxito matrimonial”, Liahona, agosto de 1978, pág. 91).

El proceso por el cual nos acercaremos más a la perfección incluye establecer metas, planear y esforzarnos por ellas, evaluar nuestro progreso y luego fijar nuevas metas. Nuestro Padre Celestial está complacido cuando nos ponemos metas; Él nos ayudará a lograrlas.

Cometidos

  1. 1.

    Seleccione mediante la oración una meta personal. Quizás quiera fijar una meta en uno de los siguientes aspectos:

    • La oración.

    • El estudio de las Escrituras.

    • La noche de hogar.

    • El matrimonio en el templo.

    • La genealogía.

    • La obra misional.

    • El diezmo.

    • El tener pensamientos limpios.

    • La orientación familiar.

    Escriba su meta en su diario o en un papel donde la pueda ver.

    Comprométase a lograr la meta que se haya propuesto. Ore por ayuda y prométale al Señor que usted hará todo lo posible por alcanzarla.

  2. 2.

    Analice con su familia las cosas que ésta desee lograr en la vida. Establezca una meta familiar en uno de los aspectos que ya se han mencionado y ayude a su familia a lograrla.

Preparación del maestro:

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Esté seguro de que haya tiza y pizarra.

  2. 2.

    Pida a varios miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras que se encuentran en esta lección.